Indonesia (VI)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

 

YAKARTA

A media tarde aterrizamos en Yakarta, la capital de Indonesia. Después del trámite de mochilas y preguntas, tomamos el autobús que lleva a la ciudad desde el aeropuerto (2 €), y que nos deja a tan solo 8 minutos andando de nuestro destino final, Jalan Jaksa, la calle de mochileros.

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Indonesia (V)

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ROTE

Dicen que a la tercera va la vencida, pues precisamente esos fueron los intentos para poder llegar a la isla de Rote.

El ferri que parte a Rote, sale del puerto de la isla de Timor todos los días a las 8 de la mañana.

Nosotros el martes (primer intento), llegamos a las siete y media de la mañana y el ferri ya estaba lleno para los que viajan con moto, solo había lugar para pasajeros. Nos volvemos al hotel de Kupang y volvemos a tomar la habitación que anteriormente habíamos dejado. Luego aprovechamos el día para ir a la playa de Tablolon y conectarnos posteriormente a internet a sabiendas que en la isla de Rote será difícil.

El miércoles (segundo intento), llegamos al puerto a las 6 de la mañana. La taquilla que expende los billetes aún está cerrada, pero ya hay gente que se agolpa en la ventanilla, esperando a que abran. Cuando lo hace, es toda una aventura el poder conseguir un billete, aun así la Reina de Java consigue comprar un billete (atención, piden el importe exacto, 120.000 rupias dos personas y la Burrica, por lo que hay que ser precavido y llevarlo para evitar tener que volver a luchar con los que hacen cola).

Cuando llegamos al muelle, nos encontramos con la sorpresa de que no nos dejan pasar, pues los lugares reservados para los vehículos, vuelven a estar llenos. A pesar de tener el billete sacado, nos tenemos que quedar en tierra.

Volvemos de nuevo al hotel, esta vez entre las risas de los amables trabajadores del hotel Laguna, que no han ocupado nuestra habitación por si acaso…

Pasamos el día de compras en una óptica donde mi compañera aprovecha para cambiar sus gafas ya deterioradas. También, consciente de que el tiempo en lo que puede ser una maravillosa isla pasa volando, compro los billetes de avión para ir a Yakarta, poniéndome de esta manera coto a lo que podría ser una estancia en el cielo. Debo de ir pensando ya en finalizar mi periplo por Indonesia. Otros proyectos, se encuentran ya, llamando a la puerta de mi atención.

Jueves, (tercer y último intento) llegamos al puerto a las 5 de la mañana, la taquilla evidentemente se encuentra cerrada, pero utilizamos los billetes del día anterior y por fin podemos meter a la Burrica en el interior del ferri.

A pesar de haber llegado tan pronto, en el interior del barco ya hay tres motos y dos camiones que han sido más madrugadores que nosotros.

 

EN LITERAS Y A TOPE

Subimos al segundo piso, y decidimos debido al cansancio no ocupar los asientos de la sala vip con aire acondicionado, y viajar en las literas donde lo hacen la mayoría de los viajeros.

Alquilamos dos colchonetas por 0,8 € cada una, elegimos el lugar que más nos apetece, ya que no hay ni una sola alma en el lugar, y dejamos pasar el tiempo hasta que el barco por fin zarpa rumbo a Rote.

Después de una siesta de tres horas, que hace que el viaje sea más corto (en total el trayecto dura 5 horas), me despierto en medio de una muchedumbre que ya llena todos los espacios vacíos de las literas.

Familias que viajan con todo tipo de avituallamiento comprado en Kupang, ancianos que han ido a visitar al médico o algún familiar que vive en la isla de Timor o alguna pareja de enamorados que regresan de su viaje de luna de miel, son los viajeros que se encuentran a nuestro alrededor. No hay ni un solo extranjero, me percato mientras bebo un café que me ha traído mi compañera.

En el resto del viaje, saco alguna fotografía de los pasajeros del barco y hay una que me arranca una sonría.

A la una y cuarto del medio día desembarcamos en Rote. Nada más tomar la carretera que va a la capital de la isla Baa, me doy cuenta que esta isla es una auténtica maravilla.

EN EL PARAISO

Está salpicada en el interior por campos de cultivo todos verdes debido a que el arroz se encuentra aún por cosechar. La carretera, aunque estrecha está bastante bien asfaltada, la ausencia de vehículos, se suple con cabras, vacas y cerdos que la cruzan a toda prisa cuando les aviso que llego con el claxon de la Burrica.

Hasta aquí todo más o menos como las demás islas de Indonesia que he visitado. Pero lo que realmente hace especial a Rote en este tramo del camino, son dos cosas. El magnífico cielo que hace de tejado a los preciosos paisajes campestres, que es exacto al de Laos. Y las numerosas playas que bañan la costa, que hacen que tanto mi compañera como yo, durante todo el camino, cada vez que tomamos una curva y vemos a lo lejos una de ellas, no hagamos más que repetir una palabra al unísono “WAU”.

Llegamos a Baa, que dista del puerto unos 30 kilómetros, y vemos que de capital tiene lo que da de sí sus dos calles, dos hoteles, una decena de tiendas y dos bancos. Algo que para mí en otras ocasiones sería suficiente, pero ahora no.

Buscamos algo más apartado, donde podamos relajarnos y saborear con tranquilidad lo que la isla a bien seguro nos va a ofrecer.

Paramos a la salida de Baa porque empieza a llover y mientras el asfalto se va tornando brillante por el agua, nosotros saboreamos un café y recabamos información.

Media hora después, ya tenemos decidido nuestro destino. Ante la ausencia de hospedaje en la isla, solo tenemos tres opciones. La primera es quedarnos en un resort que hemos visto cercano a una maravillosa playa en el camino que hemos recorrido. La segunda quedarnos en la capital que ya hemos pasado. Y la tercera dirigirnos a Nembrala, un pueblo situado en el oeste de la isla a 38 kilómetros de la capital, que está cercado por buenas playas y dispone de hospedaje.

La decisión ha sido muy fácil, tanto como la carretera que tomamos que continua siendo buena y con paisajes interiores que a nadie puede dejar indiferente.

Tres kilómetros justos antes de llegar a Nembrala, la carretera se llena de baches y agujeros, algo que para la Burrica no es ninguna dificultad.

Sobre las tres y media de la tarde llegamos a nuestro destino.

REGATEO EN EL RESORT

Nembrala no es más que una aldea, con una calle asfaltada y las demás de tierra. Sus habitantes son pescadores y granjeros de mayoría católica que trabajan muy duro durante todo el día.

Nada más entrar en la población vemos a dos extranjeros que por el aspecto que tienen me indica que son surfistas. Uno es Hugo, portugués agradable y de mirada triste, el otro es Mike, australiano de pocas palabras.

Hugo me dice que son los únicos extranjeros que hay en el lugar, también me cuenta que en Membrala hay dos resorts y dos hoteles. Los resorts son de precio prohibitivo, 50 $ la noche por persona, no por habitación, incluida la comida. Los hoteles son más baratos aunque la calidad también es inferior, pero que no baja de 15 $ por persona comida incluida. También me comenta que tenemos suerte, ya que es la temporada baja, pues en verano no baja de 25 $ por persona.

Decidimos probar suerte en un resort, por eso de si toca la flauta. Salimos del resort entre los improperios de la dueña cuando le ofrezco 100 $ por una estancia de 10 días los dos y sin comida.

Cuando me veo teniendo que acortar la estancia en el lugar debido a que mi presupuesto es ajustado, decidimos probar suerte en el hotel donde se alojan los dos surfistas.

La Reina de Java, se baja de la moto y me hace quedar fuera con una advertencia a la que le da peso con su dedo índice señalándome; tú eres Bule (guiri), a ti te van a intentar cobrar más, déjame a mí, que ya me las arreglo.

10 minutos después sale del hotel con una sonrisa de oreja a oreja; Antonio aquí nos quedamos, el hotel no es que sea de lujo, pero a buen seguro que no vamos a encontrar nada más económico en toda la localidad.

Nos quedamos por 100 $ los dos por 10 días, en una habitación con mosquitera, ventilador, baño de retrete de agujero y ducha de cubo de agua. La comida no está incluida, ni siquiera el desayuno.

El hotel se llama Talenta Mas, en la avenida principal, 200 metros antes de la iglesia en la acera izquierda y justo antes del único restaurante que hay en el pueblo.

Lo regenta una pareja de ancianos, que al verme entrar con las mochilas dejan escapar un lamento por no haber pedido más dinero en el regateo. Sin embargo, al ayudarles a limpiar la habitación y pagarles por adelantado, hacemos que el dueño, Thomas, nos incluya en el precio el desayuno.

Cuando nos encontramos con Hugo y este nos pregunta cuanto pagamos, suelta un “Puta madre” al decirle el precio final.

Mientras deshago las mochilas, caigo en la cuenta, que llevado por la animosidad de la belleza de la isla, sólo he dejado un día entre mi retorno a Kupang y mi marcha a Yakarta, para poder vender la Burrica. Algo que sin duda alguna deberé pagar con una rebaja en el precio que he de pedir por ella además, de la que ya tenía pensado por tener la matricula de Bali y no estar con la documentación en regla.

También hago cuentas y llego a la conclusión, que por otra parte la Burrica a los dos meses de tenerla ya había rentabilizado su precio, pues el alquiler de una moto en las islas que he estado, sale por 4,3 € de media por día. Con ella llevo 6 meses, donde las pocas reparaciones o cambios de rueda y aceites que he tenido han sido irrisorios.

SIN COCINERO NI ELECTRICIDAD, NI VISA

Por la tarde, nos damos un baño en la playa del pueblo, donde disfrutamos de su blanca arena y del magnífico cielo que la cubre. Cuando recogemos las cosas, vemos cómo las mujeres y niños de los pescadores, amontonan en la orilla algas, para luego secarlas y con ellas hacer ensaladas. Mi compañera decide ayudarlos entre risas y juegos de los más jóvenes, mientras hago alguna fotografía.

Antes de marchar hago también alguna foto, hoy que el cielo de la isla nos regala unas preciosas estampas.

Por la noche decidimos ir al único restaurante del pueblo, cuando llegamos, la dueña nos dice que si queremos beber bien, pero que el cocinero estará fuera todo el mes, y que no hay servicio de comidas.

Preguntamos en el pueblo y solo hay una casa, justo antes de la iglesia, donde hacen un único plato, bakso (sopa con fideos y albóndigas). Cenamos allí por 1 € los dos y nos vemos avocados a hacerlo durante los diez días que vamos a permanecer en el lugar por falta de ofertas.

Posteriormente a la cena, comprobamos también que en todo el pueblo sólo hay electricidad desde el anochecer hasta el amanecer, ya que dependen de un único generador que da electricidad a todo el pueblo y lo tienen dispuesto de esta manera para gastar menos.

Con la única luz en las calles de las casas que hay en ellas, miramos al cielo que tiene una luna que está en cuarto creciente y de nuevo nos quedamos boquiabiertos con el firmamento que hay sobre nuestras cabezas. Decidimos irnos a la playa, para disfrutar de la luna, las estrellas y el mar, donde las luces de los pescadores que faenan salpican la oscura agua que pone melodía de olas a su trabajo.

Al día siguiente decidimos ir a Baa, para sacar dinero en alguno de sus dos bancos y hacer acopio de provisiones para no tener que cenar solo bakso.

Un consejo al viajero, llevar dinero desde Kupang, ya que ninguno de los dos cajeros que hay aceptan tarjeta visa. Tampoco hay casas de cambio de divisa, por lo que el viajero que no sea precavido verá reducida su estancia en este lugar.

Yo tengo la suerte que mi compañera tiene una tarjeta de uno de los dos bancos que hay y podemos sacar el suficiente dinero de su cuenta, para permanecer en la isla sin necesidades.

Después del almuerzo, volvemos de nuevo a Nembrala, parando de nuevo para dejar que la tormenta diaria y vespertina me dé la oportunidad de hacer alguna foto singular.

Por la mañana decidimos recorrer la parte oeste y suroeste de la isla.

Solo hay que seguir la carretera que atraviesa Nembrala y el visitante se llevara la mayor y más gratificante sorpresa que esta isla puede ofrecer a tan sólo 7 kilómetros, atravesando un par de aldeas.

Al final de la última aldea, hay un pequeño camino de tierra que lleva a una playa. Cuando aparcamos la Burrica bajo una palmera y accedemos a la playa, los dos una vez más nos quedamos maravillados.

UNA PLAYA PARA UNA ETERNIDAD

Veo ante mí, la playa más bonita que he visto en toda mi vida. A pesar de ser andaluz, esto no es ninguna exageración. Ante nosotros se extiende una playa de al menos un kilómetro, de una de las arenas más blancas que he visto nunca, tanto que cuando sale el sol daña la vista. En uno y otro extremo, la playa está flanqueada por rocas que acentúan aun más su belleza. La cercan a sus espaldas las palmeras y árboles que de ser preciso dan sombra al visitante. Pero lo más espectacular es su agua transparente, más que el agua mineral, que hacen que junto con su arena blanca, tenga un color turquesa de hermosura que jamás habría podido ni tan siquiera soñar. Además, como colofón, el cielo que esta sobre ella, lleno de nubes y claros hacen que el lugar sea el máximo exponente de la hermosura marina que puede mostrar la naturaleza. Esta imagen, no solo quedara para siempre en mi retina, sino también en mi corazón. 

Mi compañera y yo, nos miramos sonriendo y pensamos lo mismo; no hace falta buscar más, aquí nos quedamos, un día, una semana, un mes, o mejor aún, toda la eternidad.

Nos quitamos la ropa y corremos riéndonos a carcajadas como si fuéramos dos niños que acaban de llegar por primera vez en su vida a un parque de atracciones.

Mientras corremos por la arena para llegar al agua, la única persona que hay en toda la playa, un pescador local que está recogiendo sus redes, nos saluda con la mano riendo, cuando pasamos a su lado.

Nos zambullimos en sus cristalinas y reconfortantes aguas, chapoteando y gritando de alegría.

No cesamos de exclamar una y otra vez, ¡¡ Beautiful ¡!, ¡¡ Beautiful ¡!, ¡¡ Beautifull !!.

Mientras, el pescador ha recogido el fruto de su trabajo, nos saluda de nuevo y nos deja en completa soledad en el paraíso.

Ni una sola alma llega al lugar en todo el día. Hago al menos un centenar de fotografías que no plasman la belleza verdadera del lugar. Poco me importa, sé que esta playa la recordaré de por vida con toda su belleza, atreviéndome a apostar que es más que difícil encontrar algo parecido en el camino que me queda por recorrer.

POR FIN LA REINA DE JAVA, NADA

El destino ha querido, que aquí, precisamente en la última isla pequeña que recorro del sudeste asiático, encuentre la perfección.

Aprovecho el día para continuar algo que desde que conocí a mi compañera me he empeñado en enseñarle. A sabiendas de que tengo la paciencia de una madre que ha perdido a su hijo en una tienda de explosivos, decidí hace dos meses en los momentos que me fuera posible enseñar a la Reina de Java a nadar.

Ella ha demostrado más paciencia que yo, al aguantar los reproches y gritos que le pegaba cuando no me hacía caso en algo y siempre me ha respondido con una sonrisa.

Pues bien, precisamente en la playa más bonita del mundo, un 16 de febrero del 2013, la Reina de Java, por fin aprende a nadar.

No recorre más de cuatro metros antes de hundirse de nuevo, pero sé a buen seguro y por experiencia, que estas cosas sólo la paciencia y la constancia hacen que el fruto acabe llegando.

Al medio día, decidimos buscar un lugar para comer, ante la falta de oferta, pensamos en continuar la carretera que llevábamos, para ver que nos depara.

 Pasamos por otras playas, que rivalizan con la anterior en belleza, algunas con árboles dentro del agua, otras flanqueadas por la verde hierba y alguna con grandes rocas en sus aguas.

Dios, ¿pero es posible que la belleza de este lugar no acabe nunca?, me repito mientras paso por unas aldeas donde los niños salen de sus humildes casas a saludarnos.

En alguna paramos a tomar alguna foto de cómo juegan a lo que en mi pueblo se llama trompo y en otros lugares peonza. También saco alguna fotografía de los caminos y circunstancias curiosas que me encuentro.

Tomando uno y otro camino, llegamos a Batu Tua, una pequeña localidad, donde están construyendo un puerto para barcos con grandes cargamentos, que lleguen desde Surabaya.

En la aldea hay un solo restaurante donde decidimos quedarnos a comer.

Lo regenta una amable mujer de nombre Marni, con la que enseguida entablamos amistad. Como no podía ser de otro modo, Marni tiene como platos arroz, vegetales y atún, nada más. El atún lo prepara de cuatro maneras diferentes y decidimos probar las cuatro. Toda la comida mas los cafés nos sale por tan solo 2,55 € los dos.

Ante la amabilidad de Marni, decidimos volver todos los días que estemos por el lugar, a pesar de que se encuentra a unos 12 kilómetros por la carretera bacheada.

Volvemos de nuevo en la sobremesa a la playa y pasamos el día allí, hasta que el sol comienza a irse.

Retornamos al hotel satisfechos y en el camino nos encontramos a Hugo, al que le contamos nuestro día.

Su respuesta es muy clara; “Tengo 46 años, llevo surfeando desde los 13 por playas de todo el mundo, tampoco he visto jamás ninguna playa tan bonita”. Luego se queja; “lástima que no tenga olas para surfear”. Sonreímos y pienso egoístamente, que mejor así, pues eso hace que sea mucho más tranquila.

En la mañana del domingo, volvemos de nuevo a la playa, mientras pasamos por las iglesias atestadas de fieles que rezan.

Pasamos el día de igual modo que el anterior, en la maravillosa playa y en completa soledad.

¿Hay mejor plan que estar todo el día en el paraíso?; pienso mientras inspecciono los movimientos de mi compañera que le ha tomado gusto al agua y me cuesta ya sacarla de ella.

Cuando de nuevo marchamos a comer en el restaurante de Marni, paramos a recoger frutas de un árbol. Su nombre en Colombia es mamones, son como unas cerezas pequeñas, a las que hay que quitarle la piel y su carne es acida. Todo un manjar para el que le gusten las frutas acidas.

Después de la comida comienza a llover y decidimos pasar la tarde del domingo en el porche del hotel, viendo a la gente pasar bajo la lluvia que se dirige de nuevo a rezar y nosotros de mientras comemos mamones.

El lunes, por la mañana, de nuevo volvemos a nuestra playa, en lo que se está convirtiendo la rutina matutina. Mi compañera, continúa aprendiendo a nadar y practica lo que ya sabe, mientras que yo obsesionado con poder plasmar la belleza del lugar, he estado la noche anterior limpiando el objetivo de mi cámara, por si esto sirviera de algo.

Cuando miro las fotografías que hago, acredito que tampoco sirve de nada. El cielo sigue siendo maravilloso, y la playa extraordinaria como siempre, pero no consigo atrapar su belleza en mi cámara. Al final desisto y pienso que tal vez es una belleza reservada a los que se acercan a ver en vivo este regalo de la naturaleza.

UNA ISLA SIN CEMENTERIOS

A media mañana, teniendo nuestros cuerpos quemados por los días que hemos estado al sol, decidimos marchar antes de que acabemos con quemaduras.

Nos acercarnos a Baa, para comprar un protector solar y hacerle el último cambio de aceite a la Burrica.

A la vuelta paramos en el camino, para atrapar alguna imagen más, que la isla nos ofrece.

Al pasar por una aldea, caigo en la cuenta de lo que ya me había extrañado en los pueblos por donde he pasado. En ninguno hay cementerios, por lo que a los muertos los entierran en los patios de las casas, o incluso en las aceras de las aldeas, convirtiéndose estos lugares en camposanto improvisado.

Además, las tumbas más lujosas, que disponen de pequeños tejados, sirven de lugar para la reunión familiar, comen y se sientan sobre ellas o incluso tienden la ropa. En otras las que se encuentran en las aceras, las cabras utilizan las lápidas, para trepar a ellas y desde allí tener una vista más elevada del lugar.

Llegamos al atardecer a Nembrala, bajo el magnífico cielo de Rote.

En los días posteriores, hacemos más de lo mismo, ir a la playa por la mañana, para que mi compañera continúe practicando y disfrutar del lugar.

Al mediodía comemos donde siempre y la sobremesa la aprovecho para jugar al futbol con los niños que diariamente se acercan al restaurante a buscarme esperando a que termine y divertirnos juntos con el balón. 

El paisaje que me rodea mientras juego con ellos es muy hermoso, entre palmeras, playas, barcos de pesca, aguas trasparentes y el cielo de Rote.

Posteriormente al juego, salimos siempre a ver hasta donde llegamos explorando lo aún desconocido para nosotros de la isla.

De esta manera, llegamos a Papela, la localidad más apartada de donde nos alojamos en la isla.

La carretera finaliza allí, en un pequeño pueblo de pescadores, de mayoría musulmana y donde las playas ni tan si quiera se asemejan a la peor del otro lado de la isla.

Sin embargo en el camino hay alguna que vale la pena tomar un baño, pero que tanto el agua como su arena es peor.

Pasamos de nuevo a la vuelta por las aldeas y pequeños pueblos. Vemos la dura vida de las mujeres, que por la tarde, cuando el calor no es tan intenso, se dedican a llenar cubos de agua de los pozos, ya que los pueblos no cuentan con agua corriente, mientras los más pequeños se sientan en los prados cercanos a un pequeño lago, donde pastan los caballos.

También nos sorprendemos al ver como algún isleño lleva en su cabeza el sombrero típico de la isla de nombre Tilangga-rote. Esta hecho con hojas de bambú y lo más curioso de él es el adorno que corona la parte superior, que hace el difícil el llevarlo mientras se va en moto.

NOCHE DE CARTAS Y MAÑANA DE MERCADO

Las noches, cuando el generador del pueblo no falla, las disfrutamos jugando a las cartas, en un juego indonesio que mi compañera se empeño que aprendiera y he acabado en más de una ocasión disgustándola porque me he convertido en todo un maestro.

Un día por la mañana, el dueño del hotel, Thomas, mientras estoy desayunando, lleno de excitación, me comenta que es día de mercado en el pueblo, que debemos de ir a visitarlo.

Después del desayuno, nos acercamos y vemos, que tampoco es gran cosa, pero sin embargo para los habitantes de Nembrala, es un día lleno de excitación, donde salen de sus rutinas diarias y hacen acopio de lo que normalmente no pueden a diario.

En una explanada compartida por los camiones que han llegado desde Kupang, hay puestos de ropa, de toda clase de artículos a veces innecesarios, de poca fruta y mucho pescado y algún puesto de nueces de betel, que los lugareños saborean en ocasiones con extraña complacencia aún no entendida por mi parte. Entre los puestos del pequeño mercado, los cerdos pasean a sus anchas comiendo todo lo que es comestible para ellos.

Cuatro días antes de nuestra marcha prevista, Hugo, siempre pendiente del servicio meteorológico, nos avisa que para el fin de semana se acerca una tormenta y que marchara al día siguiente. En un primer momento no le doy importancia, hasta que caigo en la cuenta de que si la tormenta se alarga los barcos no zarparán y por lo tanto de nuevo quedaremos atrapados en una isla, perdiendo de esta manera nuestro avión.

Decidimos hablar con la dueña del hotel, para que nos devuelva el dinero que hemos pagado por adelantado. Ella al principio se muestra reticente y debo de sacar toda mi experiencia en el regateo, para que al final nos reintegre el 66 % del importe de la estancia que no disfrutaremos, a regañadientes.

ADIÓS BURRICA, ADIÓS

Al hotel se acerca Chris, brasileño que vive en la isla y tiene un pequeño negocio de alquiler de motos. Veo el cielo abierto y lo asalto cuando esta de tratos con Hugo para la devolución de la moto alquilada por este.

Le ofrezco la Burrica, la cual mira de refilón y en un primer momento me contesta que no le interesa, ya que no tiene los soportes para las tablas de surf. Cuando le digo que la vendo muy barata, su cara cambia, cesa de hablar con un Hugo sorprendido de que me haya metido de por medio y examina más detenidamente a la Burrica.

         ¿Cuanto quieres por ella?,

          

Le contesto con una explicación exagerada por supuesto.

         La compré por cinco millones de rupias en Bali (en realidad fueron tres), la vendo por menos de la mitad, dos millones de rupias.

Me pide la llave, para dar una vuelta y probarla.

Mientras Chris se da una vuelta con ella, Hugo me comenta que este brasileño es un poco rata y que no me fíe demasiado de él;

    – Ya me he dado cuenta mientras cerraba contigo el trato de la moto, pero esta moto, no la podré vender en otro lugar. Cambiar la matrícula de provincia cuesta al menos dos millones de rupias, y ponerla al día de la documentación al menos medio millón. De no venderla a él, me temo que la tendré que regalar.

Cuando vuelve, me pide la documentación y después de examinarla, me ofrece un millón. Me niego tácitamente y me responde;

    – Esta moto no está al día con la documentación, tiene matrícula de Bali y tengo que ir allí a pagar las tasas a…

Antes de que continúe hablando, con una sonrisa maliciosa, le corto y le replico;

    – Igual que las motos que tienes para alquilar.

Señalo la que le ha estado alquilando a Hugo, matrícula de Bali.

Sube la oferta en cien mil rupias y le digo que se olvide, que ya la venderé en Kupang cuando regrese al día siguiente, consciente de que no podré hacerlo. Se queda pensativo y me contesta que por la noche me dice algo.

EN LO MÁS LEJOS, MOMENTO REFLEXIÓN

Pasamos el último día disfrutando por una última vez de la hermosa playa, del buen atún de la isla y del último atardecer que vamos a ver en Rote.

En la playa, mi mirada se centra en el sur, allí esta Australia, Oceanía; a media hora de avión si lo hubiera, digo pensando en alto.

 Casi tocando otro país, otro continente y prácticamente sin darme cuenta, he llegado lo más lejos que he podido en esta primera parte de mi gran viaje. El resto, hasta el regreso a España, es volver sobre mis propios pasos.

