Japón II

JAPON II

Kyushu y más Hokkaido

“Ésta es la génesis de cualquier historia. Un gran cambio. Una reflexión inesperada. En cuanto a la felicidad, sólo existe de un tipo, pero si hablamos de infortunios, los hay de mil tipos distintos. Tal como lo dijo Tolstoi, “la felicidad es una alegoría; la desdicha, una historia”
Haruki Murakami “Kafka en la orilla”.

En cierta forma, la parte de la historia de Japón que acercaré al lector en esta crónica, es la de mayor desdicha, vergüenza y humillación que este país infringió a otros países, e incluso a sus propios habitantes. También, es la historia de una derrota que paradójicamente, devolvió el sentido y el honor a su pueblo.

Sin embargo, es historia fundamental para entender el Japón actual.

 

ATERRIZANDO EN EL GÉLIDO NORTE DE JAPÓN

Aterrizo por segunda vez en Japón. En esta ocasión, mis pretensiones son las de recorrer al isla de Kyushu, la tercera isla más grande de Japón y permanecer en Hokkaido, la segunda más grande, despoblada, gélida y septentrional del país, durante el otoño e invierno.

Japón, tiene algo más de 3.000 km desde su punto más boreal en Hokkaido hasta el austral en la isla de Hateruma.

Esta distancia es mayor que la que dista Madrid de la capital de Islandia, Reikiavik.

Es por ello que el clima y la temperatura pueden ser muy diferentes desde el sur tropical al norte gélido donde se alcanzan los -35 grados centígrados.

Un factor muy a tener en cuenta si se pretende viajar por todo el país, o se pretende pasar todo un invierno como un servidor en el norte.

Cuando hace dos años visité en verano Hokkaido, ya me percaté que esa era una estación que no existía en esta gran isla. Ahora que llego a mediados de Octubre, nada más poner el pie fuera del aeropuerto de Sapporo, doy constancia que el invierno empezó hace tiempo y que lo que está por venir es el más crudo invierno.

Una ráfaga de gélido viento me entumece la espalda que solo vuelve a la normalidad con el beso de bienvenida de mi esposa.

Aunque al principio solo estaremos en Hokkaido algo más de dos semanas, y la nieve a mediados de Octubre no ha hecho presencia, la primera acción que debo realizar es comprarme ropa adecuada para el frío que ya es presente.

Unas botas katiuskas con forro polar interior, guantes para bajas temperaturas, un mono térmico, un gorro y una chaqueta larga, son los elementos que me van a acompañar durante toda mi estancia además de la ropa que ya llevo, junto con otras prendas interiores térmicas.

Sin embargo, conforme van pasando los días, mi cuerpo se va adaptando con gran rapidez al frío e incluso llego a soportar las temperaturas mejor que muchos locales. Así no tengo el más mínimo inconveniente en tomar mi café mañanero fumando un cigarro en pantalón corto fuera de la casa familiar Nakatsuka, ante la incrédula mirada de la familia.

 

UN CUMPLEAÑOS MUY ESPECIAL

En esas dos primeras semanas, de mi estancia en el noreste de Hokkaido, se celebra el 60 cumpleaños de la madre de Yokito San.

En Japón, son tres los cumpleaños que son de especial importancia que todos los familiares celebran juntos.

El primero, que significa la venida a este mundo, el vigésimo que es el comienzo de la edad adulta y el sexagésimo que significa la llegada a la madurez.

Además de estar toda la familia presente, en cada cumpleaños, se viste de una manera diferente.

En el primero a los bebés se les carga con un mochi (dulce típico de Japón) de 1 kg a su espalda y 1 kg delante en una mochila específica para ello.

Si la criatura que en esa época ya debe de andar sus primeros pasos, después de intentar andar una y otra vez con el peso y caerse, rompe a llorar, es un signo de buena suerte en su vida.

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A los 20 años, a las chicas se les compra uno de los kimonos con los que más tarde se hará una de las fotos de boda y que tendrá como vestido festivo a lo largo de su vida. A los chicos se les compra el Joba que es un tipo de Hakama (kimono japonés para hombres), con la misma funcionalidad que el de las chicas.

A los 60 años, tradicionalmente se le compra al/a la cumpleañer@ una chaqueta de color rojo, que normalmente es el color de la suerte, y en esta ocasión, además de sabiduría, sosiego y paciencia. Virtudes que en teoría la vida ya ha concedido por los años existidos y que harán que la persona comparta con el resto su experiencia y afronte con entereza el tiempo que está por venir.

Actualmente, se regala cualquier prenda de color rojo.

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GRANJERO, YERNO Y ESPOSO

La familia Nakatsuka al completo, para celebrar este día, toma habitaciones en un hotel a las orillas del lago Ajan, en el interior de Hokkaido. Allí, las primeras nieves ya se dejaron ver.

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El resto de la semana que permanecemos en Hokkaido, me dedico a ayudar a la familia en la granja, y hacer alguna que otra foto de los alrededores.

 

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A principios de noviembre, marchamos a la isla de Kyushu, para recorrerla durante un mes.

Llegamos a la capital, Fukuoka, que ya había visitado en mi anterior viaje junto con mi amiga Yoko.

Alquilamos un choche en la empresa de alquiler más barata de Japón, Gattsu Renta Car.

Los hoteles en Japón son bastante caros, es difícil encontrar una habitación por menos de 50 € la noche. Los trasportes, también, un trayecto de 300 km en la compañía más barata de autobuses es de no menos 40€ por persona.

De esta forma, nuestro presupuesto que fijamos en 1.000€ mensuales los dos para los países más caros, no se ajustaría.

Por eso decidimos practicar algo que en Japón es muy común y con lugares preparados para ello. Unir los dos hándicap, viajar y dormir en un solo gasto.

Las áreas de descanso en todo el país, están extremadamente bien preparadas para que los viajeros puedan descansar en sus vehículos y puedan acceder sin problema a servicios como baños, wifi gratis, máquinas expendedoras, enchufes o incluso en alguno encontramos onsen (baños de termas calientes) para los pies.

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Los Onsen es lo que buscamos a lo largo de todo nuestro viaje para ducharnos y asearnos.

Al ser una práctica muy común en todo el país, casi en cada población hay un Onsen y de precios muy asequibles, donde hay ofertas de todo tipo. Encontramos el más barato por 100 yenes en Onsen público y compartido (es lo general) hasta ofertas de 500 yenes para dos personas en Onsen privado.

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Para la comida, aunque llevábamos una cocina portátil, jamás la llegamos a utilizar. Los precios de la comida hecha en los supermercados en Japón, son móviles. Según van pasando las horas, los precios van disminuyendo porque se considera que la comida pierde calidad. De esta manera, dependiendo la hora en la que se visita el supermercado, hay símbolos que indican que el precio del producto está a la mitad.

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También hemos encontrado magníficos precios en los mercados de pescado, donde si se visita temprano, se pueden conseguir precios irrisorios. Una docena de ostras fresquísimas por 0,75 €.

En todas las tiendas de conveniencia, hay agua caliente gratuita, azúcar y dosis de leche. De esta manera si se va provisto de un termo y se compra café soluble en los supermercados, se podrá tomar café a un precio muy económico.

Mi cadena favorita para abastecerme gratuitamente de estos productos, no es otra que la empresa Texana 7Eleven. De esta manera, la deuda que tiene Estados Unidos conmigo, poco a poco se va reduciendo.

 

EN UN COCHE “DECENTE”

Así pues, nuestra decisión fue alquilar un coche pequeño, barato en consumo y alquiler (11€ diarios alquiler, y un consumo de 6 l. 100 km). Imprescindible que el interior fuera versátil y que los asientos al desplegarse y quitar los reposacabezas, se hicieran cama.

En un principio busque el Mazda Laputa, ya que por su nombre no era necesario apodarlo.

En Japón, hay nombres de modelos de coches que al pronunciarlos, a los japoneses les suena bien. Sin embargo en el idioma español significan algo grosero o poco indicado para el nombre de un producto. Esto hizo que hubiera ciertos modelos de vehículos japoneses, que al comercializarlos en países hispanos, tuvieran que cambiarle el nombre. Ejemplo de ello es el Mitsubishi Pajero, que en los países hispanos se llamo Montero. También se encuentran el Mazda Laputa, Nissan Moco etc.

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Sería como si los hispanos le pusiéramos Manko al modelo de un vehículo. Dudo que en Japón se llegara a comercializar, debido a su significado en japonés (coño).

Pues el Mazda Laputa no pudo ser, debido a que es un modelo ya antiguo y no se encuentra de alquiler. Sin embargo encontramos su sustituto actual, de igual tamaño y versatilidad, el Mazda Spiano, al que igualmente apode Laputa.

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CIRCULAR EN JAPÓN ES TENTADOR

El viajero antes de conducir por Japón ha de tener en cuenta, varias cosas.

La primera es que el límite de velocidad en el país es muy diferente al de otros países. Así en las vías urbanas es de 30 km/h, en las provinciales y nacionales de 50 km/h en las autovías de 60km/h y en las autopistas de pago de 80 km/h.

Hay también que tener en cuenta que en Japón la gran mayoría de conductores cumple a rajatabla las leyes de conducción por lo que por mucho que se pretenda, el tiempo que se acabara tardando para realizar un viaje de 100 km es aproximadamente de un mínimo de 2 horas.

Esto sería bueno para el consumo de combustible, pero en Japón, la generalidad de vehículos son automáticos, por lo que el consumo es mayor además de que hay que adaptarse a este hecho.

Casi todos los aparcamientos en las ciudades son de pago y caros.

Un buen truco es aparcar en los estacionamientos de Pachinko, Mc Donalds o centros comerciales que son gratuitos, y desde allí moverse andando o en transporte público para visitar las ciudades. De esta forma se ahorrarán bastantes yenes.

Yo como he reseñado, mis favoritos son aquellos que pertenecen a compañías estadounidenses, ya que tienen una deuda pendiente conmigo y mi obligación es sacarles todo el rendimiento posible.

