Filipinas (II)

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Debido a un fallo en el antiguo servidor de imágenes habrá paginas en las que no se vean estas en su párrafo correspondiente, y ya que volverlas a poner todas en su sitio llevaría muchísimo tiempo se ha insertado al final de cada crónica un vídeo para poder verlas.

Filipinas 2ª parte

Llegamos de nuevo a Cebú, que se ha convertido en nuestra base, y en un lugar que por ser en el que más veces hemos estado, nos sentimos francamente cómodos.

Cualquier desplazamiento en la ciudad, no sale por más de 0,13 €, ya que es lo que valen los Jeep Ney, también sabemos nuestros sitios favoritos para comer. Pero lo mejor de todo, es que conocemos el mejor y más barato  lugar para masajes.

 Hasta una semana después de nuestro regreso, no tenemos nada que hacer, y es por lo que decidimos marchar a las islas Camotes, que se encuentran muy cerca de Cebú.

CAMINO DE DANAO

Marchamos por la mañana a la estación del norte en Cebú, y allí cogemos un autobús a Danao.

De Danao, parten varios barcos a lo largo del día hacia Camotes, nosotros cogemos el que sale a las 13:30 h. El problema, es que en las islas Camotes hay dos puertos, el de Concepción en la isla de Pacijan, y el de Poro en la isla de Poro.

Precisamente nosotros queremos ir a la isla de Pacijan, pero el que sale a esta hora, va a Poro, por lo que luego hay que desplazarse de una isla a otra.

Las islas están unidas por un puente de tierra, así que no es necesario coger un barco, para desplazarse, pero el único transporte que hay es en moto taxi.

En el barco conocemos a Gustavo, un chico brasileño, que va a las Camotes, en busca de su amigo Kim, quien lo está esperando en el lugar desde hace un día.

Gustavo de carácter afable y aventurero, que se acentúa aun más por su temprana edad (21 años), entabla una buena amistad con nosotros nada más conocernos.

Estudia económicas junto con su amigo en la universidad de Macao, y están los dos en Filipinas de vacaciones.

Nada más llegar a San Francisco, los conductores de moto taxi, nos asaltan pidiéndonos precios más que abusivos por llevarnos a Santiago Bay, nuestro destino final en la isla de Pacijan.

MOTOCICLETAS POR PESCADO

Decidimos ante el asombro de los propietarios de las motocicletas caminar.

Ya a la salida del pueblo, montamos los tres en una furgoneta llena de pescado, que nos deja en San Francisco, la ciudad de la isla de Pacijan. Pero de San Francisco a Santiago, hay una distancia de 10 kilómetros, y los conductores del puerto, nos han seguido para intentar convencernos de llevarnos.

Después de un regateo, más que cómico, con numerosos intentos por nuestra parte de intentar marcharnos, conseguimos que nos lleven a los tres por 2,85 €, y una cerveza.

De esta manera llegamos a nuestro hotel, Pitos Sukotil en Santiago, que esta al lado de donde en teoría se encuentra alojado Kim el amigo de Gustavo.

Después de comprobar Gustavo que Kim no se encuentra allí, acepta nuestra habitación, y cogemos una habitación familiar para cuatro personas en Pitos Sukotil.

Tras dejar nuestras mochilas, decidimos bajar a pagar nuestra deuda con los conductores de las motos. Tomamos la cerveza, que al final acaban convirtiéndose en varias, y las varias en una botella de Tanduay, así que todos bailamos en la playa hasta que el cansancio nos hace irnos a dormir.

Por la mañana Gustavo esta decidido a encontrar a su amigo, y nosotros a ayudarlo.

DE NUEVO EN MOTO

Alquilamos dos motos, divirtiéndonos de la manera de conducir del brasileño, que es la segunda vez en su vida que conduce una, y  llegamos a San Francisco, el único lugar que tiene wifi.

Allí consigue ponerse en contacto con su amigo, que se encuentra en un resort cercano a Concepción.

Nos encontramos con Kim, quien decide, dejar su hotel y venir al nuestro, allí deja sus cosas en nuestra habitación, y alquila una moto, para recorrer las dos islas, en el último día que están en ellas.

Regresamos a San Francisco, donde todos pensamos en lo mismo, una comida filipina. Decidimos probar varias cosas, intestino de pollo, menudillos, oreja, y algún plato más que hace nuestras delicias.