Caigo en la cuenta que el tiempo se ha pasado muy rápido, que aunque he disfrutado de todo con intensidad, tan sólo he podido recorrer una parte del total que tenía previsto. Aún, corre dentro de mí intacto, el sentimiento que lo hacía cuando comencé el camino ahora hace casi tres años. Ver qué hay más allá, qué lugares, gentes, culturas o costumbres se encuentran viviendo al otro lado del mar, detrás de una montaña o de una línea imaginaria en un mapa que hace de frontera, en tierras que aún desconozco.

Dejo caer una lágrima, mientras mi compañera me mira, la recoge y me pregunta que es lo que me pasa. Le contesto con tristeza pero sonriendo;

         Acabo de entender y asimilar que la vida no te da el tiempo suficiente para ver todo lo que el mundo está dispuesto a ofrecer.

          ¿Y qué piensas hacer?, me pregunta.

Quedo pensativo, bajo la mirada a la arena del mar, luego miro con ternura la estampa de los niños que corretean jugando en la playa mientras sus madres recogen algas y las meten en cestos de mimbre. Los padres regresan del mar en sus pequeñas embarcaciones y son recibidos por la algarabía.

De nuevo mi mirada se centra en el horizonte que esta engullendo ya al sol. Después de un minuto, finalmente contesto con seguridad y sonriendo de nuevo a la Reina de Java;

         No parar y seguir intentándolo mientras me queden ganas, vida y salud.

La beso en la frente y regresamos al hotel por un sendero entre cocoteros, mientras la luna ya esta iluminando el cielo y los últimos destellos del sol resplandecen sobre las cristalinas aguas de Rote.

TRATOS Y TRATOS

Por la noche Chris se acerca al hotel y me dice que la Burrica no le interesa, pero que ha venido con un amigo local, que puede estar interesado en la moto.

 El chico, me solicita la llave y da una vuelta muy corta con ella. Cuando regresa habla con el brasileño y este conmigo; me dice que a la moto le hace falta una reparación: Te da un millón cien mil porque no tiene más.

         Mira Chris, ya te he dicho que el precio por el que la vendo es muy barato, menos de la mitad. La moto ha hecho conmigo y con mi pareja todo el camino desde Bali aquí. Le he hecho 15.000 kilómetros y nunca he tenido una sola avería. Tiene el aceite recién cambiado, las ruedas están muy nuevas, le limpié hace muy poco el carburador, le cambié la bujía y el filtro de la gasolina. Este chico si me compra la moto, se llevará una muy buena moto, que nunca le dará un problema y los pocos que le puede ocasionar, son baratos de reparar. La rebajo a 1.750.000 rupias y además le regalo un casco, pero ese precio ya es definitivo.

Se rasca la cabeza y comenta con el amigo en voz baja, finalmente me hace otra oferta.

         Te da un millón y medio (precio en el que tenía pensado vender a la Burrica), le tengo que prestar trescientos mil, porque él no los tiene.

Miro la furgoneta del brasileño, y le respondo:

         Te la dejo en ese precio, pero tú nos llevas mañana a Hugo, Mike, a mi compañera y a mí al puerto gratis.

Sorprendido Chris, me contesta qué es lo que gana él en el trato, después de tenerle que dar trescientas mil rupias a su amigo y encima llevarnos a los cuatro gratis al puerto (un taxi al puerto, vale 75.000 rupias por persona).

     – Tanto tú como yo sabemos que el precio que va a pagar por la moto es el que tenía pensado pagar. Déjame que yo saque algo a cambio por rebajarle medio millón y él quede en deuda contigo que tú sabrás cobrar, además le regalo el casco de mi pareja.

Cerramos el trato con un apretón de manos.

Después le doy una llave y la documentación al chico. Miro por última vez a la Burrica.

Me da una pena enorme el separarme de ella, ha sido la compañera que más tiempo ha estado a mi lado en Indonesia. Con ella he subido montañas y llegado a la cima de volcanes, atravesado ríos, visitado numerosas islas, llegado hasta la frontera de otro país, pasado un fuerte temporal y me ha llevado siempre hasta los rincones más recónditos. Sólo o en compañía de la Reina de Java o Choco Loco, vacía o cargada hasta las trancas, se ha comportado fiel al apodo que en su día le puse, la Burrica, con nobleza y sin rechistar.

Quizás porque las personas en un intento de emular a los Dioses, dotamos a objetos inanimados de sentimientos, o bien por el tiempo y numerosas aventuras que hemos pasado juntos. En ocasiones me he sorprendido a mi mismo conversando con ella y sin esperar respuesta.

Me despido de la forma he venido haciendo con los seres queridos, rápido y sin dar tiempo al dolor. Abrazo y beso a la Burrica en su cabeza y le doy la espalada, para no volverla a ver más.

Me queda el consuelo, que el retiro de la Burrica será en una preciosa isla y que de vez en cuando disfrutará de la vista a la playa más hermosa que he visto en mi vida. También que la persona que actualmente es su dueño, al convertirse ahora en su bien más preciado, la tratará como se merece, con cariño y mimos.

Me quedo de ella, además de los buenos momentos, una llave de repuesto y una moneda antigua de 50 rupias que encontré en su guantera. Permanecerán en una caja donde guardo buenos recuerdos. También me llevo conmigo, el casco decorado por Chocho Loco, que espero no se convierta en un engorro, hasta el día que regrese a España.

Selamat tinggal, Burrica.

EN LA BOCA DE UN NUEVO TEMPORAL

Por la mañana, con la tranquilidad que Dios ha dotado a los brasileños, Chris llega media hora tarde. En el camino mientras lo apremiamos para que acelere, no cesa de decirnos todo el tiempo con acento propio de su país; Tranquilos, relajaros, que el barco no zarpa nunca a su hora.

Llegamos al puerto, cuando el barco rápido para el que habíamos comprado los billetes ha zarpado hace más de 15 minutos.

Rápidamente y sin reproches, buscamos soluciones. Mi compañera se encarga de que nos hagan la devolución del importe de los billetes.

Con la experiencia que ya le ha dado el viaje, hace que la perdida por la devolución sea de tan solo el 25 %. Luego le indicamos a Chris que nos lleve al otro puerto desde donde zarpa el ferri lento en 40 minutos.

En esta ocasión, no se le ocurre decir ni “Mu”, conduce rápido y diligente hasta nuestro destino.

Llegamos justos, para comprar los billetes y embarcar en la zona vip por 08, € más de lo que cuesta el billete normal.

 Cuatro horas después ya estamos en Kupang, montamos en uno de los muchos minibús que hay en el puerto (trayecto desde el puerto a la ciudad 10.000 rupias), a ritmo de música estridente (como todos los minibús de la ciudad), llegamos al hotel Laguna donde nos hospedamos los cuatro.

Por la noche nos despedimos de nuestros dos amigos que al día siguiente marchan en avión para seguir cabalgando olas por los demás lugares del Sudeste Asiático. Lo hacemos con una suculenta cena de pescado a la brasa en el mercado nocturno.

Nosotros aún permaneceremos en Kupang cinco días, hasta que nuestro avión salga para nuestro próximo destino, Yakarta, la capital de Indonesia.

Por la mañana, la lluvia y el fuerte viento ratifican la predicción meteorológica, ningún barco zarpa o regresa de Rote. Acaba de comenzar un nuevo temporal, en esta ocasion nos ha cogido prevenidos.

Indonesia (IV)

 NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

Sumbawa, Flores y Timor Occidental

En la mañana de San Esteban, 26 de Diciembre, por fin salgo de Bali después de una larga temporada en la isla que me ha hecho conocerla a fondo. Llevo a la quinta fémina que me acompaña en mi viaje. Es una chica originaria de la isla de Java, su nombre es Chyntia, a quien conocí en mi larga espera de las visitantes Filipinas.

En un primer momento, cuando me la encontré en un supermercado acompañada por unos amigos y donde yo me conectaba a internet y pasaba largas horas, lo que me atrajo de ella fueron sus preciosos ojos almendrados que la dotan de una mirada por la que un servidor sería capaz de vender su ya pecadora alma a cualquier mercader sin escrúpulos.

LAS RAZONES DE UN ACOMPAÑAMIENTO

En conversaciones mantenidas posteriormente alrededor de cafés y tés, donde le cuento mi vida y vivencias con lujo de detalles, cuando le propongo que me acompañe sin albergar esperanza alguna a una respuesta afirmativa, ella me responde que sí. Entiendo que lo hace con el más absoluto desconocimiento de lo que verdaderamente significa. Está dispuesta a abandonar su acomodada vida y trabajo para acompañarme en un camino más que incierto en mi periplo por tierras indonesias.

Aún a día de hoy sigo sin entender que es lo que le puede atraer de este viajero que solo puede ofrecer una vida sin casa o domicilio fijo, y que ni tan siquiera tiene la seguridad de dónde pasar la siguiente noche.

Ella siempre me ha respondido que los días pasados a mi lado, lo que más le ha gustado de mi es que detesto los lugares copados por turistas, que como en restaurantes donde lo hacen la gente sencilla, que me intereso por la vida y costumbres de los locales y que enseguida entablo conversación con aquellos que se sientan junto a mí sin importarme si su cartera puede ofrecerme más que sus palabras.

CAMINO DE UN LOMBOK EN CAMBIO

Pienso, que poco tiempo aguantará en esta vida que es muy distinta a unas vacaciones, pues no se trata de una temporada viajando, sino de media vida recorriendo caminos intransitables, durmiendo en hoteles andrajosos y todo un tiempo exento de lujos y comodidades.

Con esta incertidumbre merodeando por mis pensamientos y junto con la Burrica, alcanzamos Lombok.

En el ferri hemos conocido a Michael y Eloyse, un italiano y una francesa que esperan surfear las olas de la isla. Llegamos al mismo hotel en el que me había hospedado en anterior ocasión en Kuta, donde Aian, la dueña me recuerda y me saluda cariñosamente. En mi primer paseo por Kuta, me percato de que la pequeña ciudad está experimentando en tan sólo tres meses cambios abismales. Están construyendo a las afueras un lugar para trasladar las tiendas de bambú de souvenirs y construir en su emplazamiento grandes hoteles. Poco tiempo le queda ya a este paraíso pienso mientras atravieso la avenida principal para ir al restaurante donde con Chocho Loco cenaba habitualmente.

En el hotel se hospedan también una pareja de vascos, Mikel y Nora, con los que entablo conversación. Nora al ver mi casco grafiteado, empieza a sonreír y me pregunta si yo tengo un blog. A mi respuesta afirmativa, me contesta que me ha leído, y me ha reconocido por el casco que en su día decoró Chocho Loco. Hace que me sonroje, pues un servidor no piensa que haya personas descabelladas que no me conozcan en persona y se aventuren a leer las peripecias de este viajero.

CAMINO DE FLORES CON CARGADOR NUEVO

Decido pasar dos días en la isla y gastar de este modo la jornada reservada a descansar del largo camino que me queda por recorrer hasta llegar a Flores. De esta manera puedo hacerles de guía a los cuatro nuevos amigos y aprovechar en reponer el cargador de la batería de mi cámara, ya que me temo que en las posteriores islas que visitaré sería una tarea imposible ante la precariedad de medios que disponen.

En Flores me tengo que debatir en el dilema de pasar la noche vieja en Komodo o en Ende capital de la isla donde está Rizwan, que vino a visitarme a Penang en Malasia, donde alquilé la casa junto con Maruxiña. Coincidí con él en la noche buena en Kuta de Bali. Además, me ofreció acompañarme una parte del camino junto con su novia indonesia, pues tiene pensado hacer el mismo recorrido que yo.

Salgo de Lombok despidiéndome de todos, a unos sé que me los volveré a encontrar en cualquier otro rincón del mundo, a otros, a los locales, sé que jamás volveré a verlos.

 Llegamos a Cayagan, desde donde parten los ferris a Sumbawa. Salen cada hora si el mar está en calma y el trayecto nos cuesta 50.000 rp (4,15 €), con la Burrica incluida. El problema es que el mar está bravo y debemos esperar a que se calme.

Por fin llegamos a Sumbawa sobre las 4 de la tarde, el trayecto ha durado algo menos de dos horas. Nada más poner el pie en tierra firme me doy cuenta de que esta isla es muy distinta a las que he visitado. En la carretera que es buena a ratos, sus dueñas y señoras no son otras que las cabras y vacas, por lo que el viajero que vaya en transporte propio debe de tener precaución ya que hacen caso omiso a los toques del claxon de la Burrica. También, me percato que el tráfico de vehículos en la isla es ínfimo, el cielo y el paisaje hace que el viajero si ha visitado con anterioridad Laos le traiga a la memoria gratos recuerdos. A parte de esto Sumbawa, concretamente todo el norte de la isla poco tiene que ofrecer, pues la costa en su mayoría es manglar y las pocas playas que dispone son de piedras.

PROBANDO LA RESISTENCIA DE LA REINA DE JAVA

Hacemos una larga jornada en moto, 100 km. hasta Sumbawa Besar, la capital de Sumbawa occidental. Pongo de este modo a prueba a mi compañera Chyntia, a quien he decidido apodarla la Reina de Java, debido que con cada mirada y sonrisa que me muestra hace que todo lo que haya a su alrededor se ilumine.

Aguanta a la perfección y sin rechistar, a pesar de que durante todo el camino no cesa de llover y un largo tramo tenemos que hacerlo de noche.   

En Sumbawa Besar, nos hospedamos en el hotel Tambora, situado en frente del hospital, con un precio de 8,3€ desayuno incluido.

Por la mañana proseguimos camino y hacemos una jornada bastante larga, por toda la parte norte de la isla hasta llegar a Bilma, ciudad situada a una hora del puerto oriental de Sumbawa y desde donde salen los ferris hasta la isla de Flores.

En Bilma obtenemos información de los ferris que van a Flores, parten todos los días a las 9 de la mañana. El precio es de 14,15€ los dos, incluida la Burrica. El trayecto dura aproximadamente 8 horas.

Bilma al igual que Sumbawa Besar son ciudades que poco o nada tienen de interés para el visitante. Pienso que el norte de Sumbawa es solo para disfrutar de sus paisajes, su carretera que en ocasiones es muy buena y poco más. En Bilma nos alojamos en un hotel pegado a la estación de autobuses regentado por una familia china, el precio es de 5,45€, desayuno incluido.

Por la noche la luna llena que se ve desde el hotel no nos deja indiferentes, preciosa.

Por la mañana bien temprano, ponemos rumbo al puerto de salida de Sumbawa, teniendo en mente el pasar la noche vieja en Labuhan Bajo (puerto de llegada al lado occidental de Flores) o en las islas cercanas a Komodo.

En el largo trayecto de Ferri, realizo fotos de un pequeño mercado improvisado para los pasajeros del ferris, y de cómo matan el tiempo de espera los viajeros.

También voy obteniendo información ayudado por la Reina de Java de los diferentes pasajeros, sobre los viajes a Komodo. La información siempre es la misma, son circuitos de un mínimo de dos días, haciendo noche en el barco en un camarote, a pesar de que Komodo se encuentra muy cerca de Flores. El precio es excesivo, 41,5 € por pasajero con hotel y comida incluida, pero no la entrada al parque para ver a los dragones y tampoco está incluido el guía.

REGATENDO LA ESTANCIA

Cuando llegamos a Labuhan Bajo sobre las tres y media de la tarde, después de un recorrido por los diferentes hoteles, comprobamos que los precios son más caros que lo que hasta ahora hemos venido pagando. El más barato 12,5€, y añadido también que los tours para el día siguiente están completos. 

La Reina de Java, después de salir de preguntar el precio de un Hotel, me dedica una de sus tiernas miradas y me dice; Antonio, los precios aquí son inadmisibles en relación calidad precio, los tours para mañana están todos completos. Vamos a proseguir camino y nos dirigimos a Ende donde esta Rizwan, ya volveremos unos días después. Tú tranquilo que si tenemos que dormir en una casa particular lo hacemos, si tenemos que dormir en una mezquita también, conmigo no vas a tener nunca ese problema, aunque tengamos que dormir en la selva.

 375 km nos separan de Ende, es imposible el hacerlo en sólo una jornada, pues las carreteras son malas, llenas de subidas imposibles y bajadas de infarto. Además como hándicap, comienza a llover y nos quedan dos horas de luz. 

Alentado por las palabras de la Reina de Java, tomamos la carretera hacia Ende, esperando alcanzar lo antes posible la localidad de Ruteng, situada en el punto más alto de la isla (2.300metros) y a 125 Km.

La lluvia se hace cada vez más intensa, cuando comenzamos la primera ascensión vemos dos accidentes de moto en directo, debido a la cantidad de agua que cae. En el primero ayudamos a las dos personas a levantarse y a lavar sus quemaduras. En el segundo, con la experiencia del primero, inmediatamente sacamos papel higiénico de nuestras mochilas y agua, para directamente sin preguntar nada hacer lo propio ante la incredulidad de los accidentados.

Cuando llegamos a la primera cima, el cielo se despeja por completo y la isla de Flores nos regala una de las vistas más hermosas que he visto en mi vida. A un lado selva espesa donde las pocas nubes que quedan en el cielo ocultan alguna colina. Al otro la costa de la isla donde el mar es de color plata debido a que el sol poco a poco se va bañando en el. Sin tiempo de hacer fotografías, pues la luz del día es nuestro mejor y más efímero aliado en esta dura carretera, proseguimos camino.

Cuando llegamos a la llanura que separa las dos montañas, la que hemos subido y la que aun nos queda por coronar, la noche ya se cierne sobre nosotros. Ya sin lluvia, pero empapados, el frío se va metiendo por nuestros huesos, mientras ascendemos la segunda montaña.

En el camino, comprobamos que las estaciones de servicio son muy escuetas, por lo que tenemos que repostar en las pequeñas tiendas que tienen como publicidad de que sirven gasolina botellas de agua llenas de combustible.

El viajero ha de tener en cuenta que el hacerlo aquí el precio puede incrementarse en algunos casos hasta el 100 % de su valor.

Cuando coronamos la segunda montaña, me percato de los continuos temblores de mi compañera y decido parar en una tienda a 20 km de Ruteng para tomar un café bien caliente.

 No ceso de preguntarle a la Reina de Java si se encuentra bien. Ella me responde que sí, que solo tiene frío y que deje de hacerle una y otra vez la misma pregunta. Entonces me doy cuenta que mi compañera desconoce que el frío puede hacerla que enferme. Le pregunto si alguna vez en su vida ha pasado frío, a lo que ella me responde que no, que nunca ha estado a tanta altura ni pasado este frío. Pienso para mi, mientras nos ponemos de nuevo en marcha que su experiencia en todo lo concerniente a un viaje de este tipo en nula, pero que ni una sola vez se ha quejado lo más mínimo ni tan siquiera me ha puesto mala cara.

Por fin llegamos a Ruteng entrada ya la noche. Buscamos hotel y en el segundo que preguntamos al tener un precio atrayente, le indico a la Reina de Java que si las habitaciones están bien nos quedamos allí. Pues nos interesa cambiarnos cuanto antes la ropa mojada por seca y meternos en el cuerpo una sopa bien caliente. Ella se pone reticente a alojarse en el hotel hasta que al final me dice; Antonio es que este hotel es un puticlub, el hall está lleno de putas en sujetador. Cuando le respondo que eso no me importa, ella me contesta; mira yo te he dicho que puedo dormir en una casa particular, en la selva o en una mezquita, no me importa el frío que haga o que no tenga agua caliente, pero yo con putas no duermo.

POR FIN UN HOTEL DECENTE

No dejo de soltar carcajadas, mientras recorremos las calles de Ruteng llenas de vida y cohetes que anuncian que al día siguiente es noche vieja. Por fin encontramos un hotel que nos satisface a los dos. A mí en calidad precio, a la Reina de Java exento de putas.

Hotel Ranaka, situado en la avenida principal de Ruteng, habitaciones dobles con baños dentro por 7 €, con café matutino.

Después de ponernos ropa seca, buscamos un restaurante donde sirvan sopa de kambing (cabra). Yo tomo dos tazones, mi acompañante sólo uno, ya que come como un pajarito lo que le hace que a pesar de su 1,63 de altura pese tan solo 43 kg.

A la mañana siguiente nos espera una dura y larga jornada en moto, pues estamos aun a 255 km de Ende, en donde también nos esperan dos bajadas y subidas de puertos con sus respectivas curvas, por una carretera donde nos han avisado que los baches no cesan.

Salimos a las 8 de la mañana y dejamos atrás la calidad de la gente de Ruteng y la fría habitación de hotel. Bajamos el puerto y después de 100 km llegamos de nuevo a la playa. Continuamos camino y volvemos a ascender por una carretera que está en reparación y que a tramos esta enfangada.

Cuando llegamos a la cima del último puerto, debido a los baches y al peso de las dos mochilas, la parrilla que diseñe para la Burrica, necesita una reparación urgente, ya que corremos el peligro de perder nuestras bolsas en un nuevo bache.

Cuando le pago al herrero los 0,18 € por soldarme dos nuevos hierros en la parrilla para que tenga más firmeza, me doy cuenta de que esta gente no está aun envilecida por la presencia del turismo, ya que no ha intentado cobrarme de más.

Por fin después de tres barcos y 1.350 km por carreteras indeseables realizados en tan solo 5 días, la mayoría en 4 días, con lluvia, frío, sol e incluso quebrantando mi norma de no conducir por la noche, llegamos a Ende.

Cuando veo a Rizwan, no puedo evitar fundirme en un abrazo con él y esperando que el hedor a camino que desprendo no haga desvanecerse la decisión de quedarse en Ende para celebrar juntos la noche vieja.

Nos alojamos en el hotel Ikhlas, situado en la carretera que va al aeropuerto. Habitaciones dobles desde 5 € con baño fuera, desayuno y Wiffi, hasta 8,3 € con toalla, baño en el interior y ventilador.

Al estar en esta localidad por un largo tiempo y al tener que volver a ella después de nuestra visita a Komodo para embarcarnos a Timor Occidental, aprovechamos para darles la dirección a los padres de la Reina de Java, para que nos envíen su pasaporte, ya que tenemos pensado pasar a Timor Leste.

NOCHE VIEJA LIGHT Y SONORA

Después de un baño y una siesta, sobre las 8 de la noche salimos a celebrar la noche vieja. Poco puedo decir de esto, ya que Ende a pesar de ser la capital de la isla, no deja de ser un pueblo grande de mayoría musulmana lo que la hace un poco aburrida, pues no hay bares o discotecas donde se celebre el año nuevo.

El ambiente festivo se distingue de los días normales, porque los más jóvenes se dedican a tirar cohetes, unos artesanales fabricados con pólvora que introducen en un tronco de bambú y otros comprados en tiendas dispuestas para la ocasión.

Ante la poca oferta de actividades, decidimos salir de Ende e ir a un pueblo cercano a la playa donde nos han comentado unos taxistas que hay más fiesta, pero también han intentado que dejemos a nuestras respectivas parejas en el hotel para ir con ellos.

Cuando llegamos al lugar nos damos cuenta de la insistencia de los taxistas por ir sin pareja. Es un puticlub donde las chicas están vestidas para la ocasión de conejitas y donde al vernos llegar acompañados poco caso nos hacen. Con sonrisas maliciosas en nuestras caras, damos media vuelta y volvemos a Ende.

En un pueblo a unos 3 kilómetros de la capital, al lado de la carretera se celebra un baile. Decido parar para ver la celebración que hacen los lugareños de esta fecha tan importante para nuestra cultura.

Nada tiene que ver con nosotros, es un baile de pueblo donde en el centro un corro de personas realizan un baile tradicional muy puritano, parecido al de unos niños en el patio de un colegio y al que arrastran a la Reina de Java sin remedio. Ella que es aun más reticente a bailar que un servidor, no puede evitar el hacerlo debido a que su cortesía es más fuerte que su vergüenza.

Después del baile, volvemos a Ende, para llegar a un lugar cercano a la playa donde un grupo de familias cenan y esperan a que sea las doce de la noche.

Nos enteramos de que el año nuevo ha llegado por las sirenas de los barcos cercanos y los fuegos artificiales que copan el cielo, pues no hay cuenta atrás.

Tomando un café con leche y doce trozos de plátano (que ningún lector haga esto, pues le llegara febrero intentando tragar). Con la magnífica compañía de la sorprendente Reina de Java quien se ha ganado por derecho una parcela de mi corazón, con Rizwan y Galo recibo el 2.013 entre sirenas de barco y efímeras y sonoras estrellas de fuego en el cielo.

AJUSTANDO LOS FERRIS

 En el día de año nuevo, decidimos acercarnos a un pueblo en lo alto de la montaña que rodea Ende. Noabosi no llega si quiera a pueblo, pues es un conjunto de casas salpicadas en lo alto de la montaña, que a pesar de estar a 10 kilómetros de la capital se tarda unos 40 minutos en llegar debido a su escarpada y maltrecha carretera.

Sin embargo la vista de la que se disfruta desde lo alto vale la pena el camino, pues el visitante verá la costa de Ende, teniendo a sus espaldas las montañas que la circunvalan.

Paramos en una explanada cerca de una casa, para disfrutar la vista y hacer unas fotos. Cuando el cielo se encapota, la dueña de la casa sale a saludarnos. La Reina de Java enseguida entabla conversación con ella y se presenta besándola. Es una cualidad que tiene que siempre me sorprende a la vez que me agrada. Nunca tarda más de un minuto en presentarse con extraños y sacarle conversación haciendo que un tiempo más breve que yo, la charla sea distendida y agradable.

Al final nos guarecemos de la lluvia y la dueña de la casa nos obsequia con te, galletas y hasta nos sirve un vaso de arak casero que ella misma fabrica.

Cuando la lluvia remite decidimos volver por el camino, pero no tarda en arreciar de nuevo haciendo que nos volvamos a guarecer en una tienda cercana y volvamos a tomar un café bien caliente y galletas para que el frío salga de nuestros cuerpos.