Es recomendable llevar la propia música, pues algo que a mi particularmente me dejó sorprendido, es que incluso en grandes ciudades, la variedad de las emisoras de radio no pasa de cinco. La sintonización, mengua considerablemente cuando uno se aleja de las poblaciones.

El precio de la gasolina, varia hasta un 20%, según la gasolinera o día de la semana. Es por ello que es conveniente ir pendiente de los precios de la gasolina ofertados en los paneles

anunciadores de las gasolineras.
Salimos hacia Sasebo Yokito San, y un servidor a bordo de Laputa, con la intención de recorrer Kyushu.

 

DESDE SASEBO A LOS ALREDEDORES

Elegimos la ciudad de Sasebo, por tener un extra allí. La hermana de Yokito San, Ai vive en esa ciudad, y este lugar se encuentra en una situación perfecta, para explorar el noroeste de Kyushu.

Al día siguiente de llegar a Sasebo, decidimos dejar la visita a la ciudad y sus alrededores más próximos, para cuando hayamos realizado la vuelta de toda la isla de Kyushu.

Decidimos en un primer momento visitar los lugares a los que se puede ir de ida y vuelta en un solo día. Nuestro primer destino es la isla de Hirado a unos 20 kilómetros de la ciudad.

En el camino, vemos alguna fábrica de Sake y decidimos parar en una por pura suerte.

Allí nos emplazan para el día siguiente, pues hay que hacer reserva de un día con anterioridad.

Continuamos camino y llegamos a la isla que fue el primer lugar que Japón realizo comercio con un país extranjero, Holanda.

En la isla se pueden visitar diferentes casas tradicionales, templos y un castillo. También acercarse a la historia de la villa principal de mismo nombre que la isla. De cómo el mercadeo con los países extranjeros comenzó con Holanda, y los lugares donde se hacían.

De esta manera, Japón quedaba preservado de contaminación cultural extranjera hasta finales del siglo XIX.

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A las 10 en punto del día siguiente, tal y como nos habían emplazado, estamos en el 209 Emukaecho Nagasaka, puerta de la fábrica de Sake donde nos habían citado.

 

EN LA FÁBRICA DE SAKE IMPERIAL

Nos llevamos una muy grata sorpresa, pues sin saberlo, hemos elegido una de las fábricas de Sake más antiguas del país. Además, el dueño quien pertenece a la familia real, nos hace una visita privada tanto por la fábrica como por la casa museo donde el emperador cuando iba desde Hirado a Edo (Tokio) tenía por costumbre dormir.

Es muy recomendable la visita a esta fábrica y al palacete, pues a buen seguro el visitante quedara sorprendido de los secretos que guardan tanto el magnífico palacete como la fabricación del sake.

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Los nueve pasos en la elaboración del sake son:

-Pulido y molienda del arroz: También se conoce como Seimai y es un proceso donde se deja caer el arroz verticalmente entre dos piedras que giran en sentido contrario y lo muelen, extrayéndose el polvo no deseado. Mediante este proceso se consigue eliminar las proteínas y componentes que pueden producir la pérdida de sabores. Es importante realizar este proceso suavemente dado que este proceso aumenta la temperatura de los granos y esto puede hacer que pierdan sus capacidades para la absorción de agua, y además si los granos fragmentan no fermentarán correctamente.

-Lavado o empapado: Primero se lavan los granos para quitarles el polvo en un proceso denominado Senmai. Posteriormente se dejarán reposar con agua los granos de arroz para que se empapen.

-Cocción al vapor: Una vez el arroz ha absorbido un 30% de agua del recipiente, el arroz se coloca en un recipiente denominado Koshiki y se cuece, mediante el contacto del vapor con el arroz. Este recipiente solía ser de madera y el vapor llegaba por un agujero en la parte inferior.

-La producción del Kōji: Se denomina Koji al arroz cocido sobre el que se depositan esporas del Aspergillus Oryzae (Koji-kin), cultivándose un moho que segregará enzimas sobre los granos de arroz que convertirán el almidón en azúcar. El desarrollo de este proceso tiene una duración de 40 a 64 horas y aportará al sake sequedad, dulzura y aromas.

-Preparación del Shubo: Para que la levadura puede activarse se realiza un preparado con arroz cocido al vapor, agua, Koji, y levadura durante 2 ó 3 semanas, que permitirán la supervivencia de la levadura en el proceso de fermentación.

-Preparado del Moromi y Sandan Shikomi: En el tanque fermentador añadiremos un 30% de Koji y el resto de arroz cocido, obteniéndose el Moromi. Tras añadir el Shubo al Moromi comenzará el proceso de fermentación del sake. El Sandan Shikomi es un procedimiento para adherir los diferentes preparados por pasos que dura 4 días, el primer día se añade al Moromi el Shubo y se deja otro día para que la levadura se multiplique; el tercer día se añade el doble de Moromi y Koji y el cuarto día se añadirá el doble de Moromi y Koji que el tercer día. Tras mezclarse, se dejará reposar entre 18 y 32 días para que se fermente bien.

-Prensado: también conocido como Joso es el proceso por el cual se presiona el Moromi una vez se fermentado mediante una maya que separará el sake del arroz fermentado. Existen 3 formas de prensar el Moromi:

● Tradicional: se coloca el arroz en sacos de algodón y se deja reposar en una caja, la tapa de la caja irá presionando los sacos de forma que se vaya expulsado a través del algodón el sake hasta salir por un orificio situado en la parte inferior.

● Mecánica: el Moromi es bombeado a un mecanismo con la apariencia de un acordeón, donde se inflará un globo de goma que exprimirán el sake, posteriormente es recogido en docenas de paneles.

● Goteo o Shizuku: los sacos de algodón se llenan de Moromi y se cuelgan en el aire, de forma que por el peso el sake comienza a gotear. Este método se suele utilizar en la elaboración de sakes Premium.

-Filtración: se conoce también como Roka y se realiza después de reposar el sake 10 días, filtrando el sake con carbón el polvo. El uso del carbón data de 1930. También existe sake sin filtrar, el cual se está volviendo muy popular en los últimos años y se denomina Muroka.

-Pasteurización y embotellamiento o Hi-ire: Existen dos formas de pasteurizar el sake, una vez embotellado o antes del embotellarse. Para pasteurizar el sake se calienta a 65 grados, o una vez ha sido embotellado se sumerge la botella en agua caliente. Antes de usar la pasteurización se solía conserva el sake en lugares fríos para que no perdiera su aroma y sabor.

También existe sake que no es filtrado ni pasteurizado, esta clase de sake se conoce como Geshu Nama Muroka. Y es una bebida turbia y difícil de beber con un sabor muy característico.

Algo que me sorprendió de las fábricas de sake, por la similitud que tiene con una costumbre que había en las tabernas de España donde se servía vino de Rueda. Es que en los dos lugares, en la puerta se cuelgan las ramas de un árbol, indicando que hay licor fresco en el interior del establecimiento. Siempre que en la fábrica de sake se acababa de producir nuevo sake, al igual que en las tabernas cuando llegaba una partida de vino, las ramas eran frescas. A medida que pasaban los días, las ramas iban secándose e indicaban a los clientes la edad del producto que ofrecían.

El sake al igual que otros vinos del noroeste de España, está mejor considerado cuanto más fresco es.

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Nuestra siguiente visita es la ciudad de Nagasaki, famosa por ser donde se arrojo la segunda bomba atómica en la segunda guerra mundial.

 

EN LA ZONA NUCLEAR

El museo de la bomba atómica, cuesta 150 yenes (1,15 €), algo ridículo. Como ya señalé en mi primera crónica de Japón, en este país, se puede entrar prácticamente en todos los museos de forma gratuita por la salida de visitas (casi nunca hay vigilantes) o por la entrada principal, haciéndose el despistado. Sin embargo, tal y como ya he dicho en numerosas ocasiones, ésta no es una práctica que realizaré jamás en este país, donde sus habitantes son los más honestos de todos los que he conocido en mis viajes. Jamás han intentado engañarme o aprovecharse de mí por ser extranjero. Y como siempre he tenido por norma devolver la misma moneda que recibo, aquí no voy a ser diferente.

El emplazamiento donde justo cayó la bomba atómica, está a unos cientos de metros del museo y a día de hoy lo único que queda es un monolito.

 

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El Museo es de un gran interés, para ver los devastadores daños ocasionados por esta barbaridad. Japón ha sido el único país de la historia que ha sufrido un bombardeo atómico.

El 6 de Agosto de 1945, EE.UU. arrojó la primera bomba nuclear de la historia sobre una población. Hiroshima.

Los japoneses se reunieron el día 9 para decidir la rendición, por petición del emperador Hirohito, pero no les dio tiempo ya que a las 11:02 de ese mismo día la segunda bomba atómica cayó sobre Nagasaki.

El bombardero B-29, “Bock’s Car”, lanzó sobre esta ciudad industrial a fat boy, una bomba de plutonio, con la capacidad de liberar el doble de energía que la bomba de uranio.

Cinco días después, los japoneses se rindieron ante las fuerzas aliadas. Con ello, la segunda Guerra Mundial, que empezó en 1939, se dio por terminada.

Las bombas nucleares devastaron Hiroshima y Nagasaki. Sin embargo, los efectos del bombardeo sobre cada ciudad no fueron iguales: la situación geográfica de cada lugar influyó sobre el grado de destrucción. En Hiroshima, emplazada sobre un valle, las olas de fuego y radiación se expandieron más rápidamente y a mayor distancia que en Nagasaki, cuya orografía montañosa contuvo la expansión de la destrucción.

Dos kilómetros a la redonda de donde explotaron las bombas, la catástrofe fue absoluta: el fuego y el calor mataron instantáneamente a todos los seres humanos, plantas y animales.

En esta zona no permaneció en pie ni una sola edificación y se quemaron además las estructuras de acero de los edificios de concreto. Las ondas expansivas de la explosión hicieron estallar vidrios de ventadas situadas incluso a 8 kilómetros del lugar de la explosión.