Posteriormente, marchamos al norte de Pacijan, donde se encuentra una cueva, que tiene un río subterráneo.

BAÑO EN LA CUEVA Y SALTOS OLÍMPICOS

Accedemos a ella, pagando los 0,32 € de la entrada, y cuando llegamos al interior, no nos lo pensamos dos veces y nos tiramos al agua. Permanecemos en el lugar por algo más de tres cuartos de hora, siendo apremiados por la luz, ya que nos queda un lugar más al que queremos ir.

En la isla de Poro, entre el puente de arena que une las dos islas, y la ciudad de Poro, hay un resort, que posee unos acantilados al mar, desde los que se puede saltar.

Tienen dos alturas, una de 8 metros, y otra de unos 15 m. A la de menor altura, no nos lo pensamos y saltamos, aunque nuestro miedo ya este recorriendo el cuerpo.

En la de mayor altura, la cosa cambia, en un primer momento nos metemos en el agua, y comprobamos la profundidad que hay, vemos que es suficiente.

Cuando llegamos arriba, la adrenalina y excitación recorre ya todo nuestro cuerpo, y aunque Gustavo y yo tenemos claro que saltaremos, Kim no lo tiene tanto.

Acumulando todo el valor y la inconsciencia que podemos tener, Gustavo respira hondo, se encomienda a todos los santos que conoce, y decide saltar.

Cuando llega abajo, y sale a la superficie, grita invadido por el éxtasis, y me comunica que me tire sin ningún miedo, que es toda una experiencia, hago acopio de más inconsciencia que de valor, tomo carrerilla, y salto al vacío.   y 07)

Cuando salgo a la superficie, le indicamos a Kim que nos siga, pero este se lo piensa demasiado, y es necesario que los dos subamos arriba, para animarlo nuevamente, al final salta, y repetimos el salto una y otra vez.

Tengo que decir que el visitante no debe dejar pasar esta ocasión, y entrar en el lugar donde sólo cuesta 0,7 €, y saltar, ya que gozará de una de las mejores experiencias que puede tener en la isla.

Por la noche, cenamos los fabulosos calamares de Pitos Sukotil, uno de los mejores platos que el viajero puede degustar de todo Filipinas.

A las 4 de la mañana, acompaño a Gustavo y a Kim a coger el barco que les lleva de nuevo a la isla de Cebú, nos despedimos con un abrazo, esperando vernos posteriormente en otro lugar de este país.

ALOJAMIENTO FAMILIAR

El resto de los días, los pasamos, comiendo más calamares de Pitos Sukotil, en donde cambiamos de alojamiento, y nos desplazamos a la casa paterna del dueño, ya que el hotel, al ser las vísperas de Semana Santa se encuentra lleno.

Esto nos da la oportunidad de conocer aún mejor a la familia que regenta el hotel, compuesta por el patriarca, sus dos hijos que regentan el hotel y restaurante, y sus nietos que ayudan al negocio.

Mientras la hija, es la que lleva el negocio, Paul, el hijo, es un espíritu libre como se define él, que le gusta la música y ha transmitido sus conocimientos a su hijo, que es el subcampeón de Filipinas de batería.

Por las noches se reúnen todos, conversan, escuchan música, beben y llenan sus pulmones con sonrisas de humo, bajo una creciente luna que anuncia el jueves Santo.

Marchamos en el medio día del martes a Cebú, para el miércoles a primera hora abandonar para siempre la isla, y poner destino a la Isla de Luzón.

SEMANA SANTA DESDE EL LUPANAR

Aterrizamos en el aeropuerto de Clark, que dista 10 Km. de Ángeles, ciudad muy conocida en todo el sudeste asiático, por ser uno de los mayores lupanares que hay en el mundo. Esto sin duda alguna, es herencia de los estadounidenses que tenían en Clark una base del ejército.

En primer momento desistimos de alojarnos en el hotel La Ponderosa, recomendado por Tom y Rose, la pareja belga filipino, con los que hemos quedado en la ciudad. Ya que a través de la página Web de éste, ya anuncia chicas de compañía.

El hotel Gani, donde nos alojamos, es una antigua residencia para estudiantes de enfermería, y que ahora ha sido convertido en hostería, y la habitación cuesta 20 € con Wifi.

Cuando llegamos al hotel, recibimos un email de Gustavo y Kim, que nos comunican que le reservemos habitación que ese mismo día llegan a Clark, para ver con nosotros la Semana Santa de San Fernando.