Al final llegamos por la noche a Ende y después de una ducha salimos a cenar.

Respecto a esto un consejo para el viajero, los restaurantes de los lugares exentos de turismo cierran sobre las ocho de la tarde por lo que hay que ser precavido de cenar temprano o agenciarse alimentos si se quiere cenar posterior a esta hora.

Al día siguiente decidimos regresar a Labuhan Bajo, pero antes comprobamos el horario de los ferris que salen a Kupang, capital de Timor Occidental.

Los barcos de la compañía Pelni salen los martes sobre las 9 de la mañana, y los ferris que transportan pasajeros y vehículos (nuestra opción) los lunes a las 7 de la mañana, ambos recorridos duran trece horas. El de Pelni cuesta 6,75 € el viaje por pasajero, y el ferri 20,9 € dos personas y la Burrica. Esto hace que el tiempo del que disponemos para hacer el recorrido que queremos sea insuficiente a no ser que volvamos a hacer otro rally. Decidimos tomarnos las cosas con más calma y disfrutar una semana más de la isla.

Al final ese día nos dirigimos a Moni, pueblo que dista 55 km de Ende y desde donde se va al parque natural de Kelimutu, en el que se encuentran tres volcanes que en su interior tienen un lago de diferentes colores debido a los minerales que hay en ellos.

Empezamos el ascenso al pueblo por una preciosa carretera que serpentea entre montañas desde donde bajan al menos 6 cascadas, 4 de ellas pegadas.

Paramos a medio camino para tomar un bakso y descansar, para continuar después.

Al llegar a Moni, en el primer hotel que preguntamos que se encuentra a 500 metros del cruce con la carretera que va a Kelimutu, nos cobran regateado 6,75 € el Bungaló con baño dentro. No tiene desayuno, pero la vista de la que se disfruta desde el lugar es magnífica.

La cena la hacemos en el restaurante de tejado azul que hay junto al hotel. Algo que el visitante no se debe de perder, pues es una de las mejores comidas que he disfrutado en Indonesia. Platos grandes que dan para dos personas a un precio medio de 2 €. Otra recomendación para el viajero es que en la gran mayoría de los restaurantes de Indonesia si no se pide bebida, ponen un gran vaso de agua mineral, por lo que si el comensal quiere beber tan solo agua se puede ahorrar el precio de una botella.

LAS CÁMARAS PAGAN

Por la mañana salimos pronto hacia Kelimutu, con la idea de permanecer un día más en el lugar. Cuando llegamos a la taquilla del parque, hacemos que nuestras acompañantes lleven la cámara, pues los precios varían mucho de si el visitante es local o foráneo.

El precio de entrada es de 1,75 € si se es foráneo y de 0,2 € si se es local. Por la cámara se paga 3,9 € si el visitante es extranjero y 0,4 € si es indonesio, esto hace que nos ahorremos el dinero de la comida que haremos posteriormente.

Llegamos al aparcamiento, dejamos las motos y hacemos una pequeña caminata de unos 20 minutos hasta llegar al primer volcán.

Desde un mirador se puede ver el lago que es de color negro, el agua de este cambia por temporadas, por lo que si tiene suerte, el viajero puede llegarla a ver de color rojo, algo extremadamente extraño. Nosotros no tuvimos esa suerte, pero si la de no tener lluvia en la visita.

Luego nos encaminamos al segundo mirador que está a unos 10 minutos del primero y después de una extensa escalera se llega a un lugar desde donde se pueden ver los tres lagos. Dos en frente el de color negro y otro de color turquesa y el tercero a la derecha de color verde.

Hacemos todas las fotos que podemos antes de que la lluvia que anuncia el cielo haga acto de presencia.

Al descender del segundo mirador comienza a llover, nos guarecemos en uno de los puntos de descanso que hay dispuestos en el camino y luego continuamos la bajada hasta llegar de nuevo al aparcamiento.

Al llegar la lluvia arrecia con fuerza haciendo que nos volvamos a guarecer en uno de los restaurantes cercanos al parking. Pasamos allí más de tres horas donde la Reina de Java no cesa de conversar con la dueña y todos los clientes que se acercan a guarecerse.

Cuando la lluvia disminuye, regresamos al hotel con el tiempo justo ya que de nuevo la lluvia vuelve a aparecer. Pasa todo el día lloviendo y nosotros cambiamos la decisión de visitar las aguas termales, por una ducha fría y una siesta.

A la mañana siguiente regresamos a Ende, bajo otra lluvia que no cesa hasta la última parte del camino.

COMIENDO FRUTA ALIÑADA

Al día Siguiente nos despedimos de Rizwan y Galo, que en el lunes venidero marchan a Kupang, donde nos esperarán una semana a que nosotros lleguemos.

Nosotros ponemos de nuevo rumbo a Labuhan Bajo, pero en esta ocasión debido al tiempo que disponemos tenemos pensado hacer el camino en tres días, para disfrutar del paisaje y que nuestros cuerpos no se resientan ni con los baches ni con el frío.

La primera etapa la hacemos desde Ende hasta Aimere, localidad situada a unos 115 km y con una temperatura agradable ya que es un lugar de playa.

En el camino paramos y entablamos conversación con lugareños, comprobando que los rasgos de los habitantes de Flores dejan de ser tan asiáticos como los de las otras islas visitadas. Son mucho más morenos, la mayoría no tiene los ojos rasgados, su pelo es negro y rizado, lo que nos da una idea de la diversidad de razas que conviven en el país.

También paramos a realizar alguna foto desde la cima de un puerto cercano a nuestro destino. 

Al llegar a Aimere, nos hospedamos en el único hotel de la localidad Agogo, habitación doble con baño dentro por 6,75 € y café por la mañana.

En la tarde paseamos por la playa de arena volcánica y ayudo a los pescadores a entrar a tierra sus barcas cuando regresan de faenar.

A cambio nos dan información sobre el lugar y constatamos que el lugar más económico para viajar a Kupang es Ende.

Después de una cena en el restaurante cercano al hotel, nos relajamos comiendo de postre un mango recogido de su jardín. Lo hacemos a la manera local, ya que he encontrado que un servidor que no es aficionado a la fruta al hacerlo de la manera que la comen los indonesios encuentra un placer en ello antes desconocido, con sal y chile picante.

Por la mañana ponemos de nuevo rumbo a Roteng, 125 km de lluvia y frío, ya que de nuevo volvemos a ascender al punto más alto de la isla de Flores.

Nada más llegar insinúo a la Reina de Java que nos quedemos en el hotel de las putas y esta que ya me conoce lo suficiente como para entender mis bromas, me contesta que no sin antes buscar alguno donde haya putos.

GUERRA  AL FRÍO

Lo primero que hacemos es irnos al restaurante en el que la última vez comimos Gule Kambing (la sopa de cabra), que en la anterior ocasión nos quitó el frío. Luego al hotel y un baño de agua muy fría que constata lo que un islandés en una ocasión me dijo ante mi incrédula mirada; nada quita más el frío que un baño con un cubo de agua bien fría. Pues así es amigos lectores, increíble y nada placentero pero cierto, el baño de agua fría me quitó el frío, aunque cuando miré a mis partes más nobles comencé a creer que además de haberme quitado el frío, también me hizo un cambio de sexo.

Paso la tarde escribiendo por fin todo lo acontecido desde que salí de Bali, mientras la Reina de Java duerme una plácida siesta de cinco horas entre dos mantas dobles.

Por la mañana, calmadamente, volvemos a retomar el camino y en esta ocasión puedo parar en el camino para tomar alguna foto de las maravillosas vistas.

Llegamos a Labuhan Bajo sobre las 12 del medio día. Comenzamos el vía crucis diario de la búsqueda de hoteles, que en esta localidad debido a que es muy turística los precios se elevan considerablemente. Al final decidimos quedarnos en Komodo Ikhas, situado en la calle principal, cerca y en la acera opuesta al Matahari, donde por una habitación doble con baño dentro y desayuno, la sacamos por 9 €, con desayuno incluido.

VISADO Y DRAGONES

Luego nos acercamos a la oficina de Inmigración, para hacer los trámites oportunos para la extensión de mi visado que le quedan tan solo tres días de vigor.

Cuando llegamos, me encuentro con una gran decepción. A pesar de que en la página web del gobierno de Indonesia, aparece la nueva oficina de inmigración recién abierta a bombo y platillo en Julio del año pasado, esta se encuentra aún en construcción. Me indican que solo hay una oficina de inmigración en la isla de Flores para hacer la renovación del visado, y está situada en Maumere, en el otro extremo de la isla y unos 500 km de distancia de Labuhan Bajo.

Es un jarro de agua fría, ya que esto sólo me da de margen un día para visitar los dragones que se encuentran en la isla cercana a Komodo de nombre Rinca, que es donde está el parque natural.

Rápidamente recordando la frase que mi hermana en una ocasión me dijo, “Yo no me preocupo, yo me ocupo”, busco la solución. Comienzo una peregrinación por las agencias de tours para buscar el precio más conveniente. Al final justo en frente de el punto de información para turistas me encuentro con un conocido del ferri que nos trajo a Flores y me hace un precio de 20 € por persona, con snorkel y comida incluida. Aparte la entrada al parque y el guía necesario para poder ver a los dragones.

Después de la visita, al día siguiente debemos hacer en tan solo dos días el recorrido de los 500 km para poder llegar a tiempo a Maumere y hacer la extensión de mi visado.

Pasamos la tarde recorriendo el precioso pueblo de Labuhan Bajo y dormimos una siesta.

Por la noche, el viento que hay en el lugar es bastante fuerte. En un paseo por los restaurantes ambulantes cercanos al puerto, los pescadores aseguran sus barcas. Comienzo a sospechar que al día siguiente el tiempo cambiará.

Por la mañana a las siete y media de la mañana, ya estamos en la agencia donde habíamos contratado el tour. El dueño nos indica, que todos los tour de ese día se han cancelado, que se avecina una tormenta tropical desde el este, que durará varios días y que ya está recorriendo la isla. Me quedo atónito, sin poder ver a los dragones y atrapado en un lugar por no se sabe cuánto tiempo, corriendo el tiempo en mi contra.

El problema de la extensión del visado en Indonesia es muy grave. Una vez finalizado el periodo para la extensión, el viajero cuenta con cinco días más, donde por cada día pasado debe de pagar una penalización de 25 $, lo mismo que cuesta la extensión para un mes. Pero lo peor de todo es que pasados estos cinco días, si no se ha hecho la extensión, el visitante puede ir a la cárcel.

 Aprieto los dientes y sopeso por un momento, las dos opciones que me quedan; quedarme en Labuhan Bajo hasta que pase el temporal con el consecuente peligro de que pueda ir a la cárcel o arriesgarme a atravesar el temporal por las peligrosas carreteras de Flores para llegar a Maumere con tiempo suficiente como para no tener que pagar penalización.

La decisión es fácil aunque nada agradable, debo marchar ese mismo día para recorrer todos los kilómetros que me sean posibles y llegar lo antes posible a Maumere. Mi decisión toma aun más peso cuando pienso que estoy totalmente en contra de que un gobierno se quede con un solo € mío, y mucho menos un gobierno tan corrupto como el de este país, el más corrupto de los países que he visitado.

PESADILLA DE VISADO

Le digo a la Reina de Java, que si quiere ella quede en Labuhan Bajo, y que yo marcho para llegar lo antes posible a Maumere, para que una vez termine el temporal, tomar un autobús para reunirse conmigo, ya que los autobuses tampoco salen debido al temporal.

Ella me responde sin dilación; Antonio, donde tú vayas yo te acompaño, tranquilo que si hay que pasar en moto el temporal, lo pasamos juntos.

20 minutos después los dos a lomos de la Burrica ya comenzamos el camino de vuelta, subiendo el primer puerto.

El paisaje que nos encontramos es desolador, ya que por la noche ha estado soplando el viento con fuerza y los árboles cercanos a la carretera están derribados y en medio de esta, teniéndolos que driblar una vez y otra. Llueve como si se tratara del diluvio universal y el viento no deja de soplar cada vez con mayor intensidad.

En lo alto del puerto, una fuerte ráfaga de viento, desplaza lateralmente a la Burrica más de un metro, haciendo que quedemos al borde de un precipicio, debiendo utilizar toda la experiencia que tengo con la moto.

La carretera está totalmente desierta, no hay ni una sola alma, tan solo una gallina que arrastrada por el viento golpea mi casco ante los nerviosos cacareos.

Cuando comenzamos a bajar el puerto, un árbol comienza a caer justo delante de nosotros, debo de tomar una decisión en milésimas de segundos, o frenar de golpe con el consiguiente peligro o acelerar y que sea lo que Dios quiera. Instintivamente hago lo segundo, pasando el árbol a tan solo unos centímetros de nuestras cabezas. Nos hemos librado por muy poco, pero la parrilla de la moto ha sido golpeada y aunque las mochilas están bien, se ha soltado una soldadura que tengo que reparar posteriormente en una aldea cercana.

Llegamos a Roten totalmente empapados como si nos hubiéramos tirado al mar y ante la atónita mirada de todos los transeúntes, que se guarecen bajo los tejados de algún restaurante. Ante la falta de oficio, se acercan a nosotros para preguntarnos de dónde venimos. Cuando contestamos la procedencia, piensan que les mentimos, ya que no ha salido hoy ningún vehículo de la localidad por la tormenta.

Después de dos cafés bien calientes, proseguimos la marcha. Llegamos de nuevo empapados a Aimere, donde nos guarecemos en el mismo hotel que tan solo hace dos días nos habíamos alojado. Por la noche, el temporal descansa y nos da la oportunidad de degustar otro exquisito mango que nos ofrecen sus árboles y descansar hasta que de nuevo empieza a llover con fuerza.

Por la mañana bien temprano, continuamos la marcha ante las advertencias primero del dueño del hotel de que no lo hagamos y el deseo de buena suerte acompañado de una santiguación cuando partimos.

El camino es más de lo mismo que el día anterior, pero en esta ocasión no nos encontramos ni un solo árbol caído hasta llegar a Ende. 61 km antes de Ende hacemos una parada en la pequeña tienda de Luis, que en la ida nos obsequio con café gratis y en esta nos tensa el freno trasero de la Burrica.

Nos cuenta su historia de cuando estuvo tres años trabajando en Bali, para poder ahorrar y montar el pequeño comercio. Mientras la Reina de Java conversa animadamente con él, yo juego con sus hijos que ni tan siquiera llevan zapatos.

Al despedirnos y negarse de nuevo a cobrarnos los cafés, le suelto una generosa propina a sus hijos.

Por fin llegamos a Ende, pero solo es una parada para comer, pues debemos de continuar, ya que el día siguiente es el ultimo que tengo para extender el visado sin penalización y Maumere aún está a 140 Km.

Comenzamos de nuevo a subir por la preciosa carretera que lleva a Moni, que ahora esta encharcada y donde el río y sus cascadas, antes hacían que el paisaje fuera majestuoso, ahora se ha tornado en peligroso. Aun así, en 10 minutos de respiro que nos da la lluvia, consigo hacer alguna foto que antes no pude.

La carretera está llena de derrumbes y hay tramos donde el río se ha llevado literalmente la carretera con él, haciendo que el paso de los vehículos pesados sea imposible y el de las motos peligroso.

Hay tramos donde los árboles caídos hacen imposible el proseguir y los habitantes del lugar ven una oportunidad para sacar algo de dinero. Se reúnen todos armados con machetes y comienzan a cortar los árboles haciendo que todo el que pase, pague un pequeño peaje.

En una curva a derechas, donde por casualidad voy más lento de lo normal, la rueda trasera de mi moto ya desgastada de tantos kilómetros derrapa. En un primer momento me hago con el control, pero terminamos yéndonos al suelo los tres.

Cuando me levanto, le pregunto a la Reina de Java si se encuentra bien, a su respuesta afirmativa, me dirijo a la carretera a quitar de en medio a la Burrica, para evitar que algún vehículo pueda tropezar con ella.

La dejo de pie mientras me percato que el estribo esta doblado y hace que sea imposible el poder cambiar de marcha.

Vuelvo con mi compañera, que ya está junto a dos locales que la están atendiendo.

Nada más ponerse en pie, sus preciosos ojos se clavan en mi rodilla izquierda, y me dice que estoy sangrando abundantemente y que un trozo de piel cuelga de ella.

Debido a la adrenalina que aun recorre mi cuerpo haciendo de anestesia, no me he dado cuenta de mis heridas.

En la rodilla, debido a una pequeña piedra, tengo un agujero y un trozo de piel que esta colgando. En el codo izquierdo lo mismo pero de carácter más leve y en el dedo pulgar del pie derecho, debido a que voy con sandalias, una herida profunda.

Le resto importancia a las heridas para que mi compañera no se asuste y le digo si se puede levantar, ella tan solo tiene unos arañazos en su rodilla.

Me lo confirma poniéndose en pie y sacudiéndose el barro de su impermeable.

Cuando vamos hacia la Burrica, dos locales me han reparado ya el estribo con una piedra mientras no cesan en mirar mi rodilla.

Les doy las gracias por todo y les regalo los últimos cigarrillos que me queda en agradecimiento a su ayuda.

Continuamos camino y en la siguiente localidad, paramos y busco un médico, para que limpie los arañazos de la Reina de Java y si no es muy caro, cure también mis heridas.

En una pequeña aldea preguntamos por el médico y los locales nos indican una casa cercana.

En la puerta de la casa, se encuentra el médico junto a dos chicas, que no nos pregunta nada al vernos, directamente nos indica que vayamos a un pequeño centro médico que hay justo al lado de su casa.

Bajamos de la Burrica y el efecto sedante de la adrenalina ya ha desaparecido y al bajar no puedo evitar hacer una mueca de dolor.

Cuando el doctor me va a atender, lo primero que le pregunto es el precio. Atónito, no me contesta e indica que una chica coja todo lo necesario para la cura.

Le indico que primero cure a mi compañera, que lo mío no es tan grave, que ya me lo curaré yo solo con agua, betadine y gasas, pues no es la primera caída que sufro y tengo experiencia en estos lares.

Desconcertada la enfermera, comienza la cura de mi compañera y de mientras yo le pido un balde con agua para lavarme las heridas.

La Reina de Java, se queja cuando el betadine empapa sus heridas y yo no puedo evitar que la culpabilidad recorra mi cuerpo, junto con el dolor que me producen ya las heridas. Me resisto a emitir un solo gesto de dolor, ya que mi compañera no cesa en disculparse por el mal estado de las carreteras de su país ante mi  sorpresa de que sea ella la que se disculpe y no yo por haber permitido que me acompañe en este viaje loco.

El médico me pregunta si quiero que me corte los trozos de piel que cuelgan del codo y la rodilla, le contesto que si, ante el sufrimiento de mi compañera.

Una vez vendada la rodilla, el codo y untado en betadine las heridas de los dedos de los pies, le pregunto al doctor, por el verdadero sufrimiento que me queda por pasar, la factura. Aun recuerdo la experiencia con los médicos de Bali y se de lo que son capaces de hacer con un turista.

El doctor me contesta que nada mientras me regala unas vendas y un pequeño bote de betadine.

Le insisto y le digo que por lo menos me cobre el betadine y las vendas, después de mi tercera insistencia, el doctor me responde 20.000 rupias (1,75€), le entrego 100.000 (8,3€).

Mientras el busca el cambio, le respondo que no lo quiero, entonces él se lo entrega a las enfermeras que sonrientes lo aceptan.

Nos despedimos de todos dándole las gracias y ponemos de nuevo rumbo a Moni, con el peligro de que el atardecer ya se cierne junto con la lluvia que no cesa.

PEQUEÑA DISUISICIÓN SOBRE LA GENEROSIDAD

La Reina de Java, me pregunta que como puedo dar una propina tan generosa, mientras peleo en otras ocasiones con las personas por la diferencia de precio de tan solo 1.000 rupias.

Le respondo que tengo a valor, el pelear con las personas que me quieren cobrar de más, aunque la cantidad sea mínima. Pero que las personas que me ayudan y no se quieren aprovechar por ello, a esas, debo de recompensarlas sobradamente, pues creo que ayudan por el mero hecho de que son buenas personas. Prosigo y le cuento que creo que hay dos tipos de personas que tienen oficios donde se ayuda a los demás. Unas las que lo hacen para ganar dinero y enriquecerse desmesuradamente a cuenta del prójimo, a estas hay que evitar que se lleven la menor ganancia posible. Otras las que lo hacen porque verdaderamente siente que ayudan a los demás, a estas hay que recompensarlas holgadamente, pues nunca esperan nada de los demás más que las simples gracias; ¿Te has fijado como no se ha quedado el dinero y se lo ha dado a las chicas?, este hombre no estudió medicina para tener dinero, sino para ayudar a los demás. Ahí se ve que es una buena persona y lo que lo diferencia de los demás.

Con estos pensamientos, llegamos a una parte de la carretera, donde hay varios vehículos parados, adelanto a todos y llego a la causa del porqué.

La carretera está totalmente cortada por un derrumbe de tierra y esperan a que llegue una máquina que la despeje.

Ante la lluvia que arrecia, nos protegemos en una cabaña abandonada con el techo de chapa y medio arrancado por el viento, que hay en la cuneta.

Media hora después cuando ya apenas hay luz, los vehículos se vuelven a poner de nuevo en marcha.

Cuando voy a arrancar a la Burrica, esta no quiere ponerse en marcha, parece que  me quiere decir que hasta aquí ha llegado, que está cansada y que ya no puede más.

La noche se cierne ya, en la carretera no hay ni una sola alma, fuera diluvia y hace un viento que asusta. En el interior de la choza es muy peligroso el quedarse, pues el viento hace que una chapa del techo se desprenda y corremos el peligro de que nos corte. Cansados, mojados, con frío y heridos, no nos quedan muchas opciones más que llegar al siguiente pueblo que está a unos 12 kilómetros, andando en medio del temporal.

AYUDA CASI OFICIAL

Cuando nos disponemos a desempaquetar las mochilas para cargarlas y comenzar a andar, una luz se filtra entre las rendijas de las paredes de bambú de la choza. Lo primero que hago es hacer que mi compañera se ponga tras de mí, luego saco torpemente a tientas mi navaja de la bolsa y la agarro fuertemente con una mano, mientras en la otra cojo el casco para poderme defender en caso de peligro.

Una silueta se dibuja en la noche tras la luz de una linterna y cuando llega a unos 5 metros de la choza, salgo a su encuentro.

Sorprendo al extraño con un “Hello”, escondiendo mi mano derecha a mi espalda, éste se para en seco y comienza a hablar en indonesio. Es la voz de un hombre de unos 50 años, antes de que le pare para decirle que entiendo muy poco de esta lengua, la Reina de Java sale de la choza y comienza a hablar con el hombre.

Después de una corta conversación, la linterna nos inspecciona y para cuando llega al vendaje de mi rodilla.

Por fin baja la linterna y puedo ver a un hombre de unos 50 años, que lleva un traje de agua amarillo del ministerio de fomento del gobierno de Indonesia. Pertenece al grupo de trabajadores que están limpiando con maquinas la carretera.

Me saluda y me dice que se llama John, pasa a mi lado, entra en la choza e inspecciona a la Burrica. Intenta arrancarla infructuosamente una y otra vez y vuelve a salir de nuevo de la choza.

Habla con mi compañera y luego vuelve a caminar desapareciendo en la oscuridad de la noche.

Cuando le pregunto, me contesta que ha ido a por el coche y a por la caja de herramientas, que va a intentar repararla.

Cinco minutos después se vuelven a ver en esta ocasión las luces de un todo terreno que se acercan.

De nuevo baja John, que en esta ocasión trae en su mano una caja de herramientas.

Con la luz de la linterna el hombre desmonta la bujía, la inspecciona y pregunta a mi compañera si tenemos repuesto de ella. A la negativa, nos dice que la bujía no está demasiado bien, pero que lo que falla es la gasolina que probablemente el carburador este sucio.

Cuando le pregunto a mi compañera que solución hay, ella que ya se ha adelantado y hablado con John, me contesta que nos ayudará a montarla en el Pick Up, y que nos llevara hasta Ende, pero que tendremos que viajar en la parte trasera junto a la moto.

Ningún problema, pero ¿cuánto nos va a cobrar?, pregunto. 4,15 €, me contesta la Reina de Java que ya le había preguntado hasta el precio. Me comenta también que debemos de recoger a sus compañeros que están en la carretera trabajando para regresar a la base de Ende.

Después de ayudar torpemente a John y a otro de sus compañeros que ya ha venido también a ayudar, montamos los cuatro en la parte delantera del pick up. Luego paramos junto a dos camiones a recoger a otros dos compañeros. John habla con ellos y les indica nuestra situación y ellos deciden montar en la parte trasera, no me dejan ir a la parte posterior. Además, cuando llegamos a uno de los tramos de la carretera donde el río se ha llevado una parte de esta debemos de hacer cola para poder pasar, no dejan de ofrecerme tabaco una y otra vez.

En una de las paradas, allí en medio de la noche en la montaña, deja de llover y las nubes se despejan dejando ver uno de los más maravillosos cielos estrellados que he visto, salvando el de mi pueblo. Después de cinco minutos, otra vez se vuelve a llenar de nubes y comienza a llover de nuevo.

Parece como si la isla, se estuviera comunicando conmigo y me estuviera diciendo; esta vez la partida la he ganado yo, mira lo maravillosa que puedo llegar a ser, pero si te has quedado con ganas de más, mañana estaré aquí, esperándote.

Llegamos al hotel sobre las diez y media de la noche y descargamos la moto, pago a John lo pactado además de dos paquetes de cigarrillos y darle veinte veces las gracias a todos.

Entro en el hotel que está lleno de turistas todos ellos atrapados por el temporal. El dueño me da la bienvenida y me pregunta que de dónde salgo. Le cuento el periplo, mientras no sale de su asombro y me pregunta si la carretera a Moni, para el día siguiente estará abierta. Le contesto que espero que sí, o al menos para las motos, porque yo por la mañana después de reparar mi moto, pienso llegar a Maumere para renovar mi visado.