Los árboles fueron arrancados desde la raíz y quemados por el calor.

En algunas superficies, como los muros de algunos edificios, quedaron plasmadas las sombras de carbón de las personas que fueron desintegradas repentinamente por la explosión.

El fuego se apoderó de la ciudad, donde se formó una tormenta de fuego con vientos de hasta 60 kilómetros por hora. Había incendios por todos lados. Miles de personas y animales murieron quemados, o bien sufrieron graves quemaduras e incluso heridas por los fragmentos de vidrio y otros materiales que salieron disparados por la explosión. Las tejas de barro de las casas se derritieron y la gran mayoría de las residencias de madera ardieron en llamas. Los sistemas telefónicos y eléctricos quedaron prácticamente arruinados. Se calcula que la ciudad de Nagasaki quedó destruida el 40%.

Los daños fueron inenarrables, pero la verdadera tragedia fue la pérdida de vidas humanas.

En Nagasaki, donde había 270 mil habitantes, murieron más de 70 mil antes de que terminara el año y miles más durante los siguientes años. Se calcula que en total murieron cerca de 250 mil personas en el país. La mayoría murió en el acto pero otros yacían retorciéndose en el suelo, clamando en su agonía por el intolerable dolor de sus quemaduras. Quienes lograron escapar milagrosamente de las quemaduras de la onda expansiva, murieron a los veinte o treinta días como consecuencia de los mortales rayos gamma. Generaciones de japoneses debieron soportar malformaciones en sus nacimientos por causa de la radioactividad.

Según los testimonios de quienes presenciaron la devastación, los sobrevivientes de la explosión parecían fantasmas que deambulaban entre cenizas y humo. Fantasmas sin pelo, pues se les quemó en la explosión, o fantasmas ciegos, que lo último que vieron fue el resplandor nuclear. Como la mayoría de los médicos y enfermeras estaban muertos o heridos, mucha gente herida no tenía a dónde ir, así que permanecían frente al lugar donde estuvo su casa, desolados. La gran mayoría de los habitantes de Hiroshima y Nagasaki estuvieron expuestos a la lluvia radioactiva y las consecuencias de esta exposición sobre sus cuerpos no fueron perceptibles de inmediato, en muchos casos pasaron días, meses y hasta años antes de que se manifestaran los síntomas del daño.

El efecto psicológico inmediato a la destrucción fue la parálisis. La población entró en una especie de inacción. La limpieza de las ciudades y el rescate de cuerpos se organizó en algunos sectores hasta algunas semanas después de la explosión. Otro de los efectos que causó la explosión fue la sensación de terror constante.

La incursión de un solo avión en el cielo provocaba el pánico colectivo. En la conciencia histórica de Japón, la explosión de las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki dejó una cicatriz imborrable.

Tanto Truman, que en ese momento era el presidente de Estados Unidos, como el aparato militar y gubernamental alegaron que el uso de la bomba atómica ayudó a salvar miles de vidas. Mismas que se hubieran perdido si la guerra hubiera continuado durante más tiempo.

Otro argumento fue que los alemanes estaban desarrollando una bomba atómica que hubiera sido usada contra los aliados, si éstos no se hubieran adelantado a usarla en contra de Japón. También dijeron que las bombas atacaron exclusivamente blancos militares, dado que Nagasaki era una ciudad industrial donde había una acerera y una fábrica de torpedos.

Así mismo, la memoria de Pearl Harbor sirvió de justificación. El 7 de diciembre de 1941 los japoneses habían tomado por sorpresa a los estadunidenses, atacando el puerto de Pearl Harbor. Ese día se hundieron 19 barcos y murieron cerca de 2.400 soldados y marineros. El 6 y 9 de agosto de 1945, los norteamericanos sorprendieron a los japoneses, destruyendo las ciudades de Hiroshima y Nagasaki con dos bombas nucleares. Sin embargo, el saldo de muerte entre los japoneses fue de 240 mil personas, 100 veces el daño causado en Pearl Harbor.

 

LA POLITICA UNA VEZ MÁS

Los móviles, por supuesto, fueron políticos. Se buscaba la rendición total del Japón antes de que la Unión Soviética entrara de lleno a la guerra en Asia, y el país socialista fortaleciera su posición sobre esta zona. El 8 de Agosto de 1945 un millón y medio de rusos ataca Manchuria desde Siberia y logran una victoria absoluta, en esta batalla “solo” se perdió la vida de 12.000 soldados rusos y 24.000 heridos.

Estados Unidos sabía que si usaba la bomba atómica no sólo incidiría determinantemente sobre la guerra, con el resultado a su favor; sino que la posesión de un arma con la capacidad de exterminio de una bomba nuclear lo colocaba a la cabeza de las naciones del mundo. El uso de la bomba fue una demostración de poder tan efectiva, que sus efectos disuasivos se prolongan hasta nuestros días.

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Después de recorrer el museo y los aledaños, decidimos visitar la iglesia central de la ciudad, símbolo también de la bomba atómica, y otra pequeña de inspiración modernista.

Esta se hizo en memoria de los mártires católicos que murieron en el país en el siglo XVII por no repudiar la religión que abrazaron.

La Religión católica llego al país de la mano de misioneros portugueses Jesuitas y del Santo español San Francisco Javier.

Aquellos que se convirtieron al catolicismo fueron perseguidos de una manera brutal por el gobierno, ya que este rehusaba con firmeza la entrada al país de usos costumbres o religiones extrajeras.

En otra ocasión me extenderé más en este tema, que creo de gran interés por la fortaleza y entereza demostrada por los japoneses en este periodo. Mientras, el lector que esté interesado, le recomiendo la lectura de la novela “Silencio” del escritor japonés Shusaku Endo.

Los más vagos tienen una versión cinematográfica del mismo nombre y que es bastante fiel al libro.

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RUMBO AL SUR

Comenzamos nuestro viaje al sur de Kyushu y decidimos hacer la primera parada en Yanagawa.

Esta ciudad es de interés, pues algunas de sus calles, son canales por los que circulan barcas.

Antiguamente se utilizaban para transportar productos y personas a los distintos puntos de la ciudad. A día de hoy es solo un mero atractivo turístico.

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No hay que dejar de visitar alguno de sus templos. Aconsejo particularmente el que se encuentra cerca del embarcadero principal.

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Al día siguiente, decidimos proseguir camino y visitar la pequeña población de Aso Jinja, famosa por la gran cantidad de manantiales.

Además de los manantiales a mi me pareció una localidad con mucho encanto.

No dejar de visitar su templo central.

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Pero para nosotros, lo que más destacaríamos de la población. Fue la visita a la antigua escuela, hoy en día convertida en restaurante y tienda de antigüedades. Esta regentada por una encantadora pareja de ancianos con ganas de entablar conversación junto a un té. El gorgoteo incesante del agua que corre por los magníficos alrededores de la plaza, y el ambiente que emana en todo el lugar fue una gran experiencia.

 

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Pernoctamos en la localidad de Uchimaki, famosa por el gran Onsen-hotel, donde conseguimos gracias a unos tickets de una revista que nos hicieran un precio de 400 yenes (3€) los dos, por un Onsen privado.

 

EN EL SUPER VOLCÁN

Recomendados por los lugareños, al día siguiente decidimos marchar hacia Sirakawa, otra población de manantiales, por la carretera que circunda el volcán Aso.

El volcán Aso, además de ser un precioso paraje, es uno de los pocos súper volcanes que hay en mundo. Tiene una altura de 1592m y mide 114 km de circunferencia. Se puede visitar la caldera y hay un recinto cercano que sirve de bienvenida al visitante.

Desgraciadamente, una semana antes de nuestra visita, hubo un terremoto, y los accesos estaban cerrados. Aunque si pudimos recorrer los alrededores que nos dejaron un grato recuerdo.

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Llegamos a Sirakawa, la visita obligada es a un parque donde hay un gran manantial al lado de un templo sintoísta. Precioso paraje que el viajero debe de visitar.

Recomiendo hacerlo por la mañana temprano, pues la visita se hará de manera más tranquila y sin alboroto turístico.

 

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Decidimos poner entonces rumbo a la isla de Uki. En el camino por casualidades de la vida y del viaje, en Yosimuta, encontramos a nuevos amigos que nos hacen pasar agradables ratos de tertulia.

 

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A decir verdad Uki no tiene nada de interesante, salvo el puente que lo une con Kyushu y la casa antigua del gobernador.

 

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Pero decidimos hacer noche en este lugar.

 

CEREMONIA RELIGIOSA Y EL MUNDO DE LOS KAMIKAZES

Por la mañana, continuamos camino al sur. Cuando pasamos cerca de una pequeña aldea costera llamada Matsuai, desde la carretera vemos como están haciendo una ceremonia.
Decidimos parar y nos encontramos con una ceremonia en honor a una escultura de un templo mayor que ha sido trasladada a esta villa y a su templo menor por unas semanas.
En esta ceremonia, danzan y tocan canciones tradicionales y está acompañada por las autoridades y las personas de más relevancia del lugar.

 

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Los lugareños que tienen un carácter muy abierto, acaban entablan conversación con nosotros y nos invitan al salón de actos a almorzar juntos.

 

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Muy agradecidos con todos, nos despedimos y esperamos volver a tener la oportunidad de verlos.

Nuestra siguiente parada es el museo en honor a los Kamikazes (pilotos suicidas), situado en la localidad de Chiran (400 yenes la entrada).

La táctica de los pilotos suicidas fue ideada por el vicealmirante Takijiro Ohnishi, quien consideró que no era posible vencer o equilibrar la contienda contra los aliados en la segunda guerra Mundial, haciendo uso de los métodos ortodoxos y convencionales de guerra. Fue él quien hizo explícita la orden de estrellar sus propios cazas Zero contra los portaaviones enemigos, ya que sus aviones cargaban bombas de 250 kilos.