Por la tarde cuando los brasileños llegan, lo celebramos con una suculenta cena de cerdo y pollo a la parilla, en uno de los restaurantes adyacentes a la calle de las meretrices, junto a la estación de Jeep Ney.

Acabamos la cena, y damos un paseo por Walking Street, la calle que junto con la que hay en Pataya (Tailandia), tiene fama de ser el lugar con más lupanares de toda Asia.

Por la mañana, decidimos visitar Da U, localidad cercana a Ángeles, y donde se celebra la Semana Santa típica Filipina. Esto no es otra cosa que altares dispuestos en un recorrido por el pueblo, y a donde acuden penitentes. Unos con el rostro tapado y otros a cara descubierta, que infligiéndose dolor, unos por medio de latigazos y otros con una cruz a cuestas van haciendo su particular vía crucis y parando en los altares para rezar y pedir perdón por sus pecados.

Cuando llegamos, lo que menos tiene es apariencia de ser un lugar donde predomina la oración y la constricción, ya que todas las calles se encuentran llenas de puestos de bebidas y comidas. Los locales, son el único público que hay en el lugar, ya que los foráneos, suelen ir a San Fernando donde al día siguiente se realizan las crucifixiones.

Vemos como numerosos grupos de personas, una y otra vez se van acercando al altar que hemos decidido que sea nuestra ubicación, e infligiéndose castigo en sus cuerpos, algunos hasta llegar a la extenuación, llegan, se arrodillan, y luego marchan al siguiente. 

Los pocos espectadores que hay, cuando los auto fustigados desfilan por su lado, se protegen con una manta o un impermeable, ya que van salpicando sangre, dejando un rastro cruento de su paso. Así como en los altares dispuestos, donde paran, que tienen que ser limpiados por niños, que esperan el reinicio de la marcha sangrienta.

Nos vamos del lugar, cuando ya hemos tenido suficiente, y decidimos comer en un restaurante cercano.

Y LAS CRUXIFICIONES

Por la noche, nos encontramos con Tom y Rose, la pareja que conocimos en Siquijor, y lo celebramos bebiendo en un supermercado, donde acaban poniéndonos música para bailar, y posteriormente en un karaoke local, en el que acabamos cantando todos a coro.

A la mañana siguiente, decidimos ir a San Fernando para ver las crucifixiones, por lo que tomamos un Jeep Ney, hacia Da U, y de allí un autobús a nuestro destino.

Cuando llegamos a San Fernando, vemos que el centro de la ciudad esta dispuesto para que pasen los fustigados, tal y como vimos en el día anterior en Da U.

Desechamos la idea de quedarnos en el lugar, ya que esto lo vivimos el día anterior, y buscamos donde se hacen las crucifixiones.

En el camino, comprobamos una vez mas el carácter afable de los filipinos, que al preguntarles por la dirección que buscamos, no dudan en hacernos entrar a sus casas, ofrecernos comida y bebida, y, cómo no, acompañarnos hasta el lugar que dista un par de kilómetros de la ciudad.

Conforme nos acercamos al lugar donde se realizan las expiaciones, el simple hecho de andar se hace imposible debido a la cantidad de gente que hay, llevados por la morbosidad unos, la curiosidad otros y la “fe” los que menos. Combinado esto al intenso calor, hace que haya hasta desvanecimientos, teniendo que ser atendidos por una unidad médica que hay en el lugar, que no da abasto con los desmayados y los crucificados.

Llegamos a una explanada, donde la muchedumbre rodea una colina, que esta vallada, para evitar que los curiosos inunden el lugar, y dificulten los trabajos de los crucifixores.

Estos, que visten de romanos intentan dar mayor credibilidad a los actos, ponen sobre las tres cruces que hay en lo alto de la colina todos los elegidos para el sacrificio.

Entre risas y fotos con el móvil, para el recuerdo, van haciendo su trabajo, hasta que el crucificado les comunica que ya no aguanta más, y entonces lo bajan y le extraen los clavos. Inmediatamente, los servicios médicos los trasladan hasta el emplazamiento de primeros auxilios que hay dispuesto, donde continúan habiendo más desmayados que atendidos por las heridas de la crucifixión.