Por la noche me cuesta convencer a mi compañera de que se quede en el hotel mientras yo voy solo a Maumere. Al final consigo hacerlo, cuando le indico que me tiene que ayudar en Ende, encargándole unas tareas menudas y sin importancia para darle peso a mi argumento. No voy a volver a poner en peligro a mi compañera, con que una sola persona se aventure es más que suficiente.

Por la mañana temprano, con el cuerpo acusando ya el dolor de las heridas del accidente, después del desayuno, llevo a la Burrica al taller.

El motivo por el que no arrancaba es porque tenía un mosquito en el filtro de la gasolina, que impedía que el combustible llegara al carburador. De todas maneras, le cambio la bujía, el filtro, le limpio el carburador, le arreglo la luz del foco y le cambio la rueda trasera por un importe total de 21 €.

Salgo sobre las 10 de la mañana de Ende y con tan solo 5 horas antes de que cierre la oficina de inmigración, para hacer el camino que me separa de Maumere, 145 Km.

Al comenzar la subida a Moni, comienza a llover, haciendo que cada gota que cae sobre las heridas de los dedos de los pies, sea como el pinchazo de una aguja.

Aprieto los dientes y poco a poco voy pasando entre el barro de los desprendimientos y los árboles caídos en la carretera.

Cuando comienzo a descender la montaña en la cara norte, compruebo que el temporal en esta zona ha sido menor y al final consigo llegar a la oficina de inmigración a la una y media, dos horas y media antes de que cierren.

UNA OFICINA SIN CORRUPCIÓN Y SIN  INFORMÁTICA

Aparco la Burrica y en la entrada de la oficina de inmigración, me recibe un gran cartel que anuncia que esta oficina no tiene corrupción. Una medio sonrisa se dibuja en mi rostro, ya que sé que eso en Indonesia es imposible.

Entro en la oficina y pregunto a un funcionario, para hacer la extensión de mi visado. Mientras éste inspecciona mi visado yo hago lo mismo con su corte de pelo y las dos manchas que tiene en su camisa, debiendo ponerme de puntillas tras el mostrador ya que la persona en cuestión no hace más de 1,65 metros.

De una manera más que malhumorada, me tira el pasaporte sobre el mostrador y exento de toda educación, comienza a hablarme en indonesio y alguna palabra en inglés.

No entiendo nada, por lo que tengo que recurrir a llamar por teléfono a mi compañera y que me explique.

Con muchas dificultades para que el funcionario acepte el teléfono y hable con ella, al final mi compañera me cuenta; Oh! Antonio, acabas de dar con un hijo de puta. Me dice que la informática no funciona y que no te puede extender el visado, que tienes que volver mañana.

Conteniendo la mala leche que me sale ya por los ojos, le digo a mi compañera, que le traduzca literalmente esto; Si la informática no está operativa, no es mi problema, es vuestro. Yo he venido hasta aquí desde la otra punta de la isla, he recorrido más de 500 kilómetros con la moto atravesando el temporal, teniendo un accidente. Yo he cumplido con las leyes que tu país impone a los extranjeros. Si tengo que venir mañana, yo vengo mañana, pero el pasaporte queda aquí y consta que lo he entregado hoy, porque no pienso pagar una penalización que no debo.

Cinco minutos después, el funcionario me entrega los documentos que debo de rellenar y una hoja en blanco. Cuando relleno los documentos, me indica que en la hoja en blanco debo de hacer una declaración indicando que el sponsor para la extensión de mi visado soy yo, volviendo a tirarme la hoja sobre el mostrador.

La mala leche hace que mis manos tiemblen y me tenga que contener de no zarandear a este mini yo, que se cree con derecho de tratar despectivamente a las personas que con su dinero le pagan su sueldo.

Le replico que yo no sé indonesio y que mi inglés es muy malo como para escribir. El me responde mirando mi pasaporte que en mi idioma es suficiente, una sonrisa se dibuja en mi cara.

Y servidor que con un bolígrafo y un papel en blanco tiene más peligro que Mc Giver en una ferretería, comienzo a escribir:

Yo Antonio Jesús García López hago la siguiente declaración:

  Que el sponsor de la extensión de mi visado no es otro que mi dinero.

Paro respiro profundamente y miro al funcionario que me desafía con la mirada mientras espera a que acabe. Fijo la mirada en las dos manchas de su camisa. Sonrío y dejo que la mala leche que llevo acumulada en el cuerpo después de tres días de infierno e impotencia salga a través de la tinta de mi bolígrafo robado a los vietnamitas en la embajada de Vietnam en Laos. Lo hago en forma de sarcasmo, intentando no poner palabras en las que se pueda ver el significado y de un solo tirón. Esto me hace (y perdone el lector y sobre todo Eladio), que cometa alguna falta de ortografía.

Que el funcionario que me ha atendido, además de ser un mal educado, no tiene ni puñetera idea de cómo tratar a las personas con respeto.

Que en su camisa tiene dos manchas de dudosa procedencia, que junto con el desgaste de los pantalones en la zona de las rodillas, hace que las sospechas de cómo consiguió este empleo sean más que fundadas.

También quiero declarar, que el corte de pelo que lleva, probablemente, lo consiguió sin quererle pagar al peluquero.

Quiero hacer constar, que juro que cuando le entregue toda la documentación, le daré la mano y sonreiré, pensando que es la mano con la que me he estado rascando mi huevo derecho. Huevo derecho que lleva picándome todo el día, al no haber tenido la posibilidad de ducharme en dos días.

Solo espero que cuando esta persona coma, lo haga de la misma manera que lo hacen los indonesios, con la mano que he estrechado y sin habérsela lavado antes.

Un abrazo a todos los taravitazos de buena voluntad desde:

Maumere a 10 de Enero de 2013

 

Firmo lo que he escrito, le entrego los documentos al funcionario que me indica después de inspeccionarlos que le pague las tasas, 25 $.

Le pago y no me da recibo aunque se lo solicito. Entonces le vuelvo a solicitar los documentos junto con el dinero, los pongo en el mostrador y los fotografío uno a uno y luego todos juntos. Su rostro se vuelve a un más agrio cuando hago esto y le respondo indicándole el cartel de la entrada “di kantor imigrasi maumere tidak ada korupsi” (en esta oficina de Inmigración no hay corrupción).

Le tiendo mi mano y con una sonrisa de oreja a oreja y el desganadamente me la estrecha.

Salgo de la oficina y me dirijo a Maumere en busca de hotel, en los dos primeros que visito los precios son astronómicos en comparación a los servicios que ofrecen. Finalmente justo a la espalda de la plaza central, después de un puente que cruza un pequeño río, encuentro uno en el que los precios son más asequibles. Se llama Hotel Sinar Kabor, en Jalan Heet Wolokoll Nº1, la habitación individual con el baño fuera, con ventilador y desayuno cuesta 4,15 €. Pero tiene unas hermosas y muy agradables con ventilador baño inmenso y desayuno por 10 €. Para largas estancias tiene unas con aire acondicionado, cocina y salón, de las que lo mejor es tratar directamente con los dueños.

CARA Y CRUZ EN EL TRATO

Elijo la de precio más económico, ya que solo espero estar una noche.

Los dueños del hotel son un matrimonio que se llama Josef y María y que me acogen como si yo fuera el niño Jesús. Digo esto porque me hace gracia que al ver mi carnet de identidad el dueño siempre me llama por mi segundo nombre Jesús y también porque María al ver la herida de mi rodilla cuando me quito la venda, me trae enseguida unos polvos de penicilina para que me los ponga y luego me los regala.

Al día siguiente, doy gracias al cielo, por no tener que tratar con el funcionario del día anterior y hacerlo con una chica que me prepara la extensión de mi pasaporte. Por fin sobre las tres de la tarde salgo de Maumere y me dirijo de nuevo a Ende. En el camino paro en un puesto local a comprar una botella de Tuak, para celebrar que he salido sano y salvo de mi periplo en la extensión del visado y los días más duros a los que me he enfrentado hasta el momento desde que salí por la puerta de mi casa.

Cuando llego al hotel, la Reina de Java me recibe con un extenso abrazo, me prepara el baño y curo mis heridas en las sábanas del cariño.

Paso los siguientes días esperando a que el temporal amaine y dé cuartelillo a los barcos que zarpan rumbo a Timor, la siguiente isla a visitar.

Conozco a John, un rumano afincado en Suecia y que habla español, con el que coincidí también en Inmigración en Maumere. Me cuenta que a él como a mí no le dieron recibo cuando entregó el pasaporte y el dinero. Al recogerlo le hicieron pasar al despacho del jefe de inmigración y este con toda la cara dura, le pidió 50 $ para devolvérselo.

Tenga mucha precaución el viajero en Indonesia en estos trámites, pues se puede llevar una sorpresa más que desagradable. Solicitar siempre recibo de la documentación y del dinero que se entrega. Y cuando no lo quieran entregar, hacerle una foto a toda la documentación y el dinero juntos y a ser posible con el funcionario de Inmigración.

El lunes el temporal ha remitido en parte, ha dejado en la isla una cifra de cinco muertos, muchas personas sin lo poco que tenían y varias carreteras destrozadas.

Sé a ciencia cierta que la naturaleza sólo me ha enseñado los dientes, que estos días vividos han sido en cierta manera porque las circunstancias no me han dejado más opción. Pero que de volverse a repetir, probablemente las repetiría, aunque nunca sería lo mismo sin tener a mi lado a la Reina de Java. Ella me ha demostrado sobradamente, que jamás se ha rendido ante una adversidad, que nunca ha tirado la toalla y que siempre ha sonreído cuando las cosas no han ido bien. Esta chica está muy lejos de otras personas que ya en Labuhan Bajo, se hubieran quedado y desistido de proseguir a mi lado. Jamás me ha reprochado nada, tan sólo la noche que después del accidente, cuando le dije que al día siguiente yo continuaba camino, rompió a llorar. Yo pensaba que había llegado a su límite y que me dejaba. Pero ella entre lágrimas me contestó que lloraba porque pensaba que yo no me quería a mí mismo nada, que le tenía muy poco apego a la vida. Siempre ha pensado en mí más que en ella misma, y ha sabido sorprenderme, ya que aún no he conocido donde está su límite.

Además ha hecho fuerte esa idea que mi hermana Ana me dejo para la vida “no hay que preocuparse, sino ocuparse”. Por todo ello Terimakasih Reina de Java.

UNA LUZ EN EL HORIZONTE

Después de un fin de semana donde las informaciones sobre los barcos que van a Kupang en la isla de Timor son más que confusas, decidimos el lunes por la mañana desplazarnos de nuevo a Maumere y probar suerte allí.

Nada más llegar, nos instalamos en el Hotel Sinar Kabor, donde María, la dueña me da la bienvenida y nos hace un buen precio cuando comprueba que mi compañera es de la misma ciudad que ella. La habitación doble con baño dentro y desayuno nos la deja por 6,75 €.

Al fin vemos la luz cuando nos indican que el viernes hay un ferri en el que se puede llevar la moto desde Larantuka. Decidimos quedarnos en el hotel de María y Josef hasta el jueves, pues de esta manera descansaremos y yo pondré al día mis crónicas, mientras los coletazos del temporal dejan paso a lo que espero sea una nueva etapa.

En la mañana del jueves, nos despedimos de los propietarios del hotel con un fuerte abrazo y María nos entrega una bolsa con ropa y comidas para entregársela a su hermana que vive en Timor Leste.

Partimos hacia Larantuka, costeando y comprobando que a pocos kilómetros de Maumere hay una gran oferta de hoteles que están junto al mar.

Subimos por la carretera que serpentea y atraviesa la jungla hasta llegar de nuevo al mar.

Sobre las 3 de la tarde llegamos por fin a la ciudad. Las noticias sobre el ferri que debe de partir al día siguiente son confusas. La oficina de los ferris está cerrada y en sus puertas pernoctan los propietarios de camiones y vehículos que no se han podido trasladar a la isla de Timor en otro medio.

Decidimos entonces buscar hotel y luego hacer las gestiones pertinentes para nuestro viaje a Timor.

Comprobamos dos cosas, que los hoteles están la mayoría llenos debido al retraso de los barcos que parten y que los precios de estos son sensiblemente más altos que en Maumere.

Al final decidimos alojarnos en Losmen, situado junto al puerto. Tiene un precio de 6,8 € con baño fuera de la habitación y con una limpieza que brilla por su ausencia. Sin embargo pensamos que por una noche nos sirve.

En la tarde hacemos las gestiones pertinentes para partir al día siguiente siendo estériles, pues no hay ningún barco que parta.

El temporal continúa en la isla de Timor y no hay ningún barco que se atreva a llegar allí.

Frustrados volvemos al hotel después de cenar y caemos rendidos por el sueño después de un café.

DE NUEVO OSCURIDAD

A la mañana siguiente, cuando salimos de la habitación, chequeo mis pertenencias y amargamente compruebo que mi cartera ha desaparecido.

Repaso mentalmente mis últimos pasos en el día anterior y llego a la conclusión que alguna persona que se aloja en el hotel o algún empleado del mismo me la ha sustraído cuando en la noche anterior salimos un momento de la habitación para pedirle a la encargada unos cafés. Fueron tan solo dos minutos, pero la puerta de la habitación no cerraba bien y quedó abierta dejando a la vista mi cartera. En su interior además de la documentación y de las tarjetas, había unos 185 €. Normalmente no llevo ese dinero encima, pero debido a que tenía pensado comprar los billetes para Kupang, estaba más llena de lo normal.

Avisamos a la policía y en unos pocos minutos el hotel se llena con unos 15 policías que no hacen más que hacerme preguntas, avisar a los de la sección de la policía científica e interrogar a todos los huéspedes del hotel sin ningún resultado positivo.

Entre los policías, encontramos a Enmanuelle, con el que habíamos coincidido en la visita a Kelimutu. Este al escuchar por la emisora que habían robado a un Bule (guiri en indonesio), acompañado por una chica de Java, inmediatamente pensó que éramos nosotros y vino a comprobarlo.

Al verlo no lo reconozco en un primer momento, pero el sí y entabla conversación con nosotros. Posteriormente nos dice que salgamos del hotel y que nos instalemos en su casa, previniéndonos de que cuando su mujer nos interrogue debemos decirle que en nuestro encuentro en Kelimutu iba solo y no acompañado de la fémina con la que lo encontramos.

Después de la denuncia en la comisaría, donde conocemos al amigo inseparable de Enmanuelle, Franki, jefe de la comisaría y anular las tarjetas, nos instalamos en la casa de nuestro anfitrión.

A los pocos minutos la policía avisa por radio que ha encontrado nuestra cartera, con toda la documentación, las tarjetas, pero no el dinero.

Doy las gracias a los agentes mientras compruebo que esta todo en orden en la documentación.

LOS LIOS DE ENMANUELLE

Cenamos con Enmanuelle y Franki y la ausencia de la mujer del anfitrión, ya que se encuentra en la casa de los suegros por unos días. Después de una ducha caemos rendidos y dormimos hasta la mañana siguiente.

Al despertar nos encontramos que en la casa hay una mujer, cuando la saludo me percato por las miradas que me echa una y otra vez mi compañera que no es la mujer de Enmanuelle sino otra chica distinta.

Después de desayunar, llega Enmanuelle, quien sale de la casa con la mujer extraña para regresar luego solo.

Pasamos el día recorriendo la ciudad de Larantuka, para luego posteriormente en la tarde, ir a la casa de los padres de Enmanuelle, para que conozcamos a su mujer, dos hijos y a su familia.

Está a unas dos horas de camino hacia el este por una carretera que no deja de bachear y tiene a un lado el mar y al otro la selva. Llegamos ya cuando apenas se vislumbran los árboles de los alrededores.

Nos reciben los padres de nuestro anfitrión, a los que Enmanuelle les cuenta nuestro periplo y que nos tiene alojados eventualmente en su casa. Luego conocemos a los hijos y a su mujer Meri.

Al final pasamos la noche en la casa de los padres de Enmanuelle, donde disponen de una mesa de billar, para al día siguiente por la mañana regresar de nuevo a Larantuka.

Nada más llegar a su casa, los vecinos advierten a Meri, que hace dos noches Enmanuelle pernoctó en la casa con una mujer.

Se desata una tormenta aún mayor de la que hemos pasado en los últimos días, desencadenando un exhaustivo interrogatorio por parte de Meri a nosotros, donde siempre decimos que no sabemos nada y concluyendo con la expulsión de Enmanuelle de su propia casa.

Por la noche, con el patriarca desahuciado y nosotros de okupas, Meri recibe la visita de una monja, supongo yo para que la reconforte en las horas bajas.

Después de una larga conversación que dura más de tres horas, cuando sale de la habitación de Meri, la monja se encuentra conmigo en el pasillo. Mira de reojo la habitación donde mi compañera se encuentra en la cama. Luego me inspecciona de arriba abajo con una mirada de desconfianza. Me presento y le presento a mi compañera. Me pregunta si ella es cristiana, a lo que le respondo que no. Luego me pregunta mi nacionalidad, respondiéndole que español. Cuando me pregunta muy seriamente y con una mirada inquisitiva si yo soy católico, me quedo callado. Da un suspiro y con cara de pocos amigos me suelta un rosario de plástico en mi mano y se marcha.

Miro a mi compañera y le digo hemos estado a punto de que Batman White nos deje en la calle esta noche. Pensamos que lo mejor es al día siguiente buscar hotel, pues la situación en la casa es difícil.

METODOS SUPRAPOLICIALES

Por la mañana buscamos hotel, encontrando uno que es más que decente y con la mejor calidad precio de todos los hoteles de la zona. Se trata del hotel Pelaña, situado en la calle frente del mercado central. Habitaciones nuevas, con baño en el interior y desayuno por  10,3 €.

Después nos dirigimos a la comisaría ya que Franki nos llama, pues ha citado al dueño del hotel donde nos robaron para intentar que éste nos devuelva el dinero robado.

Después de ocho horas allí, el resultado es infructuoso, pues el dueño se desentiende del asunto. Franki, nos aconseja, que vayamos al hotel y nos llevemos el televisor a modo de compensación. Mientras pienso que coño voy a hacer yo con un televisor que pesa más que mi mochila y que no supliría el dinero sustraído. Además siempre he sido enemigo de venganzas pues pienso que son obra de la impotencia de débiles de espíritu y que el tiempo siempre acaba devolviendo las malas acciones.

Sin embargo Franki, nos dice que está bien, que tiene en mente otra cosa que es posible que resulte para que nuestro dinero aparezca, prometiendo una visita por la noche a nuestro hotel.

Por la tarde, no hago más que darle vueltas a qué tipo de solución descabellada ha podido planear esta persona.

Sobre las diez de la noche, Franki se persona en el hotel junto con Enmanuelle y otra persona que viste de manera un poco estrafalaria, pues lleva un traje mimetizado de manera de que estuviera en el ejercito, de no ser por la publicidad de la marca.

Cuando ya me pienso que es alguien que se ofrecerá a robar el televisor o alguna otra cosa del hotel, las dudas sobre esta nueva persona se despejan.

Mientras Enmanuelle se ducha en el aseo de nuestra habitación, pues ha sido desterrado de su casa por Meri, Franki nos dice que su amigo es brujo, y que el hará que aparezca el dinero.

Entre la sorpresa y conteniendo la risa para no ofender a Franki le pregunto si eso es cierto. El me afirma categóricamente que sí, que nunca se equivoca y nos emplaza para al día siguiente ir a su casa, comer allí y hacer la ceremonia.

No hace falta que pregunte a mi compañera nada, pues nada más marchar del hotel el trío visitante, ella me dice que de mi dinero por perdido que no aparecerá; seguro, sentencia finalmente.

Llevado por la curiosidad, y por la deuda de gratitud que tengo con estos dos policías por las continuas muestras de amabilidad que me han obsequiado en estos días, al día siguiente comemos en la casa de Franki.

Lo hacemos junto a su mujer que prepara un exquisito pescado y algas, junto a unas palomitas típicas de Flores, sus cuatro hijos, Enmanuelle y el brujo.

Al finalizar el almuerzo, esperando yo por mi parte una ceremonia de cánticos, hierbas rociadas en brebajes o algún otro rito extraño, me encuentro con que el brujo, simplemente encarga a uno de los hijos de Franki que compre unas velas. Las enciende y las mira fijamente, hasta que se han consumido en una cuarta parte. Luego las apaga y comenta que el fuego de la vela le ha dicho que en 24 horas el dinero aparecerá.

Marchamos de la casa de Franki y le damos las gracias a todos los asistentes a la comida, mientras ya por fin a salvo de las miradas, puedo reír, pero no de burla. Pienso que si el dinero no vuelve, me da igual, pues los días pasados junto a los policías y las vicisitudes acaecidas, han valido verdaderamente la mala experiencia pasada.

Al día siguiente el dinero no solo no aparece, sino que la compañía de teléfonos con la que tengo contratado mi numero en Indonesia, me estafa y se queda con 4,7 € míos por error y no me los quiere devolver.

Maldita sea, no habrá visto el brujo esto en el fuego de las velas, pienso mientras le cuento esta vicisitud a tres extranjeros que hemos conocido y que se alojan también en un hotel de la ciudad.

NUEVOS CONTACTOS

Chris e Ina son una pareja de un neozelandés y una germana, que viajan en moto junto a Christopher, un inglés. Han salido hace dos años de Alemania, y van camino de Nueva Zelanda, después de recorrer toda Europa y parte de Asía.

Los conocimos cuando estábamos preguntando los precios de los hoteles y llegamos al suyo. Christopher, se encontraba enfermo y ante la ausencia de personas que hablaran inglés e indonesio, mi acompañante decidió ayudarlos y acompañarlos al hospital.

Se encuentran igual que nosotros, atrapados en la isla y esperando que algún ferri salga para Timor.

Después de que el diagnóstico de Christopher fuera de malaria, los hemos estado visitando en los días posteriores para saber sobre su evolución y naciendo una camaradería entre nosotros.

En los días soleados, aprovechamos para darnos un baño en las cristalinas aguas que rodean un parque erigido para la gloria del Dios cristiano en Larantuka.

Por fin llegan noticias, el viernes 25 hay un ferri que parte hacia Kupang.

A todos se nos ilumina la cara, pues llevamos casi un mes en esta isla que a pesar de ofrecernos toda su hermosura nos ha dejado experiencias un tanto agridulces debido al temporal.

Sin embargo yo me quedo con la gran amabilidad que he experimentado por sus gentes, que en los peores momentos, accidente, reparación de la moto, robo e infortunio, siempre me han tendido la mano y me han ayudado sin esperar nada a cambio.

En la mañana del viernes, llegamos al puerto de donde parte el ferri, 6 horas antes para asegurarnos tener sitio, ya que el puerto esta atestado de camiones y coches que no han podido partir en los barcos que sólo transportan pasajeros.

Compramos el billete que incluye comida, dos pasajes para nosotros en la clase vip (en un apartado del barco donde hay televisión y literas con aire acondicionado, por dos motivos, el viaje es de 14 horas y la otra opción es ir sentado en dos sillas metálicas) y uno para la Burrica, por un total de 30 €.

Estamos los cinco solos en la clase Vip, ya que el ferri lleva como pasajeros tan solo a los que también llevan coche o camión, pernoctando estos en el interior de los mismos. Los que van sin vehículo, se fueron en la noche anterior en otro barco de solo pasajeros, para no arriesgarse a quedarse en tierra por un nuevo retraso.

El día es despejado, y las vistas de la bahía son espectaculares, acrecentadas aún más por el precioso atardecer que nos regala la naturaleza. Caliento mi rostro en los últimos rayos de sol, para luego mirar a mis compañeros y con una sonrisa decirles “Por fin hoy es un gran día”.

Cenamos junto al capitán que se apellida como yo López y que nos obsequia con una repetición de cena, pues ésta es escasa.

Llegamos a Kupang sobre las tres y media de la mañana. El capitán nos advierte que podemos permanecer en el barco hasta las seis y media que vuelve de nuevo a zarpar. Pero debido a que Christopher vuelve de nuevo a tener fiebre, decidimos encontrar hotel lo antes posible.

La pareja y el enfermo, debido al cansancio, se quedan en uno de los primeros que encontramos. Nosotros que aun tenemos fuerzas, decidimos indagar un poco más y buscamos otro más barato y de igual calidad en el que se han quedado nuestros amigos.

Al final nos quedamos en uno que es más barato y que accede a no cobrarnos la noche en la que llegamos. Al día siguiente, ante la imposibilidad de poder dejar nuestros equipajes en el hotel, cuando marchemos a Timor Leste, pues no nos aseguran que al regreso estén en el mismo estado que cuando los dejamos, buscamos otro hotel. Hallamos el Hotel Laguna, en Jalan Gurung Kelimutu, Nº 36, sin duda alguna es la mejor opción para el viajero. Habitación doble, baño dentro, de limpieza impoluta, parking y desayuno por 8,3 €. Solo un pero a este hotel de amables empleados, el desayuno es de 6 a 8 de la mañana, a cambio de 4 a 6 de la tarde hay café y té gratis.

Para los mas ahorradores o los que tienen menos presupuesto, también pueden optar por alojarse en el Hotel Lavalon, situado cerca del paseo marítimo. Habitaciones dobles con ventilador, sin desayuno y con el baño fuera por tan solo 4,8 €. Pero sin duda alguna lo mejor de este hotel es el café de mismo nombre, que está junto al mar, donde hay wiffi y buenas comidas.

MERCADO Y CENAS ACEPTABLES

Luego nos dedicamos a explorar la ciudad, viendo que es más grande que las anteriores visitadas en las otras islas. Dispone de varios mercados, restaurantes y hasta un centro comercial, en el que el viajero puede comprar ropa a precios muy asequibles. Unas bermudas por 3 € y camisetas por tan sólo 2 €.