Japón se encontraba en desventaja por el abismo que se había abierto entre sus recursos y los de los aliados. Por tanto, para la mentalidad de los mandos militares japoneses, resultaba más que natural que en circunstancias de este género los combatientes se decidieran a sacrificar su vida por el emperador y por la patria.

Su patriotismo radicaba en la convicción, profundamente sentida en el ánimo de estos hombres, de que la nación, la sociedad, e incluso el universo, se identificaban con el emperador, y por esta causa estaban dispuestos a sacrificar la vida. El credo de los kamikazes estaba influenciado por el Bushido, el código de conducta del guerrero japonés, basado en el espiritualismo propio del budismo, que pone el acento en el valor así como en la conciencia del hombre. Otro motivo era el ardiente deseo del guerrero de que su muerte estuviera llena de significado. Que esta muerte fuera en el momento adecuado y el sitio adecuado, y de esta manera, no suscitar en su conducta ninguna reprobación pública.

Particularmente pienso, que fue la mayor manipulación que han tenido los jóvenes japoneses en toda su historia.

Hay que tener en cuenta que tan solo 75 años antes, Japón estaba aun sumido en la época feudal y que las convicciones de lealtad ciega hacia la comunidad, país y el emperador, considerado su Dios, continuaban muy arraigadas en el sentimiento del pueblo japonés.

Este hecho fue usado por los mando militares quienes sabían de antemano, que no ganarían la guerra, pero que el permanecer vivo después de la derrota era un deshonor aun mayor que la muerte.

Esto lo utilizaron de la forma más atroz, para hacer que los jóvenes nipones dieran su vida por nada.

El nombre japonés con el que eran conocidos los kamikazes, es tokubetsu kogeki-tai, que significa escuadrón de ataque especial. Su abreviación, de uso más extendido para nombrar a esta unidad especial de ataque, es tokkotai. Los traductores americanos usaron el término kamikaze para aludir a los ataques suicidas de dicha unidad.

Kamikaze significa “viento divino”, pues hace referencia a un tifón de 1281 que arrasó una flota mongol que se proponía invadir Japón. Más allá de sacrificios e inmolaciones particulares anteriores, los kamikazes tienen su origen con esta unidad.

A las primeras unidades tokkotai no les faltaban voluntarios. El contexto era la defensa de Filipinas, dado que ese territorio era el último obstáculo restante en el camino de Estados Unidos para llegar a Japón.

Además de los Kamikazes, los japoneses idearon otras tácticas suicidas llamativas, pero sus resultados no fueron muy relevantes. Entre estas ideas destacan las cargas banzai, las cuales no eran más que cargas de infantería que se realizaban en contextos de inferioridad frente al enemigo. Esta práctica se remonta a la guerra ruso-japonesa en la que, en situaciones límite, soldados armados con sables cargaban gritando “banzai”, que significa “victoria”. También se fabricaron 200 unidades de pequeños submarinos llamados Kairyu, los cuales llevaban en su cabeza 450 kilos de explosivos. Otro ingenio suicida nipón fue el Kaiten, que era un torpedo equipado con mandos y periscopio para que un tripulante dirigiese la trayectoria una vez lanzado desde un submarino. Asimismo, los japoneses usaron en Filipinas lanchas suicidas con explosivos en la proa llamadas Shin’yO, sin embargo, no eran muy efectivas debido a su visibilidad. Se usaron, incluso, nadadores con minas en la espalda, a los que se llamó Fukuyuru. Asimismo, los japonenses fabricaron bombas volantes tripuladas. El artefacto tenía el nombre de Ohka y funcionaba en el aire de forma análoga al Kaiten, pues era un explosivo tripulado que era lanzado por un bombardero. Los soldados estadounidenses lo llamaron baka, que en japonés quiere decir estúpido o tonto. Se fabricaron 852 Ohka y se emplearon 50.

Aunque al principio no faltaban voluntarios, para asegurarse que los jóvenes cumplirían con su misión desde el momento en el que eran reclutados y se hacia su entrenamiento, se les dispensaba de una vida mucho mejor que la que tenían el resto de soldados. Disfrutaban de barracones con servicio, buenas comidas y bebidas.

Además, una semana antes de sumisión, la familia más cercana, era hospedada en hoteles de lujo desde donde les enviaban fotos y cartas para que se sintieran presionados por esta situación. Ya que de no llevar a cabo su misión, seria toda una vergüenza y deshonor no solo para el piloto, sino para toda la familia que quedaría ya marcada.

También, los pilotos kamikazes, en su misión, eran escoltados por otros aviones, para evitar que de esta manera que a última hora se arrepintieran y no cumplieran con su misión.

Cerca de 5.000 pilotos de entre 18 y 27 años (edad muy manipulable), murieron en esta trágica acción. Incluso sus jefes prefirieron morir antes que sobrevivir a sus inocentes víctimas. El almirante Ugaki condujo el último vuelo de un grupo kamikaze, mientras que el vicealmirante Onishi se hizo el harakiri (Un suicidio con honor de estilo japonés, que se realiza abriéndose el vientre con una catana corta).

Es desgarrador en el museo, leer las cartas de despedida de estos chicos a sus padres, donde en la mayoría de los casos se despedían diciendo que solo esperaban que sus progenitores se sintieran orgullosos del acto que iban a realizar.

Yo no puedo evitar el emocionarme al leer las pocas cartas que están traducidas al inglés.
Es lamentable que a día de hoy, cuando creemos que hemos avanzado, somos más inteligentes y aprendido de la historia, continuo viendo ejemplos de manipulación del hombre hacia sus semejantes en beneficio de unos pocos.

 

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ARENAS CALIENTES POR LAS TERMAS

Continuamos recorrido hacia Ibusuki, y en el camino encontramos el Parque Memorial de la batalla de Filipinas. Este parque fue construido con el dinero aportado por la familia de las 476.000 fallecidos japoneses en la batalla de Filipinas.

 

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Rodeamos el volcán cercano y lo atravesamos por un túnel tétrico, para llegar hasta Ibusuki.

 

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Esta localidad, es muy famosa en todo Japón, por las termas que hay bajo la superficie, que hace que la arena de la playa está caliente y tenga propiedades terapéuticas.

No es raro ver en un paseo los respiraderos de vapor que hay donde el agua al estilo geiser es liberada por la presión a 100º centígrados.

 

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También, la visita al faro es recomendable por sus excelentes vistas.

 

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Al día siguiente, aprovechando la zona que está llena de termas calientes, decidimos visitar la aldea de Unagi y uno de sus Onsen.

Esta localidad está literalmente construida sobre termas, haciendo que las casas tengan agua caliente todo el día, y aprovechan los vapores de esta, para cocinar.

Sin duda, es un buen ejemplo del aprovechamiento de la energía geotérmica que la naturaleza regala.

 

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Llegamos a la ciudad más grande del sur de la isla, Kagoshima.

 

EN CASA DEL ÚLTIMO SAMURÁI

Esta ciudad esta ciudad es famosa por la figura de uno de los personajes más emblemáticos de Japón, Saigo Takamori, conocido como el último samurái.

Creo que es de gran relevancia la figura historia de esta persona, ya que determina el final de una época milenaria en Japón. Particularmente pienso, que con la muerte de Takamori, comienza lo que yo llamaría un periodo vergonzoso lleno de vilezas, que marcara la época más vergonzosa del país nipón, y que terminara con la rendición de Japón en la segunda Guerra Mundial.

Para que el lector se ponga en situación, comenzare mi historia indicando que alrededor del año 1850, Japón estaba nominalmente regida por un emperador, aunque el poder real estaba en manos de los “Shogun”, señores de la guerra.

Bajo la institución del shogunato, y sólo responsable ante él, se encontraba el Daimyo, el jefe de clan y gobernador provincial por sucesión hereditaria.

Dentro de cada clan, la sociedad estaba perfectamente estratificada y controlada, con los campesinos en la parte más baja de la pirámide.

Quien se ocupaba de que esa estructura se mantuviera firme e inamovible era la casta militar que servía directamente a los Daimyo: los Samurái.

Saigo Takamori, nació el 23 de enero de 1828 en Kagoshima. Hijo de una familia humilde Samurái, vivió durante los últimos años del período Edo y comienzos de la era Meiji.

Inicialmente fue uno de los personajes políticos que apoyó la eliminación del shogunato Tokugawa y respaldó la Restauración Meiji, posteriormente se involucró dentro del gobierno Meiji. Pero, en 1877, tras la persecución sistemática de los samurái en el nuevo gobierno, lideró la Rebelión Satsuma, que sería el último conflicto encabezado por los samurái en la historia japonesa. Es por este hecho que Takamori es considerado como el último samurái verdadero.

En los primeros años de vida adulta de Takamori, Japón, estaba teniendo una crisis política dentro del shogunato Tokugawa. Al país llegó la armada de Estados Unidos, al mando del oficial naval Matthew C. Perry en 1853.

Este hecho rompió el aislamiento internacional de Japón y lo forzó a abrirse a los demás países extranjeros e impulsó el tratado de Kanagawa.

Con este suceso, se abrieron dos frentes: uno que apoyaba al shogunato y otro que reclamaba la disolución del shogunato y la expulsión de las potencias extranjeras. Takamori fue contrario al régimen Tokugawa en ese entonces.

Takamori, fue reclutado para ir a la ciudad de Edo (Tokio) donde tuvo sus primeros reveses. Con estos sucesos contrarios, Takamori intentó cometer el suicidio por ahogamiento.

Takamori regresó a Kagoshima en 1859, para ser arrestado y exiliado a la isla de Amami Oshima, debido a diferencias de ideas con el nuevo daimyo Shimazu Hisamitsu.

Nuevamente regresó a Kagoshima en 1861, solamente para ser comunicado que sería exiliado nuevamente. Finalmente en 1864, Hisamitsu lo perdonó y lo envió a Kioto como asistente del feudo ante la Corte Imperial.