El ritual continúa una y otra vez, siendo reemplazados los que llevan más tiempo por los nuevos. Todo ello siendo continuamente grabado en lugares privilegiados, y donde un servidor no puede acceder, por los reporteros de las televisiones internacionales. Desplazados al lugar para que en las noticias de la sobremesa del Viernes Santo, los televidentes no pierdan detalle de cómo hay lugares en el mundo, donde la celebración de la Semana Santa es diferente a la de su cultura, irónicamente también católica.

En la última crucifixión, retiran las vallas que hasta el momento cercaban el lugar, y una muchedumbre corre enloquecida, armada con sus teléfonos móviles, y sus cámaras hacia el lugar. Para poder grabar lo que hasta el momento sólo podían los corresponsales acreditados, y mediante pago a las autoridades locales.

VUELTA FATIGOSA Y AMABILIDAD FILIPINA

Finalizado el acto, bajo un intenso calor, regresamos a San Fernando, siendo la vuelta  aún mas ardua que la ida. Todos intentan transitar por la única calle polvorienta en la que vehículos y viandantes intentan tomar posesión de un centímetro cuadrado que les permita dar un paso.

Agobiados por la ensalada de calor, polvo y muchedumbre, decidimos guarecernos en el porche de una casa particular, donde somos muy bien recibidos por la familia que está en ella comiendo. De nuevo somos invitados a beber y a comer, lo que afianza aun más nuestra idea sobre la amabilidad de los filipinos.

En el primer resquicio de tranquilidad que vemos en la calle, decidimos aprovecharlo y marchar dándole las gracias a nuestros anfitriones circunstanciales, para 200 metros más tarde coger un tricycle que nos lleva de vuelta a San Fernando.

Llegamos a Ángeles al atardecer, con el tiempo justo para despedirnos de Gustavo y Kim, con un fuerte abrazo, y emplazándonos de nuevo en el destino.

 Nosotros por nuestra parte, permanecemos cuatro días más en Ángeles junto con Tom y Rose, y acabamos cambiando de hotel, y alojándonos finalmente en la Ponderosa, que tiene piscina, y mancebía a un precio más asequible que el nuestro. También aprovechamos a extender nuestro visado en la oficina de inmigración, haciendo los trámites en tiempo record, media hora.

 Finalizada nuestra estancia en Ángeles, tomamos un autobús, que nos lleva a Baglio, localidad situada a siete horas al norte, y donde los filipinos van huyendo del intenso calor.

Llegamos por la noche, y nos alojamos en uno de los hoteles más económicos, pero no de los más que hay en el país, ya que los hospedajes en esta ciudad son caros, 18 € con wifi y desayuno incluido.

MASAJES A CIEGAS: LOS MEJORES

Por la mañana damos una vuelta a la ciudad, que no tiene nada que ver excepto su iglesia, muy famosa en el país, y a donde la gente filipina acude a rezar.

A la salida del templo, quedamos perplejos, por un cartel que intenta “educar” a los fieles, y los previene, que si usan métodos anticonceptivos, pueden contraer diversas enfermedades, e incluso llegar a morir de cáncer.

Indignados marchamos del lugar, y pasamos justo delante de un pabellón, que sirve de mirador a la ciudad, en el que se celebra el casting para Factor X de filipinas, y ante la falta de ocio en la ciudad nos entretenemos en ver a los concursantes.

Después de la comida paseamos por las calles del mercado de la ciudad, que recuerdan mucho a las de Vietnam, llenas de puestos de comida, alimentos, e incluso un bingo.

Por la tarde, nos damos uno de los mejores masajes que hasta el momento nos hemos dado en todo el viaje. En el centro de masajes de Baglio, los expertos son ciegos, que al igual que nos paso en Camboya, y resultan ser los mejores profesionales en estos lares.

De vuelta al hotel, y después de ver numerosos blog en los que los viajeros que han estado en el norte, viendo las terrazas de arroz, desechamos la idea de continuar al día siguiente  al norte. Ya que estas no tienen nada de diferente a las que hemos visto en numerosas ocasiones en el norte de Vietnam.

También mi compañera Maruxiña, recibe la noticia de que tiene que marchar, ya que las responsabilidades laborales la reclaman al otro lado del mundo, en Panamá. Hacia finales de julio, debe de partir.

De nuevo por la mañana regresamos a Ángeles, para al día siguiente volar desde Clark a la isla de Palawan, llena de esplendidas playas.

