Laos (III)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

 

Llegamos a Pakse, en una mañana calurosa, después de haber atravesado de nuevo la meseta de Bolaven, y de pasar por la puerta de Mr. Coffe.

A la entrada de la ciudad, vemos el regreso de las gentes que han ido temprano a su mercado desde el campo, cargadas de género que no encuentran en sus aldeas, o de lo que no han podido vender en los puestos.

Buscamos hotel, y desde el primer momento comprobamos que esta ciudad es tan cara respecto a hoteles como lo es la capital, al final decidimos alojarnos en uno que es una casa antigua colonial de agradable aspecto, y mejor jardín, pero que las habitaciones son solo correctas. Sin embargo en el precio (12 euros), va incluido internet, algo que a estas alturas nos es imprescindible, sobre todo para enviar mis crónicas a España, la dirección es, Salachampa Hotel, Lakmeung Village, teléfono 031212273.

Decidimos ir a la policía para informarnos del coste que tiene el quedarnos unos días más en este país, habiendo caducado el visado, tan solo por si las moscas, ya que el día 17 es el último que estamos legalmente en este país.

DESIERTO AEROPUERTO

Marchamos al aeropuerto de la ciudad, que en la anterior crónica ya había dicho que competía en tamaño con el de la capital Vientiane. Cuando llegamos entramos por la única puerta que tiene abierta, y nos encontramos dentro de él, pero como si de una película de terror se tratase sin un solo alma, que pueda decirnos nada. Recorremos el aeropuerto de arriba abajo, y gritamos intentando que alguien nos de señales de vida, pero ni un solo ser a excepción de un perro que pasa por la puerta, y nos mira extrañado de qué haremos allí.

Confundidos nos marchamos, y recorremos la ciudad, parando al final en la oficina de turismo, y obteniendo la información que necesitábamos en este lugar. Cuando la visa se caduca en Laos, hay que pagar por día que se permanezca aquí 2 $, pudiendo estar un máximo de 5 a 10 días.

Regresamos al hotel, y comemos en un restaurante cercano, ya que nos encontramos en el barrio antiguo de la ciudad, y hoteles, Guest House, y restaurantes, hay a patadas.

Por la mañana, tenemos decidido recorrer los dos templos que hay en la ciudad, lo único interesante de ésta. El primero se encuentra justo al lado del río, y del puente francés, y es también escuela budista.

CON EL MONJE FUMADOR

Finalizada la visita, y bajo la lluvia, marchamos a ver el otro, que es peor ya que carece de interés arquitectónico, o artístico, por lo que  si el visitante va con tiempo justo, y no lo ve, tampoco pierde nada. Eso sí, resguardándonos de la lluvia, uno de los monjes que habita en el lugar, sale a darnos conversación, y además fumando un pitillo, algo que me deja sorprendido, ya que pensaba que los monjes llevaban una vida sana, y alejada de los pequeños vicios de la vida terrenal. Algo que es falso, ya que les está permitido incluso beber, y aunque no les está permitido tocar a las mujeres, si la comunidad budista lo ve adecuado, puede mantener relaciones sexuales con mujeres, imagino yo que entonces si le estará permitido el tocarlas.

Después de la comida, atravesamos el puente japonés que cruza el Mekong, y comprobamos con alegría que hay una carretera nueva que va a las ruinas de Champasak, las más grandes del país, sin necesidad de tener que coger un ferri. La carretera esta justo a 2,5 km después del puente, en un cruce a la derecha. Cogemos esta carretera, pero sin intención de llegar a Champasak que se encuentra a unos 35 km al sur de Pakse, ya que al día siguiente es cuando tenemos pensado de acercarnos hasta allí.

ESCALERA AL CIELO

A unos 10 km, pasamos por un lugar donde vemos una escalera enorme que sube hacia una montaña, y donde hay varia gente oriental subiendo y bajando.

Sin saber a donde lleva la escalinata, la tomamos, esta hace que hagamos bastante ejercicio, ya que tiene 384 escalones, los últimos 53 bastante duros.

Al llegar arriba, vemos que solo hay un templo que no vale demasiado la pena, sin embargo la vista que hay es espectacular, ya que se puede ver el Mekong, cuando empieza a abrirse, y a formar islas. Permanecemos en el lugar por al menos 20 minutos, lo justo para recobrar el aliento, y bajar de nuevo la escalinata, para coger la moto y regresar a la ciudad, haciendo alguna foto ocasional.

EL PALACIO HOTEL

Cuando llegamos a Pakse, decidimos acercarnos a un hotel que hay con aspecto lujoso, para tomar sólo un café, ya que pensamos que nuestro presupuesto es limitado, y no nos llegará para más. Llegamos al Champasak Palace Hotel, este edificio, en un primer momento fue pensado como palacio, y lo mandó construir en 1968, el último príncipe que hubo en Laos, pero con la revolución huyo a parís en 1974. Posteriormente una compañía tailandesa, en cooperación con el gobierno, lo restauró, y se convirtió en lo que es hoy en día, un hotel.

Al entrar, lo primero que nos sorprende, es que la recepción desentona con el resto del edificio, ya que es bastante pequeña, los jardines posteriores, son pequeños, y algo kitsch, y  cuenta en algún rincón con varios animales de cerámica. Aparte de esto, hay que decir que tiene una excelente calidad precio, ya que la habitación más lujosa con una amplia terraza y vistas vale tan sólo 40 euros.

Su restaurantes amplio, con un cierto aire colonialista, que le da encanto, y lo mejor de todo, arengamos a todos los visitantes a hacer alguna cena, o tomar algún refrigerio, ya que los precios que tiene son iguales que el resto de los restaurantes o cafeterías de la ciudad, pero con un servicio impecable.

No hace falta dar dirección alguna del hotel, ya que el viajero con tan sólo pasar por la ruta 13, en Pakse, se pasará de largo de este impresionante hotel.

Después de la merienda,  pasamos el resto del día vagando por la ciudad, y dejando que el pensamiento de que esta ciudad con tan solo un día se ve, germine en nuestros pensamientos.

A UNA HORA, CHAMPASAK

Por la mañana tal y como habíamos planeado en el día anterior, nos dirigimos a Champasak, cuando llegamos, lo hacemos a primera hora, ya que no tardamos ni tan siquiera 1 hora. Cogemos un hotel de la zona, el más barato hasta el momento donde nos hemos alojado, por tan solo 3,6 euros, pero del que no dejamos dirección, ya que posteriormente comprobamos que al llegar tan temprano hemos cogido la mejor habitación, y más limpia, pero las demás no lo son demasiado. Lo que sí podemos decir de la localidad, es que los hoteles, la gasolina, y la comida son caros, y que es totalmente cierto, que una vez que se abandona Pakse, y uno se dirige al sur, debe de cambiar el dinero necesario en esta ciudad, y prepararse, para la zona más cara de todo Laos.

Después de dejar nuestras mochilas en la Guest House, marchamos a las ruinas, que se encuentran a unos 10 km. al sur. La entrada cuesta 2,5 euros, y el aparcamiento es gratuito.

EN LAS RUINAS

Las ruinas de Champasak se remontan a 1500 años atrás, en su día fue la capital del reino Mon-jemer de Chenla, y fue habitada hasta el siglo XVI, en ella se veneraba al dios hinduista Siva, quedando en el lugar aún esculturas de él, y siendo adorado en la actualidad por confesos de esta fe. Además tiene la inscripción en sánscrito más antigua de todo el sudeste asiático.

Al llegar, pasamos por un camino de pequeños postes  que pasa por en medio de dos pequeños estanques, llegando hasta dos edificios de estilo jemer en arenisca, que son anteriores al siglo VI.

Posteriormente se accede al nivel superior, por unas escaleras, las primeras en ruinas, por lo que hay que acceder por unas de madera, y el resto originales, con sus contras, ya que son de difícil subida.

Cuando se termina el ascenso, llegamos a la parte que a mí en particular me gusta más, el santuario de Siva, donde todas sus paredes están repletas de esculturas de este dios, y en el interior, hay unas esculturas de Buda, que nada tiene que ver con lo que en su día hubo en el lugar.

El lugar es muy hermoso, teniendo unas buenas vistas de todo el recinto, y desde donde se accede a varias piedras esculpidas que están cerca del santuario, la del cocodrilo, la del elefante, la huella de buda, todo ello en un entorno rebosante de vegetación propia de la zona.

En definitiva, vale la pena visitar este lugar, aunque al visitante en un primer momento le decepcione si espera encontrar un gran recinto, ya que en comparación con otros yacimientos, es un poco pequeño, sobre todo si se viene de Camboya, y se ha visto Angkor, lo que más tengo particularmente ganas de ver de este país.

Regresamos al hotel, y después de una buena ducha que nos quite el calor y el sudor milenario de las ruinas de Champasak, hacemos una buena comida, en lo mejor que tiene nuestro hotel su terraza al Mekong.

EN LAS CUATRO MIL ISLAS

La tarde la pasamos de paseo por el pueblo, viendo sus casas coloniales, y el quehacer diario de la gente que habita la villa.

Por la mañana, muy temprano, nos levantamos, pero una vez más de nada nos sirve, ya que la lluvia no cesa, y tenemos que permanecer en cama, para dejar pasar el tiempo.

Dos horas después sobre las 9, salimos con intención de llegar a Don Khong, una de las islas que conforman este tramo del Mekong, llamado Si Phan Don, que significa cuatro mil islas.

A esta altura el Mekong se abre a una anchura de 14 km, la mayor que alcanza en todo su recorrido, hasta llegar al delta, antes de alcanzar el mar. En este tramo, deja cientos de islas, en la temporada seca, y otras que son permanentes, en la estación húmeda, que están habitadas.

Don Khong, con una longitud de 18 km, y una anchura de 8, es la mayor de todas ellas, aunque la menos visitada por el turismo, siendo ella, a mi parecer, la más interesante, ya que se puede contemplar la vida tranquila que llevan sus habitantes, y está menos contaminada por la presencia extranjera.

EL LUGAR DE LA SONRISA

Cogemos un ferri, bueno mejor dicho dos barcas unidas por tablones, que hacen de plataforma, donde se transporta mi moto, y a nosotros dos, el trayecto cuesta un total de 1,8 euros.

Llegamos a la isla, y en vez de coger enseguida hotel, decidimos explorarla en primer lugar. Nos vamos poco a poco adentrándonos en ella, y vemos como absolutamente todos sus habitantes, nos saludan a nuestro paso con una gran sonrisa. Ya pensamos que hemos dado en el clavo al venir primero a este lugar, sobre todo cuando paramos en un puesto cerca de una aldea a comer, y la amabilidad con la que nos reciben, lo buena sopa que nos ofrecen, y lo económica que sale, 0,8 euros por plato, van haciendo de este lugar otro paraíso más de los que conforma Laos.

Posteriormente, después de atravesar una tormenta que nos deja empapados, recorremos varios hoteles, hay en toda la isla unos 8, por lo que podemos preguntar en casi todos, la mayoría situados en el lado oeste de la isla, pero a destacar enormemente sobre los demás en el que decidimos quedarnos. Es una casa cerca del embarcadero donde hemos atracado, pero sin estar al lado del río, la regenta un amable señor de unos 60 años, que nos da la bienvenida con una sonrisa isleña.

MUY BUEN HOTEL

La Guest House se llama Kang Khong Villa, cuenta con dos tipos de habitaciones, unas por 5 euros, con aire acondicionado, y otras por 4,20, con ventilador, al ver la primera, la más cara, automáticamente, le digo que no hace falta que me enseñe más, que aquí nos quedamos.

Cuando Maruxiña la ve, queda tan gratamente complacida como yo, es de estilo colonial, y además de estar muy limpia, tiene ese ambiente especial con el que muy pocos hoteles cuentan, y que hace que uno quiera estar siempre alojado allí, y no marchar en una buena temporada.

Allí mismo, contratamos un recorrido por el Mekong, para ver las islas que están al sur, y las cataratas, para el día siguiente, por 5,10 euros por persona, y así poder disfrutar de un día más en esta paradisíaca isla. Por la tarde, volvemos a tomar nuestra moto, y a recorrerla, haciendo fotos del día a día de sus gentes, volviendo a tener el saludo amable de todos ellos, al vernos pasar.

Lástima que nos queden tan pocos días de visado, pensamos los dos, mientras de nuevo otra tormenta nos moja de regreso al hotel en el atardecer de una isla del Mekong.