Al llegar a Kioto, asume el comando de las tropas de Satsuma y por sus méritos militares, se granjea la admiración tanto de sus subordinados como la de sus enemigos dentro del país.

En noviembre de 1867, se inició el proceso de restauración pacífico del poder político al Emperador de Japón, conocido como la Restauración Meiji. Sin embargo, Takamori fue uno de los más críticos opositores a la revolución pacífica, y demandaba que los Tokugawa quienes habían traicionado anteriormente al emperador, debían ser expropiados de sus tierras y de su estatus especial. Su posición inamovible fue una de las principales causas del inicio de la Guerra Boshin.

Durante la Guerra Boshin, lideró las fuerzas imperiales y se ganó un papel importante en el nuevo gobierno Meiji. Asumió el cargo de sangi (consejero); cooperó con la abolición del sistema, que eliminaba los feudos y establecía las prefecturas como base administrativa del país; también fue responsable del establecimiento de un ejército reclutado.

En 1871 debió asumir el gobierno provisional del país mientras los políticos más influyentes del gobierno, estaban recorriendo Europa y Estados Unidos, durante la Misión Iwakura (1871 – 1873). Recomiendo la lectura en profundidad de la Misión Iwakura, ya que gracias a los conocimientos adquiridos por las personas de esta misión, Japón fue capaz de catapultarse en pocos años de la época feudal a ser un país colonizador.

Takamori, durante este período, estuvo en desacuerdo con la modernización de Japón, imitando el estilo de gobierno de los países occidentales y estuvo en desacuerdo con la apertura comercial a occidente. Se opuso a la construcción de una red de ferrocarriles, argumentando que se podía usar el dinero en el fortalecimiento de las fuerzas militares.

También fue partidario de declarar la guerra a Corea con el fin de anexar ese país antes que los países occidentales. Puso como excusa, que Corea se negaba a reconocer la legitimidad del Emperador Meiji como jefe de estado del Imperio de Japón y habían expulsado de manera grosera a unos enviados japoneses que tenían como objetivo establecer relaciones diplomáticas y comerciales entre Corea y Japón.

Takamori estuvo dispuesto a ir a Corea y provocar intencionalmente un casus belli, de manera tal que los coreanos no tuvieran más opción que asesinarlo. No obstante, cuando los miembros del gobierno regresaron de la Misión Iwakura en 1873, se opusieron férreamente a la idea, en parte por falta de presupuesto y en otra porque se encontraban en una posición muy desventajosa con los países occidentales, hecho que se corroboró en el viaje. Dada la negativa, Takamori se sintió frustrado, renunció al gobierno en señal de protesta y decidió regresar a Kagoshima.

En realidad, Takamori, era un guerrero, donde por sus venas corría sangre de guerrero y no servía en absoluto para los entresijos que requería la vida política.

Tras su renuncia al gobierno decidió levantar una pequeña academia militar privada en Kagoshima, que tendría como alumnos a varios samuráis que habían abandonado al gobierno tras la renuncia de Takamori. Estos samurái, comenzaron a dominar el gobierno de Kagoshima, y temiendo una rebelión, el gobierno Meiji decide enviar barcos de guerra a Kagoshima, con el fin de eliminar las armas en la región. Adicionalmente en 1877, se eliminaron las remuneraciones en arroz a los samurái y provocó un conflicto abierto entre el gobierno y los samurái. Takamori, quien inicialmente no deseaba que el conflicto empeorara, debió finalmente aceptar el liderazgo de los rebeldes contra el gobierno central, conocido como la Rebelión Satsuma.

Imagine el lector, el agravio tan importante que era para una persona nacida en un entorno de profundos sentimientos samuráis. Donde la educación se basa en dos leyes inamovibles, el honor y la servidumbre. Y donde la espada es la pertenencia más valiosa. El intentar ser despojado de todo esto por políticos que no entendían estos conceptos.

Acababa con el honor de un samurái y por lo tanto con el sentido de su vida.

La rebelión fue sofocada a los pocos meses por el Ejército Imperial Japonés, que era una fuerza combinada de 300.000 samurái leales al gobierno y soldados. Las tropas imperiales estaban modernizadas, usando morteros y globos de observación. En cambio las fuerzas de Satsuma rondaban inicialmente los 40.000 hombres, quedando reducido sólo a 400 al final de la guerra en la Batalla de Shiroyama. A pesar que las fuerzas de Satsuma pretendían preservar el papel de los samurái, usaron métodos militares occidentales, armas de fuego y cañones. Al final de la rebelión, cuando se agotaron las municiones y las armas modernas, debieron atacar con espadas, arcos y flechas.

En la batalla de Shiroyama, Takamori quedó gravemente herido, y al no querer ser capturado o asesinado por el enemigo, pidió a un compañero que lo decapitara, para preservar su honor como samurái. Murió el 24 de septiembre de 1877.

La muerte de Takamori derivó en el fin de la rebelión y la supresión definitiva de la clase samurái en Japón, que había dominado el país desde el siglo XII.

En reconocimiento por su labor como samurái y su ayuda con el pueblo japonés, el gobierno Meiji lo perdonó de manera póstuma el 22 de febrero de 1889.

A partir de este momento, Japón se modernizó a pasos agigantados y como he indicado antes, paso a ser un país colonizador invadiendo a principios del siglo XX Corea, Taiwán y parte de China.

Perdió casi toda la humanidad que podía tener, así como la honorabilidad que antiguamente sus guerreros llevaban a orgullo. Infligió humillaciones y violaciones de los derechos humanos a todo aquel que consideraba su enemigo. Y un espíritu racista y de superioridad hacia los extranjeros se instauró en el país.

 

LA MASACRE DE NANKIN

El sumun llego en el vergonzoso episodio de Nankin.

La Masacre de Nankín, fue también conocida como las violaciones de Nankín. Un episodio de asesinatos y violaciones en masa cometido por tropas japoneses en la ciudad china de Nankín durante la Segunda Guerra chino-japonesa, en la antesala de la Segunda Guerra Mundial.

La masacre ocurrió durante un período de seis semanas que comenzó el 13 de diciembre de 1937, el día en que los japoneses toman Nankín, capital china de la época. Durante dicho período, decenas de millares (o incluso centenas de millares) de civiles chinos y combatientes desarmados fueron asesinados por soldados del Ejército Imperial japonés.

Las violaciones y saqueos también estuvieron a la orden del día.

Uno de los responsables clave, fue el príncipe Asaka, miembro de la Familia Imperial nipona. El príncipe escapó a las acusaciones por tener inmunidad, que le había sido anteriormente concedida por los Estados Unidos, por el hecho relatado anteriormente sobre el miedo a que Japón se hiciera comunista.

Se cree que sobre 300.000 personas perdieron la vida en este vergonzoso episodio de la historia de Japón.

Para pasar el trago de la historia de Takamori, decidimos visitar una de las numerosas fábricas de Shochu que hay en la ciudad de Kagoshima.

 

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FABRICANDO SHOCHU

El Shochu que además de parecer gracioso en la pronunciación de un sevillano, es un alcohol destilado que se elabora a partir de una fuente de azúcares, levadura, agua y el koji.

El koji es el moho (Aspergillus) cultivado en un substrato, que en el shochu son normalmente el arroz, la cebada o el boniato. De todas maneras, no se utiliza siempre el mismo Aspergillus que en el sake. En el shochu normalmente se utiliza el kawachi (koji blanco) y en Okinawa utilizan el Awamori (koji negro), pues su shochu es muy diferente.

Una vez se ha elaborado el koji, éste se mezcla con agua, la fuente de azúcar y levadura, y se deja fermentar (moromi). Al final de la fermentación se destila en un alambique para extraer los alcoholes, sabores y aromas.

Normalmente se envejece durante 1 a 3 años de tres maneras posibles:

● En barril de madera (taru), dando resultado parecidos al whisky, pues coge sabores a madera,
● En barril de acero inoxidable (tanku) , dando resultados más limpios,
● En olla barro (kame), éste es el modo más tradicional, que da resultados cómo el taru, pero de manera más rápida, pues el barro es más poroso que la madera.

Al final del proceso de envejecimiento se suele diluir el contenido con agua (warimizu) para rebajar el contenido alcohólico, a veces incluso hasta de 20º.

La visita a la fábrica termina al atardecer y nosotros con tanta cata con punto de alegría que no queremos de ningún modo perder.

 

BEBER EN JAPÓN

Por ello, y al ser viernes tarde (el día que más ambiente hay en los bares de las ciudades), decidimos continuar con nuestra cata del Shochu, pero a nivel particular por bares y antros de Kagoshima.

Beber en bares de Japón es una de las cosas más baratas que se pueden hacer allí. La oferta es in numerable, pero lo que realmente hay que buscar son los bares que están anunciados, donde en sus carteles ofertan todo lo que tengas capacidad para beber en un determinado tiempo.

Por ejemplo, nosotros decidimos entrar en uno que podías ingerir toda la variedad o cantidad de alcohol que quisieras en una hora y media por el módico precio de 1.000 yenes (7,5€).
A cambio de vez en cuando tenias que pedir alguna tapa-snacks japonés (riquísimos), que no subía de 2 € por persona.

De esta manera, acabamos haciendo amigos y terminando la noche con una considerable alegría por un precio de 20 € por persona. Repetimos en varias ocasiones las ofertas que encontrábamos en el camino. Es difícil que Yokito San y yo nos resistamos a estas tentaciones. Aun así, los dueños de los establecimientos no dejaban de sorprenderse por la capacidad de beber y aguante de un servidor.

 

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A la mañana siguiente, después de unos cuantos cafés y dos aspirinas, tomamos rumbo a la isla de Sakura Jima.

 

DE ISLA EN ISLA

Esta isla tampoco es de un gran interés salvo el visitar el observatorio volcánico con sus buenas vistas y comprobar allí como la isla se unió a Kyushu desde 1914 debido a una erupción volcánica.