Después de un vuelo de hora y media, llegamos a Puerto Princesa, capital de Palawan, el nombre es la adaptación de los filipinos a la palabra paraguas, ya que la isla tiene esta forma.

 

Puerto Princesa, esta justo en la mitad de la isla, por lo que en un primer momento tenemos la idea de alquilar una moto, recorrer el sur (algo nada turístico, y donde se encuentran las ultimas tribus que habitan en Filipinas), y después proseguir hacia el norte. Desestimamos la idea, cuando nos enteramos que en el sur hay malaria, y mi compañera lo que menos quiere es poner en riesgo su salud, por ver algo que nos interese.

Alquilamos igualmente una moto, para recorrer la capital y sus alrededores, también para comparar precios de los autobuses y minibus que van hacia el norte, ya que varían bastante, escogiendo finalmente la opción del bus.

La compañía Roro Bus, hace el trayecto desde Puerto Princesa hasta El Nido, por 480 php, en autobús con aire acondicionado en tan solo 6 horas, mientras que otras, llegan a cobrar hasta 800 php, y el trayecto dura lo mismo.

Por la mañana, cogemos un triciclo desde nuestro hotel hasta la estación de autobuses de San José, y de allí, a las 6 de la mañana salimos en dirección a El Nido. Desestimamos la idea, de parar en Sabang, donde se encuentra una de las atracciones turísticas más famosas del país, el río subterráneo, ya que los turistas con los que nos hemos encontrado, nos previenen que la experiencia en absoluto vale la pena, pues está lleno de turistas, teniendo que hacer largas colas para coger una barca y ver el río. Además aunque la publicidad diga lo contrario, no es el río subterráneo más largo del mundo.

Llegamos a El Nido, y aconsejados por Gustavo y Kim, nos hospedamos en una casa particular, que es la que tiene los precios más baratos, y con una familia muy agradable.

Al permanecer en el lugar por 10 días, conseguimos rebajar el precio de la habitación a 7,4 €, teniendo la casa para nosotros solos por la noche, y el café gratis.

¿PARADISÍACO LUGAR?

Nada más llegar a El Nido, nos percatamos que es un lugar paradisiaco, con aguas turquesas, y embutido en montañas kársticas alrededor, pero que la oferta turística es parecida a la que puede haber en Tailandia.

Las opciones de ocio en El Nido, van desde hacer buceo, tirarse en la playa, hacer algún trekking, o, la mas elegida por los visitantes, hacer algún tour en barca, donde te enseñan las islas de alrededor. Nosotros debido al exceso de tiempo del que disponemos, optamos por esta última, y hacer los cuatro tours que ofrecen.

Para ello después de visitar varios lugares, lo contratamos con Caera, y después de un duro regateo de idas y venidas acaba haciéndonos un precio de 45 € los cuatro tours y con la comida incluida, teniendo un ahorro de 14,5 €.

A la mañana siguiente ya nos encontramos en la oficina a las nueve, para desde allí, llevarnos al embarcadero, y partir hacia las islas, en el tour A.

El A, es el mas turístico, se visita Small Lagoon, Big Lagoon, Shimizu Island, donde se almuerza, Intalula Island, Secret Lagon, y Comando Beach.

Al salir ya del nido, me percato de la gran belleza del lugar, pero que, sin embargo, a mi personalmente, no me acaba de impresionar. Quizás demasiados paraísos visitados pienso yo por mi parte, o tal vez el exceso de visitantes.

Llegamos a islas deshabitadas, y playas de arena blanca, que sin embargo tienen el coral muy roto, debido al uso de anclas por parte de las barcas turísticas, y donde hasta hace unos años, los pescadores faenaban con dinamita.

Regresamos por la tarde, y nos vamos directamente a casa a ducharnos, para después irnos a cenar. Nos metemos pronto en cama, ya que estamos cansados del snorkel, y al día siguiente nos espera el tour D, que es el siguiente menos malo, ya que los dos mejores son el C y el B.

CON DOS ESPAÑOLAS

Al llegar por la mañana el dueño, nos comunica que hay otras dos chicas españolas, para hacer el tour C. Después de un pequeño rife rafe con una de las compañeras de nuestro bote, que no está demasiado en sus cabales, una mujer rusa, que intenta quitarle sus aletas a Maruxiña, decidimos antes de que salga el bote, cambiarnos y hacer el C junto con las dos españolas.