Por la noche visitamos el mercado nocturno y cenamos un muy buen pescado a la parrilla fresco por tan solo 1,75 € por persona.

Al día siguiente, debido al tiempo ocioso que disponemos, uno de los empleados del hotel nos recomienda visitar la playa de Lasiana, situada a 11 kilómetros de la ciudad en dirección este.

Absténganse los visitantes de hacerlo, pues es una playa muy visitada por los locales sin entender el que suscribe por qué. Pues además de sucia, el mar no vale demasiado la pena, la playa es escasa, apenas unos tres metros de ancho y cobran 0,25 € de parking.

Pero en la cara noroeste de la isla, cerca del puerto de llegada y a 25 km de la ciudad, la cosa cambia ya que hay playas desiertas de buena arena y aguas turquesas. Tan sólo hay que dejarse perder por los numerosos caminos y senderos de arena que copan la zona donde acaba la carretera. Allí encontrarán la playa de Tablalong, donde las únicas huellas que permanecen en la arena son las de los animales que han pasado por allí. Pasamos los siguientes días disfrutando de una preciosa playa. 

Por la noche volvemos al mercado nocturno a cenar en esta ocasión acompañados por Ina, que queda enormemente complacida con la cena.

PROBLEMAS DE ENLACES

Por la mañana nos personamos primero en la embajada de Timor Leste, para preparar el visado para entrar en el país. Tan sólo hay que rellenar tres documentos y presentar una fotografía y una fotocopia del pasaporte. Sin embargo, el trámite del papeleo dura tres días, y no hay que pagar nada en la embajada, pues después al llegar a la frontera, al entregar la documentación sellada por la embajada hay que pagar por la visa 30 $.

Luego vamos a las oficinas de la compañía marítima Pelni, para preguntar sobre los barcos que zarpan rumbo a Papua, preparando ya el camino para nuestro próximo destino.

Me llevo un jarro de agua fría, pues no hay barcos directos, sino que hay que hacer escala en dos islas y el trayecto en total llega a durar más de 18 días, debido a las conexiones con otros barcos. Además el transporte de la Burrica es excesivamente caro, pues hay que embarcarla como paquete ya que estos barcos no llevan vehículos, por lo que llega a costar casi tanto como su valor. Preguntamos si hay ferris para llegar a Papua, la respuesta es tajante; Después de Timor ya no hay ferris para seguir.

Con el disgusto en el cuerpo, ya que tenía una gran ilusión por llegar a Papua y ante la imposibilidad de hacerlo por el barco debido a que hemos perdido demasiado tiempo por el temporal, miramos vuelos. Empresa costosa la de llegar a Papua, ya que los vuelos solo salen de Yakarta, por lo que hay que volar desde Timor allí, para después regresar sobre nuestros pasos y llegar a alguna de las ciudades de Papua. Esto se traduce a mas de 300 € por cabeza, lo que hace que sea aun más costoso que el barco.

Resignado y pensando volver de nuevo a flores, para poder ver los dragones, algo de lo que no soy partidario, pues en esta primera visita a Indonesia (digo primera, porque juro ante Ho Chi Ming que volveré aunque no sé cuando a visitar este país), he quedado más que harto de Flores y porque no soy partidario de volver atrás.

En estas divagaciones, recibo la llamada de Rizwan, se encuentra en la isla de Rote, al sur de Timor, es muy escueto; Antonio, por favor, no te vayas de Indonesia sin venir a Rote, es la isla más bonita que he visto en toda mi vida. Sabiendo que mi amigo ha viajado aún más que yo y que no es persona de exagerar, un gusanillo empieza a correr por mi cuerpo y la sonrisa vuelve a mi semblante. Rápidamente le respondo; allí me dirigiré cuando finalice mi visita a Timor Leste, palabra de taravitazo.

Bien Reina de Java, ya tenemos nuevo destino y lugar por descubrir, le comento a mi compañera al colgar el teléfono. Nada más volver de Timor Leste, pasaremos unos días en la isla de Rote.

Indonesia (III)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

BALI  2ª Parte

El día 5, tal y como había quedado con Angust, me acerco a su casa, para después marchar a Bangli. Él me recibe en esta ocasión con la duda de que no es seguro que me haya podido buscar alojamiento allí. Me comenta que marche primero, y me aloje en el anterior Home Stay, y que por la tarde lo llame para ver si ha solucionado el problema.

Con la tranquilidad que me ha dado la experiencia de viajar, siempre hay que tener un plan b, c e incluso un d, marcho a Bangli.

Cuando llego a Dólar Home Stay, la familia me recibe con una sonrisa, y no hace falta tan siquiera que le pregunte si tienen habitación, me dan inmediatamente en la que estuve anteriormente.

PARALIZANTE HUMEDAD

Me percato que de nuevo están haciendo adornos con hojas de palmera, para colocarlos en la puerta de su casa, por lo que significa que estamos en las puertas de alguna celebración.

Me doy cuenta también, que hace mayor temperatura que en la pasada vez que estuve en el lugar, y que la humedad casi se puede cortar.

Por la tarde, mis temores se confirman, y Angust me comunica que no ha podido encontrarme alojamiento. Decido echar mano del plan B, alojarme en Dólar por un mes, pero después de unas horas, veo que mi ordenador y toda mi ropa están húmedos, por lo que corren serio peligro de fallar. Tampoco en esta ocasión puedo quedarme en la localidad. Bien, pienso  que habrá que cambiar de emplazamiento. 

Contacto con Rasta y le comunico que al día siguiente llego a Lovina, y que lo veré. Este muy animado, me dice que me esperará en la esquina de mi antiguo hotel.

Por la mañana marcho temprano de Bangli, y me despido de la familia, indicándoles que es posible que vuelva en este mes de nuevo a visitarlos y a estar un par de días en el lugar, para hacer alguna foto más de la provincia.

ALOJAMIENTO CON LOCALES

Llego a Lovina y tal y como Rasta me prometió se encuentra en el lugar indicado. Mantenemos una pequeña conversación para ponernos al día, e inmediatamente después de comentarle que estoy buscando un lugar para quedarme un mes, me lleva al lugar que le propuse. Es donde vive su amiga, una especie de Home Stay, cerca de Lovina, en una aldea que se llama Anturan. En este hay un grupo de habitaciones donde solo viven locales con empleo temporal.

Nada más llegar, los que van a ser mis nuevos vecinos, me saludan amigablemente y preguntan a mi acompañante si estoy seguro que quiero alojarme allí, ya que nada tiene que ver con los hoteles para turistas que hay cercanos. Este les contesta que si que yo no tengo ningún problema en quedarme allí.

Regateo el precio con la dueña, que finalmente baja de 80 a 50 € al mes. Es una habitación con un colchón en el suelo y sin ningún tipo de mueble. Posteriormente descubro que el colchón poco a poco va creciendo, ya que cuando me doy la vuelta en el compruebo que ha crecido a lo largo y a lo ancho, pero menguado en grosor. Pienso si venderlo a la fábrica de compresas Ausonia para que lo utilice en las compresas que no se notan. El baño es comunitario y se encuentra en el patio, mi primer pensamiento cuando lo vi, es que fue exactamente el lugar donde Mister Proper, hoy llamado Don Limpio, desarrolló su alopecia debido al estrés que le produjo.

TOMANDO  TUA

Después de aceptar el quedarme en el lugar, la dueña también me indica que el lunes debo ir al ayuntamiento de la localidad a registrarme.

Después de una ducha, Rasta me propone ir a beber Tua, y acepto, por la amabilidad que ha tenido conmigo.

De nuevo me encuentro en un lugar parecido donde en la última ocasión estuve con él, un solar en el que hay un par de sekepat (tarimas elevadas con tejado, donde pasan el tiempo los indonesios bebiendo comiendo o durmiendo, hay por todo el país y en todas las casas), y donde los que se encuentran sólo son hombres que beben el líquido blancuzco. Me doy cuenta que es un típico bar Balinés, ya que es visitado asiduamente por locales.

SE OTEA LA MATANZA

Después de la segunda jarra de Tua, dejo de beber, ya que me empiezo a temer que acabaré pagando la cuenta yo, y como siempre digo, no soy mecenas ni de borrachos, ni de puteros o drogadictos.

En la tarde noche, recibo un mensaje de Rasta, que me indica que en su casa están haciendo los preparativos para la matanza de dos cerdos, si quiero ir. Acepto de inmediato y le ofrezco mi ayuda, ya que no es la primera en la que estoy, pues en mi casa los últimos años en los que he estado, por navidad hemos matado cuatro cerdos.

Llego a casa de la que es su suegro, y me presenta a su mujer, sus hijos y toda la familia política.

Rasta debido a los efectos del Tua, echa la siesta en el sekepat, decido dejarlo dormir y marchar a hacer unas gestiones al pueblo.

Sobre las 7 de la tarde, me llama por teléfono y me dice que están haciendo los preparativos previos a la matanza, que si quiero ir a acompañarlo. Diez minutos después, ya me encuentro en la casa del suegro de nuevo. En un sekepat se encuentran los hombres quienes están constantemente picando vegetales y especias, para luego mezclarlos con la carne de los cerdos que van a sacrificar, mientras no cesan de beber Arak. Siendo el que tiene más cara de borracho el encargado de rellenar una y otra vez el mismo vaso para todos.

Me ofrecen una y otra vez arak y café, además de invitarme a cenar con ellos.

MATANZA DE MADRUGADA

Finalizamos sobre las 10 de la noche, y Rasta me indica que a las tres de la mañana comienza la matanza, por lo que me vuelvo a mi hotel, para después regresar.

Imposible levantarme a las tres, el despertador suena, pero no lo escucho. Finalmente me despierto sobre las tres y media, miro el reloj e inmediatamente me lavo la cara, cojo mi moto y me dirijo al lugar indicado. Con el sueño y el frío aun como compañeros, después de que el aire me haya dado en mi cara húmeda, llego a la casa del suegro con los ojos más abiertos que las piernas de una meretriz en carnaval.

Ya han matado a uno de los cerdos, y están raspando la piel, para luego abrirlo y sacarle las tripas.

En vez de hacerlo en canal, le hacen una incisión en el vientre y a través de ésta van sacando todos los órganos e intestinos del animal. Luego se rellena con hierbas y especies, se empala literalmente al cerdo, para ponerlo a dorar en las brasas de un fuego, mientras otros se dedican a limpiar las tripas.

LABOR DE HOMBRES

También me percato que los hombres son los que hacen la mayor parte del trabajo, ya que las mujeres están reunidas aparte haciendo los preparativos de una ceremonia.

En el lugar conozco a un sobrino de Rasta que se llama Nyoman, trabaja en un crucero que hace su ruta por América y habla un poco de español. Le pregunto sobre la ceremonia que se está preparando y me contesta que se llama Ngarasakin o también Mango. Se hace una vez cada 6 años, y es parecida al día de los Santos en España, o sea para conmemorar a los muertos. Trata de equilibrar el mundo de los hombres con el de los dioses. Se recuerda a todos aquellos que han muerto y se hacen ofrendas tanto en los templos como en los pequeños altares que hay en el patio de cada casa con las cenizas de los difuntos. También se hacen unos especies de pasos que se llevan en procesión por las calles donde se representa la imagen de los dioses y otros donde se representa los monumentos que se hacen donde se depositan las cenizas.

El culto (o puja) hindú a los dioses se puede dar en templos, en un pequeño altar o en casa. En los altares de los templos se coloca una imagen de un dios o diosa hindú. La puja implica hacer ofrendas de comida, dinero o incienso al dios así como cantar himnos y rezar oraciones. Un miembro de la casta de sacerdotes normalmente conduce la ceremonia de culto en un templo hindú. Su trabajo es actuar como un enlace entre los otros fieles y el dios.

RITUAL EN SERIE

Una vez que está hecho el cerdo, se prepara al siguiente, que se lleva al sekepat y se degolla.

La sangre que se saca de éste se pone en un recipiente para posteriormente mezclarla con coco rallado y especies, todo un manjar que se llama Lawar.

La manera que tienen de quitarle los pelos al cerdo, es con unas hojas de palma incandescentes, se van quemando los pelos y luego con un cuchillo se va afeitando toda la piel.

En el lugar llega a haber unas treinta personas, todos son familiares y vecinos que ayudan.

Una parte de la carne, que se ha apartado previamente, se pica y se mezcla con las especies, luego se envuelve en una hoja de plátano, y sobre una chapa se pone en las ascuas. Este plato se llama Pesan y es toda una delicia para aquel que no tenga problemas con el picante, ya que toda la comida Indonesia lleva picante.

Los intestinos se rellenan de carne e hierbas, y luego se ponen a la brasa, otro rico manjar que se llama Urutan.

Cuando ya están los cerdos dorados y la comida preparada, la anciana de la familia hace las ofrendas en el altar de la casa a los difuntos antes de que los demás empiecen a comer.

Luego comemos todos juntos la carne, con los diferentes platos que se han elaborado, y que como ingrediente principal no puede ser otro que el nasi (arroz), y como bebida arak.

BAÑO PURIFICADOR

Posteriormente a la comida, Nyoman me invita junto con su primo a visitar el arroyo cercano y tomar un baño, algo que con el calor que ya hace a las 10 de la mañana no dudo en aceptar.

Cuando volvemos a la casa, provistos de dos botellas de arak que he comprado para agradecer la amabilidad de la familia todos están esperando al sacerdote, con las ofrendas preparadas.

Este llega poco después mientras los hombres hacen caso omiso y solo continúan bebiendo. El sacerdote Hindú sentado en el suelo junto con los alimentos y rodeado por las mujeres, empieza la ceremonia acompañado por la matriarca de la familia quien canta continuamente textos sagrados.

Finalizada la ceremonia las mujeres se levantan y comienzan a recorrer el patio de la casa riendo y saltando con cestos en la cabeza, como si el patio de un colegio y ellas fueran estudiantes se tratara. Los hombres continúan a lo suyo bebiendo arak.

Posteriormente volvemos a comer y empezamos el siguiente cerdo, la tarde ya va por la mitad y las botellas de arak por su final.

 

Hacia las cinco de la tarde, decido retirarme a mi hotel ya que el cansancio hace mella en mí, en los dos días no he dormido más de 4 horas y eso junto con la comilona hace que el sueño poco a poco vaya llamando a mi puerta.

Me despido de las mujeres que continúan a lo suyo de charla en el sekepat, mientras los hombres ya están acusando los efectos de tanto arak, que han tenido que mezclar con coca cola para rebajar los efectos y extender las provisiones de éste.

De regreso al hotel aprovecho para hacer alguna foto a las figuras que hay en la puerta de un templo cercano que ya han sido sacadas en procesión.

Cuando llego a mi habitación agotado, antes de dormir anoto alguna de las cosas que he aprendido en estos dos días, para luego poderlas escribir y ofrecerlas a todo aquel que las quiera leer.

LEGALIZADO POR 16 EUROS

Al día siguiente por la mañana, Rasta ya me espera en la puerta de mi habitación, me percato que él está amancebado en una de las habitaciones del home stay con una lugareña y por período indefinido. Mientras me lleva al ayuntamiento a registrarme, le pregunto por lo que en teoría es su concubina. Él me responde que no tiene ningún problema en dormir fuera de casa, que ya ha estado casado en otras tres ocasiones, pero que solo tiene hijos con esta última. Le pregunto si su mujer le pone alguna objeción,  y me contesta que no sabe nada. Mientras entramos en el ayuntamiento pienso que su mujer no es tonta, sólo aguanta una situación que de tener otra cultura u otro tipo de vida, lo mandaría a paseo.

Pago los 16 € por el permiso de residencia en el pueblo, y me dedico el resto del día a escribir lo acontecido en los últimos días.

LECCIONES NOCTURNAS

Por las noches, cuando salgo a la puerta de mi habitación a fumar un cigarrillo indonesio, mi vecino de nombre Lassan, siempre se acerca a hablar conmigo. Trabaja en el mismo oficio que Rasta, en la puerta de los hoteles buscando turistas que llevar de un lado a otro y ofrecerse de guía. Sin embargo nada tiene que ver el carácter de uno con el otro, ya que Lassan que vive en la habitación contigua a la mía junto a su mujer y dos hijos, es un hombre tremendamente familiar. Tiene 27 años, es al igual que la mayoría de los balineses de carácter tranquilo, afable y de amabilidad infinita. Antes de responder a una pregunta siempre queda callado como si tuviera una eternidad para responder y cuando comienza a hablar suelta todo con las prisas que hacen pensar que paga por el tiempo que está hablando. Alberga en su mirada un brillo de interés por lo que desconoce y tiene espíritu educador cuando le pregunto por los temas que me interesan. Sabe más de las tradiciones cultura y religión que Rasta y no es de una manera tan interesada. Constantemente me hace ofrecimientos de café, comida o alguna otra cosa que pueda necesitar. Es por lo que mantengo largas tertulias nocturnas donde poco a poco me voy enterando más sobre la cultura balinesa.

HACIA EL MERCADO

Al día siguiente decido marchar al mercado de Singaraya para hacer alguna foto e intentar encontrar unas sandalias de mi número, ya que las que porto están casi desechas.

Misión imposible, la maldición de mi herencia genética de tener los pies del tamaño de un chaleco salvavidas vuelve a hacerme que vaya con los zapatos de un indigente.

Como en un puesto de comida situado en una explanada donde solo hay gente local.

Esa misma noche, en mi tertulia nocturna con Lassan, también me visita el sobrino de Rasta, Nyoman, que está de vacaciones y decide al día siguiente llevarme a visitar un lugar que me promete me gustara y donde él no ha ido en un par de años.

Al día siguiente cuando me encuentro tomando mi desayuno diario, medio litro de leche, recibo un mensaje de Nyoman que ya me espera en su casa.

Cuando llego al lugar aunque le digo que ya he desayunado, me hace entrar en su casa y me obsequia con pesan. Debido a que le he comentado que en la matanza del cerdo fue el plato que más me gustó, ha hecho que su madre nos prepare para el desayuno tres trozos de pesan. En esta ocasión cuando abro las hojas de plátano, me sorprende no encontrar carne en su interior ante la sonrisa de Nyoman. Inmediatamente me dice que este es diferente, que lleva los mismos condimentos pero se hace con un pescado parecido al boquerón que previamente ha sido secado y luego cocinado en las hojas de plátano. Sólo puedo articular una palabra mientras como el pesan, delicioso. Aun habiendo desayunado, se me quedan cortos los tres trozos del manjar.

Después del desayuno, cogemos mi moto y atravesamos Singaraya en dirección este. A unos siete kilómetros de la ciudad, cogemos un desvío a la derecha y comenzamos a subir por una carretera que atraviesa aldeas y se va acercando cada vez más a las montañas.

Cuando llegamos a una aldea, dejamos la carretera y nos metemos por un camino que hace que la Burrica deba demostrar su espíritu más afanoso, ya que las pendientes son bastante más pronunciadas.

IMPRESIONANTE CASCADA

Llegamos a una casa donde un letrero en un cartón indica que es lugar donde aparcar.

Dejamos a la Burrica que descanse y tomamos un camino adoquinado que me indica en un principio que es un lugar turístico, pero en el que luego solo encontramos un puñado de almas extranjeras.

Después de llegar a la cima de una colina donde solo hemos encontrado un puesto con diferentes cafés y tés para vender al foráneo, comenzamos a bajar por una empinada escalera.

A unos 100 escalones de comenzar la bajada encontramos un sekepat donde hay una pareja de extranjeros junto con un guía tomando fotos. Me asomo al mirador y me quedo una vez más con la boca abierta.

Descubro que más abajo hay una impresionante cascada. Saco un par de fotografías y comienzo a bajar los escalones de dos en dos, con las prisas y la ilusión de un colegial recogiendo sus libros para irse de vacaciones. Nyoman se me queda muy atrasado. Llego hasta el curso del río y espero a mi compañero que lleva como calzado unas simples chanclas que a punto esta de perder cuando cruza el río.

Nos adentramos por un sendero río arriba hasta llegar a una de las cascadas más impresionantes que he visto en mi vida. Aun a riesgo de ser más pesado que el cuñado de Rocky, le diré al lector que de todas las cascadas que he visitado, si me tuviera que quedar con dos elegiría la que disfrute en Laos en el interior de la selva y no pude bajar por riesgo de tormenta y esta que se llama Sekumpul. Aunque no es tan alta como la de Laos, ya que cuenta con unos 45 metros de altura. En el entorno en el que está, hay varias en 500 metros alrededor, con una vegetación solo propia de la selva y donde lo más increíble es que casi ningún turista baja hasta ella y los que se atreven (son 345 escalones muy empinados, ni uno más ni uno menos), no se bañan. Me encuentro en un lugar extraordinario, donde la única compañía es mi amigo, los árboles, las rocas, los animales y un ambiente de lo más relajado. Nyoman al verme correteando por las rocas y con un semblante donde la felicidad es imborrable comenta que jamás vio a nadie disfrutar de este lugar como yo lo hago.

No tardo ni un segundo en comenzar a fotografiar aun con el riesgo de que el agua que salpica a varios metros alrededor moje mi cámara y pierda el bien más preciado que llevo conmigo.

DURO PEAJE

Después de las fotos lo mejor, un baño, me zambullo una y otra vez en esas cristalinas aguas donde me encuentro asediado por los numerosos chorros que caen a mi alrededor. A Nyoman que por su parte pasa el tiempo tomándome alguna foto, le cuesta sacarme del lugar de donde no me quiero ir.

Pagamos gustosamente el peaje del lugar, con cansancio, subiendo de nuevo las empinadas escaleras que con tanta ansia bajaba hacía unas horas.

Una vez arriba mi compañero me indica que debe descansar de la subida y se sienta en un sekepat que hay junto al único puesto que vende café y té. Yo por mi parte que la adrenalina no ha dejado que mi energía haya disminuido, me dedico a jugar al futbol con los hijos de la vendedora.

Al recoger la moto pagamos al hijo pequeño de la dueña de la casa el aparcamiento y a la salida del conjunto de casas que circundan la cascada 0,4 € por haber disfrutado un rato en el jardín del edén.

OPIPARA COMIDA

De vuelta paramos a comer e invito a mi compañero. Comemos en un lugar donde el dueño me saluda afablemente ante la sorpresa de Nyoman. Cuando este me pregunta si me conoce, asiento y le digo que todos los días he comido aquí. Que me gusta, ya que es una explanada donde se aglutinan un puñado de tenderetes donde sirven distintos platos y está exento de turistas. Que el primer día que llegué, pedí en este mismo sitio una sopa de estomago y ternilla de chivo, un plato de arroz y diez pinchos a la brasa de pierna de chivo, de nombre Cambing.

Cuando fui a pagar al no entender al propietario que solo hablaba indonesio le di dinero de más, este me devolvió parte acreditando así su honradez y yo pagándole por ella el volver todos los días. La comida sale en total cada comensal por 1,75 €, con el agua incluida.

En el almuerzo Nyoman me comenta que es verdad lo que siempre le digo, que no soy como el resto de turistas. Que no tengo prisas por verlo todo y ansiedad por buscar una cerveza en un pub donde se escuche música inglesa. Que me puedo pasar horas sentado en cualquier lugar, dándole conversación y teniendo como compañía a toda persona que quiera sentarse a mi lado y contarme lo que solo quiera hablarme.

TERTULIA CON ARAK DULCE

La sobremesa la pasamos en casa de mi amigo en compañía de su familia y hacen que me traiga para probar un postre típico balines que se llama Kadalumán. Es gelatina de vegetales en zumo de coco muy dulce. 

Paso el resto de la tarde jugando con los niños de la familia y debiendo explicar a sus familiares constantemente cuando me preguntan porque no tengo hijos; que los niños me gustan, pero que no quiero llegar a tener esa tremenda responsabilidad sobre mí.

Por la noche cuando salgo a fumar mi cigarrillo indonesio, echo en falta a Lassan quien no aparece.

No tarda en acercarse otro vecino a hablar conmigo e inmediatamente a invitarme a su casa a tomar Arak. Declino la invitación comentándole que es muy fuerte para mí. El por su parte que se ha presentado y se llama Romeo, insiste y me dice que el que tiene el es diferente. Accedo convencido más por la insistencia y amabilidad de él, que por las ganas de llevarme un trago de ese fuerte licor a mi estomago.

Cuando llego a su casa, en la puerta encuentro a Lassan que me dice enseguida que si lo estaba echando ya en falta. Me río y me siento e inmediatamente me ofrecen el ultimo vaso que queda en la botella. Lo pruebo y compruebo que Romeo en absoluto me ha mentido. El arak está mezclado con jugo de limón y miel, lo que hace que mi primer comentario sea; esta buenísimo, peligrosamente buenísimo. Empiezan a reírse, y les pregunto cuánto cuesta la botella de medio litro que han vaciado. Ellos me contestan que vale  1,75 €, y que es la cuarta que toman ya. Deciden ir a por otra más, ya que tienen a un invitado. Sólo aceptan que pague la mitad cuando saco dinero de mi cartera.

En una dulce velada que paso con esta gente jugando al domino, me comentan que el lunes siguiente hay una ceremonia por la luna nueva en el pueblo de Lassan, que es el mismo que el de Romeo. Me preguntan si me apetece ir, no tardando un segundo en responderles afirmativamente, y ellos en prevenirme que es posible que tenga que dormir en el suelo pelado de su casa con el resto de familiares a mi lado. Mi contestación es simple; por mí como si tengo que dormir en el lecho de un río, seguro que la experiencia me merece la pena.

Cuando me pregunta que he hecho ese día, le comento lo acaecido en mi visita a las cascadas de Sekumpul. Lassan se maldice y me contesta que él quería haberme llevado a ese lugar, que estaba esperando la ocasión y que allí precisamente es donde está su pueblo.

Cuando la luna está en su último menguante, miro al cielo y pienso para mí, que ya estoy contando los días para que llegue pronto la celebración de la luna nueva en la tierra de mi amigo Lassan.