PUENTE DE PEAJE

Al día siguiente salimos de la isla en dirección Don Kon, viajando río abajo, viendo el quehacer de los habitantes de las islas, y llegando hora y media más tarde al embarcadero.

De allí, marchamos andando por error a la isla de Don Det, a través de un puente que las une, y en el que hay que pagar peaje, 1,8 euros por pasajero y por día.

En la caminata de tres kilómetros, podemos apreciar el bello paisaje de los campos de Don Det, y también las labores de sus habitantes, en ellos, y de los niños que intentan cazar algún pájaro con tirachinas, o alguna pareja de animalitos.

Al darnos cuenta del error de la equivocación de la isla, nos volvemos atrás, pero esta vez con un tuc tuc, volvemos a atravesar el puente francés, y continuamos a pie, en busca de las cascadas del Mekong.

ESQUIVAS CASCADAS

Pero precisamente ese día, es uno de esos días en los que absolutamente todo sale al revés de cómo uno se lo plantea, y nos volvemos a dar una caminata de unos 6 kilómetros esta vez, y ni por supuesto encontramos las cataratas.

Regresamos a nuestra isla cabizbajos y cansados, y pensando que al día siguiente igualmente nos iremos a la isla de Don Det, donde permaneceremos por al menos tres días, y nos prometemos, que encontraremos el camino a las cascadas del Mekong, ya que se ha convertido en una cuestión de orgullo.

Por la mañana salimos de la isla en una barca como la que nos llevo a ella, y mirándola desde esta, cuando nos alejamos, sentimos un pellizco, ya que dejamos un lugar que nos ha enamorado por sus gentes, nuestro hotel, y el ambiente que se respira en ella.

Llegamos a Don Det, después de una odisea, para poder embarcar nuestra moto de nuevo, ya que los embarcaderos de tierra firme, y de la isla, para los vehículos, son un autentico desastre, y sólo reservado para auténticos expertos en motocross.

Al llegar a la isla, ya comprobamos que todas las islas de esta parte del Mekong, tienen un aire especial, muy relajado, donde el tiempo en absoluto importa.

VISTAS AL ESTE O AL OESTE

Don Det, es la isla más albergada por turistas, de paso, por lo que está repleta de Guest House, todas ellas con bungalós, con vistas al Mekong, tanto al este para poder ver su amanecer, como al oeste, para el atardecer. Escogemos uno que nos sale por 2,7 euros, con baño en el interior, pero vemos con sorpresa, como hay de hasta 1,5 euros, algo verdaderamente barato en esta isla.

Posteriormente comprobamos como en la isla hay un ambiente tan extremadamente relajado, que la mayoría de los extranjeros que hay fuman marihuana, sin ninguna censura, por parte de los habitantes de la isla, pero sin llegar a los excesos que se pueden ver en Van Viang.

A media mañana, llamamos a Yani, y nos confirma, que en menos de una hora, llega a la isla, donde estará por un par de días, por lo que decidimos esperarla en el embarcadero.

Pasamos la tarde los tres, en compañía de otros dos españoles viajeros, en una terraza a orillas del Mekong. En tertulia sobre el mundo, España, y las pretensiones que tenemos todos, comprobando, que en absoluto somos unos bichos raros, por tener este tipo de pretensiones en la vida, de vivir viajando, como digo siempre “Ni mejor, ni peor, simplemente diferente”.

A la mañana siguiente, Yani alquila una bicicleta, para explorar la isla, y nosotros, salimos con la intención de encontrar por fin las cascadas del Mekong, en la isla vecina de Don Kon.

Pasamos por el puente francés a toda mecha con la moto, para evitar el pagar el peaje, y cuando cogemos el camino que dos días antes habíamos pasado, vemos que a un kilometro y medio del puente, hay un desvío a la derecha, que cogemos, y nos lleva hasta las cataratas.

EL EMBUDO DEL MEKONG

Cuando las vemos, quedamos impresionados de la fuerza de la naturaleza, ya que en ellas, el Mekong, que 10 kilómetros antes se abre, ahora se cierra, en vario saltos, y haciendo un embudo, con todo lo que esto conlleva. Es muy impactante el ver de nuevo lo magnifica que puede llegar a ser la naturaleza, y lo pequeño e insignificante que se siente uno cuando ve tanta fuerza y tanta belleza unida.

Cuando nos dirigimos, a una pequeña palaya que hay cerca de las cataratas, nos encontramos con Yani, que acaba de llegar, y decidimos acompañarla, y luego ella nos acompaña a nosotros a la playa, donde los tres nos damos un baño en el Mekong, para huir del calor intenso que tenemos.

Por la tarde quedamos todos en uno de los bares del embarcadero de Don Det, para ver nuestra penúltima puesta de sol en Laos, y ver alguna buena imagen que otra del embarcadero.

ADIOS YANI

A la mañana siguiente, nos despedimos de Yani, esta encantadora persona, que el día que la conocí en Vietnam, le vi un brillo especial en su mirada, y sentí, algo que en la vida, ocurre poco, una cierta complicidad, que hizo que pensara, lo que con este encuentro confirme, que es una persona encantadora y no de serpientes, y que cada vez que quiera unirse al Taravitazo, tendrá las puertas abiertas de par en par, al igual que las de mi casa, hasta pronto Yani.

Por al medio día, comemos el jamón que Yani nos ha dejado de regalo, y que Maruxiña degusta, como si llevara 5 años sin comerlo. Después de una siesta, decidimos ir a ver nuestro último atardecer en Laos, algo a lo que desgraciadamente nos hemos mal acostumbrado.

CON LOS HIJOS DE LA CRISIS

Por la noche quedamos a cenar con Antonio y Yeni, los dos españoles, con los que estuvimos el primer día, y con otro español más que hemos conocido en el embarcadero cuando nos despedimos de Yani. Al final, en el restaurante, nos juntamos un total de 9, cuando nos contamos un poco nuestras vidas, pienso para mi, mientras apuro mi última noche en Laos, que precisamente, de todo el viaje que llevo realizado, es la vez en la que estoy con mayor número de compatriotas, todos ellos diferente manera de ver la vida, de diferentes edades, y con diferente tiempo en el viaje, pero que a todos los une dos cosas. La primera viajar, y la segunda, que son todos hijos de la crisis, que irónicamente, es la que les ha dado la oportunidad realizar sus sueños.

 

Pai Kone Deu Laos, Johm Riab Sua Camboya

 

A la mañana siguiente, salimos de Laos, y entramos en Camboya, atrás dejamos el país que hasta el momento, me ha impactado más por la belleza de sus paisajes, sus gentes, su gastronomía, y un largo etc.

Mientras relleno el papeleo en la oficina fronteriza, y el guardia con la cara me regala una dulce sonrisa laosiana, y con la mano me pide un dólar por abandonar el paraíso, pienso en la gran suerte que he tenido de visitar este país, y que el viajero debe obligatoriamente visitar Laos, pero no dentro de tres o cinco años, que todo abra cambiado, sino ahora, que es de lo poco auténtico que aún queda en el mundo.

Nada mas atravesar la frontera, el viajero percibe enseguida, que Camboya no tiene en absoluto nada que ver con Laos, ya que todo el camino se encuentra ausente de vegetación, tan hay solo arrozales.

Las dos primeras etapas, que hacemos es hasta Kratie, y Kompong Cham, ciudades del norte y centro respectivamente, que parecen haber salido hace poco tiempo de una guerra, ya que son polvorientas, y con todo por hacer.

TRES MILLONES DE MUERTOS

Leyendo la historia reciente de este país, no es de extrañar que la mayor parte del país esté como están estas ciudades, ya que hace poco mas de 12 años, Camboya, aun continuaba decidiendo su futuro en los coletazos de una guerra civil. Y hace 30 años, sufrió uno de los mayores genocidios de la historia contemporánea a manos de los jemeres rojos, liderados por Pol Pot, un loco Camboyano, que hizo que en tan solo tres años murieran 3 millones de habitantes, igual que judíos murieron en campos de exterminio, la quinta parte de la población que tiene actualmente el país. Todos ellos en Fusilamientos masivos, y en campos de trabajo, donde trabajaban niños, ancianos, y enfermos, de 12 a 15 horas diarias, además de ser torturados hasta la muerte.

A día de hoy, los responsables, siguen estando sin juicio, y algunos, continúan en lugares de relevancia en el seno político del país, por lo que los camboyanos continúan viendo a sus asesinos y torturadores a diario.

MIL Y UNA MINAS Y SONRISAS

Además, Camboya continua sumergida en luchas internas políticas, mientras las minas anti personas de fabricación española continúan sembradas en una buena parte del territorio, mutilando a niños y personas.

Pero lo verdaderamente asombroso a primera vista de este país, es que todos los camboyanos, son de tez muy morena, rostro serio, y de mirada penetrante, pero cuando les sonríes, enseguida, se abren y te lo dan todo con una amabilidad exquisita.

Sin embargo el país, según las guías, y visitantes con los que hemos podido hablar, poco o muy poco tiene que ofrecer al viajero, excepto las ruinas de Angkor, a donde llegamos dos días después de atravesar la frontera, habiendo recorrido casi la mitad norte del país, y visto, una tras otra, ciudades pequeñas, y muy desvencijadas, por carreteras, con más trafico que las laosianas, y con conductores más agresivos que los vietnamitas, lo que hace de este país un lugar peligroso para conducir motocicleta. Pero esto será ya en la próxima crónica, mi primera de Camboya, un país del que espero conocer además de todo aquello que ofrece al turista pasajero, el misterio de la sonrisa de sus habitantes, después de padecer un horror.

 

Laos (II)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

 

Salimos de Paksan, y tomamos la ruta trece, dirección sur, al llegar a Vieng Khan, decidimos girar al este en la carretera que va a Vietnam, ya que el paisaje que hay lo merece.

Comenzamos a subir y bajar montañas kársticas y el paisaje en absoluto nos defrauda. La naturaleza que encontramos desborda vida, los árboles son de gran altura, y el espesor de la selva, sólo deja comprobar de vez en cuando, que estamos en un lugar, donde los helechos han dejado de ser plantas del tamaño de arbustos, para convertirse en árboles.

BUENA CARRETERA Y BUEN EQUILIBRIO

La carretera es de muy buen asfalto, mejorado el camino aun más si cabe, por la ausencia de tráfico que caracteriza a las carreteras de este país, aunque para acceder a algún mirador, tenga que echar mano de la experiencia adquirida en las carreteras vietnamitas.

Los puentes que nos encontramos, también requieren que el conductor, cuando menos tenga algo de equilibrio, ya que en el sentido de la circulación, solo tiene un par de tablones guía, que sirven para solo un vehículo de cuatro ruedas.

Llegamos a la localidad de Khoun Kham, donde hay una cascada, y donde están ampliando la central hidroeléctrica que nutre de electricidad a toda la comarca.

En un primer momento, vamos a parar en una Guest House, pero en la carretera vemos el anuncio de un hotel con buena pinta, y nos extraña bastante, ya que el pueblo es muy pequeño y se encuentra a 4 kilómetros por una carretera sin asfaltar y decidimos acercarnos para ver de qué se trata.

GOZADA DE HOTEL

Cuando llegamos nos encontramos con algo digno de que el viajero haga una pausa en el camino, y permanezca en este lugar por al menos dos días.

Es un hotel de bungalós de madera, situado en la rivera de un río, donde los vecinos laosianos del hotel, hacen sus quehaceres diarios, y donde el tiempo se detiene.

Por un ridículo precio de 8,5 euros la noche en bungaló doble, con el café matutino incluido, y un buen restaurante de platos muy buenos típicos de Laos, el viajero puede deleitarse con todas las comodidades posibles en estas tierras, de un remanso de paz y de un paisaje pocas veces superado en este viaje.

La dirección es Sainamhai resort, Namsanan Hinboun district, telf. 856 20 2233 1683. Nuestra sorpresa aumenta, cuando el dueño, y constructor del hotel, al escucharnos hablar en español, nos habla también en nuestro idioma materno. Es arquitecto, y estudió en cuba; ideó este hotel en un entorno natural, y sin que por ello afectara en modo alguno a la naturaleza, ya que es muy ecologista, y ama todo lo que tiene que ver con el entorno.

Los bungalós, los construyó, imitando las casas de los laosianos, para que no estropearan el entorno donde se encuentra, y la recepción y el comedor, de igual modo. Es un negocio familiar, donde vive junto a su mujer, y sus tres hijas de nombre latino, y cada una de ellas se encarga de un servicio diferente del hotel.