Una vallisoletana, y una viguesa, de las que espero me disculpen por no acordarme de sus nombres, y ellas quedan disculpadas, por no haberse puesto en contacto con nosotros desde entonces. Junto con una pareja filipina que viven en Australia, completan la embarcación en la que visitamos Matinloc Island, Hidden Beach, donde comemos, Secret Beach, una de las mejores, Helicopter Island, Tapuitan Island y Cadlao Lagoon.

Volvemos de nuevo por la tarde después de visitar más islas sin habitantes, playas de arena blanca, y grutas que te llevan desde el mar, al interior de una isla, donde en esta ocasión hay menos turistas que en el anterior recorrido.

Sin embargo, comienzo a estar cansado de llegar a lugares que están atestados de turistas, donde los tours organizan todo a aquellos que no disponen de tiempo, para explorar los lugares alejados. Donde la gente vive su vida, sin estar atento al dinero de los que van solo de paso. Pienso para mi que este no es mi viaje, que la segunda etapa de Filipinas, está perdiendo el encanto que intento descubrir en los lugares y países.

Desisto de continuar escribiendo, ya que no me apetece y corro el riesgo de dejar de ser fiel a mi mismo.

Una vez finalizada nuestra etapa en El Nido, tomamos un barco que nos lleva a Coron. Después de varios días en el lugar, hacemos dos diving, en los barcos japoneses de la Segunda Guerra Mundial hundidos. La mejor experiencia hasta el momento en buceo que he tenido en mi vida.

Aconsejado por Silvia y Nacho, dos zaragozanos con los que coincidimos, en Coron, volvemos a Palawan, concretamente a Port Barton. Allí permanecemos 15 días, donde lo mejor a destacar, es que no hay tanto turismo, los atardeceres que nos ofrece la naturaleza, y que conocemos a unas personas majísimas.

Finalizada nuestra etapa en Filipinas, como último lugar visitamos la capital, Manila, donde lo mejor es el barrio de Intramuros. Barrio donde vivían los españoles, y sólo dejaban entrar a los locales, para hacer las labores que ellos por su posición se negaban.

Marchamos de Filipinas, mientras pienso que me queda un sabor agridulce de este país, por no haberlo podido visitar de otra manera. Pero es posible que en un futuro, vuelva a intentar descubrir los paraísos aun escondidos que a buen seguro tiene.

ADIOS MARUXIÑA… Y GRACIAS

En un verano donde las cosas fueron de mal a bien, Maruxiña, vuelve a ser Ana, ya que se baja de “el taravitazo”. Le agradezco el año y tres meses que ha estado viajando a mi lado, y la paciencia que ha tenido conmigo. También le deseo suerte en los cruces de caminos que se encontrará a lo largo de su vida.

 

7 thoughts on “Filipinas (II)

  1. Termino de leer la segunda crónica de Filipinas, para ir poniéndome al día en tus aventuras. Me siguen gustando las fotos y lo escrito. En especial me gusta la foto en la que estás saltando desde un acantilado. Se nota “joio”, que eres de La Victoria, pues me ha llamado la atención un pequeño detalle, ¡te preocupas de taparte la nariz para que no te entre agua y no te preocupa lanzarte desde un precipicio y descalabrarte!…es que eres de La Victoria.
    Mas cosillas, te puedes quejar de que te gustan más otros tipo de experiencias, no con tanta gente y bullicio…pero es que la semana santa es así, bullicio, y locura de los capillitas, penitentes…pero tiene su encanto(aunque no lo entendamos), si logras ver los cuadros de “pasión”, desde lugares estratégicos. Me han gustado las fotos y algún día pienso ver la Santa en filipinas enterita, aunque sea en una gran pantalla de cine o por la tele.
    Me indigna y quedo también perpleja, la foto del cartel que intenta “educar” a los fieles, y los previene, que si usan métodos anticonceptivos, pueden contraer diversas enfermedades, e incluso llegar a morir de cáncer. Claro, que no me extraña que hagan anuncios de este tipo, si ya para adoptar un niño filipino, los futuros padres adoptantes tienen que presentar un informe de la iglesia (aunque no crean) y tener una cuenta bancaria voluptuosa, sin importar nada más.
    Respecto a tu experiencia respecto el buceo, creo que será inolvidable, pero espero no hayas arrancado ninguna porción de coral para el recuerdo. Los arrecifes y corales están en peligro de extinción por culpa de los turistas. Claro que tu no eres turista, eres más bien un viajero intrepido que se tapa la nariz, para evitar que le entre algo de agua salada.
    Por último, “no sientas lo que no has podido visitar de otra manera”, te debes conformar con lo bueno que puedas sacar de cada experiencia (buenas fotos, amigos, cultura, etc).Aunque quizás, desde ahora mejoren un poquito más las crónicas, y se parezcan más a las de antaño. Un abrazo a todas las personas que han hecho posible tus crónicas, y me despido que me tengo que leer las que tengo atrasadas.