También es interesante la inspección de la isla y comprobar como el hombre se ha preparado para las siguientes erupciones, haciendo diques y caminos para la lava y de esta manera ganar terreno al mar.

 

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Al día siguiente, ponemos rumbo a Aoshima en la prefectura de Miyazaki. Esta pequeña isla es de gran belleza geológica y de indispensable visita su jardín botánico y el templo.

 

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Las rocas que rodean la isla por la que se accede desde un puente, cuando baja la marea son todo un espectáculo.

 

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Estas formaciones rocosas, se formaron hace 24 millones de años y se han ido erosionando con el mar, formando a día de hoy todo un deleite.

Continuamos el recorrido hasta Takachiho, precioso paraje aunque muy turístico.

Takachiho, está enclavado prácticamente en el centro de la isla de Kyushu. La mejor época para visitarlo es sin duda el otoño por la variedad de colores que ofrecen sus hojas. Aunque este hecho dura solo unos días y nunca es en una fecha exacta, por lo que hay que contar con suerte.

Aconsejo la visita por la mañana muy temprano, pues el lugar se llena de turistas y el paseo se puede ver constantemente entorpecido por la muchedumbre.

Aconsejo también si se va en vehículo, dejarlo estacionado en el templo sintoísta del pueblo que es gratuito y está a tan solo 1 kilometro del paraje. De esta manera, se ahorrara el carísimo aparcamiento que hay cerca del lugar.

Nosotros llegamos por el medio día y ante la marabunta de personas, decidimos recorrer los alrededores y a la mañana siguiente temprano visitarlo casi en completa soledad. Todo un acierto.

 

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EN UN PATIO PRESUNTAMENTE CORDOBÉS

Continuamos camino y bordeamos el monte Aso por el lado oeste. En el camino descubro en un territorio precioso pero casi despoblado un nombre y una bandera en una gran vivienda.
El Patio reza en las señales que indican el camino hacia una gran casa donde hay varias banderas, entre ellas la española.

Decidimos desviarnos de la carretera e investigar el lugar.

Cuando llegamos nos encontramos una especie de cortijo japonés, con caballerizas, restaurante y hospedaje.

Es un hotel rural que pertenece a un japonés loco por los caballos y que después de una visita a las caballerizas reales de Córdoba en España, decido montar este negocio en el monte Aso y llamarlo El Patio por lo impresionado que quedó por los patios cordobeses.

Pasamos toda la mañana de tertulia más que agradable con el dueño y los empleados del recinto.

 

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MÁS TERMAS

Llegamos por la tarde a la localidad de Yufuin, famosa también por las termas y por un lago de agua templada que hay en el centro de la ciudad.

Debido a que la noche cae, decidimos visitarlo al día siguiente muy temprano.

Por la mañana, el vapor del agua del lago hace que parezca que una niebla arropa el lugar.

Los patos nadan en las calientes aguas, pero lo que más me sorprende es ver a peces en el interior del lago.

Es una magnífica visita para empezar el día lleno de buena energía.

 

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Continuamos camino y llegamos al atardecer a la ciudad de Beppo.

Beppo es una ciudad que esta a las orillas del Pacífico y al igual que la pequeña aldea de Unagi, cerca de Kagosima, todo el subsuelo lo recorre agua hirviendo.

Todas las casas disponen de energía geotérmica gratuita, agua caliente y cocinas de vapor.

En la ciudad hay lugares para descansar en el suelo caliente o aprovechar unos baños de agua o vapor gratuitos.

 

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Desde los miradores a la ciudad, se puede observar como las salidas de vapor, para liberar presión del subsuelo hacen que Beppo parezca literalmente atravesada por columnas de humo blanco que se alzan hasta el cielo.

 

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En Abril, la falda del volcán por la noche, se ilumina por la temperatura que toma.

 

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En el lado noroeste de la ciudad, se recolectan de manera muy tradicional, los minerales medicinales que sirven para los dolores de articulaciones, y que el vapor que emana de la tierra lleva consigo.

 

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Totalmente indispensable la visita a la ciudad de Beppo si se pretende recorrer Kyushu.

Volvemos hacia Sasebo, pero no sin antes tomar el camino que cruza Amagase para pasar un día en esta localidad.

Amagase es una pequeña localidad, donde bajan varios torrentes de agua caliente de la montaña que son aprovechados por los locales, para hacer Onsen públicos, antes de que el agua caliente se convierta en fría al llegar al gran río que cruza la localidad.

Pasamos prácticamente la tarde y parte de la noche en los Onsen, donde no me deja de sorprender la cultura y percepción de los japoneses para determinadas cosas.

 

LA DICOTOMÍA JAPONESA DEL PUDOR

En Japón se observa como un comportamiento de desvergüenza el mostrar en público actos afectivos, como besos o abrazos. Sin embargo en los Onsen públicos y más los que están a pie de calle, no tienen ni el más mínimo pudor por desnudarse hombres junto con mujeres (estas últimas si bien es cierto, tapan parte de su desnudez con unas pequeñas toallas) que no se conocen de nada y bañarse juntos.

Sonriendo constantemente con estos pensamientos, recorremos la gran cantidad de Onsen de Amagase.

 

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Continuamos camino al día siguiente hacia Sasebo haciendo la última parada en Hita.

Esta localidad es famosa por sus fabricas de salsa soja y miso (pasta fermentada y fabricada con soja que es la base de las sopas japonesas).

Nosotros decidimos sólo dar una vuelta y dejamos la visita a las fábricas de estos productos para otra ocasión.

 

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EN CASA DEL SEÑOR KIMITOSHI Y MI AMIGA YOKO

Llegamos a Sasebo de donde al día siguiente, debemos de partir de nuevo para visitar al señor Kimitoshi y a mi amiga Yoko, quienes me acogieron la última vez en su casa.

Los reencuentros cuando son con buenos amigos a quienes consideras familia, siempre suelen ser maravillosos,

El día que pasamos con mi amiga Yoko, Kimitoshi y toda la familia es entrañable y lleno de risas.

 

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A la vuelta, hago algo que ya tenía en mente desde que llegué a Japón. Cambiar a la compañera más antigua y fiel que he tenido desde que salí de España hace casi 8 años, a mi cámara Gubiapiti, quien mi mejor amigo Viril me regaló.

 

CAMBIO PUES DE MÁQUINA

Es hora ya de darle un descanso y recibir la nueva, quien también mi amigo Viril ha sido quien además de obsequiarme el cuerpo de esta, le pone mote. Mi nueva Nikon D7200 se llama Dadumis. No intente buscarle sentido el lector a estos motes, pues es algo que solo él y yo entendemos.

Muchas gracias por este grandísimo regalo, espero hacer honor y sacarle todo el rendimiento posible.

Las primeras fotos con Dadumis las hago en los alrededores de Sasebo. En sus parques, puerto turístico o miradores.

 

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Pido al lector que tenga paciencia conmigo pues creo que tardaré unos meses en adaptarme a Dadumis.

Regresamos a Fukuoka, donde devolvemos a Laputa y le agradecemos los servicios prestados ya que se ha comportado de la manera esperada.

 

TOKIO: LA CIUDAD MÁS GRANDE DEL MUNDO

Tomamos el vuelo que nos lleva a Tokio, la ciudad con mayor aglomeración urbana del mundo con 38 millones de habitantes. La segunda ciudad es Nueva Delhi con 25, Shanghái con 23 y Ciudad de México, Pekín y Mumbay con 21.

Caemos en la cuenta, que con la visita a Tokio, hemos visitado ya las seis ciudades más pobladas del mundo.

Para moverse por Tokio hay variedad de opciones. Nosotros decidimos la más barata que es por la red de trenes. También está la red de metro, autobuses etc.

Yo tengo la gran suerte de contar con Yokito San, ya que en esta gran ciudad, me siento más perdido que en las inmensas estepas de Mongolia.

Sólo el mapa de metro y trenes, parece un jeroglífico indescifrable.

 

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Hemos decidido alojarnos en una zona céntrica, Asakusa Bashi y en un hotel económico, confortable y cerca de la estación de trenes de este distrito.

El Hotel East 57, es nuevo y ofrece habitaciones compartidas desde dos camas en litera, con baño compartido y wifi por 2.500 yenes por persona (algo menos de 20€).

 

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La zona de Asakusa Bashi está cerca de todo es agradable el paseo por ella y cuenta con tiendas y restaurantes.

 

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Por casualidades del destino, en la noche que tuve que estar en Moscú en mi viaje a Japón, conocí a un chico español, Marc que vive en Tokio.

Contacté con Marc días antes de mi llegada a la capital y la primera noche quedamos para beber unas cervezas junto a su pareja Yukun.

Nos emplazamos en el distrito de Sinbashi. Lugar de reunión de los oficinistas y ejecutivos de empresas después de la jornada laboral y donde la oferta lúdica no es parca.

Impresiona ver las grandes borracheras que agarran los ejecutivos de empresas, en un día normal. Después de las 11 de la noche, es normal ver a personas con los trajes ya un tanto ajados, vomitando o durmiendo la mona en plena calle.

 

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Marc nos indica que esta conducta en la mayoría de los casos es fruto del estrés que tienen estas personas en sus lugares de trabajo.

A raíz de una mujer que murió literalmente por falta de descanso en su lugar de trabajo, se impuso una ley que acota la finalización de la jornada laboral.

Hecha la ley hecha la trampa. Actualmente los ejecutivos, en vez de quedarse en el trabajo hasta altas horas por impedimento de esta ley, comienzan su jornada laboral muy de madrugada, lo que viene a ser lo que era antes, pero en una falsa legalidad, y un mismo detrimento de descanso.

Nosotros por nuestra parte pasamos una maravillosa velada de cervezas y risas junto a una comida de lujo, solo a la altura de la buena compañía que son Marc y Yukun.

Finalizada la velada, nos despedimos y nos emplazamos a volvernos a ver en otra ocasión en España.

 

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Al día siguiente, debido al emplazamiento de nuestro hotel recorremos el centro andando.