Después de una buena ducha, y una mejor comida, decidimos quedarnos por al menos tres días en este paraíso, aunque no disponga aún de wifi.

En los dos días siguientes, los pasamos enteros en él, disfrutando de las estampas que nos ofrece las vistas del comedor al río, donde niños y mujeres, se dan un baño, los animales se acercan a pastar a sus orillas, y a refrescarse en sus cristalinas aguas, y donde a veces algún que otro despreocupado del reloj, intenta pescar algo con lo que más tarde poder llenar su estómago. . Sólo visitamos el pueblo y su mercado en un par de horas, obligándonos a no morir de pereza, ya que somos de la ideología, de cuanto menos haces menos te apetece hacer, y no queremos sufrir de ese mal.

SELVÁTICO HOTEL

En la mañana siguiente, después de unos días de relax, y una noche marcada por la celebración de la cuarta Copa de Europa del F.C. Barcelona, decidimos  dirigirnos a Kong Lo, 35 km. al sur. Kong Lo es una cueva que se recorre a pie y en barca, bastante famosa en el lugar, donde nace el río Nam Himboun, la entrada cuesta sobre 4,5 euros, y se tarda unas tres horas en recorrerla. Tanto Maruxiña como yo desistimos de hacerlo, ya que en absoluto nos atraen las cuevas, pero lo que sí hacemos es disfrutar del magnífico paisaje que hay en la carretera.

Dos kilómetros antes de llegar a la entrada de la caverna, me fijo que en la carretera hay un cartel que indica Auberg Konglo, restaurant&hotel 1500m.

Cogemos un camino de tierra y piedras, que hace que Maruxiña se arrepienta de mi decisión de habernos introducido en él, pero que cuando llegamos al lugar donde se encuentra el restaurante, se le ilumine la cara y disfrute de este día más que de ninguno de los que ha estado en Laos.

Nos encontramos en uno de los parajes más bellos y salvajes de todo Laos, es un pequeño hotel, situado en el interior de la selva, y al lado del río Nam Himboun.

LA COCINA DE INSECTOS

En este pequeño paraíso, los únicos huéspedes que tienen, son un grupo de franceses, que trabajan para la televisión francesa, y se encuentran haciendo un reportaje sobre los insectos que comen los laosianos, que poco a poco se van introduciendo en la cocina occidental, y que además de ser toda una novedad, son pura proteína.

Pero lo realmente auténtico de este lugar, no es el espectáculo natural que lo rodea, ni la maravillosa cocina que disfrutamos viendo el paso del río, sino las gentes que viven al lado, ya que se encuentra emplazado en mitad de la jungla, y ellos viven de ella, sin luz agua, y haciéndolo todo como hace 100 años.

Después de la sopa de pescado, y ensalada de lo mismo, Maruxiña y yo precavidos los dos, ya que salimos de nuestro hotel con los bañadores, decidimos darnos un chapuzón en el río, y pasar al menos una hora, en compañía de unas niñas que se encuentran realizando la colada en él. Éstas al ver a mi compañera en  bikini, se escandalizan, ya que en este país las mujeres se bañan con una especie de pareo que les cubre el cuerpo.

LAS LANCHAS BOMBA

Después de haber pasado una de las mejores tardes en este país, regresamos a nuestro hotel, parando en el camino, a hacer alguna foto a las curiosidades que nos encontramos, como las lanchas bomba. Estas se llaman así, no por que vayan muy rápido, o por que exploten, sino porque son bombas de la guerra que no explotaron y sus habitantes, las han aprovechado cortándolas por la mitad a lo largo, para hacer embarcaciones.

A la mañana siguiente, nos despedimos con sabor agridulce del lugar que hemos ocupado por tres días, porque, ¿quién se resiste a alejarse del paraíso?, mientras subo la montaña que hay a la salida del pueblo, en dirección Lak Sao, pienso para mí que este lugar y sus alrededores de belleza sublime, pueden fácilmente atrapar al viajero, y hacer que pierda la noción del tiempo, y quede atrapado para siempre por la belleza y el encanto de sus gentes.

No me extraña, que el dueño del hotel, nos dijera que jamás en su vida ha pensado el abandonar este lugar, y que el simple hecho de salir por un par de días de este entorno, por necesidades médicas o laborales, hace que nada más salir piense solo en volver, a mi me pasa lo mismo.

HACIA LA RUTA  S8, NOSTALGIA DEL CAFÉ

En esta jornada, de solo transición, ya que nos espera un camino agotador por la ruta S8, según las guías la mejor de todo el país para hacer en moto, llegamos a Lak Sao, a tan solo 35 km, de Vietnam, algo que aprovecho, para recordar en un café cercano a nuestro hotel el sabor del café vietnamita.

Nada más se puede añadir a esta población, que al ser de paso, cuenta con varios hoteles, todos ellos sin internet, varios medios de transporte de cuatro ruedas, y gentes de diversos lugares, como ya he dicho nada de lo que merezca la pena reseñar.

Por la mañana, habiendo cambiado la rueda trasera de mi moto por tan solo 7 euros, cogemos la ruta S8, después de 10 km. de intervalos de asfalto y tierra, esta acaba siendo sólo tierra, un camino de cabras. A los 20 km. paramos en una aldea, y nos pensamos si proseguir o darnos la vuelta, ya que aún no hemos llegado al punto de no retorno. Con la cabeza fría, y dándole vueltas por media hora, decidimos no continuar, y darnos la vuelta, ya que el camino se hace cada vez mas intransitable, y es casi imposible el avanzar dos personas cargadas con dos mochilas, en una moto que en absoluto es la adecuada para este tipo de caminos. A veces para avanzar es necesario retroceder, pienso mientras regresamos para convencerme a mí mismo.

DE NUEVO EN EL PARAÍSO

Volvemos al paraíso que dos días antes habíamos abandonados, en el camino Ong Cool Woman In A Black Dress, en mi mp3, hace que la retirada no me suene demasiado a frustración, junto con el magnífico festín de comida y la merecida siesta posterior, ya que el cansancio, es bastante obvio en nuestros cuerpos después de tantos kilómetros.

En el sur de Laos, la temporada húmeda comienza en junio, pues bien tal y como si de una cita ineludible se tratase, después de siete días que hemos estado sin ver una sola tormenta, a las doce de la noche en punto, del día 1 de junio, comienza a llover.

Por la mañana nos levantamos temprano con la intención de llegar hasta Takhek, a 180 km. al sur, vemos como la lluvia no ha parado, sino que a cada momento arrecia, desayunamos, y hacemos nuestros equipajes, con la incertidumbre de seguir camino o no, y pensando que al final estaremos atrapados en el paraíso.

Maruxiña, a la que no le gusta la lluvia en absoluto, se resiste a marchar, mientras que le digo que parece mentira, que siendo gallega no esté acostumbrada a la lluvia, un poco molesta, me vuelve a soltar una de sus frases lapidarias aderezada con su acento gallego,”Soy gallega, pero tuve buena vida”.

LA RUTA 13

Mientras atravesamos pueblos, puentes y montañas, pienso en las ocasiones en que Maruxiña me suelta perlas tales como la que dejo caer en Bangkok cuando llegamos y vimos personas de todas las nacionalidades, entonces muy cándidamente Maruxiña me mira y me dice “Hay que ver que en el mundo hay gente de todo el mundo”.

Cogemos por fin a la magnífica ruta 13 que recorre Laos desde Vientiane hasta Camboya,  donde la lluvia nos da un descanso, y nos deja proseguir.

Llegamos a la hora de comer a Thakhek, después de almorzar una estupenda sopa, recorremos la ciudad, en busca de hotel, comprobamos que desgraciadamente, no son los precios de los lugares que hemos dejado atrás. Aun así, conseguimos hospedarnos, en un hotel vietnamita, que se encuentra a orillas del Mekong, que tuvo tiempos mejores, pero que dispone de restaurante y puticlub camuflado en salón de masajes como opciones de ocio al viajero. El nombre del hotel como no podía ser otro es Mekong Hotel, Setthathilat str. Las habitaciones, son enormes, y disponen de aire acondicionado, pero sin duda lo mejor que ofrece el hotel son las vistas, ya que desde su cuarta planta, se puede ver todo el Mekong a su paso por la ciudad, y Tailandia al otro lado.

ENORME MERCADO

Thakhek, es una ciudad pequeña, con un enorme mercado, ya que la gente de las poblaciones cercanas se abastecen en él. Pero sin duda el mayor atractivo que tiene la ciudad a mi modo de entender, es pasear por sus calles llenas con la sombra con la que obsequian sus árboles de flores rojas, parar en alguno de los puestos de batidos de frutas que hay en la ribera del río, contemplar quizás una de las mejores puestas de sol que tiene el Mekong, bajo la atenta mirada de sus viejas casas post colonialistas francesas, impertérritas al paso del tiempo.

Toda una buena experiencia, que merece que el viajero pare en esta ciudad, que pocos turistas conocen, ya que la mayoría que paran aquí, lo hace como base para visitar algunas cuevas que hay en los alrededores de esta bella señora llamada Thakhek.

Por la mañana, sobre las cinco de la mañana, me despiertan dos gallos, que me parecen estar confabulados con el gallo de Matilde la vecina de mi pueblo.

Al ser imposible el continuar durmiendo, salgo de la habitación, dejando a mi compañera dormir a pierna suelta, y dándole en esta ocasión descanso de mis ronquidos.

Me dirijo al gran mercado de esta ciudad, y compruebo, cómo a poco van despertando los diferentes comercios que hay en él. Y cómo los puestos de carne, son iluminados por los primeros rayos de sol que sobresalen de las montañas que se encuentran al este, y de cómo en los puestos donde preparan los platos del día, llenan el ambiente de humo, haciendo que las imágenes se puedan oler.

Continuo mi recorrido, viendo cómo los más veteranos, van montando los comercios, mientras los más jóvenes en estos lares, aun se encuentran intentando arrancar minutos al tiempo, para permanecer un poco más, sólo un minuto más por favor, parecen decirle a sus padres con la mirada, mientras estos los arengan, para que los ayuden.

JÓVENES Y HONRADOS MECÁNICOS

Después de comprar unos batidos, para desayunar, me dirijo a dar una vuelta por la ciudad, y compruebo como en algún barrio, se realiza la ceremonia del recorrido de los monjes budistas, y veo como esto no es concesión única de Luang Praban, además exenta de turistas.

Posteriormente, busco un taller donde cambiarle el aceite a mi moto, es la vez que hace 12, pienso para mí, mientras un chico de unos 10 años le cambia con avidez el aceite, y su hermano de tan sólo 6, desmonta con una pericia de un mecánico experto un carburador y lo limpia, los dos viven con su familia de 6 miembros en una sucia caseta de madera, a orillas del Mekong. Ninguno de los dos va a la escuela, tiene dos hermanos más pequeños, duermen todos, junto con sus padres en una cama, que se ve ubicada en el mismo espacio del taller, sin embargo sólo cobran lo justo por hacerme el arreglo 2,50 euros con el aceite incluido.

Salimos de la ciudad, y nos dirigimos a Savannakhet, ciudad situada a 130 kilómetros al sur de Thakhek. La lluvia de momento se ve pero solo en la lejanía, poco a poco vamos escapando de ella, hasta llegar a nuestro destino.

EN EL BARRIO FRANCÉS

Savannakhet, es una ciudad conocida en este país, por dos cosas, la primera por sus casinos, la llaman Las Vegas de Laos (nada que ver ni con los juegos reunidos Geiper), y la segunda por que tiene un puente que cruza el Mekong, y sirve a transportistas, y sólo a éstos, para pasar de Laos a Tailandia, y viceversa.

Para mi merece mucho mas la pena, su barrio francés, donde aun se puede saborear el aire colonial que tuvo esta ciudad en otra época, o degustar en uno de sus restaurantes situados en la ribera del río, una estupenda fundé o parrilla de carne.

El lugar más apropiado para hospedarse, a pesar de que en la Lonely Planet lo desaconseje, es Savanbanhao Hotel, situado en Senna/Suthanu Rd., unas habitaciones que van desde 7 a 10,2 euros, con un buen desayuno incluido, lo que hace que sea muy rentable. Además el encargado del mismo, que se llama Mr. Kong Phet, es de una amabilidad exquisita, sus habitaciones, dispensan todo lo que el viajero necesita para un buen descanso, y con mucha tranquilidad, además está situado en el barrio antiguo, y cerca de lo único que le puede interesar al visitante, además de sus tres pequeños casinos, el museo de dinosaurios, pero que el visitante no se lleve a engaños, ya que no vale en absoluto la pena.