  2. Antonio, acabo de leer esta tu segunda crónica de Filipinas narrada con humor y llena de detalles que nos muestran la vida de esas tierras tan desconocidas, al menos para mí, de forma magistral.
    Me impresionó el excelente reportaje de la Semana Santa con las autoflgelaciones y las crucifixiones , aunque ya nos lo habías anticipado en parte en Facebook. Las fotos y el relato de lo que viste son lo mejor de esta segunda parte, en mi opinión, y nos devuelven al mejor Taravito de los primeros tiempos, por lo que no me queda más remedio que felicitarte por ello.
    También me quedo con las maravillosas fotos de Port Barton y lo poco que nos cuentas de allí…deduzco que es un lugar para descansar y relajarse…y dejarse llevar.
    También me quedo con tus impresiones sobre la amabilidad y la hospitalidad de los filipinos.
    Comprendo lo que dices al final “mientras pienso que me queda un sabor agridulce de este país, por no haberlo podido visitar de otra manera. Pero es posible que en un futuro, vuelva a intentar descubrir los paraísos aun escondidos que a buen seguro tiene.” y seguro que volverás en algún momento.
    Gracias por dejarnos estas fotos preciosas y esas vivencias y me pongo a leer la primera parte de Bali que, según dices, promete….Un fuerte abrazo.

  3. Bueno Antonio, como siempre fantastico, en esta cronica has despejado algunas dudas que tenia desde hace tiempo!! Una pena la marcha de Ana, no!? Pero a seguir con la aventura en solitario!!

    Un abrazo y esperamos la siguiente cronica… YA!!

  4. Nos alegramos que sigas tus vivencias por esos mundos de Dios y poder seguir viendo en el taravitazo, con esas fotos tan buenas, como es la vida en cada pais, con sus sigularidades y esos sitios tan hermosos que en cada instantánea nos ofreces.
    Por otra parte, nos alegramos de recuperar a nuestra Ana y que la vida te depare tanta suerte como nosotros te deseamos.

    Un abrazo, de tus seguidores y amigos.

    Pedro y Marisel

  5. Lo del salto había visto la foto, pero ahora que lo cuentas me impresiona más aún. Yo no tengo lo que hay que tener…! y lo de la S.Santa es ‘espeluznante’ Diossss! Ahí estan un poco p’allá, no? Me quedo con esa fotica que tienes sentado en una playa y la puesta de sol… qué maravilla!
    ¿y cómo se te ocurre ir con un grupo de visita? ¡¡¡eso nunca sale bien!!! Pues nada chico, esperando lo de Indonesia. Siento perder ‘de vista’ a Maruxiña con su sonrisa tan alegre siempre (¿siempre? jajajaja) pero bueno tu sigue así que dentro de unos años (cuándo me jubile… jejeje) me subo yo! un abrazo Antonio y la siguiente en dos días, eh?

  6. Querido Lolailo,me encanta poder leer de nuevo tus crónicas y aunque ya conocíamos un adelanto de algunas fotos por el facebook veo que Filipinas merece la pena.Las fotos de los atardeceres y tus lanzamientos olímpicos al mar son espectaculares,lo que no me gusta nada de nada aunque saea curioso son los crucificados y las flagelaciones, me parece llevar la religión y las creencias a unos límites absurdos.Bueno espero impaciente las crónicas de Indonesia.Cuídate y un beso.

  7. Hola guapo!
    Que bien saber de nuevo de ti. Veo que sigues conociendo nuevos y paradisiacos lugares. Me alegro que sigas bien y continuando con tu interes por conocer, aunque ahora estés solo, nunca te faltaran amigos a tu alrededor ya que eres una persona super sociable y amigable.
    Pasalo muy bien y sigue así, no cambies…
    Besos,

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