 

POR EL CENTRO DE TOKIO

Primero visitamos una de mis dos prioridades en Tokio, la zona del Ryogoku.

Allí se encuentra el salón del Sumo, el deporte que siempre me atrajo más de Japón.

Desgraciadamente la temporada ha recién finalizado, y no podemos ver ningún combate.

 

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Sin embargo tengo pensado, en mi próximo viaje a Japón, visitar la isla de Honshu, la mayor de todas y donde se encuentra la capital. Es por ello que en esta ocasión no me extenderé demasiado tanto en la historia de Tokio como en la visita a todos los lugares de la ciudad.

Posteriormente continuamos nuestro paseo por la ciudad y la rivera del río Sumida que atraviesa Tokio. Algo que el viajero debe de obligarse a realizar de forma tranquila y relajada. A pesar que la ciudad es muy agrupada, el sesgo que proporcionan los puentes a la metrópolis, hacen que me enamore de Tokio a primera vista. Amor que aumenta en sus pequeños parques al haber coincidido con la plena explosión de colores del otoño.

 

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Llegamos a Asakusa, donde está el templo central y lo que sería el casco antiguo de la ciudad.

Allí es donde se concentra la mayor densidad de turistas y con ellos los servicios típicos para turistas. Transporte de rickshaw (carrito de dos ruedas tirado por una persona), tiendas de suvenires y alquiler de kimonos.

Nosotros damos una vuelta por el lugar de manera tranquila y disfrutando de alguna que otra buena estampa.

 

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Posteriormente, tomamos el metro para ir a Minato-Ku, allí hay uno de los símbolos más famosos de la ciudad, la Tokio tower.

Tanto el camino desde la salida del metro hasta la torre como la zona donde está la torre, deja buenas estampas.

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Esta es una torre de hierro, parecida a la de Eiffel y que está pintada en rojo y blanco por las regulaciones de aviación.

Mide 332,6 metros, y se hizo en poco más de año y medio, siendo inaugurada el 23 de diciembre de 1957.

El día que la visitamos, está cerrada y no se puede acceder a las últimas plantas. Poco nos importa, pues por la noche tenemos previsto visitar Tocho Metroploitan Governament, que es uno de los edificios más altos de la ciudad. La visita es gratuita y desde la última planta se puede apreciar toda la ciudad.

Esta abierto hasta las 11 de la noche.

 

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La zona cercana a este edificio es Sinjuki, muy apreciada por los que buscan todo tipo de electrónica.

 

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Posteriormente, hemos quedado con Ayaka, amiga de Yokito San en la zona de Tsukushima. Esta zona es típica para cenar Monjayaki, uno de los platos más característicos de Tokio. El Monjayaki, es una especie de tortilla de coles y diferentes ingredientes, parecida al okonomiyaki, pero con queso.

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A continuación después de la cena, vamos a algo que no puede faltar en la visita a Japón cuando se quiere disfrutar de la noche, el Karaoke.

 

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INDISPENSABLE EL MERCADO DE PESCADO

Por la mañana temprano, a primera hora visitamos el segundo lugar de Tokio que yo tenía como indispensable, el mercado de pescado de Tsukiji.

Por el mercado de Tsukiji (abre a las 5 de la mañana), pasan cada día 10.000 toneladas de pescado, marisco y otros productos frescos venidos de todos los mares del mundo. Lo que se traduce a unos 3.000 millones de yenes (22,5 millones de euros), con 20.000 trabajadores y unos 60.000 clientes, según datos del Gobierno metropolitano de Tokio.

El mercado está actualmente ubicado entre la Bahía de Tokio y el barrio comercial de Ginza.

El área minorista será convertida en una especie de parque temático gastronómico. El área mayorista del mercado, la que aglutina un mayor volumen de ventas y de clientes (profesionales de la restauración en su mayoría), será trasladada a unas nuevas instalaciones en la isla de Toyosu, más adentrada en la Bahía de Tokio en este año 2018.

Nosotros pudimos ver el área mayorista del mercado en todo su apogeo a primera hora de la mañana. Luego compramos pescado en sashimi y lo disfrutamos en las terrazas que hay en la parte superior del mercado minorista.

 

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Las calles aledañas al mercado hierven de gente y solo dimos una pequeña vuelta por ellas.

 

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Terminada la visita, tomamos el tren y paramos en la estación más famosa de Tokio, Sibuya.

Esta estación seria como el Piccadilly Circus de Londres, Times Square de Nueva York o Sol en Madrid.

El cruce de Sibuya es considerado el cruce más grande del mundo en volumen de los transeúntes. Se han llegado a contabilizar en un solo cruce más de tres mil personas.

 

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CUANDO UN PERRO ES MÁS QUE HUMANO

Este lugar además también es famoso por la estatua del perro Hachiko y la historia que lo rodea.

Hachiko era un perro de la raza akita que nació en noviembre de 1923 en la ciudad de Odate.

El cachorro lo compró el profesor de la universidad de Tokio Eisaburo Ueno como regalo para su hija.

Ésta no le prestó el mayor interés al perro y Ueno decide llevarse al perro con él a la capital, para lo cual el animal es acomodado en una caja de madera y trasladado en un largo viaje de dos días en tren hasta la estación de Shibuya en Tokio. Pero cuando los ayudantes del profesor van a recogerlo, creen que el perro ha muerto debido al largo viaje. No obstante, deciden llevarlo a casa de Ueno, donde el profesor le acerca un plato de leche y logra reanimarlo, lo que hace surgir entre ambos un vínculo de amistad inquebrantable.

El profesor Ueno decide bautizar al cachorro con el nombre de Hachiko, porque sus patas delanteras están arqueadas y recuerdan al símbolo japonés que se usa para representar el número ocho (hachi, en japonés). Además, el ocho está considerado en Japón como el número de la suerte, y este débil perro la había tenido.

El profesor todos los días, sale de su casa camino de la estación de Shibuya, donde toma el tren que le lleva hasta la Universidad. Hachiko le acompaña hasta las puertas de la estación y allí se despiden. Pero lo más sorprendente es que, al llegar el tren que trae el profesor de vuelta, su fiel amigo de cuatro patas acude raudo al mismo lugar para darle una calurosa bienvenida. Y así, un día, y otro, y otro…

Lamentablemente, el profesor Ueno fallece en mayo de 1925, mientras se encontraba en la Universidad. Pese a todo, y pensando que su amo volverá en cualquier momento, Hachiko sigue acudiendo a la estación de Shibuya un día tras otro. Y no falta a la cita ni una sola vez durante los diez años siguientes, hasta que muere de filariosis en marzo de 1935, momento en que el fiel animal se reencuentra con su amo, esta vez, para siempre.

Hachiko se labró una gran fama en Japón, y hasta se decidió levantar una estatua de bronce en su honor frente a la estación de Shibuya, justamente en el mismo sitio donde el perro esperaba al profesor Ueno cada día. Dicha estatua tuvo que ser fundida durante la Segunda Guerra Mundial para fabricar munición, pero fue repuesta en 1947. Desde entonces, se ha convertido en uno de los lugares turísticos más famosos de Tokio.

Actualmente debajo de la estatua de Hachiko, hay un gato que un señor lleva de vez en cuando con la intención de que salga en las fotos de todos los turistas del mundo que visitan el lugar. Este gato impasible a los terremotos se lleva las mas variedades muestras de cariño.

 

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VUELTA CON BUEN SABOR DE BOCA

De allí caminamos hacia la zona más cosmopolita en cuestión de moda de Tokio, Takesita Dori, donde su calle principal es el lugar ideal para realizar las compras de ropa y complementos más variopintos de todo Japón.

 

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Finalizamos la visita a la capital y ponemos tomamos un avión con destino Sapporo, la capital de Hokkaido.

En el avión reflexiono sobre mi visita a la capital del país.

Jamás me hubiera imaginado, que un servidor que abomina hasta el hartazgo las grandes ciudades, la urbe con mayor población del planeta dejara en mi tan buen sabor.

Pero es que Tokio es algarabía de silencios, arcoíris de grises dichosos, amalgama de dulces hieles y consorcio de soledades que consuman en el umbral de una ciudad sin serlo. Pues Tokio no es ciudad sino país dentro de una nación, nación dentro de una patria e isla dentro del continente. Tokio sólo dejará indiferente a los que nacieron sin la posibilidad de sentir, creer o enamorarse.

Tokio ha creado en mí una complejidad tal de sentimientos que creo difícil poder desgranar en tan solo una visita. No me quedará más bien aventurada empresa que la de volver a saborear sus dulces hieles en cuanto tenga sazón.

 

ADIOS TIERRA,. HOLA NIEVE

Llegamos a Sapporo, donde hace 12º bajo cero. Hasta que marche de Japón en Marzo, jamás volveré a ver el color de la tierra, y la temperatura no subirá por encima de 0º.

Es algo que ya sabía antes de venir y también fue uno de los motivos que me decidió a permanecer en Hokkaido durante todo el invierno.

Estar en un lugar apartado, con temperaturas extremas donde el paisaje que puedo observar es diferente a todo lo que he visto hasta el momento en mi vida. Era una oportunidad, que no iba a desaprovechar.

Como contrapunto tengo el aburrimiento y falta del que hacer sobre todo al alojarme lejos de poblaciones. La aldea más cercana para tomar un café, se encuentra a 15 km y la pequeña ciudad de Kitmami, a algo menos de 100 km.

Por ello decido buscar diferentes ocupaciones, donde mi mente esté concentrada en este período de tiempo en cuatro afanes principales; el trabajo en la granja, la lectura (algo que me produce gran placer y hacía tiempo que tenía abandonado), la visita a los lugares que ya tenía decidido visitar en esta época del año, y la práctica del Yukigassen.

El Yukigassen, es un deporte que nació en Hokkaido a finales de los 80 y del que jamás en mi vida había oído hablar hasta el primer día que por casualidades del destino, me dieron la oportunidad de practicarlo.