DIOSA LLUVIA

Por la mañana, proseguimos camino al sur, esta vez nos dirigimos a Pakse, la segunda ciudad más grande del país, pero por su lejanía, tenemos que hacer parada unos 65 kilómetros antes, ya que al día siguiente continuamos, pasando de largo Pakse, a la que visitaremos con posterioridad, y dirigiéndonos al este, hacia las dos provincias más naturales y salvajes de este país, Sekong y Attapeu, las dos menos visitadas por turistas.

Al salir de la ciudad, la lluvia amenaza, y escuchando en mi mp3 “Dios de la Lluvia” de El último de la fila, en mis pensamientos, intento hacer un pacto con ese mismo Dios que nos pueda dar un salvoconducto, hasta llegar a nuestro destino. Poco a poco nos vamos acercando, llegando a lugares donde la lluvia ha pasado, o donde aún está por pasar, y así hasta el final de trayecto.

Paramos en un pequeño pueblo de carretera, llamado NaPong, que nada tiene que ofrecer salvo sus carnes asadas, y su rico arroz semi cocido al vapor, por lo que es jornada de transición.

DIOS CIELO

Por la mañana, continuamos camino, en la carretera, descubrimos estampas de la vida diaria de los laosianos, de los medios de transporte habituales, y de un encanto más que este país tiene para ofrecer, su cielo. Sé que esto puede sonar un tanto extraño al lector, pero en muy pocas ocasiones he podido disfrutar de el panorama que ahora disfrutábamos nosotros, un cielo limpio, sin polución, acentuado aun más por las nubes que son amas y señoras de él en la temporada húmeda, así de esta manera llegamos a Pakse.  Es una ciudad, con un aeropuerto comparable al de la capital, y con diversos servicios propios de una ciudad, incluso un consulado de Tailandia.

EN LOS CAFETALES

Cambiamos la dirección sur, por este, y vamos subiendo la meseta de Bolaven, donde se cultiva el mejor café de Laos.

Paramos en Pakxong, donde en un principio no teníamos pensado quedarnos, pero en la carretera hemos ido viendo varios desvíos que conducían a cascadas,

Posteriormente, paramos, en algo que al principio nos parece un espejismo, en el pequeño pueblo, hay un café, con wifi, no nos lo pensamos dos veces, y paramos para consultar el correo, mientras degusto un exquisito café, del que llevaba una eternidad sin saber nada de él. Al abrir el correo, recibo un más que agradable sorpresa, Yani, la ibicenca, después de haber leído mi última crónica de Laos, le ha dado un taravitazo, y ha decidido venir a hacernos una visita: en tan sólo dos semanas, nos encontraremos con ella.

Llevados por el exceso de cafeína en mi cuerpo, y de teína en el de Maruxiña, decidimos quedarnos en el pueblo, por al menos dos días, ya que estamos un poco harto de haber deambulado en los últimos tres días, por tres lugares diferentes, y porque creemos que el lugar vale la pena. Pero este pueblo, aun nos tiene preparada otra sorpresa: cuando preguntamos al dueño del café, un holandés, que está en este lugar por tres años, dónde nos podemos hospedar, nos recomienda un hotel, que está casi a la salida del pueblo, nos dice que es muy bonito, y que vayamos de su parte,

-”Decid que vais de parte de Mr. Coffe”, nos dice, mientras arrancamos nuestra moto, y nos dirigimos a él. Tomamos el camino indicado, y después de una subida, encontramos un gran hotel, con unas estupendas habitaciones, y unas vistas de lo mejor, y efectivamente, las habitaciones, valen 9 euros, y al decir que vamos de su parte, nos cobran solo 7.

La dirección es: Hotel Phu Thevada, Ban Bang Liang, Khum Nong nKieng Kham, en Paksong.

Las habitaciones muy confortables, y muy limpias, el restaurante un poco caro, por lo que aconsejamos a los clientes, que para realizar las comidas vayan al pueblo, donde les saldrá por la mitad de precio.

CAFÉ CON CHURROS

Pasamos la tarde relajándonos, en este segundo paraíso, que además cuenta con dos perros, que hacen las delicias de mi compañera, y con un paisaje de bella estampa. Ambos tenemos el mismo pensamiento, es fácil dejarse llevar por la belleza del lugar, y quedarse en él por un largo periodo de tiempo, como hizo en su día Mr. Coffe.

Por la mañana, nos levantamos decididos a ver los alrededores de Paksong, pero el tiempo no quiere que comencemos pronto, ya que cae lluvia. Nos dirigimos al pueblo, y en una tienda justo enfrente de Mr. Coffe, desayunamos un buen café, y unos churros vietnamitas, algo que no había visto desde que abandoné este país. Reposamos el desayuno, viendo en la carretera el quehacer diario de los habitantes de este pueblo, hasta que escampa.

EN LAS CASCADAS

Posteriormente, nos dirigimos a visitar las numerosas cascadas que se encuentran a las afueras de la población. La primera que decidimos ver, es la que se encuentra en el km. 40 de la carretera, de Pakse a Paksong, cogemos por un cruce de la misma, en la que un cartel ya indica que se encuentra a tan sólo 800 m. Al coger el camino, y ante la reciente lluvia, que lo ha dejado resbaladizo, Maruxiña decide bajarse de la moto, y quedarse en un bar cercano, yo por mi parte prosigo camino, aunque entiendo la decisión de mi compañera. Llego a un aparcamiento, donde pago mi entrada y la de mi moto 0,7 euros, luego dejo mi moto en el aparcamiento, donde se encuentran también varios restaurantes. Bajo una empinada y resbaladiza escalera, y el ruido del agua, ya se mezcla con el de la jungla, por fin llego a un claro, y ahí veo una espectacular cascada, con un salto de unos 100 metros, es una maravilla que el viajero no debe de perderse.

Luego subo en donde el agua de la cascada cae al vacio, compruebo que cerca hay una Guest House, donde quien quiera puede pasar la noche. Justo a 10 metros de la caída, me encuentro a un chico que se lava los dientes en el río, y le pido que me haga una foto justo en la caída del agua. Salgo del lugar aun maravillado, y busco a Maruxiña que me espera tomando un refresco, en la tienda de una mujer, que se encuentra separando los granos del café, para sembrarlos, le cuento mi experiencia, y le enseño las fotos.

SEGUNDAS CASCADAS

Posteriormente nos dirigimos a las cascadas que se encuentran en el km. 35, estas están situadas al lado de un hotel con casitas, no son tan espectaculares como las anteriores, ya que la caída es de tan solo 50 metros, pero sin embargo sí lo es el baño que me doy en el lago formado por la cascada en su caída. Debo de decir, que pocas cosas he vivido tan placenteras en mi vida, como el flotar en el agua viendo como un chorro de cientos de litros cae a tu alrededor, en un entorno de naturaleza salvaje, y lo mejor de todo, en completa soledad, tan solo con Maruxiña, y la naturaleza como compañía.

LA MEJOR SOPA

Regresamos de nuevo a la carretera, y en el km. 36.5 paramos en un pequeño restaurante, que se encuentra en el margen derecho dirección Paksong, justo antes de otro cruce que hay para ver otras cataratas. Doy tantos datos, porque en este lugar atendido por una atractiva laosiana, hemos comido la mejor sopa de este país, y además hace uno de los mejores cafés con hielo al estilo laosiano que probamos, todo por tan sólo 2 euros las dos personas.

Regresamos al hotel y pasamos la tarde vagando, y hablando con la familia, algo que ya se ha convertido en cotidiano los fines de semana, y que ellos esperan supongo con agrado, ya que intercambiamos vivencias, y hechos pasados a lo largo de la semana.

DE NUEVO BAJO LA LLUVIA

Al día siguiente continuamos camino, después de un café, y con un cielo que está indeciso de si decantarse por lluvia o sol, decimos adiós a Paksong. Pasamos por enormes cafetales, y recorremos la meseta de Bolaven, al ritmo que nos marca la somnolienta y sugerente voz de Fiona Apple en “Across the universo”, con dirección a Attapeu.

De repente, como si el salvoconducto que el Dios de la lluvia nos otorgo, hubiera caducado, la madre naturaleza, deja caer todo el agua que anteriormente esquivamos.

Conseguimos refugiarnos bajo una especie de cobertizo que atraviesa la carretera, y que sirve de control policial a camioneros, y que en ese momento se encuentra abandonado.

Vemos como diversas gentes se refugian también y después de un rato de descanso, continúan camino, bajo una de las lluvias más intensas que he vivido. Intercambiamos con los visitantes esporádicos del refugio, miradas y gestos, ya que ninguno habla inglés, alguno nos ofrece alguna fruta, para compartirla, otros viajan con sus hijos de corta edad en la moto, y algún soldado que se encuentra de permiso, carga con la maleta, sin destino definido. Todo ello haría la base para un buen guión de cine independiente, pienso, mientras fotografío el juego de unos niños en la cercanía de su casa, que han sido dejados por sus padres, mientras ellos han ido a trabajar.

Vuelvo a comprobar lo que en otras ocasiones: he visto en los laosianos, que sin tener riquezas, ni posesiones, disfrutan con tan sólo lo que la vida les ha dado, y que con una lluvia torrencial, y un balón desinflado, disfrutan como si en sus manos tuvieran el mayor tesoro del mundo.

CINCO EUROS EN RADIOS NUEVOS

Cuando deja de diluviar, y solo llueve, emprendemos de nuevo camino, media hora después de abandonar la meseta, la lluvia cesa, pero no los problemas, debido al peso que lleva sufriendo la rueda trasera de mi pobre moto, los radios de esta se rompen, y tenemos que parar, a que sean reparados. Un trabajo largo, que acaba dos horas después, y con un precio de 5 euros, pagados a un mecánico vietnamita, que no cesa de decirnos, mientras le vamos dejando los billetes en su mano, lo bueno que es Vietnam, y lo malo que es Laos, pienso para mí, que es la misma cantinela de todos los inmigrantes.

Una hora después por fin llegamos a Attapeu, lejos de encontrarnos una ciudad en medio de la nada, y bastante atrasada, nos encontramos una ciudad, que está en construcción, ya que están levitando varios edificios gubernamentales, e incluso un gran parque. También están poniendo la red de alcantarillado, y aunque los turistas brillan por su ausencia, tiene varios hoteles, incluso uno de ellos con internet, donde decidimos alojarnos, y donde está completo, o al menos eso nos dicen al ver nuestro aspecto, por lo que debemos de marchar a otro que se encuentra a las afueras, muy limpio, económico, y el dueño habla bien ingles. Su dirección es Guest House Attopeur, 16 B Nasay Thong Street, habitaciones con aire acondicionado 7, 20 euros, habitaciones con ventilador, 5,40 euros.

SINDA: CARNE Y VERDURA A LA BRASA

Además, justo en frente tiene un restaurante de nombre Food Garden, donde no hablan ni una palabra de inglés, pero tiene una comida exquisita, tanto como el servicio que dispensan. Precisamente en este restaurante cenamos, un plato típico laosiano, que no viene reseñado en ninguna guía, de nombre Sinda, es como suena al pronunciarse, de gran placer en el paladar. Es parecido a la fondue vietnamita, pero con la diferencia, que el centro de la fuente donde se cocina, esta abombada, y con agujeros, por donde sale el calor del carbón que hay debajo, y donde se hace a la brasa la carne, y en el lateral se cuecen las hojas de verdura, por lo que este plato recoge lo mejor de la comida laosiana en uno solo, parrillada, y sopa, todo para dos personas con cuatro bebidas 6 euros, propina incluida.

Por la mañana, salimos del hotel, y atravesamos Attapeu, y nos dirigimos dirección Vietnam, a 15 km, de la ciudad, y a 100 de Vietnam, nos desviamos al norte, y cogemos una carretera de asfalto nuevo, nos introducimos en aldeas, donde sus gentes al vernos pasar nos saludan sorprendidos de ver a dos extranjeros por estas tierras.

Cuando llegamos a un pueblo unos 20 km después, quedamos atónitos, al ver en un parque como monumento, un misil de construcción norcoreano, y custodiado por los mejores guardias que he visto en mi vida, una piara de cabras, algo realmente surrealista, y que sólo puede suceder en Laos.