OTRA PROPUESTA TERMAL

Al día siguiente, después de la invitación a desayunar de mi vecino, vuelvo a sentarme en la mesa de mi antiguo hotel de Lovina, donde ya tengo la clave wiffi, para de nuevo trasladar mis vivencias a letras.

En la mañana siguiente Nyoman me llama y me comenta si quiero ir con él a visitar a unos familiares y luego ir a unas piscinas termales que están cerca.

Visitamos la casa de Popo que así se llama su tío. Mantenemos una animada conversación con toda la familia teniendo que hacer mi amigo de traductor.

En toda casa balinesa, al visitante lo primero que le ofrecen es un café balinés, para posteriormente seguir ofreciendo productos locales. A mí en esta ocasión me ofrecen unos dulces que hacen con arroz negro y azúcar moreno de nombre Dodol. Riquísimos, ya que envueltos en hojas de maíz, tienen primero una textura dura, para luego el interior de este deshacerse en la boca.

Marchamos a las termas de nombre Air Panas, situadas a unos 8 kilómetros al oeste de Lovina. La entrada cuesta algo menos de 0,5 € y como no podía ser de otra manera tiene turistas. Sin embargo el permanecer bajo los chorros de agua caliente da un agradecido masaje natural que hace que la visita valga la pena.

MÚSICA Y JUEGOS

En el día señalado viajo con la Burrica, guiado por Lassan que viaja en su moto junto a su mujer y dos hijas. Llegamos a la pequeña localidad de Bebetin, situada a tan sólo 3 kilómetros de la cascada visitada anteriormente con Nyoman.

Al llegar a la localidad compruebo el ambiente festivo que se vive en el pueblo, ya que la mayoría de gente está visitando el templo y va vestida a la manera tradicional balinesa. Tomamos una pequeña carretera que nos conduce hasta la casa de mi anfitrión.

Nada más llegar la mujer de Lassan nos prepara el almuerzo, mientras mi amigo saca un instrumento tradicional balinés de nombre gerantang, parecido a un xilófono de bambú. Comienza a tocar con la sonrisa permanente en su cara, e intenta enseñarme hasta que comprueba lo que siempre le he repetido; yo no he nacido para el arte de la música danza, y respeto demasiado a los que me rodean como para intentarlo.

En la sobremesa me dedico a hacerles fotos a los niños de la familia que al oír que un extranjero se encuentra en el lugar se ha acercado a curiosearme. Al final terminamos todos jugando en el patio, mientras Lassan duerme la siesta en el sekepat.

EN EL TEMPLO VESTIDO DE GALA

Sobre las tres de la tarde mi anfitrión me indica que es hora de irnos al templo. Después de una ducha, me pongo el Sharon que él me ha dejado con una camisa blanca también de él, ya que me dice que el color oscuro de las camisetas y la única camisa que tengo se utiliza para las cremaciones. Finalizada la vestimenta con el gorro y el segundo Sharon que compre para la ceremonia de la luna llena en Bangli, marchamos junto con la familia al templo.

Al llegar, vemos como del templo salen todas las personas que comienzan una procesión alrededor del mismo, donde la música acompaña a todos que llevan las ofrendas y algunos por promesas realizadas van vestidos lujosamente de la manera tradicional. Las ofrendas como los animales vivos, se hacen por promesas de gente que ha estado enferma y cuando ha curado ofrece al templo el animal para que posteriormente se venda y que el dinero quede para  su mantenimiento.

Las grandes ofrendas de comida como cerdos asados, se hacen porque la familia ha hecho la promesa que para ese día hacer una gran comida para todos los familiares. Todos los alimentos se llevan primero al templo, dispone en los diferentes altares, se reza en él y se bendicen por los Brahmas, para posteriormente devolverlos a los que lo depositaron.

EN LA TROLOGÍA DEL RITUAL

Pregunto a Lassan sorprendido porque algunos hombres lleven un atuendo parecido al vestido de las mujeres y además estén maquillados. Él me responde que no van disfrazados de mujer, sino que es una vestimenta tradicional propia de hombres en Bali, así como el maquillaje.

Entramos en el templo y me percato que en el primer patio se encuentran los músicos, unos tocando y otros descansado y esperando relevarse.

En el segundo patio, se encuentran los altares ricamente adornados por diferentes esculturas hinduistas.

Ya se encuentran todos los fieles sentados en el suelo y los sacerdotes (hombres Santos como les dicen los fieles), están cantando. Los hindúes creen que el sonido sagrado om o aum existía al principio de los tiempos y que las vibraciones de su resonancia provocaron la creación del mundo. Por ende, esta sílaba se pronuncia en los rituales y meditación. Las tres letras representan las tres partes del Trimurti.

Bajo el nombre de Trimurti se designa las tres deidades más importantes del panteón hindú. La función de la Creación (Brahma), de la Conservación (Vishnu) y de la Destrucción (Shiva). Recuerdo que la religión católica tiene también el misterio de la Santa Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En muchas ocasiones se invoca a la trinidad hindú en conjunto, bajo el sonido sagrado om o aum, pero cada uno de ellos conserva su culto independiente en la India.

Brahma, a pesar de ser el origen, es quizás el menos favorecido por los seguidores, tal vez porque su labor creadora. Ya que es un episodio concluido, pues las nuevas formas que pudieran aparecer en el mundo son debidas a la labor fecundadora de Shiva.

Vishnu es mucho más popular, su culto está muy divulgado en la India y su éxito tan sólo se ve eclipsado por las personalidades de los dos héroes míticos, Râma y Krishna, que no son sino el mismo Vishnu reencarnado sobre la tierra para defenderla del Mal.

El culto a Shiva también está muy extendido en la India, pero muchas veces se adora su atributo, el lingam, el símbolo fálico, exponente de su labor fecundadora, invocado por cuantas mujeres desean ser madres.

Una leyenda de la tradición, habla de una disputa entre los dioses deliberando cual de los tres sería el mejor o el más digno de adoración. Pero como no llegaron a un acuerdo, comisionaron a un sabio llamado Bhrigu para que fuera a averiguarlo.

En primer lugar, Bhrigu se dirigió al monte Meru, residencia de Brahma, al que no saludó como era debido, el dios le reprendió pero no llegó a enfadarse y aceptó las excusas del sabio perdonándole después.

Luego se encaminó a la morada de Vishnu, pero como la de Shiva le quedaba de paso entró a verle comportándose de la misma forma que con Brahma. Shiva, indignado, estuvo a punto de reducirle a cenizas, pero el sabio estuvo rápido a excusarse pronto con buenas maneras y súplicas.

Por fin fue a ver a Vishnu que estaba durmiendo, y como no le sirvió la estrategia empleada con los otros, le despertó dándole una fuerte patada en el estómago. El dios, lejos de enfadarse, se incorporó y le preguntó si se había hecho daño en el pie.

Así conoció Bhrigu al más poderoso de los dioses, cuyas armas son la bondad y la generosidad.

EN EL LUGAR DE HONOR

Lassan junto con su familia se sienta y comienza a rezar; yo por mi parte me dedico a recorrer el templo haciendo fotos, siendo interrumpido una y otra vez por los fieles que no cesan de invitarme a sentarme a su lado.

Incluso los hombres santos al verme me invitan a sentarme a su lado, abrumado por la amabilidad en esta ocasión accedo.

Cuando mi anfitrión pasa a mi lado, desconcertado me pregunta que hago sentado en el sitio de honor junto con los sacerdotes; no lo sé, pasaba por aquí y me han invitado ellos. Se ríe y vuelve junto a su familia que no cesa de escrutarme con la mirada y responderme con su eterna sonrisa. (142 a 145)

Finalizado el rezo, los sacerdotes se levantan y comienzan a bendecir con agua bendita y a poner arroz en las frentes de todos los fieles.

Los músicos por su parte continúan tocando sin cesar, amenizando la salida del templo.

Volvemos ya en el atardecer a la casa de Lassan, mientras me pregunta si estoy feliz, le respondo con una sonrisa de oreja a oreja.

DE NUEVO, DE BODA

Al llegar cenamos y la gran familia de mi amigo se acerca a beber arak y jugar al domino.

Pasamos la velada entre cartas de domino y el sonido de la guitarra de Lassan que se disculpa porque sólo tiene cinco cuerdas.

Mi amigo me comenta que su primo al día siguiente se casa, si quiero asistir, que será una ceremonia pequeña, ya que ha tenido un hijo previamente con la novia, y que posteriormente se casará con la chica a la que quiere. Sorprendido le pregunto, que cuántas veces puede casarse un hombre, me responde que depende del dinero, pero que un máximo de cuatro. Contrariado y curioso de ver cómo se lo puede tomar la novia de su primo le contesto que sí, que por la mañana asistiré.

Bajo el manto negro de la noche sin luna, salpicada por gotas de luz que conforman las estrellas, junto con mi anfitrión y sus primos en el porche de la casa dormimos sobre una estera de bambú. Tengo como banda sonora a los grillos que compiten con el canto de las ranas y de vez en cuando se une la música lejana del templo. No quiero dormir, pues el cerrar los ojos es despertar del sueño en el que me levanto cada día por la mañana.

Allí, durmiendo sobre el suelo, comienzo a tener más claro el pensamiento que me ronda en la cabeza desde que llegue a Bali; jamás se esta tan cerca de tocar el cielo como cuando se está rodeado de los que solo pueden dormir en el suelo.

Por la mañana a las siete cuando me levanto, lo primero que veo es la sonrisa de la mujer de Lassan que me ha traído un vaso de café balinés.

 Media hora después ya me encuentro en la casa del primo de mi amigo que junto con la futura esposa hace carantoñas a su hija de un mes.

En la puerta de entrada al patio, hay dispuesta una mesa llena de ofrendas, cestas de bambú y flores.

LA BODA

Más tarde, llega el sacerdote y comienza la ceremonia donde él, sentado en el centro de la mesa, una y otra vez emite sonidos con una campana, mientras los novios están sentados a su derecha en el suelo.

La madre del novio es la que hace de asistente al sacerdote, echando una y otra vez agua bendita sobre los productos que hay en la mesa.

Una vez finalizados los cantos, los novios se levantan y van a la puerta de la calle donde se realiza un ritual en el que  son bendecidos con agua bendita, arroz e intercambian símbolos entre uno y otro. Luego a los pies de estos se ponen otros cestos de ofrendas y un balde de cerámica. Pasan por encima de este una vez, y a la segunda lo pisan y lo rompen.

Posteriormente marchan a lavarse, para volver con el atuendo típico balinés a realizar la segunda parte de la ceremonia, en la que vuelven a intercambiarse símbolos como dinero y arroz. Luego son atados por los dedos de la mano con un hilo de algodón con el significado de fidelidad, me supongo que será sólo con las cuatro mujeres.

Finalizada la ceremonia en la que sólo han estado presentes unas cinco personas y un servidor, le hago entrega a la chica de dinero convenientemente pactado con anterioridad con Lassan.

Sin embargo no he visto ni el más mínimo atisbo de seriedad o tristeza en la cara de la novia que siempre ha sonreído.

Vuelvo a la casa de mi amigo donde comemos y hablamos sobre la ceremonia acaecida. Me comenta que la novia es de Java, que su familia no ha venido porque el viaje es caro, pero que igualmente no le hacen demasiado caso, ya que ha tenido un hijo antes de casarse.

CONFIANZAS QUE MATAN

Entre bocado y bocado, me percato que la confianza que ya tiene Lassan conmigo es total y excesiva, ya que no deja de tirarse ventosidades y eructar sin pudor alguno. El viajero debe de tener en cuenta esto, ya que los balineses en absoluto tienen decoro sobre este aspecto. A mí particularmente a media noche no me despertaron los ronquidos de Lassan o sus primos, sino los sonidos de las ventosidades que al unísono parecía una sinfonía compuesta para instrumentos de viento. Además añadido a esto, me tocó justamente a mi lado un primo que hablaba y gesticulaba en sueños, y esa noche estaba de pelea con algún imaginario adversario. Y allí me encontraba yo, embutido en medio de peleas imaginarias y como banda sonora a la experiencia los estruendos de las ventosidades. Sin poder escapar del lugar y haciendo acopio de todo el poder que tenía para concentrarme y poder dormir. Tal y como los hinduistas creen en el Karma, llegué a pensar que él mismo me devolvía la noche que deje sin dormir y desahucié de su propia casa a la familia vietnamita que no pudo pegar ojo por mis ronquidos.

En la sobre mesa jugamos al domino, acompañado ya por toda la familia, primos, tíos, abuelos, tíos abuelos y todo aquel que tiene algún tipo de parentesco por lejano que sea en el árbol genealógico familiar, aquí se considera familia.

Además se han provisto de una garrafa de cinco litros de Tua que llegan a rellenar una y otra vez.

Luego vamos a la piscina del pueblo, donde los hombres continúan bebiendo en un sekepat mientras los niños y las mujeres disfrutan de la fría agua.

Posteriormente, me despido de Lassan y declino la oferta de quedarme otra noche más; temo ser agredido por su primo mientras sueña y quedarme sordo por el concierto nocturno, le comento mientras arranco mi moto y mi amigo se desternilla de risa.

Llego a mi humilde habitación, y después de una ducha caigo rendido en mi colchón que por suerte ha dejado de crecer.

FUTBOL TAMBIÉN AQUÍ

Los siguientes días los paso escribiendo por la mañana y de asueto por la tarde junto a mi amigo Nyoman. Conozco a sus vecinos que no cesan en invitarme a sus casas a tomar café, y a no parar de torturar a mi acompañante con las mismas preguntas de siempre. También paso los atardeceres jugando al futbol con ellos, en el campo cercano a sus casas. La primera vez que me invitan, declino la misma por carecer de calzado ante la risa de ellos que me contestan, que casi nadie tiene botas o zapatillas de deporte, que juegan descalzos.

En el primer partido, al ser la primera vez que lo hago sin calzado, acabo con mis pies desollados y heridos debido a las piedras que hay en el terreno de juego. En los siguientes disfruto tanto como mis compañeros de equipo que no dejan de animarme una y otra vez a que vuelva al día siguiente.

En una mañana de domingo, mientras ojeo el correo, recibo un mensaje de Made, el chico que nos invitó a comer a su casa y que conocí junto con mi compañera Chocho Loco en la primera visita a Bali. En él, me pregunta como estoy y me informa que al día siguiente su hermana se casa. Echándole un poco de cara, le pregunto si puedo asistir al evento, ya que la anterior boda a la que fui invitado, poco tenía que ver con lo común.

DE NUEVO BODA

No tarda ni medio minuto en contestarme; por supuesto que sí, y que mañana te recojo en Anturan a las 9 de la mañana. Le contesto que no es necesario, pues tengo transporte propio, y le pregunto si debo ir vestido de manera tradicional o con ropa normal. Made me contesta que si no tengo, que él me deja una. Por la amabilidad que ha tenido conmigo, le indico que no hace falta, que lo tengo todo excepto la camisa blanca que compraré ese mismo día.

Me dirijo al mercado de Anturan y en una pequeña tienda regateo el precio de una camisa blanca de manga corta sin cuello, que consigo que me la dejen por 3€. El único problema es que solo cuentan con dos tallas, un que es demasiado pequeña, y la otra debido a que he adelgazado me va grande. Decido quedarme con la grande ante la posibilidad de que por los continuos festines a los que soy invitado vuelva a hacerle uso.

Cuando me miro al espejo de la tienda, me percato que después de varias semanas sin hacerlo, ya que ni el baño ni yo contamos con uno. Mi aspecto es algo zarrapastroso, corriendo el riesgo de que cuando me encuentre en un cruce de calles y extienda mi palma al cielo para comprobar si está lloviendo, algún alma caritativa deje caer en ella alguna rupia.

Marcho a la peluquería local, y por 1,75 €, me afeitan y cortan el pelo. Cuando por la tarde mi amigo Nyoman me ve, no deja de decirme entre risas que he rejuvenecido 10 años.

En la mañana del lunes, pongo rumbo a Plaga junto con la Burrica, ascendiendo de nuevo hasta Bedugul. De allí a Plaga es sólo una hora, cruzando campos de cultivo por pequeñas carreteras.

RITUAL DE BODA

Cuando llego a la casa de Made, este sale enseguida a recibirme, me presenta a su hermano mayor, que me hace entrar en una habitación para cambiarme. Éste que es de complexión más fuerte que la mía, me pregunta por mi camisa, que en donde la he comprado, ya que el no encuentra de su talla. Le cuento el proceso tenido el día anterior en la compra, mientras me hace los pliegues del Sharon.

Salimos al patio, y la madre de Made me da la bienvenida con un café y unas pastas mientras le recuerdo que tengo que volver a que me enseñe a cocinar el exquisito cerdo que probé en la última ocasión.

La casa está llena de invitados que agolpan sentados en el exterior, bebiendo café y comiendo pastas servidas por las mujeres de la familia.

Cuando llegan los novios, la madre de Made, los recibe a la entrada haciendo un rito de bienvenida, donde los bendice con hojas de palmera incandescentes, pasando el humo por su contorno.

Luego pone a sus pies flores y un coco seco partido por la mitad que anteriormente estaba quemándose y apagado con agua, para que los novios pasen por encima y entren a la casa.

Luego en un altar situado en el porche de la casa, los novios se arrodillan, mientras son rodeados por los hombres de mayor edad de la familia de la novia. En esta parte del ritual, lo único que hacen es conversar entre ellos, dándole consejos los más ancianos sobre la vida marital.

Más tarde otro hombre trae las actas y libros de inscripción del registro civil, para que las rellenen y den legalidad a su nueva situación.

Posteriormente, llega el sacerdote, que hace la misma ceremonia que vi en la boda de Bebetin.

Me percato sin embargo que los invitados están totalmente a lo suyo, pues se han dirigido a la mesa donde se encuentra la comida y se están sirviendo y unos y otros están comiendo.

Yo por mi parte no ceso en hacer fotografías de todo, ante la desesperación de la madre de Made que una y otra vez me apremia a que vaya a comer, pues teme que me dejen sin comida.

Posteriormente a la ceremonia del porche, los novios se dirigen al pequeño templo que hay en la casa donde reposan las cenizas de los familiares fallecidos, para mostrar su respeto.

YA CON EL MENÚ

Cuando termina los distintos rituales, marcho a comer junto con los novios, para alivio de su madre, que me sirve un plato de comida que solo hubieran podido acabar tres hambrientos juntos.

En el menú, hay diferentes platos tradicionales balineses, donde el rey como siempre es el arroz. Los acompañantes son albóndigas de pescado, pechuga de pollo desmenuzado en salsa picante, pescado con cacahuetes, fideos rizados, sopa, vegetales fritos y diversas salsas. El cerdo que tanto me gustó en la última ocasión, también está, y la madre de Made ha procurado servirme un gran plato, que por vergüenza me obligo a acabar. Tengo que decir que todo ha sido cocinado por esta mujer ayudada por las demás de su familia y que si algún día deciden abrir un restaurante les auguro un agradable porvenir.

Después de la comida, que como única bebida solo tiene café o agua, el alcohol está totalmente ausente en la ceremonia, se dirigen los familiares más allegados en compañía de los novios y junto con tres sacerdotes, a los dos templos del pueblo, para hacer ofrendas a los dioses.

Finalizado este rito, los novios junto con los más de 70 invitados, marchan a realizar el mismo rito a Sanur, el pueblo y futura residencia de ellos. Antes de hacerlo, les doy el regalo de boda, que preguntado con discreción anteriormente a Made, me ha indicado que lo normal son 4 €, que los invitados solo regalan cuando los novios después tienen un hijo. Por vergüenza, les doy el doble, además de la promesa que les daré también las fotos del evento.

Yo me quedo en Plaga con los dos hermanos, que me vuelven a llenar un plato de comida, mientras me comentan que las bodas en Bali, no son de esencial importancia, que lo son más los funerales o el nacimiento de un hijo.

Que cuando nace un hijo, a las tres semanas se hace una celebración, ya que es cuando su cordón umbilical ha caído.

Mientras me vuelvo a cambiar de ropa, observo los ojos del hermano de Made no los aparta de mi camisa y decido regalársela. Inmediatamente se la pone y me está dando continuamente las gracias hasta que marcho de su casa. Yo por mi parte les agradezco una vez más que me hayan invitado a la boda, pues he tenido la ocasión de apreciar como una ceremonia de este tipo se realiza de manera diferente a como se hace en otros lugares del mundo.

 Quedo con Made y el primo de este para vernos al día siguiente en Kuta, a donde me dirijo para recoger mi pasaporte y hacer alguna gestión más en la ciudad.

DE COMPRAS Y GESTIONES

En los tres días que permanezco en Kuta, me dedico a visitar a Angust que se encuentra enfermo de gripe, recoger mi pasaporte y copiarle las fotos de la boda a Made. También aprovecho para poder al fin comprarme unas sandalias nuevas, que llevan en su suela impresa la talla XXXL, desconocida por mí hasta ahora. Pienso para mi, mientras reniego por lo bajo y ante la risa de los empleados de la tienda, que no abandonará nunca la talla que lleva impresa una X.

Vuelvo de nuevo a Anturan, donde paso los días organizando la fiesta de mi 40 cumpleaños. He decidido, después de participar en la celebración del Mango y probar los distintos platos que hacen con el cerdo, comprar uno y hacer una matanza para invitar a los amigos.

Después de conocer a la mayoría de cerdos y a sus criadores, decido hacerlo en Bebetin, ya que el precio se reduce bastante, y tengo la ayuda de la familia de Lassan a quien tenía ya pensado invitar.

En una noche de dominó, Lassan me dice si tengo pensado hacer algo al día siguiente, y ante mi respuesta negativa, me dice que debo de ir con ellos a Bebetin que estarán haciendo los preparativos de la ceremonia de la luna llena.

MUSICA CELESTIAL

Llegamos a Bebetin por la noche, y como no podía ser de otra manera, lo primero que hace la familia de Lassan es ofrecerme un café.

Mientras tomo el café, escucho los sonidos de un gerantang, ante la perfección del ritmo, le pregunto a mi amigo si es la radio, me responde que no. Un minuto después, estamos sentados en la casa que hay en frente a la suya, escuchando como su abuelo toca el instrumento con una maestría asombrosa. Encima de un sekepak y bajo la luz tenue de una pequeña bombilla, un viejo cansado de 77 años de edad, que aun trabaja en el campo, después de una larga jornada laboral, se relaja con el magnífico sonido de un instrumento que toca con la maestría del que lo ha estado haciendo desde pequeño.

Pasamos la velada escuchando los sonidos del gerantang, que más tarde son acompañados por la guitarra de Lassan, que continúa teniendo cinco cuerdas.

BENDICIÓN DE UN TEMPLO

Por la mañana, asisto a la inauguración de un templo dentro de una casa, ya que el anterior estaba deteriorado.

Es una ceremonia pequeña y familiar donde las ofrendas de comida no faltan junto con las bendiciones del hombre santo.

Después toda la familia, tal y como si se hubiera estado planeado durante días y cada uno tuviera ya definido su papel, se pone manos a la obra y comienzan a hacer o ayudar en la disposición de todo tipo de diferentes manjares. Preparan la festividad de los días venideros, donde sólo se reza y come. Yo por mi parte me limito a aprender cómo se hacen y por supuesto a catar cada plato y especie que se cocina, haciendo que la felicidad llegue a las caras de los cocineros cuando sonrío de placidez gastronómica a cada bocado de cielo que llevo a mi paladar.

Marcho después de comer, a Anturan, ya que al día siguiente he quedado con la madre de Made, para que me enseñe a cocinar el cerdo que tuve ocasión de deleitar la primera vez que la visité.

Por la mañana temprano de nuevo pongo rumbo a Plaga, cuando llego Made junto a su madre me esperan para en primer lugar ofrecerme un café, luego comer y después enseñarme a cocinar el cerdo.

LA RECETA DEL CERDO

En primer lugar, hay que hacer los condimentos con los que posteriormente se sazonara la carne. Son chile, raíz de jengibre, raíz de cúrcuma, ajos, cebollas pequeñas y sal. Picados estos condimentos finamente, excepto los ajos, las cebollas y la raíz de jengibre, que solo se cortan en trozos muy grandes y luego se aplastan, se sofríen en un wok con aceite de palma. Posteriormente se añade la carne, se sofríe un par de minutos, para luego añadirle salsa de soja dulce y concentrado de caldo con salsa de soja. Un minuto después, se añade agua y se deja a fuego lento al menos una hora, nada más. Es realmente sencillo de cocinar y veo que la madre de Made es del mismo pensamiento que un servidor; las mejores comidas son las más sencillas y tradicionales.

La madre de Made, me llena una bolsa para que me la lleve y cene, mientras me pregunta que cuando regresaré otra vez. Le contesto que ya no regreso, que marcho a Anturan, para después, a principios de Noviembre continuar camino por Indonesia. Dos lágrimas asoman en sus preciosos ojos rasgados, mientras me doy cuenta que debo de empezar a despedirme de la gente con la que he compartido unos gratos momentos en el tiempo que he permanecido en Bali.

Me despido de la acogedora familia de Made, quien me ha abierto siempre las puertas de su casa e invitado en todo momento a participar de todo lo concerniente a su cultura.

Me dirijo de nuevo a Bebetin, bajo una fina capa de lluvia que se convierte en tormenta y hace que pare y no le de indulto temporal a la comida que me han dado. Llego por la noche, Lassan ya me espera, para jugar al dominó, bajo la luna que anuncia el esplendor que tendrá en el día posterior.

Al día siguiente, decidimos ir desde por la mañana a la piscina de la aldea, ya que hasta la tarde no tenemos que ir al templo.

MOMENTO DE ORACION

Cuando la noche traicionera acecha la caída del sol, para ocupar la hegemonía de éste, nos dirigimos a un templo que dista un par de kilómetros al sur de la villa.

Tomamos un desvío que hay a la izquierda, para subir una empinada cuesta, que lleva a la cima de una colina, donde la multitud de personas y vehículos se amontonan en el final del camino.