Yukigassen son dos palabras japonesas, que significa batalla de nieve, o lo que es lo mismo guerra de bolas de nieve. Esto que en un principio puede sonar a deporte de patio de colegio, nada tiene que ver con un deporte fácil y practicado por el simple ocio.

Este deporte es muy disciplinado, técnico y con estrategias de juego infinitas.

Las bolas de nieve están prensadas y prácticamente son de hielo. Esto hace que los impactos contra el cuerpo (la cabeza está protegida por un casco), sean duros y en ocasiones produzcan lesiones.

La finalidad de este deporte, es eliminar al mayor número de rivales posibles haciendo blanco en ellos con las bolas, o invadiendo el campo contrario y hacerse con la bandera del equipo.

La casualidad hizo, que uno de los equipos que se formaban este año cerca de la localidad donde vivimos buscaba dos personas para completar el equipo de Yukigassen para la temporada 2018.

Después de dos días de pruebas, (Yokito que es mejor deportista que yo, entro el primer día) tuve la suerte de ser aceptado en el equipo.

Esto significaba que sería el primer español de la historia de este deporte en disputar en una competición oficial. Además tenía la posibilidad que si trabajábamos duro y quedábamos entre los 6 primeros de los cuatro torneos que se celebraban entre enero y mediados de febrero, nos clasificaríamos para el campeonato internacional que se celebraría el último fin de semana de febrero.

Con gran tenacidad, entrenamiento diario y mucho sacrificio, el equipo Ryucoja se clasificó para el campeonato del mundo de Yukigassen. Mi alegría se desbordaba en cada entrenamiento y a cada minuto de competición. El resultado del campeonato, ya no era algo importante para mí, pues el gran premio fue que éste que escribe, sin esperarlo y con 45 años de edad, entre en la historia del deporte español. Gracias a este hecho, la bandera de España ondeó por primera vez en el campeonato del mundo de Yukigassen del 2018.

 

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NAVIDAD EN JAPÓN

Entre entrenamiento, trabajo, lectura y visitas, llegó la navidad.

En Japón, la navidad no es algo que se celebre mas allá de la fiesta consumista que es en sí. Sin embargo el principio de año si que se celebra con diversas tradiciones.

La primera es el Osoji (gran limpieza), una tradición que consiste en limpiar las casas o lugares de trabajo. La razón de esta gran limpieza es espiritual y metafórica. Al limpiar la casa físicamente, es como si se limpiase también el alma y la vida de sus habitantes, pudiendo comenzar así el año nuevo partiendo desde cero, limpios y purificados física y espiritualmente.

Justo al comenzar el año, a media noche, se visita los templos sintoístas para pedirle a los kami (espíritus) que se tenga suerte para el año que entra. Kamis hay más de 8 millones, pero este número lo que quiere dar a entender es que son incontables. Hay gran variedad de kamis y cada uno se utiliza para solicitarle algo específico.

Luego, allí en los templos, se toma una copa de saque y se brinda por el año nuevo. Posterior a esta visita del templo (sobre la 1 de la mañana), todo el mundo regresa a su casa.

 

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El 3 de febrero se celebra la festividad del Setsubun. Es una festividad que celebra el final del invierno (en Hokkaido no es fehaciente) con un curioso ritual en el que se lanza soja (mamemaki) para expulsar a los demonios (oni) y se comen sardinas y maki sushi.

Esta celebración también es como el día de los difuntos de la religión católica. En el interior del templo budista, cercano a la granja familiar Nakatsuka, se encuentran en una especie de pequeños templos-armarios, donde se guardan los huesos de los familiares fallecidos después de la incineración de la comunidad. En este día además de realizar una ceremonia, se acude a este templo, para limpiar, reponer las ofrendas en los armarios y recordar la memoria de los fallecidos.

 

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AL NORTE DEL FRÍO NORTE

Uno de los fines de semana decidimos visitar el punto más al norte de Japón, el cabo Soya.
Este lugar a mi me gustó por lo apartado de todo al igual que los alrededores. También por impertérrito que parece estar el paisaje agreste del mar y los bosques del norte de la isla de Hokkaido. Muy recomendable la visita en esta época, para el que quiera escapar de todo y enfrentarse a lo más agreste de la naturaleza japonesa.

 

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También en el periodo invernal, debido a las bajas temperaturas que se alcanzan, yo atestiguo una mínima de -34º. Están las construcciones de hielo y nieve de las diferentes poblaciones de Hokkaido.

Nosotros visitamos tres. La de Sounkyo en Kamikawa-cho, donde se hacen estructuras de madera, que se van mojando con el agua del río cercano. Para que poco a poco las estructuras de madera, van engrosando en hielo, hasta convertirse en muros, escaleras y habitaciones de hielo de incluso tres plantas.

La entrada al recinto cuesta 200 yenes y permanece abierto durante los meses de enero, febrero y marzo. Vale la pena la visita de todos los edificios, pero destacaría el mayor de todos que hace con imaginación, las veces de un palacio. Recomiendo ir muy abrigado, pues la temperatura cerca del río normalmente es de menos 25º.

 

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Cerca de donde vivimos, está el festival de hielo de Mombetsu que se celebra en el primer fin de semana de febrero y es gratuito. En los festivales de nieve o hielo, los encargados de la construcción de los edificios suele ser el ejército que laboriosamente trabaja desde semanas anterior al festival.

En este festival sólo había un edificio hecho con bloques de hielo natural e imitaba el templo de Angkor Wat en Camboya.

En la visita al festival, el visitante podrá disfrutar de diferentes actividades como un espectáculo de Taiko (tambores japoneses), esculturas de hielo y un magnífico laberinto construido de nieve y que hizo nuestras delicias.

 

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El último festival de nieve que visitamos, también es el más famoso de todo Japón y uno de los mayores del mundo. Es el festival de nieve que se celebra el segundo fin de semana de febrero. En la ciudad de Sapporo.

Este festival muy concurrido, hace diferentes espectáculos y las esculturas y edificios esculpidos son gigantescos.

Es gratuito, está muy concurrido y yo recomiendo visitarlo en dos veces. Una por la tarde (hora punta, pero es cuando hacen todas las actividades) y otra por la mañana a las 6 en punto, pues no hay absolutamente nadie.

 

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Uno de los ocios más practicado por los habitantes de Hokkaido en invierno, ante la falta de tareas en la granja, es la pesca en ríos y lagos helados.

 

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El mayor motivo que me arrastró a pasar el invierno en el noreste de Hokkaido fue ver el mar congelado y los iceberg formados en las banquisas oceánicas.

En febrero sin fallar a su cita anual, el lago salado Saroma y el Océano se congelan y comienzan a formar los icebergs.

 

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He querido retratar los lugares que más me gustan del noreste de Hokkaido desde que comenzó la nieve y el frío hasta el momento del mínimo de temperaturas.

 

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A mi particularmente me tiene cautivado un lugar que ya en verano de hace tres años me hechizó, el cabo y faro Notoro.

Sin embargo no solo este lugar vale la pena, sino que cualquiera de la costa de Hokkaido dejará impresionado al viajero que se atreva a visitar estos lugares que guardan una belleza sólo revelada a los que no tienen miedo a la nieve, tormentas y frío.

 

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Yo que amo los lugares cálidos, no tengo el menor problema en acostumbrarme al frío extremo, cuando se que la recompensa son paisajes de los más bellos que un ser humano pudiera llegar a ver nunca.

 

ADIÓS JAPÓN, ADIÓS FAMILIA, POR UN MOMENTO

Finaliza febrero y a principios de Marzo, marcho de Japón. Atrás dejo a parte de mi familia con quienes se han estrechado aun más los lazos de hermandad después de este casi medio año juntos.

Dejo un maravilloso lugar semisalvaje que ha dejado recuerdos y vivencias bellas, profundas e inolvidables.

Atrás queda un invierno de silencios llenos de significados como solo tal vez Hokkaido sea capaz de dotar a sus habitantes, acentuado aún más por ser de cultura japonesa.

Marcho contento de haber cumplido con creces mis proyectos y haber realizado sueños inesperados.

Salgo de Japón sin tristeza, pues se que aún deberé regresar con mucho placer a este cautivador y misterioso país para continuar descubriendo sus costumbres, secretos e historia.

Me despido por segunda vez del imperio del sol naciente, sin haberme cruzado aun con Godzila, aunque no pierdo la esperanza de hacerlo a mi regreso.

Sayonara Nihon wa anata o sugu ni mimasu

 

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One thought on “Japón II

  1. Buenas tardes Antonio, prendada de Japón he quedado, no creía que tuviese paisajes tan variopintos y bonitos. Espectaculares, quizás por tus fotografías (je, je,), que son muy buenas. Creía que todo eran rascacielos y modernidad.
    En general me ha gustado tu crónica , he aprendido mucho sobre Japón, sus gentes (Saigo Takamori, conocido como el último samurái), historia (Hiroshima y Nagasaki triste relato, pero real), geografía, etc. Un aplauso para usted que ha sabido muy bien describirlo y explicarlo .
    Desconocía los lazos de unión de los kamikazes y filosofía budista, de hecho se lo he comentado a una compañera que dice que budismo es paz y amor…la he remitido a tus crónicas…(je, je…).

    POR OTRO LADO,MUY ANDALUZA LA CHAQUETA DEL 60 CUMPLEAÑOS DE LA MADRE DE YOKITO SAM , seguro que ha sido idea tuya.
    Por último, si visito Japón de las aguas termales no salgo, no sé cómo has podido aguantar 38 grados bajo cero, acostumbrado a los 50 Córdoba en verano… me ha gustado la historia de Hachiko, me ha recordado mucho el perro de Fernán Núñez… Ves tienes que empezar a escribir crónicas más cercanas también…
    Ahhh… no te preocupes, si tu equipo no ha ganado este años el campeonato de Yukigassen, el año próximo lo intentas de nuevo, es falta de práctica.

    Un saludo y abrazo de la familia García Maestre.

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