Posteriormente, nos sentamos en un bar de la aldea, y contemplamos la vida tranquila de la misma, y el juego de los hijos de los dueños del bar donde nos encontramos, es una vida de lo más contemplativa que existe, en la que el reloj es un absurdo, y el tiempo, sólo se mide por las horas de sol y oscuridad.

Regresamos al hotel, y conversamos con el dueño, por toda la tarde, en compañía de la lluvia, que cae al atardecer, hasta que llega la hora de cenar, y marchamos a comer lo mismo que el día anterior Sinda.

HOTEL JUNTO AL EMBARCADERO

Por la mañana salimos sin prisas, ya que la jornada de camino es muy corta, la mitad que lo habitual, sólo debemos de llegar a Sekong, capital de la provincia del mismo nombre, que tan solo dista 70 km.

A media mañana llegamos, buscamos hotel, y nos alojamos en uno que se encuentra justo al lado del embarcadero desde donde se cruza el río Xe Kong.

Maruxiña decide quedarse en el hotel, mientras yo voy a buscar la mayor cascada que tiene Laos, Nam Tok Katamtok, que se encuentra en la selva más remota de este país, y por caminos, de difícil tránsito cuando llueve.

Me dirijo otra vez sentido sur, deshaciendo el camino que media hora entes hemos hecho, a 31 km, en un cruce que solo indica Paksong, por un camino de tierra, giro a la derecha, y empiezo la aventura.

Cuando llevo recorridos tan solo 5 km. comienza a llover, y hace que me alegre que Maruxiña se haya quedado en el hotel, ya que mi moto en más de una ocasión patina, e intenta cruzarse en el camino. Decido parar en lo que no es una aldea, sino un poblado, sus gentes muy sorprendidas, enseguida me rodean, y me curiosean de arriba hasta abajo, incluso me piden que les deje escuchar la música de mi mp3.

Escampa 20 minutos después, y aunque el cielo amenaza con una fuerte tromba de agua, decido continuar camino, pues es una oportunidad única, y ya que viajo solo, es mucho más fácil el poder manejar mi moto en el barro.

Paso por tres pequeños puentes, en los que hay carteles que anuncian del peligro de desbordamiento cuando llueve, y 16 km. después de haber cogido el camino de tierra, el sonido del agua me indica que he llegado.

EN LA CASCADA IMPOSIBLE

Me desvío por un camino de piedras a la izquierda, y a unos 25 m. me encuentro en un pequeño mirador, cercado con dos cañas de bambú, como aviso del peligro que hay detrás. Veo entonces, lo más precioso que he visto hasta el momento: una cascada con un salto de al menos 125 m. Me quedo boquiabierto, y emocionado, ante la belleza del paisaje, en plena selva, en mitad de la nada esta maravilla ausente de turistas, hoteles, o tienda alguna de suvenir, y como única banda sonora los habitantes de la selva, que rivalizan con el estruendo del agua al caer al vacío.

Intento plasmar con mi cámara, desde lo alto del mirador la belleza de lo que yo estoy viendo, algo imposible, no puedo ni llegar ni a una milésima parte de lo que se ve, por lo que intento bajar por los acantilados que hay alrededor.

Salto las cañas y comienzo a descender, hasta que en el cielo, el segundo trueno de aviso de una gran tormenta, hace que me pare en seco, sé que si comienza a llover, de la manera que la naturaleza me avisa, lo voy a pasar mal. Me encuentro en mitad de la selva, a 17 km. de cualquier aldea con comunicación, y bajando por unas rocas, que nada más comenzar a llover, se llenaran de torrentes de agua, haciendo casi imposible de nuevo el ascenso hasta donde esta mi moto. Lleno de una responsabilidad ilógica en mí, doy vuelta y comienzo a ascender de nuevo el camino bajado, llegando hasta mi moto, junto con las primeras gotas de lluvia, y abandonando el lugar, cuando en el suelo ya hay charcos. Cuando comienzo mi camino de regreso, pienso para mí que quizás este lugar no quiera desvelar toda su belleza, nada más que a aquellos que deciden hacer el camino que lleva hasta el. También ruego al destino, algo que se que será imposible, que este maravilloso lugar quede como está ahora, impertérrito al paso del tiempo, y fuera del alcance de toda tienda de suvenir, restaurante y hotel, ya que solo así, conservará la hermosura que ahora guarda.

Cuando llego por fin a la carretera asfaltada, igual que si de una broma del destino se tratara, deja de llover, miro atrás, y veo las nubes negras que ya están en lo más profundo del lugar que acabo de abandonar. Tengo la sensación, que la madre naturaleza, me ha dado una sola oportunidad, de llegar a este lugar, para luego hacerme marchar, y que a los lectores de mi blog, solo pueda enseñarles unas pobres imágenes que en absoluto hacen justicia del lugar de donde acabo de salir.

Posteriormente, en la carretera de regreso a Sekong, varios carteles en diferentes cruces, indican también la existencia de otras cataratas, que decido ir a ver, pero en la que todas palidecen si se compara con la maravilla que acabo de ver.

¿ULTIMOS LAGARTOS?

Regreso al hotel, donde le cuento lo que acabo de ver a mi compañera, y posteriormente, marchamos a comer, y luego al mercado, donde las etnias van a vender los productos que han arrancado a la naturaleza. Hay desde vegetales hasta lagartos, que hacen que me entristezca cuando los veo, ya que hay unos vivos, al lado de otros que están descuartizados, señalándoles el destino que les espera a estos últimos. Pero quien se atreve a decirles a unas gentes que llevan haciendo esto toda la vida, y forma parte de su cultura, que dejen de hacerlo, que al final no tendrán nada que cazar, cuando los mayores culpables de que no tengan nada que cazar sea el mundo que llamamos civilizado.

Finalizo mis penúltimas crónicas de Laos, desde la terraza del restaurante del hotel, viendo el ir y venir de las barcazas cruzando el río con coches y camiones, mientras al lado juegan niños en las aguas del Se Kong.

En estas casi dos semanas, he podido disfrutar de la mayor belleza que he visto en mi vida, sin duda alguna el sur de Laos es de lo más bello y virgen que queda en el planeta, amenazado por la creciente tala, y por el paso imparable del progreso.

Sea como fuere y a falta de mi última crónica de este país, del que me queda por ver la ciudad de Pakse, y las cuatro mil islas, lo más famoso y visitado de él, llegando hasta la frontera con Camboya, creo que el visitante quedará siempre marcado después de haber pasado una temporada en Laos, ya que lo visto y vivido, junto con la amabilidad y sonrisa de sus gentes, hacen que piense que el día que alguien imaginó  el paraíso, en cierta manera pensó en Laos.

Nota para los taravitazos-

He recibido notificación de que hay gente que ha tenido problemas para colgar algún comentario en el blog, por lo que dejo mi email, tarramplin@hotmail.con , y mi nombre en facebook, Antonio Jesús García López, a fin de recibirlos personalmente. Un saludo a todos, y animaros a escribir, que ahora no tenéis excusa que valga.

 

Laos (I)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

 

AÑO NUEVO, AGUA DE COLORES

En el penúltimo día de la celebración del año nuevo, nos damos cuenta, que es la tercera vez en cuatro meses que celebramos un año nuevo, en esta ocasión entramos en el año 2554, del año budista. Decidimos hacer un recorrido en moto por la capital de Laos.

Comprobamos desde el primer momento, la festividad de este día en sus gentes, ya que al pasar al lado de los numerosos grupos de personas de todas las edades, que se disponen en diferentes lugares de la ciudad, arrojan agua, y agua con diferentes tintes, a todos los vehículos, y peatones, que pasan a su lado.

Esta tradición, significa, que el que arroja agua, desea suerte para el año venidero, y el que acaba chorreando, debe de dar las gracias, ya que de lo contrario tendrá mala suerte en el año que comienza.

Media hora después, estamos los dos empapados por completo, algo que en absoluto nos importa, sino todo lo contrario, agradecemos debido al calor intenso que hace.IMPOSIBLE SECARPonemos rumbo a la rivera del Mekong, pero la que está más alejada del barrio turístico, donde hay dispuestos a todo lo largo de la rivera, puestos de diversas carnes a la parrilla, y diferentes alimentos.

Escogemos pollo, y un par de bebidas, y comprobamos lo de siempre, que en cuanto el viajero se aleja de los lugares frecuentados por extranjeros, los precios se reducen considerablemente, ya que nos cuesta la comida un total de 1,5 euros por persona.Posteriormente regresamos a nuestro hotel, para cambiarnos de ropa, pero al llegar a su puerta, vemos como los trabajadores han dispuesto diversos cubos de agua, y con otros más pequeños, van arrojándole a los viandantes, además de agua tintada de diversos colores, por lo que no tardamos en unirnos a ellos, hasta el anochecer.En el día siguiente, los festejos continúan, las gentes llevan a los templos ofrendas, y todos echan agua sobre las representaciones en piedra que hay de los budas en los altares, luego conversan con los monjes y solicitan los favores y gracias para el año venidero.Nosotros, sorteamos a todos los que nos intentan mojar, ya que llevamos nuestras mochilas y no queremos que se nos mojen camino del aeropuerto.

EN BANGKOK

Sobre las 4 de la tarde llegamos a Bangkok, y lo primero de lo que nos damos cuenta nada más pisar el aeropuerto, es la gran diferencia que vamos a ver entre este país, y el que hemos abandonado, ya que el aeropuerto y sus instalaciones, nada tiene que envidiar a las de cualquier aeropuerto de un país avanzado.Lo segundo, es que los festejos del año nuevo continúan en este país, ya que se celebran a la vez en los dos países.Llegamos a nuestro hotel desde el aeropuerto en un autobús (3 euros), situado en el barrio de Silom, famoso por dos cosas, la primera es que por la mañana es uno de los centros financieros de la ciudad, y la segunda, es que por la noche, en sus calles se instala un mercadillo, de ropa, relojes, y prostitución, algo digno de contemplar.

Dejamos nuestras mochilas, y salimos a la calle, a contemplar la celebración del año nuevo, cuando nos introducimos en la avenida donde se encuentra el epicentro de la celebración, nos quedamos atónitos. Ya que en mitad del cruce principal de la calle, se encuentra un camión de bomberos, que con sus mangueras, va regando a todos los que se encuentran en mitad de la calle, y éstos, cada vez que reciben un manguerazo de agua, quedan extasiados, y los viandantes a su vez, unos a otros se manchan la cara con escayola fresca, ya que es tradición, el desearse unos a otros buena suerte para el año venidero de esta forma.

OTRA VEZ EMPAPADOS, ADIÓS TECNOLOGÍA

Todas mis pertenencias, quedan totalmente empapadas, igual que si me hubieran arrojado a una piscina, mi cámara de fotos, sufre las consecuencias al día siguiente, y mi cámara de video inmediatamente, ya que deja de funcionar. Mi hermana, decide que la multitud que se encuentra en el lugar, unas veinte mil personas, y la constante lluvia artificial, nos son para ella, por lo que regresa junto con Maruxiña al hotel. Yo por mi parte me quedo en el lugar, para disfrutarlo, ya que soy de los que piensan  De perdidos al río”, ya que estoy empapado, al igual que mis pertenencias, y disfruto enormemente del ambiente que hay en la calle, y pienso que es sólo una vez al año, aunque en este año lleve ya tres fines de año seguidos.

Cuando mi hermana y Maruxiña marchan, decido intentar montarme en el camión de bomberos, y éstos al verme, me animan a subirme, pero mojándome constantemente, y al final consigo llegar arriba, y me pongo con ellos a mojar a toda la gente que hay en la calle.Una hora después, nos vamos a buscar comida y bebida, decido invitarlos, pero ellos no me dejan, y me hacen una introducción en el barrio, que tenemos pensado al día siguiente explorarlo.

El aire que se respira en las calles aledañas de donde nos encontramos, es de festividad, mezclado con los numerosos locales de prostitución, las Ladyboys, las prostitutas, y los gais que se encuentran a la puerta de los locales, invitando a todos los viandantes a pasar a su interior.

PLAN: CAMBIO DE BARRIO

Finalizado el recorrido por los supermercados abiertos 24 horas  y finalizada la comida comprada en los mismos, decido poner punto final a la velada, y regreso de nuevo al hotel, compruebo entonces que mi hermana y Maruxiña, se encuentran aun despiertas comentando las incidencias del día. Planeamos lo que será la jornada siguiente, donde tenemos en mente,  cambiarnos de barrio, para ir al más antiguo de la ciudad, por lo que tenemos que reservar hotel, y aprovechar el último día en Silom, donde intentaremos ver el mercadillo nocturno, famoso en toda la ciudad.