Allí, dejamos la moto y caminamos hasta una explanada donde lo primero que nos recibe son los puestos de chucherías y juegos que hay en un mirador desde donde se divisa todo el norte de la isla de Bali.

Desde el mirador suben unas escaleras hacia un templo que parece avisar que son las mismas puertas del cielo. A cada descanso del ascenso hay un lugar para dejar las ofrendas que se llevan al templo, o un grupo de músicos que amenizan la ceremonia.

Cuando llegamos a la cima toda la gente se agolpa a la entrada, esperando a que los que hay en su interior, terminen sus oraciones, para después ocupar su lugar.

La familia de Lassan, busca su lugar para la oración, mientras yo por mi parte deambulo por el lugar sacando alguna foto.

Después de finalizar la ceremonia, siendo ya la oscuridad la que envuelve con su negro manto el cielo, reina una luna pletórica por ser el centro de atención y homenaje de todos los templos de Bali.

Salimos del templo y volvemos a bajar las escaleras, pasando de nuevo por los músicos que en esta ocasión se han relevado por uno mixto de hombres y mujeres. También me percato que las ofrendas de comida son diferentes. Y por fin llegamos hasta la explanada donde los puestos adyacentes son el refugio de los más hastiados del rezo, que olvidan a todos los Dioses para concentrarse en solo una, la Diosa Fortuna.

Por la noche, cuando llegamos a casa de mi amigo, ayudado por la experiencia de otros días, decido irme a dormir el primero, para buscar el lugar más cercano a la pared, para tener a esta como compañera lateral. Y para entrar en tierras de Morfeo antes que mis acompañantes, evitando de esta forma ser desterrado por los sonidos fisiológicos de sinfonías desafinadas y batallas imaginarias.

RECUPERACIÓN EN LA PISCINA

A la mañana siguiente, las ojeras son patentes en el resto de los que me han acompañado en la aventura diaria que supone el dormir en hermandad. Aunque me alegro en un primer momento de haber descansado a pierna suelta toda la noche, más tarde recuerdo que probablemente el karma se tomara la revancha en posteriores incursiones en tierras del descanso.

Por la falta de oficio diurna que dan todos los días en que reina alguna fiesta local, decidimos pasarlo en la piscina del pueblo, donde somos los únicos visitantes del lugar a la espera de la segunda ceremonia que se hará en otro templo de la zona.

Llegada la hora indicada, nos cambiamos todos de nuevo y volvemos a visitar otro templo más.

Aprovecho de nuevo para sacar fotografías y ver como las hordas de personas se amontonan a la entrada, esperando que los fieles que están dentro finalicen sus plegarias para de nuevo ocupar su lugar.

Me percato que este ritual, dura desde las tres de la tarde hasta las dos de la mañana, dependiendo de la cantidad de gente que asista al lugar.

Posteriormente a la ceremonia, vuelvo a marchar a Anturan, ya que al día siguiente recibo la visita de John.

JOHN CUMPLE SU PALABRA

John es un canadiense que encontré hace dos años en mi primera visita a Laos. Fue un encuentro efímero en el hall del hotel donde me hospedaba, mientras esperaba la renovación de mi visado en Vietnam. Hay fotografías de ello en el blog, para que los más escépticos puedan corroborarlo. Posteriormente cuando estaba tomando una bia hoi en Hanoi, junto a los vitorianos Laura y Javi, lo volví a ver y charlamos un par de minutos.

Pues bien si hay una prueba de que el mundo es un pañuelo donde los caminos del destino se entrecruzan una y otra vez, esta es la prueba más palpante que he tenido en mi viaje. Desayunando con Chocho Loco, en el hotel de kuta de Lombok, me volví a reencontrar de nuevo con John. Cuando lo saludé no cesaba de sorprenderse de que me acordara de él después de dos años donde no hemos mantenido ningún tipo de contacto. En el último día que estuve en la isla lo invité a mi fiesta de cumpleaños, que aún tenía por determinar el lugar de la celebración. Él me dio su palabra de que asistiría, allá donde fuera, y ha sido fiel cumplidor de la misma, ya que ha venido hasta Anturan.

Lo ayudo a encontrar hotel, y después de llevarlo a mi lugar habitual de almuerzo, decide hacer la siesta. Por la noche he quedado con Nyoman en asistir a su fiesta de despedida, a la que también ha invitado al canadiense, ya que al día siguiente parte de nuevo hacia Hawai, para volver a trabajar de nuevo en el crucero.

Llegamos por la tarde a la casa de Nyoman, y tomamos café. Luego vemos como los hombres están preparando el lawar, en esta ocasión de Pato. Posteriormente comemos, y charlamos durante un rato con mi amigo, para después despedirnos de él y desearle buena suerte.

A MODO DE BALANCE

Al día siguiente a las seis de la mañana ponemos los dos rumbo a Bebetin, en el camino, cuando el viento en mi cara termina de despertarme, me doy cuenta que me estoy dirigiendo a mi fiesta de cumpleaños, 40 años pienso para mí. Entre cruce y cruce, me doy cuenta que he llegado a esta edad transcendental, donde inevitablemente las personas hace baremo de su vida.

Comienzo a pensar en lo que ha sido mi vida y dónde me encuentro ahora. Rápidamente, antes de llegar a mi destino, llego a la conclusión, que solo puedo estar orgulloso de un par de cosas. Que he llegado hasta aquí por mí mismo, sin deberle nada a nadie en mi vida y que a mi edad vivo la vida que quiero vivir y hago lo que siento, dos cosas fundamentales que siempre lo han sido para mí. Desisto de hacer más cábalas, ya que puede que el resultado no me sea tan propicio como en el primer recuento.

MI CERDO Y MI FIESTA

Al llegar a la casa de Lassan, lo primero como siempre un café balinés, para luego acercarnos a por el cerdo.

He elegido uno de aproximadamente 25 kg ya que con este peso me aseguro que será tierno. En pocos minutos somos rodeados ya por toda la familia de Lassan, quienes no dejan que intervengamos para nada en la matanza. Bien porque creen que podemos tener inexperiencia y estorbar más que ayudar, o bien porque como he pagado todo y los he invitado a ellos, se sienten en deuda conmigo.

En poco más de tres horas, ya estamos comiendo el cochino asado, y los platos que se han elaborado con él. Posteriormente compramos 10 litros de tua para la sobremesa, que ameniza Lassan con su guitarra de cinco cuerdas y me sorprende cantándome junto con su familia cumpleaños feliz balinés. Somos un total de unas 20 personas, donde la comida y el tua no cesan de ir y venir, en una mañana muy entrañable. El precio final que he pagado por todo el banquete para todos, incluyendo especies, bebida y arroz ha sido de 84 €, es decir 4 más del presupuesto que tenía en mente. Pienso que sin duda ha merecido la pena.

UN ESPECTÁCULO: CARRERA DE BUEYES

En la sobremesa, sobre las tres de la tarde, un familiar de Lassan nos avisa que en la localidad hay una carrera de bueyes con arado en una plantación de arroz y si queremos asistir a ella. Sobra decir que tanto John como yo, no dudamos en dirigirnos al lugar, mientras pienso para mí que este es el regalo de cumpleaños que Bali me tenía reservado.

Llegamos a una pequeña aldea al lado de Bebetin, donde el ambiente es festivo. Decidimos encaramarnos al tejado de una obra adyacente al campo donde se hace la carrera, para tener un lugar privilegiado desde donde ver el evento.

Somos rodeados por una muchedumbre de niños, a los que les enseño a hacer la ola, y a saludar desde el tejado donde nos encontramos a toda chica guapa que pasa por el camino, de manera excesivamente efusiva, haciendo que éstas se sonrojen y se rían.

Sin embargo, encaramado allí en lo alto, y rodeado de niños, pienso en donde estará ahora y si se encontrará bien, el niño vietnamita al que le regalé una manta y unos bocadillos para mi 38 cumpleaños.

Contemplamos la carrera de los bueyes, que una y otra vez dan vueltas alrededor del campo de arroz encharcado, sin comprender quien es el ganador o perdedor de la misma, pero disfrutando enormemente del ambiente festivo que se vive.

Finalizada la carrera, volvemos a la casa de Lassan y me despido de su familia, es la última vez también que los veré. Me despido de su abuelo músico, de sus primos trompetistas y pendencieros nocturnos. De su hermano Ari, quien tuvo la suerte de ser tocado por el dedo de Dios dotándolo con la inocencia eterna y por la mano del diablo quien lo condenó al ostracismo perpetuo de la comunidad. De sus hermanos gemelos y toda la chiquillería, que desde el día que llegué, no han cesado en pedirme una y otra vez que juegue con ellos. De todas las mujeres, que pacientemente y sin hablar inglés, me han abierto los secretos de la comida balinesa.

Arranco mi moto junto a John, mientras la familia entera sale a la puerta a despedirnos hasta que nos pierden de vista en el horizonte de las montañas que han secuestrado ya al sol para liberarlo al día siguiente.

BURROCRACIA BALINESA

En los siguientes días me dedico a la extensión de mi visado, consiguiendo con mucho esfuerzo desvelar los secretos de estas gestiones.

La extensión del visado de Indonesia, cuesta solo 21,41 €, con sellos y todo incluido. El que pague más es porque no ha sabido buscarse la vida, igual que me pasó a mí en la primera extensión, que lo dejé en manos de Augus y me cobraron 62.5. Quien quiera saber cómo se hace todas las gestiones, que se ponga en contacto conmigo que complacientemente lo atenderé sin cobrarle nada. También prevengo a los que quieran hacerlo, que lleva una espera entre 7 y 8 días, por lo que tiene que tener la precaución de permanecer en la misma isla durante ese período de tiempo. También puede dejarlo en inmigración y 20 días después recogerlo en la misma oficina.

INESPERADA VISITA Y CAMBIO DE PLANES

Tres días antes de recoger mi visado, cuando tengo planeada la ruta para mediados del siguiente mes llegar a Timor y en navidad a Papúa, todo ello en moto y barco. Recibo mensaje de dos amigas de otro país oriental ya visitado, que llegan a Bali.

Han comprado el billete si avisarme con antelación y suponiendo que yo estaré más tiempo en la isla. El único motivo según me comentan, es que se han enterado por Facebook que me encuentro aquí y aprovechando que tienen 20 días de vacaciones, quieren volver a verme y que les haga de guía por unos días en Bali. Sabiendo el esfuerzo que han tenido que hacer para la compra del billete, pues su salario no es muy alto, y recordando los buenos ratos que pasé antaño en su compañía, no me queda más remedio que tragar saliva, cagarme en la madre que parió a mi cortesía y esperarlas en Kuta a que lleguen. Pienso que cuando ya me había despedido de todos mis nuevos amigos conocidos, experimentado todo lo que anhelaba de esta maravillosa isla y programado mi siguiente inconsciencia, Bali de nuevo me retiene a su lado.

Tal y como si fuera una amante dependiente de un deseo oscuro, no consigo quitarme de encima a este placer ya longevo que viene a ser mi relación con la isla.

Será también la causa más probable, que no haya crónicas hasta pasados unos días, e incluso puede que hasta pasado navidad. Pues me veo en la tesitura de abandonar a dos hermosas amigas de ojos rasgados, sonrisa eterna y actitud complaciente y sumisa de las que las dota ya su cultura en su educación, por proseguir mi camino para llegar a lugares que igualmente llegaré. Tardé sólo 20 segundos en tomar mi decisión, qué le vamos a hacer si soy así de caballero.

Indonesia (II)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

LOMBOK

Compruebo lo diferente que es el precio de viajar por cuenta, a hacerlo por agencia o comprando los tickets en Kuta. El viaje nos sale a los dos junto con la Burrica, por tan solo 8 €.

Llegamos al puerto suroeste Lembar, cuatro horas después de partir de Bali. Nos dirigimos inmediatamente a Kuta, situado en el sur de la isla. Nada más llegar es fácil de comprobar, que nada tiene que ver con el Kuta de Bali. Un puñado de hoteles, y tenderetes para turistas, son las únicas construcciones que rozan la magnífica playa que hay. 

A LOMOS DE LA BURRICA

Dejamos nuestros equipajes, en el hotel que nos aconsejaron dos australianos de origen vietnamita, con los que salimos una noche en Kuta. Se llama Tri Putri, situado en la segunda rotonda de la carretera que circunvala la localidad, y da acceso a Kuta Beach. Habitaciones limpias, que van de los 6,2 €, a los 8,2 € las mas nuevas, con baño dentro, café o te todo el día, y desayuno incluido. Es un negocio familiar, que tiene a su lado una tienda de precios asequibles, y también un restaurante con wifi de nombre Join Café.

Nada más llegar Aian, la que regenta el hotel, nos recibe con una sonrisa, que no deja en ningún momento, hasta el día en que partiremos.

Después de una ducha, nos decidimos a recorrer el paseo cercano al mar, en su lado este, llegando al final a una rotonda, y encontrando un restaurante local de nombre Murah, que en indonesio significa barato. El plato de Nasi Campur, arroz con vegetales, un trozo de pollo, un pincho de ternera, y Sanbah (Salsa tradicional indonesia picante), cuesta algo menos de 0,5 €.

Por la mañana, Chocho Loco, decide relajarse e ir a la playa de Kuta. Yo por mi parte, prefiero explorar con La Burrica, el litoral suroeste, y perderme por carreteras de tierra, y baches profundos.

Atravieso campos de tabaco, y pequeños secaderos, paso por playas preciosas, hasta llegar a un lugar en la cima de una colina, donde las vistas son magníficas. Desde allí diviso una playa, que llama mi atención. Bajo la colina, y prosigo por la carretera, hasta llegar a una pequeña aldea, situada cerca de las Gilis del suroeste.

Decido aparcar La Burrica en la misma playa, bajo la sombra de un árbol. Es una playa solitaria, donde lo único que hay son barcas de pescadores, en medio de un paraje inigualable. Los locales duermen la siesta (deporte que practican a todas horas, bajo chozas de bambú improvisadas en todos los lugares). Sin pensarlo dos veces, y careciendo de bañador, me sumerjo en las cristalinas aguas en ropa interior, y dejo que el sol que cae a plomo poco a poco seque mi piel sobre la blanca arena que flanquea esta playa. Sólo se escucha el lejano alboroto de unos niños que juegan recogiendo botellas y llenándolas de arena. 

LAS PULSERAS DE LA TRANQUILIDAD

Permanezco en el lugar, hasta la media tarde, que decido volver al hotel, para ducharme e ir a cenar con Chocho Loco. Cuando la encuentro en la habitación, le explico mi experiencia, y ella la suya.

Me cuenta que las playas que rodean Kuta son magnificas, pero que ha sido abordada por una muchedumbre de niños, que constantemente la acosaban para que comprara pulseras. Chocho Loco que a pesar de lo seria e inexpresiva que es, tiene un carácter frágil, y acaba sucumbiendo comprando más de quince pulseras con tal de que la dejen en paz. 

No hago mas que reír, mientras me intenta explicar lo inquisitivos que han sido los niños, y que la única manera con la que ha podido estar tranquila, es accediendo a las peticiones de los infantes vendedores.

Volvemos a cenar en el mismo restaurante, de precio tan asequible.

Al día siguiente, decido volver a la playa en la que se respiraba el mar de tranquilidad, y mi compañera decide acompañarme.

En esta ocasión, junto a los pescadores, hay un pequeño grupo de aprendices de surfistas, que intentan progresar en el difícil deporte del surf, aprovechando que el oleaje en este lugar es ínfimo.

UNA LECCIÓN INFANTIL

Pasamos la mañana entre baño y baño, y en compañía de unos niños, que no venden nada, a los que les enseño a jugar a lo que en mi pueblo se llama “La chita”, y construimos unos bolos de arena que luego intentamos derribar con una piedra.

Es entonces cuando aparece un niño que tiene un malformación física y también psíquica, y recibo toda una lección de los niños que jugaban conmigo y son unos trastos.

El niño nuevo al ver a lo que estamos jugando, me mira e inmediatamente le doy la piedra para que juegue él también. Debido a su minusvalía no acierta demasiado, pero no cesa en coger la piedra una y otra vez aunque no sea su turno, y adelanta la posición de lanzamiento para mejorar el tiro. Pues no solo no se quejan los niños que allí también juegan, sino que una y otra vez le recogen la piedra y se la vuelven a dar aunque ellos no puedan jugar.

Sobran las palabras cuando en España el comportamiento de los más pequeños es contrario a éste y lo justificamos con la frase “Los niños es que son muy crueles”. Nada de eso amigos, los niños simplemente son el reflejo de lo que ven desde que nacen. En lugares como éste donde hasta el más malvado tiene pinceladas de inocencia, este tipo de comportamiento no es una excepción, sino la regla que existe en el lugar.

Después de toda la mañana al sol, los dos volvemos al hotel rojos como gambas, pero tremendamente relajados y complacidos.

Al día siguiente, Chocho Loco, me comenta que tiene ganas de recorrer una parte de la isla, al sur de Lembar, ya que ha visto en una guía que es interesante.

PERDIDOS Y HALLADOS

Salimos sin mapa, y guiados por las decisiones de mi compañera, acabamos perdiéndonos, y metiéndonos por caminos de tierra que llevan a aldeas donde al parar a preguntar, ocurren dos cosas.

La primera es que nadie habla inglés y no nos entienden; la segunda, es que inmediatamente somos rodeados por la gente parada allí y toda persona que va de paso, que detiene su vehículo para curiosearnos y reír de todo lo que intentamos preguntar, sin entendernos.

Al final con el ingenio de Chocho Loco, que consigue dibujar un mapa en una caja de cartón, y que ya habla unas pocas palabras de Indonesio (más que de español), conseguimos hacer entender a la gente a donde queremos ir.

Nos alejamos del lugar, acompañados por las despedidas de los locales, y una persona que se ha ofrecido a guiarnos hasta llevarnos de nuevo a una carretera asfaltada, estando seguros que seremos la noticia del día en la aldea.

Por fin y después de tres horas de haber partido del hotel, conseguimos llegar a una carretera que circunvala la costa.

Al igual que hace dos días, paramos en una colina, desde donde divisamos un magnífico paisaje. 

Una playa preciosa de agua turquesa, con una lengua de arena blanca que se introduce en el mar, como si quisiera paladear el sabor salado del océano.

Compramos en una tienda una sandia y agua, ya que decidimos quedarnos allí para disfrutar del bello paraje.

No hay ningún hotel en varios kilómetros, tan sólo una aldea de pescadores, a dos minutos en moto. No comprendemos como aún no han construido nada en este precioso lugar, ya que cinco kilómetros antes hay un resort, en un paraje menos bello del que nos encontramos. 

Limpiamos la zona de papeles y plásticos, ya que a los indonesios, si hay algo que se les puede reprochar, es la falta de educación ecológica que tienen. Y nos instalamos bajo la sombra de unos árboles que rodean el lugar. Desde la playa se divisa una isla aproximadamente a kilómetro y medio, y otra más cercana, donde con la marea baja, se puede ir caminando hasta ella.

Después de casi tres horas, decidimos marchar y continuar la carretera, hasta que ésta se convierte en tierra con baches, y decidimos dar vuelta. Ya hemos tenido suficientes emociones en ruta por el día de hoy pensamos al unísono.

EN LA RUTA DEL TABACO

A la mañana siguiente, decidimos explorar el sureste de la isla, por lo que nos decidimos ir hasta Praya, para desde allí tomar la carretera que lleva a Tanjung Luar, un pequeño pueblo de pescadores.

Nos perdemos de nuevo, ya que cuando paramos a preguntar, nos indican mal, y acabamos en Masbagik, mucho más al norte.

Al cruzar la ciudad, nos percatamos, que es el lugar donde se encuentran la mayoría de cooperativas de tabaco de la isla, ya que hemos pasado a numerosos camiones que llevan el tabaco ya prensado y seco, para luego ser llevado a las fábricas.

Al parar a las afueras a tomar un refresco, un chico se me acerca y me ofrece un cigarro liado, diciéndome que si quiero probar el tabaco local. Tomo el cigarro liado, y puedo disfrutar del mejor cigarrillo que he probado en mi vida.

El tabaco en Indonesia, es muy barato, ya que una cajetilla de Marlboro, cuesta tan solo 1,1 €. El tabaco típico de Indonesia que se vende en cajetilla, lleva también cardamomo y algún que otro aditivo más, su precio es de 0,5 €. Pero recomiendo encarecidamente al viajero fumador que se dirija a cualquier mercado, se haga con algunos gramos de tabaco natural triturado, decida liarlos en un papel sin goma de pegar. Disfrutará de uno de los mayores placeres que el fumador puede experimentar (Eladio estás en mi pensamiento).

 Proseguimos camino, hasta llegar por fin a nuestro destino, Tanjung Luar, una pequeña aldea de pescadores, con el único atractivo de sus gentes, ya que las playas no son nada interesantes.

Paramos a comer, y enseguida volvemos a estar rodeados de la gente que la habita, que nos curiosean, y nos entrevistan.

Después de comer, volvemos al hotel, por la noche celebramos la última velada de Chocho Loco en Kuta en Join Café, con vino de arroz, ya que al día siguiente parte para las Gilis del noreste en compañía de una amiga.

EL VINO DE ARROZ

El vino de arroz de Lombok, es muy diferente del saque, lo tintan de color rojizo y de sabor dulce, lo que hace que sea extremadamente peligroso, ya que el que lo prueba puede caer en el engaño de que apenas tiene alcohol. Algo que después del primer vaso hace que uno se piense si ha de seguir tomando. Es casero, lo hacen con arroz y a veces añaden azúcar de caña, y lo dejan fermentar. La botella de litro y medio cuesta 3 €, algo irrisorio si se compara con la cerveza que llega a costar casi 2 €.

A pesar de que Lombok es de mayoría musulmana, el 95 % de la población, bebe alcohol esporádicamente. Tal y como un local me dijo en mi visita a las Gilis, cuando en pleno Ramadán por la mañana lo sorprendí fumando “los indonesios musulmanes, somos creyentes muy relajados”.

Al día siguiente, llevo a chocho Loco a Bangsal, pasando por el lugar más turístico de Lombok, Senggigi, situado en el noreste. No pienso poner un pie en este lugar, ni aunque me paguen el hotel, pienso para mí mientras adelanto a los numerosos minibuses cargados de turistas.

En el puerto de Bangsal, desde donde parten los barcos hacia las tres Gilis Trawangan, Meno y Air. La diferencia de precios es abismal, en comparación con lo que la mayoría de turistas y un servidor pago junto con los brasileños desde Kuta en Bali. El precio de minibús, barco ida y vuelta desde Bali es de 40 €, el precio desde Bangsal, en barco local ida y vuelta es de 1,5 €.

Dejo a Chocho Loco en el puerto, y decido dirigirme al norte de la isla, concretamente a Senaru, al pie del único volcán que hay en la isla. Allí me informo de los precios de los trece hoteles que hay en la localidad que van desde 6,5  a 24 €, todos con desayuno incluido. El precio de las excursiones al volcán que son de tres días y dos noches, con guía comida y bebida, oscilan desde los 80 a 160 €.

PRODUCIENDO TARAVITAZO

Encontrándome en el extremo opuesto de la isla a Kuta, decido bajar por el lado este, ya que de esta manera, exploro lugares donde hospedarme junto con mi compañera a la vuelta de las islas. Además, hay la misma distancia por un lado que por otro, pero el este al ser menos turístico tiene menor tráfico.

Llego al anochecer al hotel, donde después 310 km, que es el contorno aproximado que tiene la isla, y de todo el día viajando, tanto La Burrica como yo necesitamos un descanso.

Me dedico los tres días siguientes a escribir y poner al día por fin mis crónicas, algo que necesitaba y que con la marcha temporal de Chocho Loco puedo hacer.

En el último día, después de estar tres días sentado escribiendo y seleccionando fotos durante 10 horas diarias, termino antes de tiempo, y decido recorrer la parte sureste de Lombok. Recorro la carretera de la costa que lleva desde Kuta hasta una pequeña aldea de pescadores que se llama Gerupak. Aconsejo al viajero que haga este trayecto, aunque la carretera no sea muy idónea, ya que disfrutará de unas playas con agua turquesa, y con muy pocos turistas. Que prosiga además camino hasta Awang, ya que el final del camino es único hasta que el turismo avance hasta la zona. 

La última noche la paso con Rita y Diogo, dos portugueses entrañables que viven en Barcelona, y con los que comparto una velada en compañía de Bram, vino de Arroz.

Por la mañana marcho al noroeste, al puerto de Bangsal. Cuando llego Chocho Loco ya me espera apurando un cigarro y con su habitual inexpresividad. Proseguimos camino hasta llegar a Senaru, en la base del volcán Rinjani. En la cuesta empinada que lleva a nuestro hotel, La Burrica, aguanta fiel con los dos junto con nuestras pertenencias, hasta la misma puerta. Después de haber recorrido tres días antes todos los hoteles del lugar, preguntando precios, tomamos la decisión de hospedarnos en Pondok Indah, por el precio poco regateado de 8€ la habitación con desayuno y wifi, algo que sólo tienen dos hoteles en la localidad.

Por la tarde visitamos la costa norte hacia el este, disfrutando de sus playas de arena volcánica, y conversando con algún lugareño, que al vernos, incluso da media vuelta a su moto, para conversar con nosotros.

LAS CASCADAS

Al día siguiente, decidimos visitar dos cascadas cercanas a la localidad, y desistimos de contratar el trekking para ir al volcán, ya que se sale de nuestro presupuesto (el más barato 80 €). También porque pienso estar varios meses en Indonesia y a buen seguro, podré ver otro a un precio más asequible. Sin embargo mi compañera declina el hacerlo, porque no es amante de andar y cansarse, mucho menos pagando.

Junto con dos Indonesios que se hospedan en el hotel y que están de luna de miel, tomamos camino a las cascadas en compañía de un guía regateado por nuestros amigos 1,2 € por persona.

Empezamos a bajar un camino empinado, y posteriormente unas escaleras lo que me hace pensar que hay otro camino más fácil para llegar a donde vamos.

La primera cascada tiene una altura de 25 metros, y en el lugar de su caída no hay donde bañarse. Tal y como el guía nos comenta es solo para masaje, ya que el agua al estrellarse contra el cuerpo produce este efecto. 

Proseguimos camino hacia la segunda, subiendo de nuevo un tramo de las escaleras, y continuado el curso del río hacia el lado contrario de donde corre. Pasamos por puentes y tramos en los que hay que descalzarse, por lo que es recomendable que el visitante vaya provisto de sandalias y no de botas como nosotros.

Llegamos a un bello paraje donde esta la segunda cascada y que aunque un servidor haya estado ya en algunas, me quedé con la boca abierta por su hermosura.

En este emplazamiento si que es posible el baño, pero recomiendo salir temprano, ya que de lo contrario tendrá que compartir la belleza acompañado de más turistas que visitan el lugar. 

CASCO CON FIRMA

Volvemos a nuestro hotel, nos despedimos de los recién casados, y después de una ducha para quitarnos el olor a la caminata de hora y media, recorremos la costa hacia el oeste. Paramos en un puesto ambulante donde dispensan Bakso (sopa de fideos, albóndigas de carne y vegetales). El precio local es de 5000 rupias, algo menos de 0,5 €.

Por la noche la electricidad falla en el pueblo y con el romanticismo que da la luz de las velas mi compañera por fin accede a las numerosas peticiones que le he hecho de decorar mi casco blanco con su rotulador. Cuando termina, sospecho dos cosas, que es más que probable que ella sea la autora de muchas pintadas que hay en las puertas de los lavabos, y que el casco ha sido decorado en pleno estado de embriaguez. Sin embargo me siento más que orgulloso de llevar por toda indonesia el casco firmado por Chocho Loco. 

Al día siguiente, marchamos a la localidad de Labuhan Pandan, situado ya en el noreste, y desde donde se puede visitar otras Gilis que en indonesio significa islas pequeñas.

Allí cerca se encuentran las Gilis Petangan, Pasaran, Lampu y Kondo, ésta última hacia donde salen los barcos con los pocos turistas que quieran pagar 24 € que piden por la ida y vuelta.

EL ARTE DEL REGATEO COMPARTIDO

Nos hospedamos en un Home Stay situado en la misma carretera, que es nuevo, con habitaciones con aire acondicionado y desayuno incluido por 8 €. Llegamos a la conclusión, que siempre suelen pedir 150.000 rupias (12 €), esperando que el turista rebaje hasta 100.000, lo que me da una idea que es más que probable que el precio local sea de 75.000. Pero al ir acompañado los gastos se reducen a la mitad, y de momento no es necesario tirar de la escuela vietnamita que me enseñó a defenderme en el arte del regateo en Asia.

Buscamos y rebuscamos en el lugar sin llegar a la posibilidad de encontrar a ninguna otra persona que rebaje el precio más de 16 € la embarcación, por lo que finalmente desistimos. No es por tacañería o por que estemos mal de dinero, pero es algo abusivo ya que la distancia a las islas es igual que a las otras gilis del oeste, donde se paga 1,6 € ida y vuelta. Nos hacemos una idea hablando con los locales, que la gente de este lugar no es en absoluto como la de otros, ya que las palabras que sólo saben los niños son hello y money.

Proseguimos y decidimos acercarnos al puerto de Kayangan, para obtener información de los barcos que salen a Sumbawa, donde tengo pensado ir después de mi mes en Bali. Una vez más compruebo que sale más a cuenta hacer el mismo recorrido que llevo hecho, que contratarlo en Bali, ya que sale por tan sólo 4 € dos persona y la moto.

Proseguimos camino, y marchamos a Sembalun, que es la localidad que está en la cara sur del volcán Rinjani. La carretera que serpentea hasta esta localidad, tiene unas cuestas de hasta un 25 %, por lo que La burrica se calienta demasiado, y a tan sólo 200 metros de la cima se para. Le indico a mi compañera que haga autostop, y que me espere en el pueblo, ya que no pienso someter a mi moto a más trabajo, y esperare a que descanse.

En la media hora que espero sentado, además de los locales que se paran a preguntarme si tengo algún problema, veo que a muchos otros le pasa lo mismo, y esperan pacientemente a que sus vehículos se enfríen para seguir camino.

LA TEMPRANA INVITACIÓN AL REZO

Cuando llego al pueblo me encuentro con Chocho Loco, y visitamos una mezquita de lo más colorido, que junto con las montañas que la rodean y la noble gente que habita en el lugar hace que el camino valga la pena. 

De regreso, en el camino premio a La Burrica con su primer lavado, sigue comportándose de manera excepcional.

Al día siguiente domingo, y día de descanso para los indonesios excepto para los altavoces de las mezquitas, de nuevo a las cinco de la mañana los llamamientos a la mezquita cercana el home stay, nos vuelve a despertar a las cinco de la mañana. Una excepción, al ser día de descanso, después del llamamiento prosigue música indonesia que no cesa hasta las 8 de la mañana, hora en que ya incluso hemos desayunado acompañados de ojeras.

Decidimos recorrer la playa cercana a las gilis, y vemos como poco a poco van llenándose de turistas que se sorprenden de vernos, y los niños con menos vergüenza se acercan a pedirnos dinero, petición que siempre hemos rechazado. No dejamos de repetirles que turista no es sinónimo de dinero, aunque hayan aprendido lo contrario. 

 En el aparcamiento La Burrica se cae y rompe uno de sus espejos, por lo que pasamos el día regateando precios, encontrando al final el indicado, dos espejos por 2 €.

Por la mañana marchamos a Tetebatu, localidad situada en el centro de la isla. Como atractivos principales, esta localidad tiene la cascada de Jeruk Manis, y es otro de los emplazamientos para poder hacer trekking al volcán Rinjani. También es una localidad, donde los cultivos de tabaco compiten con los de arroz.

UN LUGAR PARA ESCRIBIR AL AMANECER

Cuando llegamos, buscamos hotel entre la media docena que hay en la localidad. Precisamente en uno de ellos, el chico que nos lo enseña, al ponerle cara de caro, preparando el terreno para el regateo, nos indica que su hermano tiene un home stay, de precio mas reducido, y en un lugar donde la tranquilidad es la reina.

Lo seguimos con nuestra moto, y kilómetro y medio después desde Tetebatu hacia la cascada, nos encontramos en una aldea. Llegamos al centro de esta, y una estrecha calle nos conduce a un grupo de casas.

Allí nos espera ya Chris, el hermano de nuestro guía ocasional, que nos lleva a la parte trasera de las casas, y nos enseña lo que antiguamente era un granero, y hoy en día esta reformado en dos habitaciones.

Primero nos enseña dos bungalós que tiene al lado de baño compartido y colchón en el suelo, para posteriormente llevarnos a la habitación del piso superior del granero. Nada mas ver la terraza, orientada al amanecer, me enamoro del lugar. Unas vistas a los campos de arroz y a los huertos, con una mesa y dos sillas, que ya hacen que mis manos tiemblen ante las horas que pienso pasarme escribiendo. La habitación, en absoluto defrauda, suelo de madera, todo nuevo, espaciosa, y un baño limpio y amplio.

El precio al que al final llegamos después del regateo es irrisorio 6,9 € la noche con todo el café y té que queramos tomar. El desayuno no está incluido, pero poco nos importa, ya que ninguno de los dos somos de desayunar más allá de un café y alguna pasta. Además Chris nos trae carta de comidas, y nos comenta que todos los productos son de los que nosotros podemos observar a nuestro alrededor, pollos, patos, cereales y vegetales en un entorno alejado de productos químicos.

Sin duda alguna después de recorrer todos los hospedajes, el mejor hotel que hay en Tetebatu por su calidad y precio es el home stay Kembang Kuning Cottages, Desa Kembang Kuning Kec. Sikur, Kab. Lombok timur Province, Tlf. 081904050403. Cuenta con tan solo cuatro habitaciones, dos en bungalós con el baño compartido que también son las más baratas, y las dos que están en el granero reformado, aconsejo la de la planta superior. 

EN MEDIO DE OTRA BODA

Chris, que no ceja de ofrecernos una y otra vez café, hace que al final aceptemos, y trae tres cafés indonesios, son de los que más me gustan junto con los vietnamitas.

Pasamos unas horas de tertulia en la terraza, y nos ofrece hacer un trekking al volcán a un precio más económico que el que nos ofrecían en Seranu. Al final Chocho Loco acepta al día siguiente ir de trekking al Rinjani, dos días y una noche por 56 € con porteador y guía, y la comida y bebida incluida. Yo declino la caminata, ya que Chris me ha ofrecido el ir a una granja donde fabrican el vino de arroz y coco, y poder ver todo el proceso. Además pienso que los dos días solo, me vendrán de perlas, para explorar la zona, ver los secaderos de tabaco y cómo lo procesan hasta llevarlo a la fábrica, ir a la cascada de Jeruk Manis y poder escribir detalladamente todo para tortura de aquellos que se aventuren a leerme.

Marchamos a comer a Kotaraja, ya que aunque el menú que nos ha ofrecido Chris es barato (20.000 rupias, 1,75 € un gran plato con el agua), sigo prefiriendo ir a donde van los indonesios a comer (de 5.000 a 7.000 rupias el plato con el agua). No es por tacañería, es por convicción propia que me hago siempre, comer en los lugares donde suelen comer los lugareños.

En la tarde Chris nos invita a ir a los dos a la granja donde hacen el vino de arroz, y poder probarlo, ya que mi compañera marcha al día siguiente, y a la vuelta de su trekking, no podrá ver el proceso.

En el camino nos encontramos con el festejo de una boda indonesia musulmana, y no desperdiciamos la ocasión, para hacer alguna foto. No escribiré nada sobre ellas ahora, ya que pienso que con la trayectoria que he tenido en los países visitados cuando he viajado solo, irremediablemente he sido invitado a alguna. Por lo que en la larga temporada que me queda en el país, espero asistir a alguna ceremonia de este tipo, rogando a Dios que no sea como anfitrión, y poderlo contar con más detalle. 

BREBAJES AGRADABLES

Llegamos a la granja, y los ancianos que la habitan, enseguida saludan a Chris que es familiar suyo, e inmediatamente nos traen tres vasos con líquido blancuzco, lo que indica que el brebaje es fresco, ya que el que está más fermentado, adquiere un color mas amarillento además de un sabor más dulce.

Probamos el Tua, que se hace del fruto de una palmera, y tiene un sabor menos ácido que los otros y el Bram que es de arroz, además de llevar levadura para que fermente antes.

Adquirimos dos bolsas de brebaje, para degustarlo posteriormente a la cena, que ascienden a 0,92 € el litro.

Por la noche, mi compañera cena en el home stay, y yo declino la ocasión, ya que poco antes he comido unos barquillos que adquirí en una tienda local. A pesar de no querer cenar, Chris, me hace bajar y me invita a un plato de sopa. Además al hablarle del tabaco de Lombok, que probé anteriormente, hace que uno de los chicos que nos acompaña, vaya a por una bolsa y me lo regala. Toda amabilidad, lo que puedo decir de esta persona.

DE NUEVO EN LA CASCADA

Por la mañana, despertamos de nuevo a las cinco de la mañana por los llamamientos del muecín de la mezquita, que hace que el amanecer tenga banda sonora. Sobre las cinco y media Chocho Loco marcha y le deseo feliz trekking, mientras intento de nuevo conciliar el sueño. Una hora después ante la imposibilidad de pegar ojo, decido levantarme, tomar un café, y encaminarme a la cascada de Jeruk Manis. En el aparcamiento habilitado para entrar al parque, me intentan cobrar el parking de la moto, y cuando ven que decido aparcarla fuera, ceden y me dejan en paz. Pienso para mí que con el 1,75 € que vale la entrada ya van sobrados, ya que a los indonesios sólo le cobran 0,25 €.

Tomo un camino de piedra y me adentro en la selva, observando que en esta ocasión no hay demasiada basura en los alrededores. Hay que decir que los indonesios aún no tienen una cultura ecológica sobre qué hacer con los desechos de papeles y plásticos, y que las papeleras brillan por su ausencia. Al contrario que sus vecinos los malayos, que están muy concienciados con el reciclaje, sobre todo en los parques naturales y lugares llenos de vegetación. Sin embargo los malayos están deforestando el país, y destruyendo selvas que aún no están protegidas para poner en su lugar plantaciones de palmeras. 

Cuando llego a la cascada, compruebo que en absoluto vale la pena el visitarla, ya que no deja de ser un pequeño torrente de agua que cae en un charco, y lleno de basura a su alrededor. Mucho mejor y además gratis son las que vimos en Senaru.

Marcho del lugar con la calma que me da el tener todo el día por delante, y me dejo perder en caminos que no sé a donde llevan, pasando por agradables aldeas circundadas de arrozales. 

LA MECA DEL TABACO

En una de ellas me encuentro a unas mujeres trabajando con las hojas del tabaco ya recolectadas y secadas, separándolas unas de otras por su color y calidad. 

Cerca del lugar, se encuentra un pequeño local donde prensan las hojas de tabaco ya separadas, y las empaquetan para ser llevadas a las cooperativas, de donde partirán hasta las diferentes fábricas de cigarrillos. 

Finalmente la tarde la paso con el sobrino de Chris de tertulia, y aprendiendo un poco más sobre la manera de pensar y aspiraciones de los jóvenes indonesios. No distan mucho del resto de los jóvenes del mundo, chicas, música, teléfonos móviles y hacerse cuanto antes con un vehículo y una casa para tener independencia. Piensan sin embargo que si consiguen casarse con una extranjera estos problemas se habrán solucionado mucho antes, e ilusamente que tendrán mucho más sexo que con una local.

También me percato que no es aconsejable que una chica viaje sola por este país, ya que puede sentirse acosada en exceso por los varones indonesios que no cesarán de pedirle relaciones constantemente.

 El día siguiente lo paso en mi terraza, escribiendo mientras unas lagartijas vuelan de unos árboles a otros, y teniendo como música de fondo los llamamientos a la mezquita a los fieles que quieran rezar. Mientras, espero que pasen las horas, para poder ir por la tarde con Chris a la elaboración de vino.  Sin embargo él no cesa de hacerme continuas visitas y ofrecerme una y otra vez café. He llegado a contarle que toma de media 15 diarios, yo por mi parte no paso de momento de 6.  

Cuando llega Chocho Loco del trekking me cuenta todo lo acaecido, el paisaje que se puede disfrutar en el camino, y la vista tan increíble que se ve desde la cumbre del volcán.

También me enseña las ampollas en sus pies, después de andar tanto con unas botas que no ha tenido la debida precaución de domarlas antes.

A LA GRANJA DE BEBIDAS

Marchamos los dos a la granja donde se fabrica en Tua y el Bram cuando el atardecer esta ya finalizando.

La señora encargada de la casa, nos saca un plato de arroz para que lo probemos, Chris nos comenta que es el arroz fermentado de donde se saca el vino. Mezclan arroz que lavan previamente para sacarle el almidón con arroz normal.

Luego al agua, le añaden levadura para que fermente antes y lo dejan reposar en unas vasijas que hay enterradas en el suelo.

Hay dos clases de Bram, el que tiene diez días de menor porcentaje de alcohol, y el que tiene un mes que es de mayor. Si éste se deja más de seis meses se convierte en Arak, que llega a tener hasta 40º.

El Tua sin embargo, se fabrica a partir de un fruto que da una palmera, a éste se le hace una incisión cuando aun cuelga del árbol y debajo se pone un recipiente que va recogiendo el néctar durante toda la noche. Se bebe de un día para otro, ya que no se puede dejar más tiempo, pues se pone malo.

Chris también nos comenta que en las bodas la mayoría bebe, pero que el imán no, tan sólo come el arroz fermentado que contiene alcohol pero a ojos de los fieles no es bebida alcohólica. 

Decidimos probar los dos tipos de Bram y el Tua por la noche antes de ir a dormir. El Tua es de sabor menos amargo, y el Bram es un poco más fuerte. Sin embargo el Bram añejo de un mes tiene un sabor parecido al vino fino con solera.

TRILLANDO GRATIS EL ARROZ

Por la mañana Chocho Loco, antes de marchar decide tomar una clase de moto, teniendo como instructor a Chris. Yo por mi parte decido dar una vuelta por los alrededores.

Cercano al hotel se encuentra un campo donde están cosechando el arroz, decido pararme para tomar unas fotos. No tardan los trabajadores en ofrecerme trabajar con ellos y yo en aceptarlo. Comienzo a trillar los tallos de arroz ante las carcajadas de los presentes, ya que se extrañan que un extranjero realice este trabajo.

Posteriormente los tallos sin el arroz se agrupan en fardos que luego son trasportados para alimento de los animales. Cuando cojo uno de los fardos compruebo la fuerza que tienen estos pequeños hombres, ya que siendo mucho mayores que yo lo transportan por las estrechas lindes que separan unos campos de otros sin mayor dificultad. Llegan a pesar entre 15 y 20 kg pero lo más impresionante es que las mujeres los transportan sobre sus cabezas sin la menor mueca de cansancio en su rostro.

Después de dos horas mi muñeca aun no recuperada se resiente, y debo de dejar de transportar fardos. Pienso también que mi compañera ha debido de finalizar la clase, y decido marcharme. Antes de hacerlo me obsequian la familia con comida que han recogido de su jardín. A la salida del campo me percato que hay un corrillo de personas en el camino que han venido a ver al extranjero que por unos instantes ha estado recolectando el arroz. 

Cuando llego al hotel, le pregunto al sobrino de Chris que habla inglés por el salario de los trabajadores que cosechan el arroz. Me dice que no abundan, ya que el salario es muy bajo, que lo que suelen hacer cuando llega la hora de la cosecha, es ayudarse unas familias a otras. Le insisto otra vez sobre el salario, y me contesta que sobre 0,5 € diarios más la comida. Me quedo estupefacto y le pregunto que cuántas horas de trabajo son; desde las 6 de la mañana hasta las 11.

Aún sorprendido, le pregunto que cuántos cultivos le sacan de rendimiento a las tierras, él me contesta que dos anuales, uno de arroz y otro de tabaco.

Por fin llega mi compañera, que ha tenido la suerte de tener mejor profesor de lo que yo fui antaño con mi excompañera, y no ha tenido ningún percance.

Nos despedimos de Chris, y nos hacemos unas fotos con él y le pedimos que nos haga otra a los dos montados en La Burrica, ya que aun no tenemos ninguna. 

EN EL CUARTO DE LOS DUEÑOS

Llegamos a Tri Putri, nuestro antiguo hotel de Kuta de Lombok, y Aian la dueña nos saluda con su habitual amabilidad. Nos da la bienvenida y nosotros le comentamos que tenemos tres días antes de volver a Bali y hemos decidido hospedarnos de nuevo en su hotel. Ella comienza entonces a hablar con su marido y este a buscarnos habitación. Después de unos minutos en los que nos obsequia con una coca cola bien fría nos dice que el hotel está lleno. Se niega que nos vayamos a otro hotel y que nos alojará en su habitación, que ella y su familia se marchan a la habitación de los trabajadores y estos a dormir al jardín y que por supuesto no nos va a cobrar nada por la estancia. Nos negamos a ello, pero ante las insistencias y a que ya uno de los trabajadores está llevando una de nuestras mochilas a la habitación, mientras ella saca todas sus pertenencias, no tenemos más remedio que ceder.

Cuando nos instalamos en la habitación, comprobamos que es mucho más humilde que cualquiera de las habitaciones más baratas del hotel, y en ella duerme Aian, su marido y sus dos hijos. Tiene un mueble con cajones, dos colchones en el suelo, un ventilador, y el baño es de retrete de agujero y como ducha es un cubo con un cazo. 

Comienzo a pensar que aunque yo viaje intentando tener la vida de la gente local y comer en restaurantes donde sólo comen lugareños, suelo estar muy por encima de la clase media de este país. Cuando marche mi compañera tengo que replantearme aun más mi manera de viajar, pienso para mi, mientras deshago el equipaje.

Pasamos los últimos tres días disfrutando de las playas que ya conocemos y apurando los últimos instantes en compañía mutua. Chocho Loco el día 2 parte de Indonesia hacia Australia para volver a ser Liedeke.

Antes de marchar del hotel, de mutuo acuerdo Chocho Loco y yo, le pagamos un precio que creemos justo a Aian, por la habitación, 12 € por los tres días. La dueña por su parte no cesa en darnos las gracias y desearnos suerte en nuestro regreso a Bali.

Tomamos un barco que nos lleva de nuevo a Padangbay enBaly, y luego con la burrica llegamos a Kuta.

En los dos últimos días que estamos juntos, aprovechamos para que Chocho Loco haga alguna compra, repare su mochila y haga la lavandería, aprovechando que los precios de aquí son muy inferiores a lo que se va a encontrar en Australia.

También demostramos nuestra experiencia en Kuta, ya que conocemos lugares donde el viajero puede comer y beber cócteles gratis.

A LA VOZ DE GRATIS

Hay un lugar cercano al monumento a las victimas de los atentados del 2002, de nombre Sky Garden. En la terraza superior a partir de las 7 de la tarde hay un buffet libre de comida, donde por tan sólo 4 €, el comensal puede comer todo lo que se le antoje. Lo recomiendo, ya que en los países del sudeste asiático, la carne en el plato es solo una ilusión de lo que puede llegar a ser en otros platos españoles. Aquí se puede comer toda la que se quiera y la preparan a la barbacoa. Desde las 9 hasta las 10, en un pub de la tercera planta sirven cócteles gratis y canapés.

Yo que he sido criado por mi padre, que se gasta menos que un chupa chup de aluminio, que mis últimos años en España viví en Cataluña y posteriormente fui curtido por vietnamitas (en ocasiones he llegado a pensar que no seria un mal ministro de hacienda), no puedo dejar pasar esta oportunidad. Acabando las veladas de la forma mas bacanal posible.

EN RESUMEN: UNA BUENA CHICA

En el último día que estoy en compañía de Chocho Loco, conozco a Anna, una chica inglesa de cabello rubio platino, ojos del color del mar de Lombok, que se hospeda en el hotel y con la piel más blanca que la teta de una monja. Le ofrezco ante la presencia e incredulidad de mi compañera que al día siguiente que marche ella acompañarme a las playas que descubrí con Jasmine.

Cuando le comento a Chocho Loco, que al día siguiente ya estaré solo, con una media sonrisa, me contesta que no, que me quedo en compañía de Anna, sin poder evitar que la malicie asome en su mirada.

Por la noche la dejo en el aeropuerto y nos despedimos con besos y abrazos, y me promete que vendrá a Córdoba en Agosto. Comienzo a pensar que si en realidad vienen todas las personas a las que he invitado, pasarán dos cosas. Mi casa será un hotel internacional, para locura de mi familia y los negocios de mi pueblo saldrán de la crisis.

Marcho del aeropuerto, mientras es inevitable pensar, que mi última compañera de viaje, ha sido de las mejores que he tenido. A pesar de contar con tan solo 25 años, tiene una madurez asombrosa en sus pensamientos y manera de ver la vida. Jamás ha tenido queja por nada, se ha adaptado a todo sin quejarse lo más mínimo, incluso cuando con la Burrica nos hemos metido por caminos intransitables. Ha sido honesta y sincera siempre, (te agradezco esa noche en que me dijiste las cuatro verdades de lo que pensabas a la cara). Me ha enseñado que la seriedad o inexpresividad que tiene puede llegar a ser desternillante. He aprendido más ingles, que ella español, y ha aceptado con muy buen humor los pocos contratiempos que hemos llegado a tener. Llego a la conclusión que existen personas como Chocho Loco por la mera razón que marcan una franja muy profunda entre lo que son las buenas y las malas personas. Tienen mucha suerte aquellas gentes que lleguen a conocerla, yo tuve la fortuna de compartir la vida con ella por cerca de seis semanas. Por todo ello, la puerta de “el taravitazo”, la tendrá abierta, siempre y cuando quiera traspasarla. Buena suerte y hasta siempre Chocho Loco.

DE MOMENTO, NO

Al día Siguiente, Anna ya se encuentra levantada y desayunamos juntos. Salimos del hotel y nos dirigimos al sur de la isla, donde se encuentra un templo muy famoso y que está lleno de monos. Cuando vamos a acceder y quieren cobrarnos 1,5 € la entrada, los dos desistimos y marchamos a que ella en primer lugar me enseñe una playa cercana donde los surfistas practican. Es un lugar precioso, pero el poco turismo que tiene, hace que haya restaurantes situados en rocas desde donde se puede ver a los surfistas sorteando las olas. 

Luego buscamos una de las playas que visité con Jasmine, sin llegar a ellas, pero si descubrimos un maravilloso lugar donde la arena blanca, el agua turquesa son salpicadas por los acantilados que dan sombra al lugar, y donde los 157 escalones que hay para acceder a ella, hacen que se encuentre solitaria. Pasamos el día allí, pienso detenidamente, si preguntarle a Anna que me acompañe en mi mes en Bali.

Al final decidido no hacerlo, quiero estar solo, me apetece embutirme en mis pensamientos, reflexionar sobre todo lo que descubra y comparta con los lugareños. Me espera un mes calmado y alquilaré una casa en la provincia de Bangli. Allí descubrí a unas gentes maravillosas que me abriendo las puertas a todo lo que aún es desconocido para mí, y relataré con la calma y tranquilidad que espero encontrar.

Además pienso sinceramente que solo se esta si uno quiere estarlo, ya que con un poco de desvergüenza y desparpajo, siempre se acaba encontrando compañía hasta en el lugar mas perdido.

EL BOCHORNO ABSOLUTO

A las 20:55 h. del día 3 de Octubre, una fina capa de lluvia precede a lo que luego se convierte en una fuerte tormenta que dura una hora. La temperatura sube considerablemente, el calor mezclado con la humedad, hace que el ambiente sea de  bochorno absoluto. Ha comenzado la estación lluviosa en Indonesia, no finalizará hasta entrado Marzo.