Por la mañana, somos testigos de la resaca que vive la ciudad del día anterior, en el metro, solo hay turistas, los ciudadanos de Bangkok, se encuentran de resaca, y esto hace que veamos una ciudad muy tranquila y relajada, y podamos recorrerla sin estrés. Averiguamos donde está la embajada de España, algo realmente difícil, su dirección, a quien pueda interesar 193/98-99 Lake Rajada office Complex, 23 rd. Floor, Ratchadapisek Road, Klongtoey, Bangkok. Cambiamos dinero, y reservamos habitación en el barrio antiguo, cerca de Kaosam Road, zona plagada de hoteles, y Guest House, para mochileros, por lo que encontramos un alojamiento más barato que en el que estábamos de la zona de Silom.

También podemos comprobar, que internet en todos los hoteles, se paga aparte, que las llamadas telefónicas, son más caras que en los otros dos países donde hemos estado, y que a cada 50 metros hay un 7 Eleven, donde constantemente nos aprovisionamos de bebida, para no caer deshidratados, ya que el calor es sofocante.

EL MERCADO NOCTURNO

Reservado el hotel, volvemos a nuestro barrio, nos aseamos de nuevo, ya que en cinco minutos en la calle, uno acaba totalmente empapado de sudor, y descansamos para por la noche salir a cenar, y explorar el mercado.Por la noche recorremos el mercado nocturno de la zona, donde prostíbulos, Ladyboys, y chaperos, se mezclan con relojes y prendas de vestir falsificadas en plena calle. Después de deambular buen rato por todas las calles, marchamos a cenar, y posteriormente, nos vamos al hotel, ya que al día siguiente, cambiamos de hotel, y tenemos que realojarnos de nuevo.Aquí, termina lo que sería esta crónica sobre Bangkok, ya que en el mes que me quedo en la ciudad, se dedica a realizar compras para Maruxiña, que marcha a España, y en las tres semanas posteriores, las dedico a realizar gestiones en la embajada, y visita al dentista.Algo que creo que poco o nada tiene interés para el lector, pero de lo que si saco experiencia sobre esta ciudad, de la que he decidido dejar constancia en el Taravitazo.

Zonas de la ciudadLas zonas por las que interesa moverse al visitante, son Silom, Kaosam Road, Lumpini, y Sukumbit, Silom es la zona de negocios, junto con Sukumbit, convirtiéndose por la noche en lo que es toda la ciudad: un hervidero de putas y chaperos, a excepción de Kaosam Road, que es la zona antigua y de mochileros en la ciudad, donde la prostitución también está presente, pero en menor grado. Lumpini, está situado justo al lado de Silom, y es una zona donde me he hospedado la mayor parte del mes.

Es la zona donde suelen hospedarse los extranjeros que deciden pasar largas temporadas en la ciudad, se puede encontrar un buen hotel, en régimen de alquiler de habitación por meses a 150 euros. El único atractivo que tiene la zona, es su parque con sus gigantescos lagartos en libertad, y uno de los dos ring de boxeo tailandés de la ciudad.

Lugares donde realizar las compras.- Sin duda depende de lo que el viajero quiera llevarse de este país, depende de a donde debe de dirigirse. Para las prendas de ropa de marcas (todas falsas pero de buena calidad), se debe de ir al centro comercial MBK, para las prendas más alternativas, y de buena calidad, que no son imitación, Pratunam Market, y Chatuchac (este solo abre sábados y domingos), Chatuchac, es muy aconsejable el visitarlo a primera hora de la mañana, ya que es un mercado al aire libre, y se sufre las inclemencias del calor y lluvia.Para comprar electrónica Ya de antemano os digo que en absoluto vale la pena, por lo que no se debe de desesperar el visitante, cuando encuentre teléfonos, ordenadores etc. más caros que en España.

Solo lon que es copia, un servidor encontro el Iphone 5, que en teoria saldra a la venta en Septiembre, por tan solo 50 euros, pero ya sabeis de sobra que lo barato, al final sale caro. Para comprar piedras preciosasHay varios lugares donde los tuc tuc te llevan gratis, ya que ellos se llevan comisión por llevar a los turistas, y en estos lugares, varía según la temporada el precio de las piedras, pero sin duda alguna el que es más competitivo es Gem Production Co.,Ltd. 99 Soi Kasaemsun 3 Phathumwan Wangmai. Transportes.- El taxi es lo más cómodo para moverse por la ciudad, pero para esto el visitante debe de tener paciencia, lo que sale más a cuenta es el taxímetro, algo que debe de insistir para que se lo pongan antes de montarse, ya que siempre quieren estafar al viajero.

Los tuc tuc Los recomiendo para hacer un tour por los templos y el palacio, no se debe de pagar más de 1 euro, en total para que te lleven a estos lugares, eso sí, sin olvidar de pagar al final, ya que de lo contrario no esperarán a que salgas del primer lugar, sino que se habrán marchado.También se puede ir en el Skai tren, en metro o en barco, éste último muy recomendable, y a un precio de 33 céntimos el trayecto.Para trayectos largos por el país, recomiendo el tren, muy cómodo, sobre todo si se viaja de noche, y muy barato. En la estación de tren en Bangkok, el personal que trabaja es de una amabilidad exquisita, muy recomendable.Comida.

La comida en Tailandia es muy buena, pero que quede claro, aquí todo lleva picante, si además se le dice que uno la quiere con picante, corre el riesgo de no poderla comer. La pastelería es bastante variada, y tiene muchas pastas de hoja de barquillo y merengue, todo un paladar. Recomiendo a los más osados que prueben los insectos que se venden en los puestos callejeros, algo que este servidor hizo, y de lo que tengo una grata experiencia. Tienen sabor a gambas, ya que te los sirven fritos, solo hay que tener dos precauciones, la primera cuando comes escarabajos con alas (de lo más sabroso), quitarles las alas, ya que el sabor de estas es malo e incomodo de poder masticar y tragar, al igual que con las patas de los saltamontes y escorpiones, solo se debe de comer la parte que pega al cuerpo, ya que el final de estas, se mete entre los dientes, y luego cuesta de sacar. Ocio.

En Bangkok se tiene una diversidad de ocio que va desde los bares con música en directo y putas, a bares con música en directo y putas, pasando a bares con tan solo putas. A este servidor, fiel defensor siempre del oficio más antiguo del mundo, y que fui a ver por fin en compañía de un catalán, mi hermana y Maruxiña los bares Q, ya contado en la crónica de Saigón. En un principio le suscitaba curiosidad, el ver en las calles de Sukumbit y de Silom la marabunta de todo tipo de comercio carnal que abundaba, incluso en Nana plaza, algo parecido a un centro comercial de prostitución, y prostíbulos de 10 pisos de alto.

Lo que ocurre, es que cuando te encuentras en la ciudad por más de tres días, tienes que convivir con todo tipo de depravados, y ves en la misma calle escenas que harían vomitar a cualquier persona que tenga un mínimo de conciencia. Ves como la necesidad de las personas las obliga a realizar cosas de las que otros se aprovechan, y que detrás de cada persona que se prostituye hay una historia de dolor y desesperación.

Por lo que al poco tiempo de estar en esta ciudad, decidí no salir por las noches, para evitar el terminar en alguna disputa con algún putero sin conciencia. Deportes.- El deporte nacional es sin duda el Taiboxing, y en la ciudad abundan gimnasios donde se practica este deporte, e incluso hay muchos extranjeros que lo dejan todo, para venir a este país a practicar este deporte por un año.Yo tuve la suerte de conocer a un chileno, que me explicó todo sobre este deporte, y me invitó a su gimnasio para hacer fotos, toda una buena experiencia.

Asistir a los combates, es algo más peliagudo, ya que lo primero es que combaten también niños, por lo que no es muy agradable de ver, y lo segundo que las buenas entradas cuestan  50 euros, por lo que aconsejo que si se va a viajar al norte, a Changmai, se vean allí, que cuesta una cuarta parte.Sanidad.- Tailandia cuenta con una extraordinaria sanidad privada, barata, y excelentes profesionales, hay clínicas de lujo, a donde vienen personas de todos los lugares del mundo a operarse de cirugía estética, y dentista.

Como prueba un servidor, los implantes que me he hecho en la boca, en España me salían tres veces más caros, por lo que depende de lo que te vayas a hacer te compensa el viajar a este país.Visitas obligadas en Bangkok.- Lo que más vale la pena de visitar en Bangkok, son dos templos que se encuentran en la ribera del río, y el palacio real. Como experiencia diré al que pretenda visitar el palacio (9 euros), que no se deje engañar por los numerosos guías falsos que hay en las diversas puertas de este. Id a la puerta principal, donde para entrar, si vas en bermudas y tirantes, dejas una fianza, para que te den ropa adecuada para su visita, y a la vuelta te devuelven el dinero al entregar la ropa.

Sinceramente para mí, es lo que más vale la pena de Bangkok, junto con la espectacular vista que tiene el templo de Wat Alum. Tailandeses.- Los tailandeses, son gentes muy amables, menos la mayoría de los taxistas, que siempre quieren engañarte. Sus mujeres son muy exóticas lo que no quiere decir guapas, sino diferentes. El problema de los tailandeses, y a esta conclusión he llegado junto con Ayen, un canario que vive en Bangkok desde hace casi un año y que ha sido mi cicerone por la ciudad,  y es que no les interesa aprender, y son bastantes cortos, es muy difícil que se interesen por mejorar sus vidas, simplemente creen fielmente que la ignorancia da la felicidad, algo que a veces yo también pienso.

La mayoría de construcciones, empresas inversiones, y servicios están en manos de corporaciones extranjeras.La mayoría es de religión budista, y esto se nota en cada momento que uno pasa con un tailandés, ya que siempre está haciendo reverencias a un altar ubicado en la calle, o comprando algún objeto religioso que le proteja y ayude en su día a día. Y hasta aquí llegan mis conocimientos sobre la cultura Tailandesa, algo que espero que se acrecente en mi próxima visita a este país que será a finales o una vez pasado el verano, y donde espero disfrutar mucho más que en esta ocasión, ya que el mes pasado en Bangkok, ha sido hasta el momento la peor experiencia vivida en mi viaje.

 

 

III, 2ª parte DE NUEVO EN LAOS

Entramos de nuevo en Laos desde Tailandia, en la mañana del 19 de Mayo, por la frontera de Chiang Khong, situada al noroeste del país, y donde hace de frontera natural el río Mekong.Nos acompañan Marcela y Martina, dos argentinas que hemos conocido en el autobús que nos llevaba a la frontera, se encuentran por dos meses, visitando el sudeste asiático. Cuando llegamos a Houei Xai, localidad, pequeña que da la bienvenida a Laos a la mayoría de los viajeros que visitan Laos desde Tailandia, vemos que este pequeño pueblo, vive precisamente de eso, de los viajeros que pasan de un lado a otro. Cogemos un barco que ya teníamos contratado desde Tailandia, que nos deja en Luang Prabang, y vamos navegando Mekong abajo, con primera etapa en Pak Beng.

El paisaje es sublime, a excepción de algún claro de selva que ha dejado la mano del hombre, para el cultivo de aldeanos, el resto es selva y pequeñas aldeas que salpican el recorrido del Mekong, a lo largo de Laos. Después de seis horas de camino, donde Maruxiña y yo continuamos cambiando impresiones del viaje de ella a España y donde ha quedado sorprendida de que Roberto, amigo de la infancia, se haya convertido en un taravitazoadicto, y al que emplazo como siempre a que deje comentarios en el blog.

Llegamos a Pak Beng, el amarradero, está repleto de trabajadores de los diversos Guest House, que hay en el pueblo, que ofertan sus estancias y comidas a todo el que pone pie en tierra firme.Después de escoger entre unas y otras ofertas, las argentinas y nosotros, decidimos ir a uno que se encuentra muy cerca del embarcadero, por 4 euros habitación doble, limpia con baño en el interior, Pak Beng Guest House, con un encargado muy amable, y solícito.

CURIOSA FORMA DE VIDA

Después de una buena ducha, desde el balcón del segundo piso, echando de menos un pitillo, llevo ya tres semanas sin fumar, observo como poco a poco el Monzón ya es una compañía diaria que acojo con agrado, pues es un descanso del intenso calor que reina a lo largo del día.Cuando Maruxiña termina de arreglarse, salimos a dar una vuelta al pueblo, y comprobamos que éste tiene unos 200 habitantes, posteriormente por información del encargado del hotel, los habitantes del pueblo en su mayoría, viven de los viajeros que hacen noche en los hoteles y comen en sus restaurantes, el resto vive de la tala de los bosques, la pesca en el río, y de los pocos frutos que recolectan del campo.Pak Beng, se encuentra casi en medio de la nada, y si no fuera porque desde hace poco tiempo, es el pueblo donde hay que hacer parada obligatoria, para ir desde la frontera con Tailandia hasta Luang Prabang, o viceversa, sería sólo una aldea como otras tantas que se encuentran en el precioso recorrido del río.

El paisaje que hay en el pueblo, es de los más hermosos que hasta el momento he disfrutado en Laos, ya que el Mekong serpentea, por su costado, mientras este asciende por las montanas y se introduce en la selva, haciendo que los cafés que se encuentran en el costado del rio, tengan unas vistas tales que el viajero quede tentado de quedarse un día más, solo para deleitarlas como se merecen con tranquilidad y sin prisas.

En la mañana siguiente, Maruxiña se encuentra con una indisposición estomacal, por lo que decidimos quedarnos un día más en lo que para mí es algo cercano al paraíso, y lo que para ella es más cercano al purgatorio, ya que el hotel carece de aire acondicionado, y el pueblo sufre cortes de electricidad de 8 horas.

SIN ELECTRICIDAD

Nos despedimos de Marcela y Martina, y quedamos en vernos en Luang Prabang, y me quedo en el restaurante del hotel, deleitando un magnifico desayuno, con la banda sonora de la tranquilidad de una aldea, la cual después de haberse sacudido a todos los viajeros que ya han partido, tal como si de un perro se sacude las pulgas, comienza a coger su ritmo cotidiano. El ir y venir de los trabajadores del río, el de los hoteles y restaurantes, reponiendo sus productos, para  que cuando lleguen en la tarde los barcos con turistas, esté todo en su sitio. El trasiego constante de los niños que van o vienen del colegio con sus uniformes, entrando en sus casas, y 1 minuto después salir sin ellos como si estos les dieran urticaria, para jugar con los amigos. Maruxiña por su parte, baja hasta el restaurante, para intentar ser acariciada por alguna brisa que corra por la calle, ya que el ventilador no funciona por falta de electricidad, la intento vanamente reconfortar, pero está claro que a excepción del aire acondicionado, o que se encontrara mejor, solo cabe esperar.

A la mañana siguiente, Maruxiña ya comienza a bromear conmigo, señal de que lo peor ha pasado, por lo que cogemos un barco de los que van a Luang Prabang, y comprobamos con alegría que el billete que llevábamos del día anterior, nos sirve, ya que en el barco tienen un descontrol bastante grande de los viajeros, y a los Laosianos todos los extranjeros les parecen iguales, por lo que todas las caras les suenan.

Llegamos a Luang Prabang sobre las cinco de la tarde, después de orientarnos, cogemos un Tuc Tuc, que nos deja en la puerta del hotel. Hemos elegido una guest house, en la que anteriormente estuvo mi hermana María. Su nombre es Rattana Guest House, se encuentra en una de las calles céntricas de la población, que va desde la calle principal al río, en Koksack St., N` 4/2, Ban What That, Luang Prabang, habitación doble, limpia, baño interior, aire acondicionado, wifi gratis, y una amabilidad exquisita la de la familia que lo regenta, todo por tan solo 8,92 euros la noche.

DE NUEVO EN EL MERCADO NOCTURNO

Después de asearnos, salimos a dar una vuelta, y comprobamos, que el mercado nocturno, es todas las noches, pero primero decidimos cenar.Estando en estas, escuchamos algo sobre españoles, y al levantar la cabeza, nos encontramos con nuestras amigas Marcela y Martina, las argentinas, que en esta ocasión vienen acompañadas de un chico chileno.Nos alegramos ambas partes del reencuentro, y decidimos cenar juntos, en una de las calles adyacentes al mercado, en la que sólo hay puestos de comida.

Después de la cena, salimos a ver el mercado, algo que como ya dije en la crónica anterior, vale mucho la pena, quizás es uno de los mercados artesanos más buenos que he visto en mi vida, y del que el visitante no debe de perderse su visita, si quiere llevarse un buen recuerdo de esta ciudad.

Posteriormente, marchamos a tomar una cerveza a uno de los pubs de esta localidad, de nombre ”Utopía”, y que vale la pena, ya que se encuentra justo en lo alto de una colina, rozando la ribera del río, y en el interior de un jardín. El entorno, y la compañía hace que estemos en el local hasta la hora de cierre, que no es muy tardía, en esta ciudad, la mayoría de locales cierra a las 23’30 h.

Quedamos todos a la mañana siguiente, a las cinco y media de la mañana, para despedirnos, y para ver la ceremonia diaria de los monjes, que en fila india, deambulan por las calles de la ciudad, para recibir comida por parte de sus gentes.A las cinco de la mañana, me levanto, y salgo de la habitación, donde Maruxiña se queda con la pena en el alma de que su Depor el año que viene, se las tendrá que jugar con mi querido Córdoba en segunda división.

Salgo a hurtadillas del hotel, intentando no despertar a sus empleados que aún duermen.

POESÍA PURA

En la calle, me encuentro la hora del día que más me gusta, esa en la que las farolas de la calle aun se disputan en duelo la hegemonía de la luz, contra los primeros rayos del sol, donde las gentes que andan por las calles, aún están pensando si están despiertos, o continúan deambulando por el mundo de Morfeo, donde las calles del mercado, poco a poco se van llenando de puestos, y productos, que en el día anterior fueron arrancados a la naturaleza, o no pudieron ser vendidos a última hora, donde el saborear un café a esas horas, puede llegar a confundir el sentimiento de placer con necesidad, donde todo está en silencio, y de vez en cuando, un sonido, una voz, un vehículo que pasa, anuncia que paulatinamente la ciudad va despertando.

LAS OFRENDAS A LOS MONJES

Me encuentro a varias personas, que tienen dispuestos ya en las aceras de las calles sus lugares, para que cuando los monjes pasen, puedan darles sus ofrendas, incluso me invitan a sentarme con ellos, y acompañarlos en su espera.Yo por mi parte deambulo por las calles de lo que es el mercado diurno, y contemplo como mero espectador, el trasiego que ya hay en estas calles, el montar puestos, y llenarlos de productos, y el ir y venir de los clientes más madrugadores.

Mientras, de las argentinas y el chileno, ni rastro, pienso para mí, que la tentación de una cama, se ha impuesto, al tener que abandonar el sueño placentero en el que se está justo antes de tener que despertar.

Cuando doblo una esquina, me encuentro con los monjes, que en silencio, van recorriendo las calles de la ciudad, y parándose en los lugares donde la gente los espera, les hace una reverencia, y les entregan desde arroz, a plátanos, caramelos, y todo aquello que se pueda comer, ya que es la única ayuda que reciben estos monjes, para poder continuar con su vida espiritual.

Posteriormente, recorro parte de la peregrinación con ellos, y compruebo que hay varios turistas, que se encuentran levantados, para inmortalizar esta ceremonia diaria, la cual se está convirtiendo en una atracción para turistas, e incluso me encuentro con alguno, ataviado con la ropa tradicional, y que también realiza esta ofrenda a los monjes.

Momento perfecto, para visitar los templos de la ciudad, que están vacíos de turistas y de la mayoría de los monjes, ya que todos se encuentran en la calle. Regreso al hotel un poco contrariado por lo vivido, y habiéndome despedido mentalmente de nuestros amigos, a los que les deseo buena suerte, y a los que ya les prometí que les haría una visita cuando me encontrara en Argentina.

EN LAS CASCADAS

Poco después Maruxiña y yo, salimos de nuevo del hotel, y decidimos, ver lo más interesante de los alrededores de la ciudad, sus cascadas. En el cruce de calles donde se encuentra la oficina postal, y la oficina de turismo, es donde se encuentran la parada de Tuc Tuc, para que a uno no le engañen, no debe tener jamás prisa por ir a este lugar, ya que la oferta de los conductores de estos vehículos, es amplia, pero no honesta.

Mi recomendación es hacer lo que hicimos nosotros, esperar sosegadamente en la parada a que se acercaran más turistas, y cuando ya teníamos el número completo para llenar un tuc tuc (8 ó 9 personas), entonces regatear el precio, el resultado es pasar de 90000 kips que nos pedían por persona a 25000 kips (2,15 euros al cambio actual).Las cascadas se encuentran a 30 kilómetros de la ciudad, se tarda aproximadamente 40 minutos en llegar, una vez en el parquin de éstas, el conductor espera a las personas de dos a tres horas, tiempo más que suficiente, para visitarlas, junto a una reserva de osos, y otra de tigres, ésta ultima tiene una entrada aparte de la de las cascadas. Pagamos los 1,80 euros de la entrada, y en primer lugar visitamos la reserva de osos negros de Laos, que son recogidos y rescatados del comercio ilegal, y es una especie en vías de extinción.

En este lugar se les cuida y se les intenta reinsertar de nuevo en su hábitat.Posteriormente, accedemos a un conjunto de 8 cascadas en total, en cuyos pies se conforman lagos de aguas cristalinas, y donde el visitante se puede relajar y refrescar tomando un baño. Permanecemos en el lugar hasta poco antes de irnos, ya que es un entorno idílico en mitad de la selva, y estos momentos hay que degustarlos con toda la tranquilidad que se merece.

Finalizada la visita y casi el día, volvemos en el tuc tuc a la ciudad, acompañados de dos coreanos, que entre el traqueteo del vehículo, y los constantes vaivenes que tiene que realizar el conductor para sortear los numerosos baches, son capaces de dormir haciendo equilibrios, algo que a Maruxiña y a mí nos entretiene en todo el trayecto de regreso.

Una vez en la ciudad, y después de una ducha, salimos a comprar los billetes para ir a Phonsavan, nos sorprendemos cuando a la hora de reservar, comprobamos que una furgoneta van (10euros), sale más económico que el autobús (10,5 euros), por lo que nos decantamos por el primer transporte.Luego recorremos por última vez las calles de esta localidad, su mercado nocturno, el trasiego de sus vendedores, y de los puestos de comida y batidos, mañana salimos temprano, y poco tiempo tenemos de hacer nada más, solo despedirnos de esta preciosa y tranquila ciudad, patrimonio de la Unesco.

EN PHOSAVANH

Por la mañana, después de un desayuno, salimos hacia la estación de autobuses, donde cogemos un mini van, que nos lleva hacia Phonsavanh, la distancia es de 250 km. y tardamos unas 7 horas. El transporte va al completo, con 11 personas incluyendo el conductor, lo que hace que vayamos un poco apretados, pero es mucho más rápido que el viajar en autobús.Una vez que llegamos a la ciudad, escogemos el hotel que ya habíamos tenido con anterioridad, en mi opinión el más rentable de toda la ciudad, se llama White Orchid Guest House.

Esta situado en frente de la estación de mini van, en la ciudad, hay tres estaciones, dos de bus y una de mini van, dejo el teléfono al carecer de dirección (85661)312403, si llamas te recogen del aeropuerto o desde las estaciones de bus, el precio va desde 7,5 euros la habitación económica (la que nosotros escogimos), a 12,5 la suite, y lo más importante el desayuno está incluido, por lo que el ahorro es importante.

Descansamos ese día en la ciudad, y preparamos lo que será el día siguiente, visita a los lugares más interesantes.Al haber estado ya en la ciudad con anterioridad, hace que seamos perros viejos en esto, por lo que realizamos la visita a los lugares de la forma más rentable, y cómoda, esto es, dejando a un  lado las numerosas ofertas de los guías que se ofrecen por las agencias y por las calles. Siendo la opción más barata de estas, la de 15 euros por persona la visita guiada al yacimiento numero 1 de las jarras (el que más jarras tiene y el más cercano a la ciudad), y posterior copa de whisky de Laos.

CUIDADO CON LAS BOMBAS

Nosotros decidimos lo que a posteriori resulta lo mejor, alquilar una moto por 6,3 euros, ir primero a sacar el billete de autobús a la estación, para ese mismo día por la noche marchar a Vientiane (11,8 euros), ya que Phonsavanh se puede visitar en un solo día, y esto hace que nos ahorremos cada uno 4,5 euros por billete, continuar y ver el yacimiento de las jarras número 1, y luego explorar los alrededores de la ciudad, y alguna aldea adyacente.

 

Cuando llegamos al yacimiento, nos recibe a la entrada un cartel informativo, el cual nos alerta que no nos salgamos del camino marcado, ya que corremos peligro de encontrarnos con alguna bomba que no estalló. No en vano Laos es el país más bombardeado de toda la historia, y esto se hace patente al ver en la ciudad una oficina que se dedica a desactivar los artefactos encontrados, y de los numerosos todo terreno que llevan el slogan en sus puertas que se dedican a esto.

Pero aun hoy en día el 40 % de las víctimas son niños que jugando encuentra estos artefactos, e intentan jugar con ellos.Cuando accedemos a la llanura, vemos como en pequeños grupos de 20 a 30, se encuentran las jarras. Estas como bien dije en la primera crónica de Laos, se calculan que tienen unos 2.000 años, y actualmente hay varias teorías, ninguna demostrada de la función de las mismas, sarcófagos, silos de alimentos, o como vasijas para fermentar vino de arroz, sea como fuere, es muy curiosa cuando menos la visita a estas llanuras.

Finalizada la visita, nos dirigimos a visitar las aldeas cercanas, y comprobamos una vez más lo pobre que es este país, y las condiciones de vida de sus habitantes, el 80 % de sus habitantes, viven en pueblos y aldeas, pero lo que sí me sorprende  sobremanera, es que a pesar de sus casas de tablones de madera y techos de lata, lo que no falta en ninguna casa es una gran antena parabólica, que les tenga conectados al mundo. En el camino, también comprobamos en primera persona, dos hechos, el primero el transporte de grandes árboles talados, con destino a los países cercanos, y el segundo, la desactivación de un artefacto explosivo, de la que huimos por si las moscas.

BOMBAS POR CUCHARAS

Continuamos en dirección a Muang Khoun, pequeña población que se encuentra a 30 kilómetros de Phonsavanh, y antigua capital de Xieng Khuang, intensamente bombardeada en la segunda guerra de Indochina, de la que no queda nada antiguo en pie, ya que el palacio está en ruinas, y a la que hemos decidido ir a comer, y para alejarnos un poco de la zona turística, para saborear la vida cotidiana de los laosianos.

Llegamos a la población, en la que sus habitantes ya nos reciben con curiosidad, sobre todo lo que hacemos o decimos, es obvio que a esta pequeña población no llegan demasiados turistas.Comemos en uno de los restaurantes, un estofado típico de laos con cerdo y vegetales, y el arroz que más me gusta, es el típico de este país, semi cocido al vapor en cestos de bambú, y algo más duro que el resto de arroces. La manera en que los laosianos lo comen es con las manos haciendo bolas, y mojándolo en las distintas salsas y acompañamientos.

Finalizada la comida, y ante la proximidad de la visita diaria del monzón, pero de una manera más recia que de costumbre, regresamos a Phonsavanh, para tomar café.Lo hacemos justo a tiempo, y como habíamos predicho, el cielo se abre y deja caer toda el agua que hay en sus cúmulos. Paramos en un local que curiosamente se llama cráter, se encuentra justo en frente de la oficina de información al visitante sobre los artefactos que aun se encuentran sin explotar en el lugar.

Además, en la terraza del local se encuentran varios artefactos de gran tamaño desactivados, de los pocos que se han salvado de su reciclaje en cucharas que es a los que se destinan todos los que pueden ser desactivados.

Además de este atractivo, el local cuenta con una buena carta de comida, y con wifi gratis, como reseña de su ubicación, decir que está en la calle principal de la población, cerca de la oficina de correos.

MUSICA ALTA Y MUCHO FRÍO

Pasada la tarde, nos dirigimos a la estación de autobuses, con la suficiente antelación como para ver el trasiego de viajeros, mercancías y vehículos del lugar. Contemplamos, como bajan una moto del portaequipajes de un autobús, el quehacer diario de las gentes que tiene sus negocios al lado de  la estación, y que en el autobús que viajamos sólo hay una pareja más de extranjeros, por lo que deducimos, que viajaremos de manera diferente.

Al iniciar el trayecto, ya comprobamos que el autobús (VIP), es de primera, porque te dan una botella pequeña de agua, el aire acondicionado, hace pensar que estamos en lo más crudo del invierno castellano, y el volumen de la música en una discoteca de Ibiza.El autobús cada hora y media para en mitad de la carretera, para que sus pasajeros vayan al servicio, o lo que es lo mismo la cuneta de la carretera, que es poblada a cada parada por una marabunta de mujeres y hombres que evacuan líquidos unos al lado de los otros, sin pudor alguno.

Once horas después llegamos a Vientiane, algo cansados, ya que ha sido casi imposible el dormir en el transporte, debido a que ni el aire acondicionado ni la música ha disminuido su potencia, ni aunque en reiteradas ocasiones se le haya insinuado al encargado de estos dos extras. Pero lo que es muy contradictorio, es la cara de felicidad, que el resto de viajeros Laosianos tienen por ir con el frío y la música alta como compañeros de viaje.

ADIÓS CASCOS

Llegamos por fin a nuestro hotel en Vientiane, para recoger nuestra moto, con nuestros cascos, donde nos encontramos con una pequeña sorpresa, uno de los empleados se ha marchado con el dinero de la recaudación de una semana. El dueño del hotel, un poco avergonzado, se disculpa, y se ofrece a compensarnos por la pérdida de los cascos.

Nos ofrece 20 euros por cada uno, por lo que se merece que su hotel sea reseñado en esta crónica, Hotel Mixok, telf. 021251606, habitaciones dobles por 8 euros con ventilador y 11 con aire acondicionado. Pero no sería  objetivo, si no os dijera, que justo en la esquina de enfrente, se encuentra el hotel Paradiso, con el mismo precio de habitaciones, y con el desayuno incluido.

Los 20 euros que nos ha dado por casco robado se traducen a dos cascos bastante peores de los que adquirimos, ya que en Laos las cosas son más caras que en Vietnam. Pero nos conformamos, ya que en absoluto son responsables de lo que ha sucedido. Esto nos da también la oportunidad de conocer el mercado de día de la ciudad, algo que el visitante no debe de dejar de visitar. El mercado está dividido en dos, uno más moderno, donde se encuentra los artículos textiles, telefonía móvil y una casa de cambio, pero lo verdaderamente interesante es la parte antigua, ya que el viajero puede encontrar antigüedades y otros artículos que se venden por nuevos, y en nuestro país, serian obsoletos, como transformadores de electricidad de 125w a 220w, radios no digitales, e incluso radiocasetes de cintas, toda una experiencia y un salto atrás en el tiempo.

Al día siguiente continuamos camino hacia el sur, por lo que esta jornada, la última en la capital, ha sido de descanso y avituallamiento.Creo que Vientiane es la única capital de un país, que echaré de menos, ya que es como un pueblo pequeño, con tranquilas y limpias avenidas, con un arco del triunfo, construido con el cemento dejado por japoneses durante la invasión en la segunda guerra mundial, y que en un principio estaba destinado a construir una pista de aterrizaje en el aeropuerto, fiel reflejo esto del carácter de los laosianos.

Vientiane es una pequeña ciudad donde se puede encontrar de todo, con magníficos templos, y una gran curiosidad, que siempre me ha llamado la atención, creo que es la única o de las pocas capitales del mundo que hace frontera con otro país.

Sea como fuere, siempre echaré de menos a esta tranquila y apacible ciudad, donde la primera vez que llegué, me dejó boquiabierto, la segunda, disfruté de un magnifico atardecer en compañía de un buen amigo, y mi compañera de viaje, la tercera vez disfrute de uno de los mejore finales de año que he tenido en mi vida, y esta última, siendo siempre fiel a mis despedidas de manera efímera y exenta de sentimentalismos.

Hasta siempre Vientiane.

Por la mañana, proseguimos camino, Van Morrison suena en mi mp3 con sus mejores versos, y hace que olvide toda nostalgia que pueda albergar en la despedida de Vientiane.  Viajo de nuevo en mi moto, haciendo que disfrute cada kilómetro de la carretera semi desierta, que nos lleva a nuestro próximo destino que se encuentra a 150 km. y de nombre Paksan.Como ya es habitual, las carreteras principales de Laos, están muy bien asfaltadas, y con poco tráfico, lo que hace que se disfrute enormemente el viaje.

Llegamos a Paksan en tres horas, habiendo parado a tomar un refrigerio, y a repostar combustible. Esta ciudad, en sí no tiene nada, ya que es sólo una ciudad de paso, es el tramo más cercano entre Vietnam y Tailandia, lo que la hace ser punto estratégico de comercio, pero no de turismo. Nosotros pensamos lo de siempre, que ya somos expertos, en arrancarle a esos lugares que no tiene a primera vista nada que ofrecer al visitante ese secreto que todos los lugares guardan, y que todos tienen, peros sólo perceptibles a aquellos que se empecinan en buscarlo.

BUENA GENTE

Nos alojamos casualmente en un hotel, que ha sido construido con fondos vietnamitas, de nombre Monnyshokxay (8,9 euros habitación doble con baño interior, AA., wifi, y aparcamiento),  se encuentra casi a la salida del pueblo, y a primera vista nos trae recuerdos de Vietnam, ya que ofrece Pho, y Com (sopa y arroz vietnamita), pero que luego comprobamos que es un puticlub, donde viven putas y chaperos vietnamitas, algo que en absoluto nos incomoda a ninguno de los dos.Por la tarde salimos a explorar el pueblo, y es lo que hasta ahora hemos constatado siempre, y es que los lugares exentos de turistas, puede ser que no ofrezcan unos maravillosos paisajes, o monumentos, pero sin embargo, tienen un magnifico tesoro que ofrecer, sus gentes.

Paramos en una terraza, junto al Mekong, donde la dueña nos recibe con alegría, y nos ofrece una mesa con vistas a Tailandia. Un poco más atrás confluye el río Nam San con el Mekong, y en la confluencia hay varios restaurantes, de buena comida, y que harán las delicias del viajero.

Posteriormente continuamos con la inspección a la zona, viendo la vida cotidiana de sus gentes, el juego de los niños en las calles, la llegada de los hombres del trabajo a sus casas, siendo recibidos por sus hijos, un partido de fútbol en un campo con hierba, pero con jugadores sin botas. No tardamos en hacer amistad en el mercado con un chico que se nos acerca a entablar conversación, su nombre es Viengxay. Es estudiante de inglés, y tiene pretensiones de estudiar filología inglesa, el problema, es que para ahorrar 150 euros, que es lo que le vale un año en la universidad, debe de trabajar dos años en el puesto que tiene en el mercado del pueblo.

Quedamos con él a cenar, ya que nos parece un buen chico, y con un inglés lo suficientemente bueno, como para que podamos tener una buena conversación. A las ocho de la tarde, entramos en uno de los restaurantes que se encuentra en la confluencia de los ríos, y Viengxay, pide Sopa de pescado del Mekong, pescado con verduras salteadas, y arroz frito, todo ello delicioso, algo que ya constatamos anteriormente, que la comida de Laos, es mucho más buena que la de los demás países visitados hasta el momento.

Bajo la luz de los farolillos, y como acompañantes el Mekong, Laos y Tailandia, pasamos una velada muy enriquecedora, en la que nuestro invitado, nos cuenta alguna de las costumbres de su país. Nos sorprendemos cuando nos explica que las chicas en Laos, deben de llevar la falda tradicional cuando van a trabajar a una oficina, al templo, o entran en algún edificio gubernamental, ya que lo contrario está muy mal visto.

También nos sorprende cuando nos dice que la capital Vientiane, no le gusta demasiado, porque es muy grande, tiene demasiada gente, y es ruidosa, que él prefiere ir a pescar tranquilamente, y disfrutar de la vida en el campo.

Finalizada la velada, nos despedimos de nuestro amigo, y marchamos al hotel. Al día siguiente continuamos camino, acompañando al Mekong que 500 kilómetros más abajo se introduce en tierras camboyanas, algo que será la tónica que marcara la próxima semana. Tendremos como acompañantes al oeste el Mekong y Tailandia, al este las montañas y junglas más salvajes de Laos, a nuestras espaldas, el norte del país y la pequeña Vientiane, y al sur la dirección a la que nos dirigimos, lugares que aún nos quedan por conocer, pero que sin duda estos dos viajeros intentaran explorar, y llevarlos a casa de todos aquellos que decidan leernos.